NEHEMÍAS
(“Jah Consuela; Jah Es Consuelo”).
Hijo de Hacalías y hermano de Hananí. Fue copero del rey persa Artajerjes (Longimano) y, más tarde, gobernador de los judíos, reedificador del muro de Jerusalén y escritor del libro de la Biblia que lleva su nombre. (Neh. 1:1, 2, 11; 2:1; 5:14, 16.)
Durante el vigésimo año del rey Artajerjes, en el mes de Kislev (noviembre-diciembre), Nehemías recibió las visitas de su hermano Hananí y de otros hombres de Judá mientras estaba en el castillo de Susa. Al preguntarles, ellos le refirieron la difícil situación de los judíos y el que tanto el muro como las puertas de Jerusalén estaban todavía en ruinas. Nehemías se conmovió. Después de oír este informe, Nehemías se lamentó durante varios días, ayunando y orando de continuo. Más tarde, confesó el pecado de Israel y, sobre la base de las palabras de Dios a Moisés (Deu. 30:1-4), le rogó a Jehová que ‘lo hiciese objeto de piedad’ delante del rey Artajerjes a fin de que su plan de reedificar el muro de Jerusalén tuviese éxito. (Neh., cap. 1.)
Más adelante, en el mes de Nisán (marzo-abril), las oraciones de Nehemías fueron contestadas. El rey se dio cuenta de que el rostro de Nehemías estaba triste y le preguntó por qué. Entonces Nehemías le informó de la condición lamentable de los asuntos en Jerusalén. Cuando se le preguntó qué estaba tratando de conseguir, Nehemías inmediatamente le oró a Dios, y le solicitó permiso al rey para regresar y reedificar Jerusalén. Esta petición le fue concedida y, además, recibió cartas del rey garantizándole libertad de paso a través de las zonas bajo la jurisdicción de los gobernadores del oeste del río Éufrates y también para conseguir madera para el proyecto. De este modo, partió para Jerusalén con jefes de la fuerza militar y hombres de a caballo. (Neh. 2:1-9.)
SE REEDIFICA EL MURO DE JERUSALÉN
Después de estar en Jerusalén durante tres días, Nehemías, sin que nadie lo supiese excepto unos pocos hombres que estaban con él, hizo una inspección nocturna de la ciudad. Mientras que el resto iba a pie, Nehemías montó en un animal, probablemente un caballo o un asno, y cuando las ruinas se hicieron tan abundantes como para obstruir el paso, Nehemías desmontó y continuó a pie. (Neh. 2:11-16.)
Después de haber completado su inspección, Nehemías reveló su plan a los judíos, haciéndoles notar que era la mano de Jehová la que estaba interviniendo en el asunto. Animados por esto respondieron: “Levantémonos, y tenemos que edificar”. A pesar de las palabras de mofa de Sanbalat el horonita, Tobías el ammonita y Guésem el árabe, la obra de reconstrucción empezó aproximadamente el 4 de Ab (julio-agosto). (Neh. 2:17-20; compárese con 6:15.)
A medida que progresaban los trabajos, Sanbalat y Tobías continuaron burlándose y mofándose de los esfuerzos de los judíos por reparar el muro de Jerusalén. Nehemías hizo de esta situación tema de oración a Dios, “y el pueblo continuó teniendo corazón para trabajar”. Cuando el muro alcanzó la mitad de su altura, Sanbalat, Tobías y los pueblos vecinos intensificaron su oposición hasta el punto de tramar una conspiración para luchar contra Jerusalén. En ese sentido, Nehemías repetidas veces recibió informes de los judíos que vivían cerca de la ciudad, y nuevamente manifestó su confianza por medio de orar a Jehová. Para enfrentarse a la situación tensa, armó a los trabajadores, dispuso que otros hiciesen guardia y planeó un sistema de alarma. Nehemías ni siquiera se quitó su ropa durante la noche, al parecer, a fin de estar preparado para luchar en caso de que el vigía diera una señal de alarma. (Neh., cap. 4.)
Aunque la situación era muy urgente, Nehemías no estaba demasiado ocupado como para no dar debida consideración a las protestas de los judíos. Cuando oyó sus quejas sobre la opresión que para ellos suponía el tener que pagar interés, censuró a los nobles y a los gobernantes diputados, dispuso una gran asamblea y, una vez expuesto el mal, dio instrucciones para remediar la situación. (Neh. 5:1-13.)
Después de esto, los enemigos trataron de detener los trabajos de reconstrucción. En cuatro ocasiones intentaron apartar a Nehemías de su proyecto, pero este les informó que no podía restar tiempo de la gran obra que estaba efectuando. Posteriormente, Sanbalat le envió una carta abierta que contenía acusaciones falsas y en la que pedía una reunión, a lo cual Nehemías contestó: “Cosas tales como las que tú estás diciendo no se han efectuado, sino que de tu propio corazón las estás inventando”. Tobías y Sanbalat aún tramaron otra artimaña: contrataron a un judío para atemorizar a Nehemías, a fin de que se escondiese de manera ilegal en el templo; sin embargo, Nehemías no cedió al temor, y el trabajo de reparación llegó a completarse con éxito en el día 25 de Elul (agosto-septiembre), exactamente 52 días después de haber empezado los trabajos de construcción. A pesar de todo, Tobías continuó enviando cartas amenazadoras a Nehemías. (Neh., cap. 6.)
Una vez terminado el muro, Nehemías dirigió su atención a la tarea de organizar a los servidores del templo. A continuación, colocó a dos hombres al mando de la ciudad, uno de los cuales era su hermano Hananí. Nehemías también dio instrucciones sobre cuándo abrir y cerrar las puertas de la ciudad, así como su protección. (Neh. 7:1-3.)
SE RESTAURA LA OBSERVANCIA DE LA LEY
Probablemente, fue bajo la dirección de Nehemías cuando se celebró una asamblea en la plaza pública cerca de la Puerta del Agua. Aunque Esdras, el sacerdote, llevaría la delantera en dar instrucción sobre la Ley, Nehemías también participó. (Neh. 8:1-12.) A continuación se celebró la fiesta de las cabañas, de ocho días de duración. Dos días más tarde los israelitas se reunieron de nuevo. Durante esta asamblea se hizo una confesión general del pecado de Israel. Luego, se extendió un contrato de confesión escrito, y este contrato o “arreglo fidedigno” fue autenticado por los príncipes, los levitas y los sacerdotes. Nehemías, el “Tirsatá [gobernador]” fue el primero en autenticarlo por sello. (Neh. 8:13-10:1.) Todo el pueblo concordó en abstenerse de celebrar matrimonios mixtos con extranjeros, observar los sábados y apoyar el servicio del templo. A continuación, una persona de cada diez fue seleccionada por suertes para morar permanentemente en Jerusalén. (Neh. 10:28-11:1.)
Fue después de estos hechos que se inauguró el muro de Jerusalén. Para esta ocasión, Nehemías nombró dos grandes coros de acción de gracias, así como procesiones para efectuar un recorrido del muro en direcciones opuestas. Al terminar, todos se reunieron en el templo para ofrecer sacrificios. Además, se nombraron a algunos hombres para que estuviesen al cargo de las contribuciones para los sacerdotes y levitas. (Neh. 12:27-47.)
Aproximadamente doce años más tarde, en el trigésimo segundo año de Artajerjes, Nehemías se marchó de Jerusalén. Al regresar, halló condiciones lamentables entre los judíos. Eliasib, el sumo sacerdote, había hecho un comedor en el patio del templo para el uso de Tobías, el mismo hombre que anteriormente se había opuesto furiosamente al trabajo de Nehemías. Este inmediatamente tomó medidas. Arrojó todos los muebles de Tobías fuera del comedor y dio instrucciones para que fuese limpiado.
Asimismo, Nehemías tomó medidas para garantizar las contribuciones para los levitas e hizo que se observara estrictamente el sábado. También administró disciplina contra aquellos que habían tomado esposas extranjeras, los hijos de cuyas mujeres ni siquiera podían hablar el idioma judío: “Y empecé a señalarles sus faltas y a invocar el mal contra ellos y a golpear a algunos hombres de ellos y a arrancarles el cabello y a hacerles jurar por Dios: ‘No deben dar sus hijas a los hijos de ellos, y no deben aceptar a ninguna de las hijas de ellos para los hijos de ustedes ni para ustedes mismos’”.
El que Nehemías ‘señalara las faltas’ de aquellos hombres probablemente implicó censura y reprensión por medio de la ley de Dios, poniendo al descubierto su acción impropia. Esos hombres estaban llevando a la nación restaurada al disfavor de Dios, después que Él los había repatriado bondadosamente de Babilonia con el fin de restaurar la adoración verdadera en Jerusalén. Nehemías ‘invocó el mal contra ellos’ en el sentido de enumerar los juicios de la ley de Dios sobre transgresores. Los ‘golpeó’: parece probable que no lo hiciese personalmente, sino que ordenase flagelarlos como una medida judicial oficial. Les ‘arrancó [una porción] de cabello’: lo cual era un símbolo de indignación moral e ignominia delante del pueblo. (Compárese con Esdras 9:3.) Luego, Nehemías ahuyentó al nieto del sumo sacerdote Eliasib, el cual había llegado a ser yerno de Sanbalat el horonita. (Neh. 13:1-28.)
NEHEMÍAS, UN EJEMPLO SOBRESALIENTE
Nehemías se destaca como un ejemplo excelente de fidelidad y devoción. Fue desinteresado, pues dejó atrás una posición prominente como copero de la corte de Artajerjes para emprender la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Puesto que había muchos enemigos, Nehemías se expuso voluntariamente al peligro a favor de su pueblo y de la adoración verdadera. No solo dirigió el trabajo de reparación del muro de Jerusalén, sino que tuvo también una participación personal activa en la tarea. No perdió el tiempo, fue valeroso y no tuvo temor, confiando completamente en Jehová y mostrando discreción en todo lo que hacía. Nehemías tenía celo por la adoración verdadera, conocía la ley de Dios y la aplicaba. Estaba interesado en edificar la fe de sus compañeros israelitas y demostró tener por Jehová el debido temor. Aunque insistió celosamente en el cumplimiento de la ley de Dios, no ejerció dominio sobre otros para provecho propio, sino que se interesó más bien por los oprimidos. Él nunca solicitó el pan que le correspondía al gobernador; por el contrario, proporcionó alimento a un buen número de personas, corriendo con los gastos. (Neh. 5:14-19.) Nehemías pudo orar apropiadamente: “Acuérdate de mí, sí, oh Dios mío, para bien”. (Neh. 13:31.)