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Ayuda para entender la Biblia
ad págs. 1494-1496

SANSÓN

(“Soleado; Como el Sol; Hombre-Sol”; o: “Desolador; Destructor”).

Uno de los sobresalientes jueces de Israel; hijo de Manóah, un danita de Zorá. Antes de su nacimiento se le apareció un ángel a su madre y le anunció que tendría un hijo que sería nazareo desde el momento de nacer y que “[llevaría] la delantera en salvar a Israel de la mano de los filisteos”. (Jue. 13:1-5, 24; 16:17.) Como futuro líder en la lucha contra los filisteos, Sansón tendría que estar cerca de los cadáveres de las personas que matase en batalla. Por lo tanto, la mismísima naturaleza de su comisión mostraba que no estaba bajo la ley que prescribía que los nazareos no tocasen cadáveres. (Núm. 6:2-9.) También debe notarse que esta ley aplicaba a personas que voluntariamente hacían un voto de nazareato y no hacía referencia a personas que, como Sansón, eran nazareos desde su nacimiento.

Cuando ya tenía edad para casarse, Sansón pidió a sus padres que le consiguiesen como esposa a cierta mujer filistea de Timnah. Esto estaba en armonía con la dirección del espíritu de Dios, puesto que proporcionaría a Sansón la oportunidad de luchar contra los filisteos. (Jue. 13:25-14:4.) Más tarde, cerca de Timnah, un leoncillo crinado se enfrentó a Sansón. Lleno de poder por medio del espíritu de Dios, partió al animal en dos valiéndose solo de sus manos. Luego continuó su camino hacia Timnah y allí habló con la mujer filistea que quería tomar por esposa. (Jue. 14:5-7.) Algún tiempo más tarde, y acompañado por sus padres, Sansón fue a Timnah para llevarse a su prometida a casa. Durante el recorrido se desvió del camino para mirar el cadáver del león que había matado anteriormente y halló dentro un enjambre de abejas y miel. Sansón comió algo de la miel y, al volver a reunirse con sus padres, les ofreció miel a ellos. Durante el banquete de boda propuso un enigma basado en este incidente a 30 compañeros de boda filisteos. Acontecimientos posteriores que surgieron por causa de este enigma dieron a Sansón la oportunidad de matar a 30 filisteos en Asquelón. (Jue. 14:8-19.)

Cuando el padre de su prometida la entregó a otro hombre y no permitió que Sansón la viera, se le presentó a Sansón otra oportunidad para actuar contra los filisteos. Valiéndose de 300 zorras, prendió fuego a los campos de grano, los viñedos y los olivares de los filisteos. Los encolerizados filisteos quemaron a su vez a la prometida de Sansón y a su padre, ya que la pérdida de los filisteos era fruto de los tratos de este último con Sansón. Por medio de este acto los filisteos una vez más le dieron a Sansón razón para vengarse de ellos, de modo que mató a muchos, “amontonando piernas sobre muslos”. (Jue. 14:20-15:8.)

Procurando vengarse de Sansón, los filisteos fueron a Lehí. Entonces, 3.000 hombres de Judá, llenos de temor, convencieron a Sansón en el peñasco Etam para que se rindiese, atándolo después con dos cuerdas nuevas y entregándolo a los filisteos. Los filisteos se prepararon con gran júbilo para recibir a Sansón. Pero “el espíritu de Jehová entró en operación sobre él, y las sogas que estaban sobre sus brazos vinieron a ser como hilos de lino que han sido chamuscados por el fuego, de modo que sus grilletes se derritieron de sobre sus manos”. Tomando una quijada húmeda de asno, Sansón derribó a 1.000 hombres, después de lo cual atribuyó esta victoria a Jehová. En esa ocasión, en respuesta a la solicitud de Sansón, Jehová le proporcionó milagrosamente agua para calmar su sed. (Jue. 15:9-19.)

En otra ocasión Sansón fue a la casa de una prostituta, en la ciudad filistea de Gaza. Al enterarse, los filisteos estuvieron al acecho con la intención de matarlo por la mañana. Pero a medianoche Sansón se levantó y arrancó la puerta de la ciudad y los postes de los lados y la barra del muro de Gaza, y los llevó “a la cima de la montaña que está enfrente de Hebrón”. (Jue. 16:1-3.) Eso significó una gran humillación para los filisteos, puesto que dejó la ciudad de Gaza débil e indefensa ante posibles intrusos. El hecho de que Sansón pudiese realizar esta hazaña sorprendente indica que él todavía tenía el espíritu de Dios. Esto podría servir de argumento en contra de que hubiese ido a la casa de la prostituta con propósitos inmorales. Acerca de este punto el comentarista Paulus Cassel hizo la siguiente observación: “Sansón no fue a Gaza con el propósito de visitar a una ramera: puesto que se dice que [‘Sansón fue a Gaza y vio allí a una prostituta y vino a ella’]. Pero cuando quiso pasar allí [en Gaza] la noche, no había otra posibilidad para él, el enemigo nacional, que el quedarse con la [prostituta] [...]. Su estancia se relata en un lenguaje que no difiere del que se empleó con referencia a la permanencia de los espías en la casa de Rahab. Las palabras [‘vio a una prostituta’], solamente indican que cuando vio a una mujer de esa clase, supo dónde podía hallar alojamiento para la noche”. (A Commentary on the Holy Scriptures [El Libro de Jueces, pág. 212], traducción de Philip Schaff de la obra de J. P. Lange.) También hay que tener en cuenta que el relato dice: “Sansón se quedó acostado hasta la medianoche” y no ‘Sansón se acostó con ella hasta la medianoche’.

TRAICIONADO POR DALILA

Fue después de esto que Sansón se enamoró de Dalila. (Véase DALILA.) Para conseguir ganancia material ella trató de descubrir el secreto de la fuerza de Sansón. En tres ocasiones obtuvo respuestas engañosas. Pero debido a que ella le importunaba de manera persistente, Sansón finalmente cedió y le reveló que su fuerza residía en que era nazareo desde su nacimiento. Ella entonces se puso en contacto con los filisteos a fin de conseguir la recompensa por entregarles a Sansón. Mientras él dormía sobre sus rodillas, Dalila hizo que le cortasen el cabello. Cuando despertó ya no tenía el espíritu de Jehová, pues había dado lugar a que se desarrollara una situación que le hizo perder su nazareato. La fuente de su fuerza no era el cabello en sí mismo, sino lo que este representaba: la relación especial de Sansón con Jehová como nazareo. Al romperse esa relación, Sansón no era diferente de cualquier otro hombre. Por lo tanto, los filisteos pudieron cegarlo, sujetarlo con grilletes de cobre y hacerlo trabajar como molendero en la casa de encierro. (Jue. 16:4-21.)

Mientras Sansón languidecía en la prisión, los filisteos dispusieron un gran sacrificio a su dios Dagón, al cual le atribuían su éxito por haber capturado a Sansón. Se reunieron grandes muchedumbres, incluyendo a todos los señores del eje, en la casa que se usaba para la adoración de Dagón. Solo sobre el techo había 3.000 hombres y mujeres. Los exultantes filisteos sacaron a Sansón —a quien ya le había crecido copiosamente el cabello— de la prisión para que les sirviera de entretenimiento. Al llegar, Sansón pidió al muchacho que lo estaba dirigiendo que le dejase palpar las columnas que sostenían el edificio. Entonces le oró a Jehová: “Acuérdate de mí, por favor, y fortaléceme, por favor, solo esta vez, oh tú el Dios verdadero, y deja que me vengue de los filisteos con venganza por uno de mis dos ojos”. (Jue. 16:22-28.) Puede que le orase acerca de vengarse por solamente uno de sus ojos debido a que reconocía que la pérdida de ambos se había producido en parte debido a su propio error. O, puede ser que, como representante de Jehová, entendiese que no podía ser vengado totalmente.

Sansón se asió de las dos columnas que servían de apoyo a la casa y “se inclinó con poder”, haciendo que la casa se derribase. Eso causó su propia muerte y la de más filisteos de los que había matado en toda su vida. Sus parientes lo enterraron “entre Zorá y Estaol, en la sepultura de Manóah su padre”. De modo que Sansón murió fiel a Jehová después de haber juzgado a Israel durante veinte años. Por lo tanto, es propio que su nombre aparezca entre los de los hombres que, por fe, fueron hechos poderosos. (Jue. 15:20; 16:29-31; Heb. 11:32-34.)

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