“Alimenta a mis corderitos”
DESPUÉS de su resurrección Jesús se apareció a algunos de sus apóstoles a la orilla del mar de Tiberíades. En esa ocasión Jesús dió a Pedro este mandato: “Alimenta a mis corderitos.” Y poco antes de su ascensión al cielo Jesús dió a Pedro y a los otros apóstoles que estaban con él, el mandato: “Vayan pues y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles que observen todas las cosas que yo les he mandado.”—Juan 21:15; Mat. 28:19, 20, NW.
Una de las diferentes maneras en que los testigos de Jehová siguen hoy las pisadas de Cristo Jesús e imitan el ejemplo puesto por los apóstoles y obedecen los mandatos mencionados en el párrafo anterior es volviendo a visitar a las personas con quienes han dejado literatura al ir de casa en casa. Que tal actividad verdaderamente resulta en alimentar a los corderitos de Cristo Jesús se hace patente de la siguiente experiencia.
Una testigo para Jehová iba de puerta en puerta en cierto pueblo de Alemania y llegó a un retiro católico. Una monja joven contestó a la puerta y, después de escuchar muy atentamente su testimonio, aceptó una copia de la revista La Atalaya y convino en que la visitante volviera dentro de dos semanas. Pero, un día o dos después, la testigo por casualidad encontró a la monja por la calle en el pueblo. Con excitación considerable la monja le contó cómo la superiora había encontrado la copia de La Atalaya y estaba muy enojada. Amonestó a la testigo a que no volviera porque la superiora seguramente la echaría fuera.
Pero cuando las dos semanas habían transcurrido la testigo razonó consigo misma que todavía era responsabilidad suya delante de Jehová como una de sus testigos cumplir su promesa y hacer esa visita. De modo que hizo la visita, y la que contestó a la puerta fué la superiora misma, quien preguntó: “¿Es usted la señora que dejó esa Atalaya aquí la semana pasada?” Esperando lo peor la testigo se vigorizó y calmadamente contestó, “Sí, yo soy esa señora.” “¿Quiere usted pasar?”, invitó entonces la superiora.
La testigo la siguió a un cuarto interior donde encontró a otras seis monjas sentadas. Entonces la superiora dijo: “Todas nosotras hemos leído La Atalaya muy cuidadosamente y hemos decidido que queremos que usted nos enseñe más acerca de la Biblia; ¿lo hará usted?” Inmediatamente se empezó un estudio.
Después que el estudio había proseguido por cerca de dos meses un sacerdote vino al retiro para recuperarse de una enfermedad. Para este tiempo la biblioteca del retiro contenía algunos libros de los testigos de Jehová y varias copias de La Atalaya. Observando que el sacerdote estaba interesado en estas publicaciones, se le invitó a que participara de los estudios bíblicos, lo cual prestamente hizo. Después de algún tiempo regresó a su parroquia con la solicitud de que se le proporcionaran copias de La Atalaya. Sin embargo, no pasó mucho antes de que escribiera que ya no era necesario enviárselas, porque se había puesto en contacto con los testigos de Jehová en su propia comunidad. Pronto el sacerdote se desprendió de su indumentaria clerical y se hizo agricultor y testigo de Jehová.
Escribió a las monjas acerca de esto y les extendió la invitación de venir y trabajar con él en su granja. Dos de ellas aceptaron la invitación; las demás prefirieron permanecer en el retiro por el momento. Cuando los sobreveedores preguntaron si la superiora deseaba sustitutas por las dos que habían salido, ella contestó: “No, realmente no había bastante trabajo para tantas.” No quería correr el riesgo de dejar que algo interrumpiera su estudio bíblico.
Poco después de esto un pastor protestante y su esposa vinieron a este retiro buscando alojamiento. La superiora trató de desanimarlos para que no se quedaran y casi había logrado buen éxito en esto cuando el pastor la sorprendió preguntándole si ella conocía a algunos testigos de Jehová en el pueblo. “Naturalmente,” ella contestó, “de hecho una testigo viene aquí muy a menudo.” Curioso y sorprendido, el pastor preguntó, “¿Qué? y ¿trabaja con usted?” “No, no exactamente,” ella contestó, “esta testigo viene aquí a enseñarnos acerca de la Palabra de Dios, la Biblia.”
Al oír esto, el semblante del pastor se iluminó y dijo: “Entonces, éste es el lugar correcto para que mi esposa y yo nos quedemos. Sucede que conocimos algunos de los testigos de Jehová en Inglaterra, y estamos muy interesados en aprender más acerca de Jehová y su Palabra, también.” De modo que ellos también participaron en el estudio durante el tiempo de su permanencia en el retiro.
Sí, el volver a visitar a las personas que han manifestado interés en la Palabra de Dios es uno de los medios eficaces que los testigos de Jehová usan para alimentar a los corderitos de su Pastor Propio, Cristo Jesús.