“No tienen excusa”
La verdad puede obtenerse y no hay excusa para no saber acerca del Creador.
¿QUIÉNES no tienen excusa? Que las Escrituras contesten: “Lo que se puede conocer acerca de Dios les es claro, porque Dios se lo ha manifestado. Desde la creación del mundo su invisible [esencia], a saber, su eterno poder y deidad, ha sido percibida claramente en las cosas que han sido hechas. De modo que ellos no tienen excusa.” (Rom. 1:19, 20, Norm. Rev. y Scío) No, “no tienen excusa” los que niegan la existencia del Dios verdadero y vivo, Jehová. Según las encuestas va subiendo el número de ateos. La religión falsa ha repugnado a mucha gente y hecho que no quiera conocer a Dios. Pero ahora toda persona de corazón honrado puede obtener la verdad. De manera que no hay excusa para no conocer al Creador y Soberano Supremo del universo, Jehová Dios.
¿Por qué no tiene excusa? Porque la creación da testimonio de que Dios existe: “Sus cualidades invisibles se observan claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se entienden por las cosas hechas, hasta su poder eterno y Divinidad.” El profeta de Jehová aconseja: “¡Levantad hacia arriba vuestros ojos, y ved! ¿Quién creó aquellos cuerpos celestes?” ¿No da testimonio acerca del poder de Jehová lo que vemos en el cielo? Pues, ni siquiera una persona de poca inteligencia que ve un automóvil por primera vez cree que todas las partes de éste se armaron casualmente por su propia cuenta. Tuvo que haber superintendencia inteligente para producir una creación tan compleja; no obstante ¡cuánto más compleja es la menor de las creaciones de Dios que nuestros ojos contemplan en el cielo!—Rom. 1:20, NM; Isa.40:26.
Así que los cielos hablan acerca de la gloria de Dios: “Los cielos [tanto los cielos literales como los “nuevos cielos”] cuentan la gloria de Dios, y el firmamento manifiesta la obra de sus manos. Un día a otro día transmite copiosamente el dicho, y una noche a otra noche divulga el conocimiento. No hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz; empero por toda la tierra ha salido su melodía, y hasta los cabos del mundo sus palabras.”—Sal. 19:1-4.
El poder y las otras perfecciones de Jehová pueden conocerse por medio de la belleza, excelencia, variedad e inmensidad de su creación. Y, de hecho, la escala de perfecciones evidente en el universo implica la existencia de una norma absoluta, un Ser perfecto. Por tanto, como declaró el apóstol de Cristo: “No tienen excusa.”—Rom. 1:20, HA.
ORDEN Y ARMONÍA EN LA NATURALEZA
El orden que hay en el universo habla de la gloria de Dios. Todo cuanto hay en la naturaleza está tan definitivamente planeado y su diseño revela tan claramente que se hizo con un propósito que se ve que los planes se hicieron con inteligencia. ¡Si ha requerido las mejores mentalidades de grandes científicos para descubrir sólo unas pocas de las leyes de la naturaleza! ¿Se hacen las leyes por accidente? ¡Qué planes más inteligentes existen respecto a nuestra tierra! La distancia a que está el sol de la tierra es exactamente correcta. La distancia a que está la luna de la tierra es exactamente correcta. La inclinación de la tierra en su eje es exactamente correcta. La mezcla de gases es exactamente correcta. La relación entre plantas y animales es exactamente correcta. ¡Qué sabiduría infinita está detrás de ese ciclo en la naturaleza! Los animales aspiran el oxígeno y luego lo espiran combinado con anhídrido carbónico; las plantas aspiran el anhídrido carbónico y espiran oxígeno. ¿Accidente? ¡Inconcebible!
¡Cuán obvio es que la tierra fué preparada para el hombre! Dijo una autoridad médica: “Hay probablemente mil condiciones que tendrían que cumplirse antes de que el hombre pudiera habitar la tierra. No sólo tiene que haber luz, muchas clases de alimento, agua, atmósfera correcta, temperatura apropiada, el ciclo del nitrógeno, etc., sino que hay centenares de reacciones químicas en el cuerpo que contribuyen a los procesos de vida del hombre. La probabilidad de que todas estas condiciones necesarias para la vida se hubieran cumplido por la mera casualidad es una en miles de millones. Es muy evidente que la tierra fué preparada para el hombre. Este hecho en sí mismo prueba la existencia de un Dios consciente.”—The Physician Examines the Bible, pág. 318.
Un hombre que sondeó profundamente en los secretos de la naturaleza fué Tomás A. Edison. Él inventó el fonógrafo y la lámpara eléctrica de incandescencia y patentó más de mil otros inventos. Cuando se le preguntó un día si él creía en Dios, Edison respondió: “Después de años de contemplar los procesos de la naturaleza, yo no puedo dudar de la existencia de una Inteligencia Suprema. La existencia de tal Dios puede, a mi parecer, casi probarse por la química.”—Reader’s Digest, abril de 1954.
LA EXISTENCIA DE LA VIDA Y LA INTELIGENCIA
La existencia de criaturas vivientes cuya inexistencia es posible implica la existencia de un indispensable Creador. El hombre no puede crear vida de los elementos. Sin embargo, ¿hemos de pensar que los elementos crearon al hombre? Podemos tomar una lección de las bestias, las aves y los peces. Job dijo: “Mas pregunta, si quieres, a las bestias, que ellas te enseñarán, o a las aves del cielo, que ellas te lo dirán; o habla a la tierra, que ella te enseñará, y los peces del mar te lo contarán: pues ¿quién de entre todos éstos no sabe que la mano de Jehová ha hecho esto?”—Job 12:7-10.
Sí, aun el ojo de un águila puede enseñarnos una lección, puede dirigirnos al Autor de la vida. Sir Isaac Newton, el matemático, físico y astrónomo inglés que concibió la idea de la gravitación universal, estuvo tan impresionado por las cosas creadas que dijo: “¿A qué se debe que la naturaleza no haga nada en vano; y de dónde origina todo ese orden y belleza que vemos en el mundo? . . . ¿Cómo vinieron los cuerpos de los animales a ser arreglados con tanta arte y para qué fin eran sus diferentes partes? ¿Se inventó el ojo aparte de pericia en la óptica, o el oído aparte de conocimiento de sonidos? . . . Y ya que estas cosas fueron despachadas correctamente, ¿no manifiestan los fenómenos que hay un ser incorpóreo, vivo, inteligente?”—0ptics, por Sir Isaac Newton, tomo III, pregunta 25.
Mientras más estudian el universo los científicos, tanto más tienen que reconocer que hay una Inteligencia Suprema detrás de él. Se dice que Alberto Einstein, el afamado físico, sondeó más profundamente en los secretos del universo que cualquier otro hombre. Los secretos que él desenmarañó no lo hicieron ateo, como él admite: “Es suficiente para mí contemplar el misterio de la vida consciente perpetuándose a través de toda la eternidad; reflexionar sobre la estructura maravillosa del universo, que podemos percibir sólo oscuramente, y tratar humildemente de comprender aunque sea una parte infinitesimal de la inteligencia manifiesta en la naturaleza.”
Otra razón por la cual están sin excusa los que rehusan reconocer a Jehová como Creador: la inteligencia existe. Si el hombre se originó sin guía inteligente, ¿por qué debería tener inteligencia? ¿Puede la falta de inteligencia crear la inteligencia? ¡Si aun los hombres que poseen la inteligencia más aguda no pueden crear inteligencia que sea superior a la de ellos mismos! Oh, ellos han hecho cerebros autómatas. En el campo de la matemática éstos son estupendos. No obstante, no son más inteligentes que el hombre. Un distinguido matemático y lógico de la Universidad de Princeton, Alonzo Church, cuidadosamente ha analizado los calculadores y cerebros mecánicos. Él dijo: “Ninguna máquina podrá alguna vez solucionar todos los problemas que un matemático vivo puede resolver.” Sin embargo, los ateos creen que el hombre inteligente, aunque no puede crear vida o siquiera algo que sea más inteligente que él mismo, fué creado por una fuerza sin inteligencia. ¿Tiene sentido eso?
El decir que no hay ninguna Inteligencia Suprema es decir que el universo ha desarrollado algo más elevado que él mismo, que ha creado la inteligencia. Y el pensar que cosa alguna pueda crear algo que ella misma no posee es razonamiento estúpido de la clase más fatua.
PERCEPCIÓN INSTINTIVA DE DIOS
El hombre está dotado de una percepción instintiva de que Dios existe, percepción que debiera mover a todo hombre a glorificar a Jehová. De hecho, la mente está obligada por la ley de su propia existencia a formar concepto de un Mejor absoluto e infinito. Está obligada a creer que todo efecto tiene una causa. Así que tiene que haber una Primera Causa no causada que posee dentro de sí la razón de su existencia.
La naturaleza aborrece un vacío; así también el hombre la idea de un universo sin Dios. El impulso de adorar es un instinto poderoso. Un artículo de la revista Women’s Home Companion para abril de 1954 contuvo un subtítulo que decía: “Todos sentimos un impulso hacia Dios tan poderoso como nuestros instintos hacia el sexo y el hambre, dice una osada escuela nueva de pensamiento psiquiátrico.” La demanda instintiva de un Ser Supremo en toda persona arguye que Uno existe.
Otro aspecto del impulso instintivo de adorar es que es universal. Existe entre hombres de toda raza, toda nacionalidad. Hasta los ateos adoran algo, aunque sea su propio ateísmo filosófico. El impulso de adorar está tan difundido que si no hubiera un Dios sería imposiblemente difícil imaginarse por qué se habría concluído espontáneamente que hay uno.
LA BIBLIA Y LA PROFECÍA CUMPLIDA
Todavía otra razón por la cual los ateos no tienen excusa: Tienen la Biblia, la Palabra revelada de Dios. Sus profecías y cumplimientos en sí mismos prueban que éste es un Libro cuyo autor no podría contarse entre los hombres. Antes de la caída del poderoso imperio de Babilonia, la Biblia la predijo. (Jer. 51:37) La Biblia predijo el levantamiento sucesivo de Medo Persia, Grecia, Roma y el imperio angloamericano. (Dan. 8:3-25; Apo. 17:10-14) Un erudito bíblico contó 332 profecías distintas que se cumplieron en Cristo. ¡Un matemático calculó que la probabilidad de que un solo hombre cumpliera todas estas cosas sería una en ochenta y cuatro seguido de noventa y siete ceros! Estas y otras exactitudes proféticas prueban más allá de toda duda que había una Inteligencia sobrehumana tras la Biblia. Esa Inteligencia es el Autor, Jehová Dios.
Los argumentos de los ateos manifiestan que ellos en realidad no han estudiado la Biblia. Más bien, ellos han escuchado al clero de la cristiandad que ha enseñado mentiras acerca de Jehová Dios, tales como la que dice que él tiene un lugar, el “purgatorio,” donde se asan criaturas humanas. Este infierno de fuego literal y otras doctrinas falsas tales como la de la trinidad y la inmortalidad del alma han desviado de Dios a algunas personas aun antes de que investiguen su Palabra. La Biblia no enseña tales doctrinas irrazonables. Estas las enseña la religión falsa, no el verdadero cristianismo. El ateo ha errado en que él ha presumido equivocadamente que las religiones falsas de la cristiandad son de Dios, cuando son del Diablo.—2 Cor. 4:4.
Nada gana el ateo con señalar a las horribles persecuciones, inquisiciones y guerras de las cuales la llamada religión cristiana ha sido responsable. La Biblia declara que las religiones que hacen eso son falsas: “Declaran públicamente que conocen a Dios, pero lo repudian mediante sus obras.”—Tito 1:16, NM.
Muchos ateos sostienen que el mundo siempre ha existido, que nunca tuvo principio. Pero la ciencia ha probado que tal razonamiento es erróneo. El descubrimiento de la radiactividad ha probado que no pudo haber eternidad de la materia en lo pasado. Y la confirmación por medio del telescopio Hale de 200 pulgadas en el monte Palomar de que el universo se está ensanchando también prueba que los ateos están equivocados. La revista Life en su número del 20 de diciembre de 1954 dió importancia a un artículo acerca del universo en ensanchamiento. Presentó la opinión científica más reciente: “Todos los indicios de la ciencia señalan a un tiempo de creación cuando los fuegos cósmicos fueron encendidos y el vasto espectáculo del universo actual empezó a existir. Y esto hace cinco mil millones de años.”
En estos “últimos días” del mundo de Satanás hay una razón especialísima por la cual están sin excusa los ateos: La predicación de las buenas nuevas del reino de Dios por los testigos de Jehová que Cristo predijo se haría y la demostración por los testigos de Jehová de que el verdadero cristianismo sí existe. (Mat. 24:14) La cristiandad no ha vivido de acuerdo con las normas de la Biblia; esto lo debieran ver claramente los ateos. El que los testigos de Jehová sí lo hacen debiera verse con la misma claridad. Además, las nuevas acerca del nuevo mundo de Jehová y cómo éste pondrá fin al dolor, pesar, sufrimiento y la muerte hacen astillas la enseñanza básica atea.—Apo. 21:1-4.
Los ateos se jactan de ser hombres de raciocinio y visión. También los filósofos antiguos hacían eso. Los ateos de hoy día piensan de un modo muy parecido a la manera insensata en que conferenciaban acerca de Dios aun los más sabios de los antiguos filósofos, sin hacer excepción de Sócrates o Platón. ¿Quién puede leer las obras de ellos sin que le afecte lo estúpido de sus razonamientos, así como la estupidez de sus disparates al hablar ellos acerca de Dios? Bien dice la Biblia: “No lo glorificaron como Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su corazón fatuo se obscureció.” De modo que tal como fueron los antiguos filósofos de antaño así son los filósofos ateos de hoy: ‘Mentalmente están en tinieblas, y alejados de la vida que pertenece a Dios, a causa de la ignorancia que hay en ellos, debido a la insensibilidad de su corazón.’ ¿Quién dice que no hay Dios? “El insensato ha dicho en su corazón: ¡No hay Dios!”—Rom. 1:21; Efe. 4:18, NM; Sal. 14:1.
Puesto que hay evidencia imponente y abrumadora de que Jehová es el Dios verdadero y vivo, Creador y Soberano Supremo del universo, el disculparse con el pretexto de ignorancia no puede permitirse en su latitud cabal excepto en el caso de los idiotas. Los ateos no pueden disculparse con el pretexto de ignorancia. Los agnósticos no pueden disculparse con el pretexto de ignorancia. Los malhechores no pueden disculparse con el pretexto de ignorancia. Tampoco pueden hacerlo los idólatras. El caso es que si están dispuestos a ejercer sus facultades y ocupar su mente en buscar diligentemente, los hombres tienen a su alcance los medios que los llevan a conocer a Jehová Dios. Por lo tanto el decreto de Dios es: “No tienen excusa.”