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  • Siguiendo tras mi propósito en la vida
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1958
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1958
w58 15/1 págs. 40-43

Siguiendo tras mi propósito en la vida

Según lo relató A. C. Attwood

ESTE relato se remonta más de veinte años en lo pasado. Fué en 1935 que comencé a conocer la verdad. Mi padre, hombre de negocios jubilado, nominalmente era católico romano, pero en la práctica era completamente agnóstico. Enfermo, él no desempeñó papel alguno en el drama siguiente. Murió en 1939. Mi madre era anglicana, una columna en la iglesia local. Mi hermana fué educada en conventos católicos romanos, mientras que mi hermano y yo fuimos criados en la Iglesia de Inglaterra. Yo era el menor.

A mis padres les gustaba la idea mía de ser arquitecto. Pero mi padre insistió en que yo trabajara en una oficina por un año para adquirir experiencia en los negocios antes de comenzar el entrenamiento necesario. Después de eso fuí a la Escuela de Arquitectura de Bristol. Mientras estaba en la oficina vino el punto decisivo en mi vida.

Al volver un día después del descanso de mediodía, me encontré con una señora en el paradero superior del ascensor. Esperaba en la puerta de la oficina. Abrió su bolsa y me mostró una selección de libros y folletos que trataban de temas bíblicos. Yo siempre había estado profundamente interesado en la Biblia y tomé un folleto. Cuando comencé a leerlo me quedé completamente absorto en él. Era enteramente diferente a todo cuanto había leído yo antes. Al llegar a casa, comencé a buscar tales palabras como “Armagedón” en diccionarios y enciclopedias. Debo de haber leído ese folleto media docena de veces. Mi curiosidad quedó tan excitada que escribí a Londres para pedir el catálogo mencionado al dorso del folleto. Luego pedí todos los folletos publicados por la Sociedad hasta ese tiempo, inclusos todos los antiguos como Crímenes y calamidades, etc. Los devoré todos, uno tras otro. Entonces todos los libros encuadernados, desde El arpa de Dios hasta Jehová. Comencé con Creación, luego los tomos Luz, y finalmente todos los otros. Tenía sólo diecisiete años. Con mi madre asistía regularmente a la iglesia. Aun antes de conseguir ese folleto yo estaba comenzando a abrigar graves dudas acerca de la iglesia. Ahora no podía ver nada bueno en ella y me daba cuenta de que sencillamente tenía que dejarla. Seguí leyendo las publicaciones y pronto vi la obligación de predicar. De manera que comencé con mi madre, pasándole los libros e instándole a leerlos. También pedí cien folletos de Londres y los esparcí por toda la aldea. Durante todo este tiempo nadie nos había visitado ni había visto yo a algún testigo de Jehová en ninguna parte. Esto no era sorprendente, pues yo vivía a ocho millas del pueblo en el corazón del campo.

Para este tiempo comenzaron a presentarse dificultades. Enojada por la exposición al clero, mi madre comenzó a oponérseme. Empecé a protestar contra el asistir a la iglesia, pero era obligado a ir contra mi voluntad. De modo que di principio a una huelga de brazos caídos, rehusando participar en el servicio en la iglesia. Doblaba folletos dentro de mi himnario y sentado allí los leía a pesar de las miradas enojadas y codazos indignados de mi madre. Mientras tanto me suscribí a las revistas La Atalaya y Luz y Verdad. Varios ejemplares de esta última llegaron a las manos de mi madre y las caricaturas solamente la enojaron. Después de semanas de peleas violentas y trastornos en casa por fin gané la lucha tocante a asistir a la iglesia y se me permitió quedarme en casa.

Estando completamente solo en la verdad, anhelaba tener asociación con otros que la creyeran. De modo que escribí a Londres y pregunté si había alguien en Bristol con quien yo pudiera comunicarme. Me enviaron la dirección del hermano Harding. Él era el “director de servicio” local. Escribí pidiendo el horario de las reuniones y también expliqué lo que estaba pasando en casa. Tan pronto como recibí su contestación me fugué a la reunión el primer domingo subsiguiente, viajando en bicicleta las ocho millas que me separaban de Bristol. La reunión constó de un discurso grabado acerca de “la imagen terrible” de la profecía de Daniel, con una consideración del tema después. Participé cabalmente en la discusión (porque las preguntas parecían ser muy fáciles), con lo cual todo el mundo en el salón volvió la cabeza y se puso a mirarme. Cuando supieron quién era yo, recibí mucho estímulo y coloqué la base para seguir tras mi propósito en la vida y para amistades que han perdurado hasta este día.

Al llegar yo a casa estalló la tempestad con toda su furia. Duró muchísimas semanas, pero ni una vez perdí una reunión después de ese primer domingo. En octubre de 1936 hubo una asamblea en Bristol. Me fugué de la casa para asistir y fuí bautizado. Entonces la dificultad atemperó un poco y temprano en 1937 pude asistir a la gran asamblea de Memorial en Liverpool. Pero aquello fué sólo el momento de calma antes de una tempestad aún peor. Amenazas violentas, enfurecimientos histéricos, chorros de lágrimas sentimentales, y toda suerte de cosas de esa clase, vinieron a ser un acontecimiento diario hasta que se hizo evidente que era imposible vivir en esa casa y todavía permanecer en la verdad.

Me resolví a abandonar el hogar, renuncié de la escuela de arquitectura y comencé a buscar empleo. Lo conseguí como dibujante. Hice mi maleta y me fuí del hogar, habiendo hecho arreglos para vivir con un hermano de Bristol.

Entonces comenzaron los momentos más felices de mi vida. En agosto conseguí tiempo libre para asistir a la asamblea internacional en París, evento que nunca olvidaré mientras yo viva. Fué allí que decidí que el servicio de tiempo cabal era el único proceder para mí. En noviembre de 1937 me matriculé como precursor. La Sociedad me asignó a un territorio rural en Norfolk (Inglaterra), donde me reuní con otro precursor. Trabajamos juntos felizmente durante cuatro meses, viajando muchas millas y visitando granjas y aldeas en el campo. Entonces recibí una asignación para ir a Lincoln y servir de siervo de congregación y precursor. Había alrededor de sesenta o setenta publicadores allí. La congregación estaba en mal estado, rasgada con disensión y muy enferma espiritualmente. Recibí una bendición maravillosa en Lincoln y me da gusto decir que las condiciones mejoraron en poco tiempo, gracias a la bondad inmerecida de Jehová.

Aunque yo sólo tenía diecinueve años, fuí colmado con un privilegio tras otro y mi vida fué un gozo perpetuo. ¡Qué feliz estaba de haber ingresado en el servicio de tiempo cabal! Ya que era joven y algo impetuoso, recibí bastantes golpes, pero aprendí pronto, y estas experiencias me han sido valiosas desde entonces. En septiembre de 1938 vino la visita del hermano Rútherford a Londres y el gran discurso “Enfréntense a los hechos.” Fuí enviado a Birmingham como siervo de asamblea. Después de eso comenzó la obra de zonas y yo estuve entre los primeros que fueron nombrados como siervos de zona. Fuí enviado a Yorkshire y pasé un año feliz visitando las congregaciones. El año siguiente fuí siervo de asamblea en Leeds para la asamblea “Gobierno y paz.” Luego fuí trasladado a la zona vecina en Lancashire, donde desempeñé otro año de esta obra. Pero poco antes de mi traslado la II Guerra Mundial estalló sobre la tierra habitada. Con la llegada de la guerra jóvenes como yo tuvimos que hacer frente a circunstancias como el reclutamiento militar y otras formas de servicio de guerra. Ahora yo tenía veintiún años. Como todos los demás tuve que inscribirme y al debido tiempo fuí llamado ante un tribunal para los que se oponían por conciencia al servicio militar para la ventilación de mi caso. El juez parecía ser hombre imparcial y sus preguntas fueron fáciles. Contesté claramente y al grano y él me dió exención incondicional. ¡Qué momento más feliz! Ahora yo podía efectuar mi servicio de tiempo cabal sin interrupción.

En octubre de 1940, poco después de comenzar el bombardeo de Londres, se me llamó desde el campo para ser miembro de la familia de Betel. Estuve en Betel casi cinco años. No fué fácil seguir adelante durante los ataques aéreos, particularmente durante el primer invierno. Durante cierto tiempo tuvimos ataques por noventa noches consecutivas sin interrupción. Mientras que llevábamos a cabo la obra durante el día, a menudo teníamos que estar en pie parte de la noche y varias veces tuvimos que participar en la lucha contra los incendios, inclusos incendios en la propiedad de la Sociedad. También durante ese tiempo se efectuaron muchos cambios en la organización y a todos les sobrevinieron pruebas. Aquellos años en Betel estuvieron llenos de muchos privilegios además de experiencias duras. Serví como siervo de congregación de cinco diferentes unidades en Londres, fuí enviado a superentender varias asambleas y gocé de muchos otros privilegios.

Con la llegada de 1945 los tenebrosos años de la guerra llegaron a su fin y también vino un cambio para mí. Fuí enviado desde Betel como siervo a los hermanos, o siervo de circuito, según los llamamos ahora. Pasé más de un año visitando las congregaciones otra vez. ¡Y cómo me encantó! No que no apreciara la vida en Betel. Sí la aprecié. Pero después de los largos años de guerra y las muchas experiencias rasgadoras de nervios fué un alivio este cambio de salir al campo. Sencillamente puse toda mi alma en ese servicio y todavía creo que ese año tal vez haya sido el más feliz que he pasado siguiendo tras mi propósito en la vida. En el invierno de 1945-46 conocí al hermano Knorr en Sheffield y allí llené mi solicitud preliminar para Galaad. En mayo de 1946 zarpé con siete otros rumbo a América. Fuimos los primeros ocho en ir desde Inglaterra.

Después de llegar a los Estados Unidos, pasé mis primeros dos meses en la casa Betel y la imprenta en Brooklyn. Luego vino la asamblea de Cléveland. Después de eso un tiempo corto en la granja del Reino, seguido por la apertura de la octava clase de Galaad en septiembre de 1946. Después de la graduación, una semana de descanso en el Canadá con amigos y luego a trabajar como precursor en la ciudad de Nueva York, mientras esperaba un barco para viajar a Nigeria, la cual había de ser mi asignación. Después de un mes en el precursorado se me llamó a la imprenta para recibir entrenamiento, el cual duró dos meses. Luego zarpamos, tres de nosotros para Nigeria y dos para la Costa de Oro, todos a bordo del mismo barco.

Llegamos a Nigeria el 21 de junio de 1947, y aquí se abrió un nuevo capítulo en mi vida. Ya he estado aquí casi ocho años y ciertamente creo que ésta es una de las mejores asignaciones que persona alguna pudiera recibir. Imagínese: cuando llegamos aquí había alrededor de 3,500 publicadores en el país. Y ¿cuántos hay actualmente? ¡Casi 20,000! ¿No le gustaría a usted tener una experiencia como ésa? No ha sido fácil de ninguna manera. Ha habido muchos problemas difíciles, y muchas experiencias penosas. He aprendido mucho desde que he estado aquí. Ha sido de veras emocionante ver la manera en que han progresado los hermanos africanos. El verlos abandonar la poligamia, limpiar su vida mediante el abandonar costumbres no teocráticas y llegar a ser ministros maduros cabalmente dedicados me ha causado gozo indescriptible. Durante mis años en Nigeria he viajado a todo lo largo y lo ancho del país, servido en docenas de asambleas y gozado de muchas experiencias maravillosas. Durante todos estos años he estado en la casa Betel en Lagos y por lo tanto he estado en buena posición para observar el aumento.

Después de unos años en Nigeria otro problema se presentó. La obra comenzó a desenvolverse en los territorios franceses vecinos y algunos de éstos fueron puestos bajo la jurisdicción de la sucursal de Nigeria. Se necesitaba a alguien que conociera el francés para encargarse de la obra. Se hicieron varios esfuerzos por encontrar a alguien pero no se tuvo éxito. De modo que llegué a la conclusión de que la única solución constaba de que yo mismo aprendiera el idioma para que se pudiera cuidar de la obra. Era un problema difícil. Yo había estudiado francés por última vez en la escuela hacía más de diecisiete años y lo había olvidado todo. Además, la vida en Betel no le da a uno mucha oportunidad para estudiar un idioma y el clima tropical deja a uno muy cansado al anochecer. No obstante, dándome cuenta de que la obra lo demandaba, puse manos a la obra en serio, proveyéndome de los libros de texto necesarios. Dentro de un año comencé a entenderme con toda la correspondencia en francés que llegaba a la oficina. Ahora puedo leer y escribir el idioma sin dificultad. Actualmente tenemos casi cincuenta congregaciones francesas y casi 2,500 publicadores a los cuales cuidar fuera de Nigeria. Durante los últimos dos años he estado en contacto con un francés graduado de Galaad y cada vez que escribo una carta en francés le mando una copia y él marca en ella cualesquier mejoras o correcciones que hagan falta. De modo que también estoy adquiriendo instrucción experta por correo.

Hay mucho más que podría decir acerca de mis experiencias en Nigeria, pero no lo permite el espacio. Me hace feliz el pensar que a la edad de treinta y siete he pasado veinte años en la verdad, casi dieciocho de los cuales he pasado en el servicio de tiempo cabal. Y ese servicio de tiempo cabal ha sido continuo, sin interrupción alguna. Verdad es que he estado fuera de Inglaterra casi diez años, pero eso no me preocupa. Desde que he estado aquí mi madre ha fallecido y siento decir que hasta el fin ella permaneció una enconada odiadora de la verdad. No he visto a mi hermano en diecinueve años y he visto a mi hermana sólo una vez en el mismo período. Ni siquiera sé dónde están. Pero Jesús nos dijo que los que le siguieran a él serían separados de padres y parientes carnales, pero que ganarían muchos más en la sociedad del nuevo mundo. Aunque no tengo hogar propio yo sé que si llego a volver alguna vez para una visita hay docenas de puertas que se me abrirán sin que yo siquiera lo pida.

Y ahora quiero instar a toda persona joven que ha sido bendecida con la verdad a que se lance al servicio. Agárrese de todo privilegio que se coloque ante usted. Eso es lo que yo hice. ¡Y qué bendiciones he tenido! ¿No le gustaría a usted gozar de las mismas cosas? Emprenda la obra de tiempo cabal. Apéguese a ella. Vaya a Galaad si se le da la oportunidad. Entonces vaya a su asignación en el extranjero y persevere en ella. Jehová nunca lo abandonará. Eso lo sé de lo que he experimentado al seguir tras mi propósito en la vida.

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