Monja francocanadiense se pone de parte de Jehová
La señorita Luz Lacasse era una monja oblata joven, que enseñaba en la escuela del distrito D’Alembert, donde dos jovencitos testigos de Jehová son alumnos. En noviembre de 1956 le dió al más joven de estos muchachos literatura que atacaba a los testigos de Jehová, para que la llevara a casa. La madre le escribió una carta bondadosa, sugiriendo que la monja se enterara del otro lado del asunto, y acompañó la carta con varios ejemplares de La Atalaya. La monja leyó las revistas y día tras día le hizo preguntas al chico. Quedó tan impresionada por el conocimiento que él tenía de su religión que para el tiempo de los días de fiesta de la Navidad ella le envió una nota a la madre en la que le decía que ella estaba convencida de que los testigos de Jehová tenían la verdad y que ella iba a dejar la orden a que pertenecía. Hizo tal como había dicho y no volvió a la escuela. Sin embargo, debido a que no recibió las cartas que la madre del chico le escribió después, pensó que su amiga recién hallada la había abandonado y por eso consiguió trabajo como cocinera en un colegio agrícola que los padres oblatos operaban. Allí por fin recibió las cartas y empezó a expresar el gozo que le daba el conocimiento que conseguía de “Esto significa vida eterna”. Hallando que cada día se le hacía más difícil quedarse en esta institución, habló con otros acerca de lo que ella estaba aprendiendo, y algunos testigos hicieron arreglos para hallarle trabajo afuera para cuando saliera del lugar. Esto resultó ser más fácil que lo que se había esperado, porque, debido a dar el testimonio a otros, algunas personas se habían interesado; el encargado con gusto la dejó ir. Ella ahora asiste a todas las reuniones de los testigos, sigue con su estudio personal y está recibiendo entrenamiento en el ministerio del campo. También está aprendiendo inglés, teniendo como mira el servicio de tiempo cabal como misionera.