El origen del cristianismo y los rollos del Mar Muerto
EN LA primavera de 1947 tres beduínos iban por el pueblo de Belén tratando de vender siete manuscritos antiguos. Estos estaban en la forma de rollos de cuero, algunos de los cuales contenían escritos bíblicos y otros escritos seglares; estos rollos los habían encontrado los beduínos en jarros de piedra en una cueva. Ya que la cueva está ubicada en el desierto de Judá no muy lejos del mar Muerto, los rollos han llegado a conocerse como los Rollos del mar Muerto. Pasaron meses antes de que los beduínos pudieran vender sus rollos, cuatro de ellos al Monasterio de San Marcos y tres a la Universidad Hebrea de Jerusalén. Siete años más tarde la Universidad compró los otros cuatro rollos, los cuales, mientras tanto, en vano se habían ofrecido en venta en los Estados Unidos, por la suma de 250,000 dólares. Estos cuatro incluían al más valioso de todos, un rollo en hebreo arcaico del libro completo de Isaías, los sesenta y seis capítulos íntegros.
No es sin buena razón que se ha descrito a estos rollos como “el más grande hallazgo de manuscritos en tiempos modernos.” Han sido fechados definitivamente como del segundo siglo a. de J.C. por expertos en los campos de la arqueología, la paleografía (la ciencia de descifrar las escrituras antiguas) y por el procedimiento del carbono 14. Anteriormente el más antiguo testigo hebreo de la Palabra de Dios que se conocía había sido el papiro Nash, el cual tiene un poco menos de edad y es una sola página pequeña, en cuatro fragmentos, y jamás constituyó parte de un rollo. Incidentalmente, contiene los Diez Mandamientos y dos versículos de la Shemá o declaración de la fe judía según se halla en Deuteronomio 6:5, 6.
Desde el año 1951 se han hecho muchos otros descubrimientos parecidos, incluyendo decenas de miles de fragmentos de antiguos manuscritos de la Biblia. Puesto que todos éstos se han descubierto en la misma región general, se hace referencia a ellos también como Rollos del mar Muerto.
El descubrimiento del Khirbet (“ruinas”) Qumrán, ubicado a sólo un kilómetro y medio de la cueva donde se hallaron los primeros rollos, completó la historia de los Rollos del mar Muerto. Estas ruinas se han identificado como las de un monasterio, la sede de la secta que produjo los Rollos del mar Muerto, por lo menos de los que se hallaron primero. En cuanto a la identidad de esta secta, la “principal autoridad de hoy respecto a los Rollos del mar Muerto” nos dice que “ahora hay suficiente evidencia . . . para identificar a la gente de los rollos definitivamente,” es decir, final y permanentemente, “con los esenios,” una secta judía monástica que existió desde alrededor del segundo siglo a. de J.C. hasta la destrucción de Jerusalén en 70 d. de J.C.
Grande ha sido y es el interés que a través del mundo se ha manifestado en los Rollos del mar Muerto. ¿Por qué? Principalmente debido a las afirmaciones de algunos de que los Rollos del mar Muerto revelan el origen humano del cristianismo.
¿Cuál es la realidad? ¿Será realmente cierto que “tanto los ritos como los preceptos de los Evangelios y Epístolas pueden hallarse en casi cada página de la secta” que produjo los Rollos del mar Muerto? ¿Es el monasterio de Qumrán, “tal vez más que Belén o Nazaret, la cuna del cristianismo”? ¿Tuvimos que esperar hasta el descubrimiento de estos rollos para, al fin, “darle algún sentido al drama que culminó en el cristianismo”?
PARALELOS VEROSÍMILES
Ante todo, tómese nota de que cuando los eruditos dejan de diferenciar entre la cristiandad actual y el cristianismo bíblico como se enseñaba y se practicaba en el día de Jesús no pueden menos que errar. Y en segundo lugar, las semejanzas que parecen existir entre lo que la Biblia dice acerca del cristianismo y lo que Josefo, Plinio y Filo y los escritores de los Rollos del mar Muerto dicen acerca del esenismo son netamente superficiales. Básicamente la diferencia entre los dos es tan grande como la diferencia que hay entre el día y la noche.
Una de las semejanzas que se alega existen es lo de tener todos los bienes en común. Cuando un hombre se hacía miembro de la secta del Rollo del mar Muerto tenía que entregar todas sus pertenencias a la orden, hasta su último centavo. Esto se ha comparado con lo que sucedió en la congregación cristiana primitiva inmediatamente después del Pentecostés, dándose énfasis a lo que les pasó a Ananías y Safira por retener parte del precio de la compra. ¿Qué hay de esto?—Hech. 4:32 hasta 5:11.
La semejanza es sólo superficial. En vista del hecho de que este asunto de tener “todas las cosas en común” no se vuelve a mencionar, ni en el libro de los Hechos ni en el resto de las Escrituras Cristianas Griegas, obviamente no fue sino un arreglo temporáneo debido a las condiciones extraordinarias. Además, a los cristianos no se les requería que entregaran sus pertenencias y no había castigo alguno por no hacerlo como había en el caso de los esenios. Ananías y su esposa no fueron castigados por retener algo, sino porque desempeñaron el papel de hipócritas, pretendiendo haber entregado todos los réditos de la venta de su propiedad cuando en realidad habían retenido parte de ello. Pensaban que podían mentir al representante de Dios y salirse con la suya. Ese fue el pecado que cometieron. Lo de tener “todas las cosas en común” en la congregación cristiana primitiva fue temporáneo y totalmente voluntario; el compartir entre la secta del mar Muerto era permanente y obligatorio y el dejar de hacerlo se castigaba severamente—¡no podría haber más diferencia!
Se afirma que hay una semejanza en el hecho de que tanto los cristianos como los esenios hacían uso de abluciones o bautismos simbólicos. Aquí de nuevo la semejanza es sólo superficial. Según fue instituído por Cristo para sí mismo y para sus seguidores el bautismo no simboliza ni resulta en la remisión de pecados, porque él no tenía ninguno. Es un símbolo de haberse dedicado uno para hacer la voluntad de Dios, se administra una sola vez en la vida del cristiano y eso por medio de otro cristiano. Entre los esenios se efectuaba diariamente, por uno mismo, y tenía que ver con la pureza ritual. ¿Pudiera haber mayor contraste?—Mat. 3:13-15.
Argumentos parecidos aplican a la pretensión de que la cena del Señor se copió de la cena comunal de los esenios. La cena del Señor se celebra correctamente sólo una vez al año, el 14 de nisán, para memorializar la muerte de Cristo y es de significado netamente simbólico—ya que el apóstol Pablo reprobó a los que consideraban la cena del Señor como una ocasión para satisfacer el hambre. Por otra parte, la cena comunal esenia era un asunto diario y tenía el propósito de satisfacer el hambre.—1 Cor. 11:20-22.
Se afirma que hay otra semejanza entre el cristianismo y la secta de los Rollos del mar Muerto en conexión con las enseñanzas escatológicas, las que tienen que ver con el fin de un sistema de cosas y el día de juicio. No cabe duda de ello, los esenios esperaban el día de juicio y el fin del mundo en su día; en realidad, se debe a esta creencia el que ellos se retiraran del resto de la humanidad, para estar mejor capacitados para protegerse, muy parecido a la manera en que ciertas sectas de los Estados Unidos se han retirado a alguna región montañosa en expectativa del fin del mundo. En cuanto a los cristianos primitivos, aunque parece que algunos trataban de ‘apresurar el día de Jehová’ indebidamente, también está claro el que Jesús y Pablo en particular les dieron a entender que el fin de este sistema de cosas estaba en el futuro lejano. ¿No dijo Jesús que las buenas nuevas del Reino primero se predicarían por toda la tierra antes que viniera el fin? ¿Y no les dijo el apóstol Pablo en su segunda carta a los tesalonicenses que no debieran pensar que el día de Jehová estaba inminente, porque no vendría sino hasta que primero hubiera una apostasía y el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, se hubiese revelado? Sí.—Mat. 24:14; 2 Tes. 2:1-12.
También, ciertos eruditos han alistado quinientos paralelos ostensibles entre las Escrituras Cristianas Griegas (el Nuevo Testamento) y los primeros Rollos del mar Muerto que tratan de los esenios. Sin embargo, bien puede preguntarse: ¿Cuántos de éstos quedarían si se eliminaran todos los que también se hallan en las Escrituras Hebreas? Puesto que el cristianismo fue prefigurado en el antiguo pacto de la Ley y los esenios pretendían vivir de acuerdo con los requisitos de la Ley, se sigue que habría muchas expresiones comunes a los dos. Como bien lo expresó una autoridad en lo relacionado a los Rollos del mar Muerto: “Puede dudarse, de veras, que las enseñanzas de Jesús y las creencias de la comunidad de Qumrán tengan cosa alguna en común que no se halle en otras fuentes judías también.”
CONTRASTES NOTABLES EN ENSEÑANZAS
En las Escrituras Hebreas se hace resaltar más que cualquier otro hecho la importancia del nombre de Jehová. A Faraón, a Goliat, a Senaquerib y a otros hombres orgullosos se les hizo saber que el único Dios verdadero es Jehová. Y Jehová repetidamente salvó a su pueblo por esa misma razón. (2 Sam. 7:23; Isa. 43:10-12; Eze. 36:21-23) La importancia del nombre de Jehová también recibe énfasis especial en las Escrituras Cristianas Griegas. (Mat. 6:9; Juan 12:28; 17:6; Hech. 15:14) Pero no hallamos tal énfasis en las creencias de la comunidad de Qumrán. La cosa que ellos consideraban de suprema importancia no era el nombre de Dios, sino su propia salvación.
El que tiene que haber un sacrificio propiciatorio se destaca a través de las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis; y se identifica al que lo provee como Jesucristo. (Juan 1:29; Mat. 20:28; 1 Tim. 2:5, 6) Pero en vano buscamos entre los escritos de la comunidad Qumrán alguna mención de que la salvación se deba a tal sacrificio, sea que fuere por Jesús o por otro. Ellos se esforzaban por conseguir la salvación mediante limpiamientos rituales y esfuerzos morales.
Además, los escritores de los Rollos del mar Muerto que exponen las creencias esenias muestran que creían en la inmortalidad del alma humana y en tormento eterno para el castigo de los inicuos. Estas dos doctrinas están en contraste notable con las claras enseñanzas bíblicas de que el alma del hombre es mortal y que la extinción, la muerte, es el castigo por el pecado. (Eze. 18:4; Rom. 6:23) Además, esta secta creía en la predestinación de individuos, mientras que las Escrituras dicen que Dios sólo preordenó ciertos requisitos y clases de individuos. Si fuera preordenado el destino de individuos, no habría por qué predicarles, ni instarles a aguantar.—Col. 1:23; Mat. 24:13.
Tampoco ha de pasarse por alto el hecho de que la secta de los Rollos del mar Muerto tomó prestado del zoroastrismo persa. Esto puede verse en su adoración de ángeles y del sol y por el énfasis que da a los misterios. El verdadero cristianismo no tiene absolutamente nada en común con ninguna religión pagana.—2 Cor. 6:15-17.
CONTRASTES NOTABLES EN CUANTO A COSTUMBRES
Otra cosa que subraya lo insostenible que es la teoría de que la secta de los Rollos del mar Muerto dio a luz al cristianismo es el contraste notorio entre las costumbres de los dos. Los esenios orgullosamente se separaron de su pueblo judío. Según ellos, todo el resto del mundo se iba a la ruina. Lo único que importaba era salvar su propia alma.
¡Qué diferente el cristianismo bíblico! Lejos de recluirse, Jesús iba de ciudad en ciudad y de aldea en aldea predicando las buenas nuevas del reino de Dios. Más que eso, envió a doce y después a setenta de sus seguidores a hacer lo mismo. Y poco antes de ausentarse de ellos él les mandó que hiciesen discípulos de gente de todas las naciones y que testificasen hasta las partes más lejanas de la tierra.—Luc. 8:1; Mat. 28:19; Hech. 1:8.
El ascetismo de la secta también estaba en notable contraste con el cristianismo bíblico. El apóstol Pablo condena el ascetismo como “una apariencia de sabiduría consistente en una forma autoimpuesta de adoración y humildad ficticia, un tratamiento severo del cuerpo, pero no son de ningún valor en combatir la satisfacción de la carne.” El clero del día de Jesús se quejaba porque sus discípulos no ayunaban, y a él lo acusaron de ser “un comelón y bebedor de vino.” ¡Ciertamente Jesús distó mucho de ser asceta!—Col. 2:23; Mat. 11:19; 9:14.
Note usted también la exclusividad no cristiana de esta secta monástica. A sus miembros no se les permitía comer alimento alguno preparado por forasteros, y se rechazaba de miembro a toda persona que tuviera cualquier impedimento físico. Tenía distinciones finamente definidas que se mantenían en vigor continua y rígidamente; a tal grado que si a uno de alto rango, un superior, lo tocara un inferior tenía aquél que bañarse para volver a estar puro. También, ocultaban sus enseñanzas en gran secreto.
En notable contraste con todo esto hallamos que Jesús comía y bebía con los despreciados pecadores y recaudadores de impuestos. Ministraba continuamente a los que sufrían de impedimentos físicos. Enseñó a sus seguidores que ellos tenían un solo Amo y que todos ellos habían de ser hermanos. ¡Y lejos de ocultar sus enseñanzas en secreto las pregonaba por todas partes y mandó a sus seguidores que las proclamaran desde los terrados!—Mat. 10:27; 15:31; 23:8.
Además, los Rollos del mar Muerto sectarios despiden odio mordaz contra todo aquel que no perteneciese a aquella secta. Qué contraste con el proceder que Jesús mandó que sus seguidores adoptaran: “Sigan amando a sus enemigos y orando por aquellos que los persiguen; para que prueben ustedes que son hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace que su sol se levante sobre gente inicua y buena y hace que llueva sobre gente justa e injusta.”—Mat. 5:44, 45.
VINO NUEVO EN ODRES NUEVOS
Escépticos, tales como los unitarios y agnósticos, acusan a los cristianos de carecer de objetividad al considerar la evidencia de los Rollos del mar Muerto y de temer a esta evidencia. Lo que ya se ha presentado aquí refuta esta acusación. El caso es exactamente lo contrario. Los que tratan de usar los Rollos del mar Muerto para probar el origen humano del cristianismo recurren a afirmaciones sensacionales y aserciones dogmáticas y han sido censurados justamente por “hacer inferencias dudosas basadas en pasajes obscuros.” Más que eso, repetidamente han hecho declaraciones contradictorias, todo lo cual revela su propia falta de objetividad y que ellos están aun más emocionalmente envueltos en probar que la Biblia es errónea que lo que están los amadores de ella en probar que la Biblia tiene razón. De interés en este respecto es la declaración típica de un erudito judío: “Niego la relación especial que se afirma que hay entre los Rollos del mar Muerto y el cristianismo no porque ofenda a teología alguna, sino porque las afirmaciones constituyen un ultraje a la erudición sobria y prudente.”
Aunque casi todo erudito serio rechaza el punto de vista extremado de que la comunidad del Rollo del mar Muerto explica el origen del cristianismo, se sienten obligados a encontrar toda clase de vestigios de esenismo en el ministerio y en las enseñanzas de Juan el Bautista y de Jesucristo. Pero si es cierto eso, ¿cómo podemos explicar el silencio absoluto en las Escrituras respecto a la secta de los Rollos del mar Muerto? Se hace mención de los fariseos, los saduceos, los herodianos y los celotes pero jamás de los esenios ni de su monasterio de Qumrán. ¿Por qué?
Si Jesús se hubiese encontrado con ellos, sin duda los habría censurado en términos aun más fuertes que aquellos con los cuales censuró a los fariseos, por cuanto ellos aventajaban a los fariseos en lo de colar mosquitos y tragarse camellos. Si alguna criatura se caía en un hoyo en el sábado el fariseo podía sacarla, pero no el esenio. Una enfermera esenia ni siquiera podía llevar un bebé en el sábado. Más aún, el esenio se atrevía a comer pescado sólo si éste había sido destripado vivo para que se escurriese la sangre.—Mat. 23:23, 24; Luc. 14:3-6.
Juan el Bautista no copió de los esenios el bautismo. Él mismo nos dice que fue Dios quien lo autorizó a bautizar. (Juan 1:33) Jesús trajo un mensaje nuevo, comparado en la Biblia a vino nuevo, enteramente distinto al “vino añejo” del sectarismo judío, fuere éste esénico o farisaico. Jesús sabía que sería infructífero tratar de poner este “vino nuevo” en los viejos odres secos de organizaciones y métodos sectarios. Él recibió este “vino” de su Padre tal como lo confesó: “Muy ciertamente les digo: El Hijo no puede hacer ni una sola cosa de su propia iniciativa, sino sólo lo que ve hacer a su Padre.” Nosotros aceptamos su testimonio como verídico. Por eso podemos tener la plena seguridad de que a pesar de todas las teorías de los hombres, el cristianismo se originó de Dios y no debe nada en absoluto a los Rollos del mar Muerto ni a su secta.—Luc. 5:37-39; Juan 5:19.
En fuerte contraste con los rollos que contienen la filosofía de los esenios, los manuscritos de la Biblia que se han hallado en tan gran abundancia cerca del mar Muerto contienen la Palabra de Dios y constan una confirmación asombrosa del hecho de que dicha palabra no ha cambiado, porque “la palabra hablada por Jehová dura para siempre.”—1 Ped. 1:25.