No es la manera de amarse unos a otros
◆ En la introducción del primer libro de su trilogía sobre la Inquisición española, Juana Plaidy escribe: “Es importante, digo, recordar que el cristianismo y la iglesia no siempre van guardando el paso. De hecho, las doctrinas sencillas, fundadas en las enseñanzas de Jesucristo, se han seguido muy raras veces. Son demasiado sencillas para ser atractivas a hombres que ambicionan el poder y la riqueza—pero mayormente el poder—y, ¿cómo podrían adquirir el poder los hombres al seguir las doctrinas de Cristo? ¿Qué gloria temporal pudieran hallar en tomar el báculo y la bolsa de pastor, despojándose de sus bienes mundanos, y saliendo a predicar la doctrina sencilla: ‘Ámense los unos a los otros’?”
“¿Dónde en semejante existencia se hallarían la pompa y esplendor, los trajes de ceremonia, los incensarios oscilantes, los ingresos lucrativos y los espléndidos palacios? Sin embargo, éstas son señales de distinción e importancia que se necesitan para inducir ese estado hipnótico en el cual los hombres pudieran adorarse a sí mismos mientras fingen adorar a Dios.”
“Millares fueron sometidos al tormento más terrible que pudieron inventar estos hombres; la carne de sus víctimas fue desgarrada con pinzas candentes, y se derramó plomo derretido en sus heridas; muchos sufrieron las agonías de ser atormentados por aparejos para izar y ser torturados en el agua; a algunos se les puso en el potro de tormento hasta morir; a algunos los quemaron vivos en la pira, todo medio de infligir dolor e indignidad al cuerpo humano se exploró; y todo esto se hizo en el nombre de Aquel que había mandado a sus seguidores a amarse los unos a los otros.”—The Rise of the Spanish Inquisition (Publicado por Roberto Hale Limited, Londres, en 1959. Fue seguido por The Growth of the Spanish Inquisition y The End of the Spanish Inquisition.).