Preguntas de los lectores
● Lo que se dice acerca de bailar, en la página 474 de La Atalaya del 1 de agosto de 1964, ¿entraña que dentro de la congregación cristiana no ha de bailarse o que es completamente incorrecto en lo que toca a personas solteras?
La Atalaya, en la página 474 de su número del 1 de agosto de 1964, no dijo que no ha de bailarse dentro de la congregación cristiana o que el baile sea completamente incorrecto en lo que toca a personas solteras. Sin embargo, cuando se trata de personas solteras que son menores de edad, sus padres están en posición de determinar si ellos, como menores de edad, deberían bailar. Estas personas jóvenes deberían considerar el asunto con sus padres y luego deberían seguir el consejo de sus padres. Al obrar así, mostrarán cuánto respetan el arreglo de cosas de Dios, puesto que la obediencia a los padres de uno es un requisito cristiano.—Efe. 6:1-3.
Al bailar con personas del sexo opuesto hay que recordar esto: No es conveniente el que un cristiano baile estrechamente con una persona del sexo opuesto con quien no esté casado. Las personas solteras al bailar con las del sexo opuesto ciertamente no deberían bailar tan estrechamente como para desarrollar algún tipo de placer sensual del baile. Eso sería crasamente incorrecto. También, sería bueno considerar la posibilidad de que el compañero de la persona pudiera ser estimulado incorrectamente aunque tal vez uno crea que no está lo bastante cerca para que uno desarrolle placer sensual del baile.
Por supuesto, sería incorrecto el que una persona bailara con el cónyuge de otra de tal manera que llegara a estar excitado sexualmente o hiciera que eso le sucediera a la persona con quien estuviera bailando. Pero algo más tiene que considerarse aquí, además, y eso es la actitud o deseo del esposo. Si usted bailara con la esposa de alguien, quizás su esposo no lo aprobara, de modo que usted tiene que tomar en consideración los sentimientos y deseos de él en este asunto de bailar y no creer que usted tiene el derecho de pedir a una hermana casada que baile sin consultar a su esposo en cuanto a ello. Como cabeza de su esposa, el esposo tiene el derecho de determinar si ella debería bailar con otra persona o no, así como él tiene el derecho de determinar esto para sus hijos menores de edad.
Por eso, aunque no podemos decir arbitrariamente que en cualquier y toda circunstancia sería incorrecto el que las personas que no están casadas bailen juntas, muy probablemente en la mayoría de los casos eso sería verdad. El bailar estrechamente o cualquier otro baile sexualmente sugestivo por personas solteras, o tal bailar con una persona que es cónyuge de otra persona no es conveniente en lo que toca a un cristiano. El que es cristiano debería recordar que en todas las cosas debería obrar de una manera que honre a Dios.—1 Cor. 10:31.
Por supuesto, es posible el baile en grupo en el cual muchachos y muchachas solteros no todos estén en parejas para bailar abrazados unos de otros, en el cual baile de grupo podrían participar también personas casadas. Tal baile en grupo, conducido correctamente, puede ser tanto deleitable como sano. Este eliminaría la dificultad de tratar de determinar lo que constituye el bailar demasiado estrechamente y lo que no es bailar demasiado estrechamente, especialmente puesto que no todos los individuos ven el asunto del mismo modo.
Algunos que están demasiado preocupados acerca de esto harían bien en preguntarse si estarían tan preocupados si la costumbre fuera el que los hombres bailaran solo con hombres, y el que las mujeres bailaran solo con mujeres. Entonces no habría envuelta ninguna cuestión de sexo y quizás el deseo de bailar no sería tan marcado, puesto que no habría ninguna oportunidad de abrazar a un miembro del sexo opuesto en el nombre del baile.
● ¿Por qué la ley dada a Moisés requería que la mano de los testigos debería venir en primer lugar sobre una persona condenada a muerte, y tiene esto alguna aplicación o lección para nosotros hoy en día?
Concerniente a los que eran condenados a muerte por el tribunal en Israel, Deuteronomio 17:5-7 dice: “. . . debes lapidar a tal persona con piedras y tal persona debe morir. Por la boca de dos testigos o de tres testigos el que está muriendo debería ser muerto. . . . La mano de los testigos en primer lugar debería venir sobre él para matarlo, y la mano del pueblo después; y debes extirpar de en medio de ti lo que es malo.”
No solo los jueces y hombres de mayor edad de la nación eran responsables de eliminar lo que era malo, sino que todos en Israel habían de ser celosos por la adoración verdadera, estar ansiosos de ver que no se arrojara ningún oprobio sobre el nombre de Dios, que la organización permaneciera limpia, evitando condenación de comunidad. Los testigos tenían que mostrar su celo por llevar la delantera en ejecutar la sentencia. Tal celo lo ilustraron los levitas cuando obraron contra sus hermanos israelitas que practicaron adoración del becerro en Sinaí; lo ilustró Finees el levita al ejecutar al simeonita Zimri en la ocasión en que 24,000 israelitas murieron por inmoralidad en conexión con Baal de Peor. (Éxo. 32:25-29; Núm. 25:6-9) A los padres se les requería que trajeran a su hijo terco e incorregible a los jueces, sin escudarlo de la sentencia de muerte. Si alguien se hacía profeta falso o apóstata, el amor a Dios y la lealtad a él y a su organización tenían preeminencia sobre aun los vínculos naturales más allegados, tales como el de un hijo o una hija.—Deu. 21:18-21; 13:6-11.
Había otro principio envuelto en esto. Una cosa era traer testimonio contra una persona ante el tribunal, pero cosa muy distinta era ser el ejecutor, uno que realmente derramara la sangre de la persona. Esto haría que un testigo pensara muy cuidadosamente al dar evidencia. Sería un testigo muy endurecido el que diera testimonio falso sabiendo que también tenía que ser el primero en obrar para dar muerte al hombre o a la mujer.
Por eso hoy en día, si alguien practica iniquidad en la congregación cristiana, el comité judicial de la congregación tiene la responsabilidad de investigar y expulsar para eliminar lo que es malo. Pero cada uno de los de la congregación debería ser exactamente tan celoso por la limpieza y buena posición de la congregación ante Jehová, como ellos, aunque el culpable sea tan allegado como un hijo o una hija. Cada uno debería ser celoso en dar testimonio de lo que sabe en el caso, no reteniendo información o evidencia debido a vínculos allegados de familia o amistad. Debería asentir al juicio del comité y apoyar su acción.—Zac. 13:3.
También, hay otra lección para nosotros. Deberíamos tener mucho cuidado de dar testimonio verdadero, no falso ni dudoso. No deberíamos permitir que el prejuicio o una opinión preconcebida nos hiciera dar testimonio falso, apresurado, descuidado o inexacto. Tenemos que rendir cuentas al gran Juez, Jehová Dios. Pues tenemos que recordar que en la ley de Dios a Israel el testigo falso recibía el castigo que se había propuesto para la persona contra la cual testificaba falsamente.—Deu. 19:18-20.
Así, de esta ley dada a Israel podemos aplicar a nuestro día moderno el principio de ser celosos por la adoración correcta, pura y limpia de Jehová, y también el principio de ser veraces, muy cuidadosos, al dar testimonio, sabiendo que estamos delante del gran Juez Jehová, que nos juzga por las palabras que decimos en tal ocasión.—Mat. 12:36, 37.