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  • El arte meritorio de prestar atención
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1966
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1966
w66 1/2 págs. 67-68

El arte meritorio de prestar atención

HACE años un muchacho de cinco años se cayó de un caballo. Por muchos años después sufrió de una memoria sumamente deficiente. No obstante, halló la manera de mejorar su memoria tan bien que con el tiempo llegó a ser maestro. ¿Cómo lo logró? Una cosa que le ayudó inmensamente fue el prestar atención cuidadosa a todo lo que quería recordar. Si escuchaba una conferencia, seguía atentamente cada palabra. Cuando estudiaba, notaba todo detalle. Venció su impedimento a un grado grande por medio del arte meritorio de prestar atención.

Quizás no tengamos un impedimento serio como ese muchacho, pero todos podemos sacar provecho del arte de prestar atención. Tan importante es este arte que algunos lo consideran muy indispensable para tener éxito en cualquier empresa. Si, por ejemplo, queremos sacar provecho de leer algo, tenemos que prestar atención. La atención estimula el interés, y el interés es el corazón tanto de una buena memoria como de poder concentrarse.

No obstante, muy a menudo hay personas que descubren que después de haber leído un párrafo de material casi no tienen ninguna noción de lo que leyeron. Quizás relean un pasaje varias veces en una condición de desatención y aún no puedan repetir el sentido de lo que leen. ¿Le sucede a usted eso alguna vez?

Si le sucede, ¿qué se puede hacer? Si la desatención es producida por cansancio, quizás necesite dormir; luego escoja un tiempo para leer cuando no esté tan cansado. O si es algo tarde por la noche, quizás el material que usted esté leyendo sea demasiado profundo; escoja algún material más ligero. También, si lee con el deseo de recordar, esto le ayudará a prestar atención, y usted podrá recordar mucho más de lo que lee. El repetirse para usted mismo los puntos principales de lo que lee también le ayuda a recordar y lo mantiene alerta mentalmente. Y al pensar para usted mismo: ¿Dónde puedo usar este material? y luego leerlo con la idea de usarlo, usted desarrolla además el arte de prestar atención.

Si uno se halla en un salón de conferencia para escuchar a un maestro u orador, también es necesario prestar atención. Entonces obtendrá lo más de ello. Ayudará a uno el escuchar cuidadosamente desde el mismísimo principio, manteniendo la vista fija en el orador. El hacer apuntes también ayuda.

Prescindiendo de lo que estemos haciendo, tenemos que aprender a despedir las distracciones mentales y físicas. No debemos colocar un tapete de bienvenida ante nuestra puerta mental, por decirlo así, ofreciendo hospitalidad a todas las cosas que nos distraerían. Cuando tocan a la puerta pensamientos que distraen, debemos recordarnos que no tenemos lugar para ellos en nuestro hogar mental. Y también podemos aprender a despedir distracciones físicas, aun tales ruidos como el estruendo de la calle, el sonar de los teléfonos y el ruido de las máquinas de escribir y el silbido y tarareo de los colaboradores. Si rehusamos darles nuestra atención, estas distracciones físicas no nos apartarán de nuestra tarea.

Puesto que el prestar atención resulta en beneficios definidos, ¿qué razón hay para el problema extenso de la desatención? A menudo solo se trata de que se presta atención demasiado bien a lo que no se debe. Por consiguiente, uno tiene que saber a qué no prestar atención. Muchas personas que no pueden recordar mucho o de quienes se dice que son distraídas o que efectúan poco, simplemente están sufriendo de un caso de prestar atención a lo que no se debe. Considere a un estudiante en la escuela. Quizás Juanito esté mirando por la ventana del salón de clases viendo los brillantes rayos del Sol sobre el pasto. La maestra nota su mirada soñadora, distraída y grita abruptamente: “¡Pon atención, Juanito!” Puede ser que esté poniendo atención-a los pensamientos de ir a pescar o jugar u otras cosas que hará después de la escuela. Está prestando atención, pero a lo que no debe prestar atención.

Así sucede con la persona que se distrae fácilmente. Si se supone que esté escuchando a un orador, realmente no puede prestar atención bien a lo que se dice si está observando una pelea de perros por la ventana o está observando las nubes para pronosticar el tiempo. Su mente está vagando; está prestando atención a lo que no debe.

El mundo en general es así. Su atención está ocupada, pero no con las cosas que son del mayor interés. Está como la gente que vivió antes del diluvio del día de Noé, “comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos.” Después de usar la desatención de aquellos antediluvianos como ejemplo amonestador, Jesucristo dijo: “Así será la presencia del Hijo del hombre.” (Mat. 24:38, 39) ¿Prestamos atención a esa profecía amonestadora?

Es necesario prestar aun más que la atención acostumbrada a ella, especialmente en vista de su fuente. El escritor del libro bíblico de Hebreos indicó esto después de mostrar que, aunque en tiempos pasados Dios les había hablado por medio de los profetas, ahora había enviado a su Hijo Jesucristo como su vocero. “Por eso es necesario que prestemos más que la acostumbrada atención a las cosas oídas por nosotros, para que nunca nos deslicemos.”—Heb. 2:1.

Puesto que Jehová Dios ensalzó al Señor Jesucristo “a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre,” las palabras del Hijo de Dios son de importancia especial. Por eso, tenemos que prestar “más que la acostumbrada atención” a esta elevadísima Autoridad nombrada por Dios en el universo más que a otras personas y a lo que digan o escriban. ¿Y por qué es esto tan vital? Debido a que está implicada nuestra salvación. “¿Cómo escaparemos nosotros si hemos descuidado una salvación de tal grandeza siendo que empezó a ser hablada por medio de nuestro Señor?” No queremos que se nos halle, entonces, prestando atención a las cosas incorrectas, de la manera que lo hace el mundo, cuando la salvación depende de prestar más que la atención acostumbrada a lo que el Hijo de Dios ha hablado.—Fili. 2:9; Heb. 2:3.

Sí, el arte meritorio de prestar atención a menudo significa la diferencia entre el fracaso y el éxito. Y especialmente cuando se trata del asunto de conseguir la aprobación de Dios para la salvación. Depende de prestar atención al Hijo de Dios, respondiendo a los mandamientos que Dios ha hablado “por medio de nuestro Señor.” Puesto que esto significa su mismísima vida, preste más que la acostumbrada atención.

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