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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1966
w66 1/12 págs. 735-736

Preguntas de los lectores

● Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra dijo: “Contemplaba yo a Satanás ya caído como un relámpago del cielo.” (Luc. 10:18) ¿Significa esto que para aquel tiempo Satanás el Diablo ya había sido echado del cielo?—O. B., Australia.

No. No estamos justificados bíblicamente para adoptar ese punto de vista de la declaración de Jesús que se registra en Lucas 10:18. Evidentemente Cristo se refirió a un suceso futuro pero fue impulsado a hacerlo sobre la base de sucesos de aquel tiempo.

Antes “el Señor designó a otros setenta y los envió de dos en dos delante de sí a toda ciudad y lugar adonde él mismo iba a ir.” (Luc. 10:1) Al terminar con éxito su asignación los setenta discípulos regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios quedan sujetos a nosotros por el uso de tu nombre.” (Luc. 10:17) ¡Este fue un maravilloso despliegue del poder de Dios sobre los demonios! Después de tan magnífico informe Jesús fue impulsado apropiadamente a expresar sus palabras significativas en cuanto a la caída de Satanás, palabras que denotaron superioridad sobre aquel inicuo.

Que por sus palabras registradas en Lucas 10:18 Cristo no se refirió a ninguna caída literal pasada de Satanás del cielo se hace patente al considerar lo que se dice en otras partes de la Biblia. En Revelación 12:7-9 se nos habla en cuanto a arrojar a Satanás y sus ángeles del cielo a la Tierra. Pero eso no sucedió antes ni durante los días de la vida humana de Jesús en la Tierra. Debe notarse que todo el libro de Revelación consta de material profético. No es una compilación de historia pasada. Revelación 1:1 indica esto, al decir: “Una revelación por Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus esclavos las cosas que tienen que efectuarse dentro de poco. Y envió a su ángel y por medio de él la presentó en señales a su esclavo Juan.” El apóstol Juan recibió la revelación en la isla de Patmos hacia fines del primer siglo de nuestra era común, completando la escritura de ella alrededor de 96 E.C. Eso fue muchos años después de que Jesucristo hizo la declaración que se registra en Lucas 10:18.

Un examen cuidadoso de Revelación, capítulo 12, indica que el echar al Diablo y a sus ángeles inicuos del cielo había de seguir al nacimiento del reino de Dios. (Rev. 12:5, 10) Como se ha probado con frecuencia bíblicamente en las columnas de La Atalaya, el reino celestial con Cristo como Rey se estableció en 1914 E.C. No mucho después de su instalación, Jesucristo, o Miguel, entró en acción y “estalló guerra en el cielo.” Miguel y los ángeles bajo él combatieron contra Satanás y sus ángeles, echándolos del cielo a la Tierra.

Por lo tanto, parece que Jesús tuvo presente el ser echado finalmente Satanás del cielo cuando dijo: “Contemplaba yo a Satanás ya caldo como un relámpago del cielo.” Esta caída se aseguró por el hecho de que los setenta evangelizadores aunque eran simples hombres en la Tierra habían echado a demonios en el nombre de Jesús. Para Jesús ésta fue una señal de que Satanás seguramente caería del cielo al debido tiempo de Dios. Para Jesús fue como si ya viese a Satanás echado y caído del cielo. Por eso aun entonces pudo hablar de este acontecimiento futuro como una certeza, como si ya lo hubiera visto efectuado. Cristo mismo, al morir en fidelidad y ser resucitado como poderosa criatura espíritu, recibiría el poder de cumplir esa profecía echando a Satanás y a los otros demonios del cielo. De hecho, más tarde el ensalzado Jesucristo también abismaría y finalmente destruiría a estas inicuas criaturas espíritus.—Rev. 20:1-3, 7-10; Heb. 2:14; Rom. 16:20.

● Se dice que en el tabernáculo de Israel y más tarde en el templo que edificó Salomón había la Shekinah. ¿Qué era?—A. G., EE. UU.

La palabra hebrea Shekinah significa “aquello que mora” o “la morada.” Aunque este término no se utiliza en la Biblia, se encuentra en los Targumim, o Targumes, las paráfrasis arameas de las Escrituras Hebreas. Shekinah se usa en los Targumes en pasajes bíblicos relacionados con el morar o habitar en tabernáculo o residir Dios entre su pueblo escogido. (V.g., Éxo. 25:8; 29:45, 46; Núm. 5:3; 35:34) En los Targumes la palabra hebrea “morar” o “habitar en tabernáculo” se vierte “que descanse la Shekinah.”—Vea el Targum de Isaías 48:11; 63:17; 64:3, 6.

La Shekinah estaba en evidencia en el Santísimo tanto del tabernáculo como del templo de Salomón. Dentro de este compartimiento recóndito descansaba el arca sagrada del pacto, o testimonio, con dos querubines dorados formados para su tapa o cubierta. Refiriéndose a esta Arca, Dios le dijo a Moisés: “Y tienes que colocar la cubierta sobre el Arca, y en el Arca colocarás el testimonio que te daré. Y allí ciertamente me presentaré a ti y hablaré contigo desde encima de la cubierta, desde entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, aun todo lo que te mande para los hijos de Israel.” (Éxo. 25:21, 22) Pero, ¿cómo podría presentarse Jehová mismo allí a Moisés? Una manera adecuada sería por medio de una luz milagrosa. También, el sumo sacerdote necesitaría luz cuando estuviera en el Santísimo en el día de expiación.—Lev. 16:11-16.

La Shekinah en el tabernáculo y en el templo de Salomón era una tremenda luz o resplandor sobrenatural. Brillaba entre los dos querubines dorados sobre la cubierta del Arca. Exactamente cuán arriba de los querubines, se extendía o tenía su fuente no puede determinarse. Sin embargo, la luz Shekinah era la única fuente de iluminación en el Santísimo.

¿Qué, entonces, fue el significado de la luz Shekinah? Este esplendor en el Santísimo significó o representó la presencia de Dios. Por supuesto, Jehová mismo no podía circunscribirse a ningún tabernáculo o templo literal. (2 Cró. 6:18; Hech. 17:24) Pero esta luz maravillosa era una indicación para los israelitas de que el favor de Jehová les acompañaba.

Según la Mishnah judía, la luz Shekinah en el Santísimo era una de las cosas que no había en el templo que se edificó bajo la supervisión del gobernador Zorobabel.—Yoma, 21,2.

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