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  • El Gran Maestro servía a otros
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1970
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1970
w70 15/10 págs. 628-629

El Gran Maestro servía a otros

Un artículo preparado especialmente para que los padres lo lean con sus hijos

JESÚS siempre servía a la gente. Le mostraba amor. Dijo: ‘Vine, no para que se me sirviera, sino para servir.’ Por eso, si queremos ser como el Gran Maestro, nosotros también tenemos que servir a otros.—Mat. 20:28.

Es verdad que muchas personas no hacen esto. En realidad, casi todos quieren que otros les sirvan. En una ocasión hasta los seguidores de Jesús pensaron así. Cada uno de ellos quería ser el mayor o el más importante. Esto se demuestra por lo que sucedió cierto día.

Jesús había estado viajando con sus seguidores, y ahora entraron en una ciudad cerca del mar de Galilea. La Biblia nos dice: “Cuando [Jesús] estuvo en la casa les hizo la pregunta: ‘¿Qué discutían en el camino?’ Se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién era el mayor.”—Mar. 9:33, 34.

Jesús sabía que no estaba bien que discutieran acerca de esto. Quería corregir su modo de pensar incorrecto y ayudarlos a cambiar. Por eso, un día cuando estaban juntos, les dio una lección que jamás olvidarían. ¿Qué hizo?

Mientras comían juntos, Jesús se levantó de la mesa. Se quitó sus prendas exteriores de vestir, tomó una toalla y se la ciñó en la cintura. Luego tomó una palangana y echó agua en ella. Todos deben haberse preguntado qué iba a hacer.

Mientras observaban, Jesús fue a cada uno de ellos, se inclinó y les lavó los pies. Luego les secó los pies con la toalla. ¡Imagínate! Sus seguidores se sintieron incómodos al ver al Gran Maestro servirles así. De hecho, uno de ellos no quiso permitir que Jesús le hiciera este servicio humilde. Sin embargo, Jesús dijo que era importante que él lo hiciera.—Juan 13:2-11.

¿Por qué les lavó Jesús los pies? Bueno, en el país donde vivían, la gente usaba sandalias en los pies sin calcetines o andaba descalza. Por eso, cuando andaban por los caminos de tierra, sus pies quedaban cubiertos de polvo pardo. Por lo tanto, era un acto de bondad en aquellos días lavarle los pies cubiertos de polvo a la persona que entraba en la casa de visita. Si en una casa había siervos, el siervo menos importante hacía este trabajo de lavarle los pies al visitante.

Pero en esta ocasión ninguno de los seguidores de Jesús ofreció lavar los pies a los otros. De modo que Jesús mismo lo hizo. Al proceder así, Jesús les enseñó una lección importante a sus seguidores. Necesitaban aprender esta lección. Y es una lección que nosotros necesitamos aprender hoy.

¿Cuál fue la lección? Después que Jesús volvió a ponerse sus prendas exteriores de vestir y ocupó de nuevo su lugar a la mesa, explicó: ‘¿Entienden lo que les hice? Ustedes me llaman “Maestro” y “Señor,” y tienen razón. Si yo, su Maestro y Señor, les lavé los pies, entonces ustedes deben lavarse los pies unos a otros.’—Juan 13:12-14.

Aquí el Gran Maestro mostró que él deseaba que sus seguidores se sirvieran unos a otros. No deberían pensar que eran tan importantes que otros siempre deberían servirles. ¡Esa era la lección que Jesús les estaba enseñando!

Jesús no quiso decir que sus seguidores siempre han de estar lavando los pies a otros. Más bien, quiso decir que deben estar dispuestos a servir a otros, aunque este servicio fuese tan humilde como el lavarle los pies a alguna persona. Él no quería que sus seguidores solo pensaran en ellos mismos. No quería que fueran orgullosos o egoístas.

¿No fue ésa una lección excelente? ¿Serás tú como el Gran Maestro y servirás a otros? Todos podemos hacer cositas para el bien de otros. Esto los hará felices. Pero, lo mejor es que hará felices a Jesús y a su Padre en el cielo.

No es difícil servir a otros. Si observas, encontrarás muchas cosas que puedes hacer para el bien de otras personas. Estas pueden ser en tu casa, en la escuela o casi en cualquier otra parte.

Piensa ahora: ¿Hay algo que puedes hacer para ayudar a tu mamá? Tú sabes que ella hace muchas cosas para bien tuyo y del resto de la familia. ¿Puedes ayudarla? ¿Por qué no le preguntas si puedes ayudarla?

Quizás puedas poner la mesa antes de que coma la familia. O quizás puedas amontonar los trastos sucios después que la familia termine de comer. Algunos niños sacan la basura todos los días. Cualquier cosa que puedas hacer, será servir a otros, como Jesús lo hizo.

¿Tienes hermanos y hermanas más jóvenes a quienes puedes servir? Acuérdate que Jesús, el Gran Maestro, hasta sirvió a sus seguidores. Al servir a tus hermanos y hermanas más jóvenes, estarás copiando a Jesús. También, estarás enseñando a estos niños a servir a otros.

¿En qué puedes servirles? Quizás puedas ayudarles a aprender a guardar sus juguetes cuando terminen de jugar. O quizás puedas ayudarles a vestirse o ayudarles a prepararse para acostarse. Llegarán a amarte por hacer estas cosas, así como los seguidores de Jesús lo amaron a él.

En la escuela, también, puedes servir a otros. Quizás puedas ser de ayuda a tus condiscípulos o a tu maestra. Si a alguien se le caen los libros, sería un acto amable de parte tuya ayudarle a recogerlos. Podrías ofrecer limpiarle el pizarrón a tu maestra o hacer alguna otra cosa para ella. Hasta el mantener abierta la puerta para que pase una persona es un servicio amable.

A veces descubrirás que la gente no te dará las gracias por servirle. ¿Debe esto hacer que dejes de hacer lo bueno? ¡No! Muchas personas no le dieron gracias a Jesús por sus buenas obras. Pero eso no hizo que él dejara de hacer lo bueno.

De modo que nunca te abstengas de servir a otros. Recuerda al Gran Maestro, Jesús. Siempre trata de seguir su ejemplo.

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