¿Tiende usted a tropezar?
JESUCRISTO dijo: “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará.” (Juan 8:31, 32) Antes que un individuo llegue a ser discípulo verdadero de Jesucristo, ejerciendo fe en el sacrificio de rescate y haciéndose seguidor de Cristo, es esclavo del pecado y la muerte. Tiene que efectuar un cambio.—Juan 8:34.
El apóstol Pablo exhortó a los cristianos de Éfeso, Asia Menor, a “que desechen la vieja personalidad que se conforma a su manera de proceder anterior y que va corrompiéndose conforme a sus deseos engañosos.” (Efe. 4:22) Sí, la vieja personalidad tenía deseos incorrectos que tenían que ser removidos.
Por consiguiente, cuando una persona viene a Dios por Su ayuda, tiene que estar dispuesta a trabajar duro para rehacer su mente. (Rom. 12:2) Llega a comprender que “‘ojo no ha visto, ni oído ha escuchado, ni se han concebido en el corazón del hombre las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman.’ Pues es a nosotros que Dios las ha revelado por medio de su espíritu.” Debemos ajustar nuestro pensar a estas revelaciones que son nuevas para nosotros.—1 Cor. 2:9, 10.
Si usted tiene la tendencia a tropezar debido a que no entiende cabalmente alguna explicación de las Escrituras o algún asunto de organización o de procedimiento que viene por medio de la clase del “esclavo fiel y discreto,” acuérdese de su posición delante de Dios. Piense: ¿Me he orientado correctamente? ¿He rehecho mi mente progresivamente? ¿Voy a dejar de hacerlo ahora?—Mat. 24:45-47.
También, examine su corazón. Pregúntese: ¿Hay algún deseo, alguna inclinación, algún egoísmo que me impide ver o aceptar la idea? ¿Es la verdad sobre todo asunto lo que estoy buscando, o quiero que en las cosas sean a mi modo en ciertos sentidos en particular?
HUMILDAD Y MEDITACIÓN
La humildad le es esencial al cristiano para que aguante hasta el fin. Las pruebas que provienen de la persecución a menudo no son tan difíciles como la lucha contra la vieja personalidad con su orgullo y sus presiones para obligar a la persona a que se conforme a sus deseos. La persona que cree que sabe más que la congregación cristiana debe preguntarse: ‘¿Conozco plenamente la historia del pueblo de Dios?’ Quizás las cosas por las que usted aboga o la manera en que usted quiere que se hagan las cosas ya se hayan probado hace años y se haya descubierto que eran incorrectas. Piense: ‘¿Tengo mayor sabiduría que los que han servido fielmente a Jehová Dios por décadas, que han empleado su vida en investigación, estudio y servicio de Dios, dirigiendo la obra de Su pueblo por toda la Tierra? ¿Me ha dado súbitamente Dios mayor sabiduría que a éstos?’
En relación con esto, considere lo que el apóstol Pablo le escribió al superintendente cristiano Timoteo. Después de describir a algunos que resistían la verdad, Pablo dijo: “Tú, sin embargo, continúa en las cosas que aprendiste y fuiste persuadido a creer, sabiendo de qué personas las aprendiste.”—2 Tim. 3:14.
Si usted tiene dudas, puede seguir este buen consejo. Cuando usted estudiaba la Biblia para adquirir conocimiento de la verdad acerca de Jehová Dios y su Hijo Jesucristo, usted estaba aprendiendo. Probaba los puntos a medida que avanzaba. Fue persuadido a creer en las cosas que estaba aprendiendo, pero no por habla melosa ni por presión de parte del que le enseñaba. Más bien, las Escrituras mismas, con la ayuda del espíritu de Dios, lo persuadieron. Usted estuvo firmemente convencido de la verdad. Usted sabía que tenía razón al aceptarla. Es posible que haya seguido adelante y expresado fe plena por medio de dedicación plena a Dios, bautizándose “en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo.” (Mat. 28:19) Usted dijo, de hecho, ‘Vengo para hacer tu voluntad, oh Dios.’ (Heb. 10:7) Usted lo hizo voluntariamente, de su corazón. Entonces, ¿por qué debe usted dudar de aquello que en otro tiempo probó cabalmente y decidió? ¿Por qué debe usted tropezar y quizás apartarse de esta senda de conocimiento progresivo, a causa de una o dos cosas que no entiende plenamente?
Además, piense ‘de qué personas usted aprendió’ estas cosas. ¿Buscaban ellas su dinero? ¿Estaban empeñadas en engañarlo a usted, en aprovecharse de usted? O, ¿eran ignorantes e incapaces de enseñarle las cosas fundamentales de Dios? ¿Practicaba la congregación con la que usted se asoció obras inicuas, presentándose hipócritamente como maestros de la verdad? Más bien, ¿no es verdad que se interesaron en el bienestar espiritual de usted más de lo que cualquier persona lo había hecho anteriormente?
Timoteo sabía que su madre y abuela, y más tarde, el apóstol Pablo y otros cristianos, al enseñarle habían tenido presente lo que esencialmente era para el propio provecho de él. También, el ejemplo que éstos le pusieron fue bueno. Pero Pablo sabía que tenía que decir estas cosas a Timoteo para fortalecerlo para las pruebas, aflicciones y, posiblemente, las dudas que pudieran acometerlo.
Por lo tanto, si usted se inclina a tropezar, debe pensar en aquellas palabras de Pablo y, adicionalmente, en el consejo que él dio a los cristianos hebreos en Jerusalén. Él los exhortó: “Acuérdense de los que llevan la delantera entre ustedes, los cuales les han hablado la palabra de Dios, y al contemplar detenidamente en lo que resulta la conducta de ellos, imiten su fe.”—Heb. 13:7.
Sí, adhiérase al derrotero de fidelidad. ¿Qué resultado desea usted que tenga su conducta? Un buen resultado, por supuesto. Para vida, por supuesto. Entonces usted tiene la fórmula segura en las palabras del apóstol: “Imiten su fe.” Estos hermanos han permanecido en la fe; han “esperado a Jehová.” (Sal. 130:5, 6) Han aguantado a través de pruebas y de ocasiones cuando las inclinaciones humanas imperfectas habrían indicado un proceder diferente. Es posible que a veces haya sido difícil ver las ‘realidades que no se contemplan.’ Pero mantuvieron la fe y son felices al servir a Jehová.—Heb. 11:1.
CUÍDESE DE BUSCAR INFELIZMENTE UNA SALIDA
Tocante a este asunto de felicidad, hay otra manera en que usted puede probar su propia posición. Pregúntese: ‘¿Estoy gozoso; obtengo verdadero gozo al servir a Jehová?’ Si usted ha perdido su gozo, hay algo que no está bien, pero no es algo en Jehová o en su pueblo. Es a usted que le falta algo. Usted ha perdido un grado de su espiritualidad. Si usted está haciéndose retraído, no teniendo asociación feliz —de todo corazón— con sus hermanos, si usted está aislándose, haciéndose introvertido, ¡cuídese! Es una seria señal de advertencia. El proverbio inspirado dice: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará.”—Pro. 18:1.
Si usted descubre que lo hace tropezar o le ofende algo que se enseña en la organización de Dios, o algunos ajustes que se estén haciendo, tenga presente esto: Dios ha puesto suficiente en la Biblia para suministrar un fundamento completo para la fe. (2 Tim. 3:16, 17) Por otra parte, ha dejado de incluir muchos detalles en los relatos de diferentes acontecimientos en la Biblia, suficientes para que aquel cuyo corazón no está bien, que quiere descubrir una falta aparente, que quiere hallar una excusa para abandonar el camino de la verdad, pueda hallarla.
Así mismo Jehová ha hecho arreglos cabales para el bienestar espiritual de todo su pueblo por medio de la congregación cristiana. Si usted oye palabras dudosas o ve acciones dudosas, hasta acciones incorrectas o equivocadas, de parte de alguno en la congregación, no tropiece y pierda el favor de Jehová a causa de esto. Puesto que la congregación de Dios verdaderamente está compuesta de humanos imperfectos, la persona que realmente no ama a Jehová y su pueblo ciertamente puede hallar una excusa para salir. El apóstol Juan escribió que algunos se habían apartado. Dijo: “Ellos salieron de entre nosotros, pero no eran de nuestra clase; porque si hubieran sido de nuestra clase, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron para que se mostrase a las claras que no todos son de nuestra clase.” (1 Juan 2:19) Jehová solo quería a los de la clase leal, amorosa, comprensiva, la clase que aguanta. Los que se salieron sin duda hallaron alguna queja que justificó sus acciones en su propia mente y corazón. Pero “Jehová conoce a los que le pertenecen.” El fundamento firme de su congregación no fallará. Él inspiró al salmista a escribir: “Paz abundante pertenece a los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”—2 Tim. 2:19; Sal. 119:165.
LA ACTITUD CORRECTA
Surgirán dificultades, dudas y causas para tropezar. ¿Qué hará una persona, entonces? El apóstol expresó el espíritu que todos deberíamos tener cuando dijo: “Olvidando las cosas que quedan atrás y extendiéndome hacia adelante a las cosas más allá, estoy prosiguiendo hacia la meta para el premio de la llamada hacia arriba, llamada de Dios por medio de Cristo Jesús. Nosotros, pues, cuantos somos maduros, seamos de esta actitud mental; y si mentalmente se inclinan ustedes de otro modo en sentido alguno, Dios les revelará la actitud mencionada. De todos modos, hasta donde hemos progresado, sigamos andando ordenadamente en esta misma rutina.”—Fili. 3:13-16.
Si usted tiene dificultades, pruebas, o si usted observa cosas que no puede comprender bien dentro del armazón de la verdad como usted la conoce, ore a Dios. Santiago dice: “Si alguno de ustedes tiene deficiencia en cuanto a sabiduría, que siga pidiéndole a Dios, porque él da generosamente a todos y sin reconvenir; y le será dada. Pero que siga pidiendo en fe, no dudando nada.” (Sant. 1:5, 6) Acérquese a Dios libremente en tiempos de prueba fuerte o juicio, pues el apóstol Juan dice: “Es así que el amor ha sido hecho perfecto con nosotros, para que tengamos franqueza de expresión en el día de juicio.” (1 Juan 4:17) Si nos acercamos al “trono de bondad inmerecida” en cualquier tiempo de necesidad, podemos esperar ayuda confiadamente. Entonces Dios nos revelará la actitud correcta.—Heb. 4:16.
Luego, actúe en armonía con sus oraciones. Considere: ¿A qué grado he progresado en mi servicio a Jehová? ¿Dónde lo he logrado? ¿No fue por medio del estudio de la Palabra de Dios, asociación con el pueblo de Dios, aplicando los principios bíblicos en la vida cotidiana, haciendo comentarios en las reuniones y cumpliendo con otras asignaciones? ¿No fue también al participar en la actividad de predicar? ¿No es de estas maneras que usted desarrolló su franqueza de expresión en la fe y su habilidad para presentar las buenas nuevas a otros? Entonces Pablo aconseja: “Sigamos andando ordenadamente en esta misma rutina.”
Si usted hace estas cosas cuando esté en peligro de tropezar, Dios restaurará su felicidad y gozo en servirle, y usted podrá expresar la convicción del apóstol Pablo, que escribió: “Porque estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni gobiernos, ni cosas aquí ahora, ni cosas por venir, ni poderes, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor.”—Rom. 8:38, 39.