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  • Se insta a misioneros a ‘trabajar con Dios’
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1974
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1974
w74 1/12 págs. 731-732

Se insta a misioneros a ‘trabajar con Dios’

LAS palabras del apóstol Pablo acerca de ‘trabajar junto con Dios,’ registradas en la Biblia en 2 Corintios 6:1, fijaron el tema para la graduación de la clase cincuenta y siete de la escuela misional de Galaad que se celebró el 8 de septiembre de 1974. Aunque la clase de veinticinco estudiantes era la clase más pequeña de Galaad hasta la fecha (no por falta de solicitantes, sino porque se necesitaba el alojamiento para trabajadores que se ocuparían en imprimir Biblias y ayudas para el estudio de la Biblia), parientes y amigos de los Estados Unidos, el Canadá, Hawai y Europa llenaron por completo el Salón de Asambleas en el barrio Queens, Nueva York, para presenciar este acontecimiento. Los estudiantes que se graduaron habían venido de cuatro países y recibieron asignaciones a trece países.

La sesión matutina tuvo como punto sobresaliente el discurso de N. H. Knorr, presidente de la Escuela, en el cual animó a los graduados a manifestar gran paciencia, junto con los otros frutos del espíritu de Dios, en su obra de evangelizar. Así, dijo él, estarían cooperando con Dios, quien realmente ‘hace crecer la semilla de la palabra del Reino.’—1 Cor. 3:6.

Antes del discurso de Knorr, los instructores y superintendentes de la Escuela y de la central de la Sociedad Watchtower dieron consejo breve. Entonces F. W. Franz habló sobre la urgencia de la obra de evangelizar, con la mira de salvar tantas vidas como sea posible de la destrucción en la “grande tribulación,” que, según todas las evidencias, ya está muy cerca.—Mat. 24:21.

El programa de la tarde fue una presentación unida de los estudiantes. Después de una sesión divertida en que ofrecieron innovaciones musicales de sus países de origen, presentaron dos dramas. El primero fue una representación breve, con escenas de lo antiguo y lo moderno, respecto a la manera en que las mujeres pueden aplicar el consejo que les dieron los apóstoles Pablo y Pedro. (Tito 2:2-5; 1 Ped. 3:1-6) El programa concluyó con un repaso histórico y dramático de cosas que sucedieron cuando el inicuo rey Acab y su esposa Jezabel gobernaban a Israel, y el papel que durante aquel período desempeñó Elías el profeta de Dios.

FORTALECER LA FE EL PROPÓSITO DE LA ESCUELA

El entrenamiento de la Escuela de Galaad les suministra a los misioneros, sobre todo, un fortalecimiento de la fe. La Escuela enfatiza el modo amplio de ver los propósitos de Dios, y no simplemente unos cuantos puntos doctrinales. El objeto es comunicar a los estudiantes el “modelo de sanas palabras” que la Biblia entera da. Esto provee un baluarte contra “el pecado que fácilmente nos enreda,” es decir, la falta de fe. (2 Tim. 1:13; Heb. 12:1) Pues, la obra misional somete la fe de uno a verdadera prueba. Además, los verdaderos misioneros de Jesucristo tienen que poder edificar en otros esa clase de fe fuerte, inquebrantable.

Esta prueba de fe a menudo viene debido a la gran diferencia de ambiente en que se halla el misionero cuando va a otro país. Por lo general hay conceptos de Dios y la Biblia y modos del vivir diario que le son nuevos al misionero. También, en las primeras etapas de la vida misional, el aprender el idioma es un problema... el gran esfuerzo que se hace por expresar los pensamientos de tal manera que la gente comprenda, que lleguen a su corazón.

Dijo un misionero que ha pasado veinte años en ese campo: “Aunque el entrenamiento que recibimos en la Escuela de Galaad resultó ser una excelente ayuda para todos nosotros, descubrí que los misioneros que permanecieron firmes en sus asignaciones fueron quienes desarrollaron un amor verdadero por la gente y un deseo de ayudarles. Se interesaban profundamente en otros. Este es el requisito básico para tener éxito en la obra de misionero. Por supuesto, esto no es asombroso, puesto que Jesucristo tenía esa actitud. Cuando vino a la Tierra era hombre perfecto. Cada día vivió con gente que estaba llena de imperfecciones. No obstante, se dijo de él: ‘Al ver las muchedumbres se compadeció de ellas, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor.’”—Mat. 9:36.

“Es cierto,” dijo la esposa del misionero. “Al principio los alrededores desconocidos y las costumbres extrañas, y especialmente el idioma, ocupaban gran parte de mis pensamientos, y a veces me parecía que nunca iba a aprender. Pero la gente me ayudó bondadosamente con el idioma, y para el tiempo que aprendí lo suficiente del idioma para expresarme, hallé a muchísimas personas amables. Éstas apreciaban la ayuda espiritual que yo podía darles y respondieron tan prestamente que la asignación vino a ser mi verdadero hogar, y jamás hubiera querido dejarla para ir a lo que antes llamaba ‘mi hogar.’”

Ha habido un tremendo aumento en el número de testigos activos de Jehová por todo el mundo desde que se inició la Escuela de Galaad en 1943. Sin embargo, este aumento en ningún sentido está limitado a aquellos a quienes los misioneros han podido ayudar. El mayor número de estos Testigos nuevos se han unido a las filas debido al excelente trabajo de sus propios paisanos que tal vez oyeron las buenas nuevas por primera vez por medio de los misioneros, pero que han seguido adelante en la obra con verdadero celo y también han dado excelente ejemplo de vivir, trabajar y criar a sus familias en armonía con la Palabra de Dios. Han llevado el mensaje de las buenas nuevas a lugares que son más difíciles de alcanzar y han ayudado a veintenas de miles de personas a declararse de parte de la verdad al lado de ellos. Los misioneros de Galaad se han alegrado de ver esto.

En todo ello ha quedado de manifiesto la sabiduría de Jehová, y a él se dirigen todas las gracias por la prosperidad espiritual y el aumento. Como lo expresó el apóstol Pablo, que hizo mucho trabajo de misionero: “Yo planté, Apolos regó, pero Dios siguió haciéndolo crecer.”—1 Cor. 3:6.

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