BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • w76 1/7 págs. 387-388
  • La desaparición de la pobreza... ¿es imposible?

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • La desaparición de la pobreza... ¿es imposible?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1976
  • Información relacionada
  • Pobres
    Ayuda para entender la Biblia
  • Sigamos el ejemplo de Jesús al interesarnos por los pobres
    La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 2006
  • Pronto acabará la pobreza
    ¡Despertad! 1998
  • ¿Hay esperanza para los pobres?
    ¡Despertad! 2007
Ver más
La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1976
w76 1/7 págs. 387-388

La desaparición de la pobreza... ¿es imposible?

LA Tierra tiene la potencialidad de suministrar deleitables condiciones de vida y alimentación sana y bien equilibrada para todo hombre, mujer y niño vivos hoy día. Sin embargo, hay millones de personas que jamás han sabido lo que significa tener suficiente alimento y un hogar confortable. Muchos viven en chozas que solo suministran abrigo limitado del frío y la lluvia. Familias completas viven apretujadas en una sola habitación pequeña en algún edificio de apartamentos en estado ruinoso. ¿Hay esperanza alguna de que esas condiciones cambien?

El Hacedor del hombre, Jehová Dios, se ha propuesto poner fin a todos los sistemas corrompidos que existen en la Tierra y reemplazarlos con un nuevo orden justo. “Hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en estos la justicia habrá de morar.” (2 Ped. 3:13) Esta promesa es una garantía de que habrá un mundo donde no existirá la pobreza. Aunque solo unas cuantas personas continuaran en la pobreza, la injusticia desfiguraría así los nuevos “cielos” gubernamentales y la “nueva tierra” compuesta de súbditos leales. Pero esto no sucederá. Los “nuevos cielos” y la “nueva tierra” serán completamente justos.

Por la manera en que Dios ve a los pobres y afligidos, podemos esperar con confianza un mundo sin pobreza. Las Escrituras llaman a Jehová “padre de huérfanos de padre y juez de viudas.” (Sal. 68:5) Su ley al Israel de la antigüedad confirma esto. Esta Ley protegía a los pobres y según estaba formulada ningún israelita había de quedar sumido en la pobreza desesperanzada.

Con la excepción de los levitas, que recibían la décima parte del producto de la tierra por su servicio en el santuario, a todas las familias israelitas se les concedió una herencia de tierra y, por lo tanto, tenían un medio de subsistencia. Aunque un hombre sufriera adversidad o quizás malgastara sus recursos y sumiera así a su familia en la pobreza, la herencia de tierra no se podía perder para siempre. La Ley estipulaba que solo el uso de la tierra (con su producto) se podía vender, y se podía vender solo por la cantidad de años que quedaban hasta el año del Jubileo. El año de Jubileo venía cada cincuenta años y se caracterizaba por la devolución de todas las posesiones de tierra al dueño original o a sus herederos. (Lev. 25:13, 23-27) Durante los años en que los israelitas pobres no tenían herencia de tierra no tenían que pedir limosna para las necesidades de la vida ni degradarse de otras maneras para obtener lo que necesitaban. Tenían derecho legal a rebuscar en los campos, huertos y viñedos ya segados.—Lev. 19:9, 10; 23:22; Deu. 24:19-21.

El propósito de Dios de librar de la pobreza a los pobres se revela en lo que se dijo proféticamente tocante al régimen del rey Salomón. En Salmo 72:12-14 leemos: “Él librará al pobre que clama por auxilio, también al afligido y a cualquiera que no tiene ayudador. Le tendrá lástima al de condición humilde y al pobre, y las almas de los pobres salvará. De la opresión y de la violencia les redimirá el alma.”

Esta amorosa actitud para con los afligidos caracterizará al régimen de los nuevos cielos gubernamentales sobre el género humano. ¿Cómo sabemos esto? Lo sabemos porque el gobernante principal de ese nuevo orden es uno mayor que Salomón, a saber, Jesucristo, el “Rey de reyes y Señor de señores.”—Rev. 19:16; Luc. 11:31.

Pero quizás alguien pregunte: ‘¿Por qué, después que han pasado tantos siglos, no vemos que Jesucristo esté trayendo alivio a los pobres?’ La Biblia revela que esto sucederá en un tiempo determinado por Jehová Dios. Hasta Jesucristo, mientras estuvo en la Tierra, desconocía cuándo, exactamente, sería destruido el sistema de cosas actual y sería reemplazado por el nuevo orden justo. (Mar. 13:32) Sin embargo, sí señaló que una generación en particular experimentaría liberación de las dificultades presentes... una generación que primero presenciaría grandes guerras, terremotos, pestes, hambres y temores sin precedente en cuanto a los desenvolvimientos mundiales. (Luc. 21:10, 11, 25, 26, 31, 32) ¿No son estas cosas las que hemos visto en este siglo? Por eso, podemos estar seguros de que se ha aproximado un nuevo orden justo.

El que Jehová Dios todavía no haya actuado contra el mundo impío en realidad es de provecho para la humanidad. El apóstol Pedro, llamando la atención a esto, escribió: “No es lento Jehová respecto a su promesa, según lo que algunos consideran lentitud, sino que es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido, sino desea que todos alcancen el arrepentimiento.”—2 Ped. 3:9.

La paciencia de Dios ha hecho posible que la gente demuestre si en realidad quiere la vida en un nuevo sistema justo donde la penalidad por la pobreza será una cosa del pasado. Prescindiendo de lo que sean sus circunstancias económicas, pueden mostrar a favor de qué están en este asunto. Si en realidad quieren vivir en un nuevo orden justo, es preciso que aprendan lo que Dios espera de aquellos a quienes aprueba, se arrepientan de haber violado Sus requisitos en el pasado y amolden sus caminos a Su voluntad como discípulos leales de Jesucristo.

Pero ¿qué hay de los muchos millones de personas que están muertas ahora? Aunque hayan sufrido injusticias y opresión, no han sufrido daño permanente. ¿Por qué no? Porque Jehová Dios puede encargarse, y se encargará, de que los muertos vuelvan a vivir y se vean ante la posibilidad de adquirir vida eterna. (Hech. 24:15) En el caso de esas personas resucitadas, ¿qué habrán sido unos cuantos años de sufrimiento en comparación con vida eterna sin dolor? Nada, en realidad. Ellas pensarán como el apóstol cristiano Pablo: “La tribulación es momentánea y liviana.”—2 Cor. 4:17.

Sí, la desaparición de la pobreza será una realidad en el nuevo orden de Dios. ¿Ha dado usted pasos para mostrar que desea eso? ¿Está estudiando en la actualidad la Biblia y esforzándose por aplicarla en su vida cotidiana? Si lo está haciendo, puede ser que se halle entre los testigos oculares del tiempo cercano en el cual todas las personas se regocijarán de que ya no haya pobreza.

[Comentario de la página 388]

“Él librará al pobre que clama por auxilio, también al afligido y a cualquiera que no tiene ayudador. Le tendrá lástima al de condición humilde y al pobre, y las almas de los pobres salvará.”—Sal. 72:12, 13.

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir