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  • ¿Dónde se puede hallar libertad?

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  • ¿Dónde se puede hallar libertad?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1976
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1976
w76 15/9 págs. 547-549

¿Dónde se puede hallar libertad?

LAS criaturas humanas tienen el deseo natural de disfrutar de libertad. Quieren expresar francamente lo que creen sin que se les amordace o persiga, y adorar de acuerdo con su conciencia. Desean que se les permita ir en pos de la felicidad, incluso tener libertad para ganarse su sustento. Sin embargo, aun entonces, si su empleo no es trabajo del que disfruten, o no hay utilización de sus talentos en él, no se sienten felices.

Hoy son pocas las personas que tienen todas estas libertades. Algunas se han desalentado, hasta se han amargado, y buscan la autodeterminación. Quieren absoluta libertad para obrar de acuerdo con lo que deseen. Quieren practicar cosas que son perjudiciales para sí mismas, como el abuso de las drogas, o comportarse de manera que perjudica a otros. Opinan que deben tener derecho a hacer cuanto se les antoje. Algunas hasta quieren libertad para no hacer nada.

Pero ¿es éste el camino a la libertad, el volverse de un sentimiento de opresión bajo el orden actual de la sociedad al otro extremo... la independencia absoluta? Lógicamente, el grado de libertad de una persona tiene que existir solo en relación con la libertad de que disfrutan otras personas. Si todo el mundo actuara absolutamente según su propio deseo egoísta, nadie tendría ninguna libertad. No se podría tener seguridad alguna acerca de los derechos de propiedad, no habría seguridad personal, ya que todo el mundo pudiera tomar cuanta cosa quisiera, para hacer cuanto deseara. Casi sería imposible obtener artículos y servicios. No; tiene que haber orden, y cada cual desempeñar su papel razonable. Y para que exista el orden, tiene que haber ley. Las leyes y las disposiciones reglamentarias apropiadas contribuyen a la felicidad.

Como ejemplo, considere las leyes naturales. Trabajamos dentro del marco de estas leyes y nos alegramos de que existan. Si la ley de la gravedad fuese removida, las criaturas humanas no podrían permanecer sobre la superficie de la Tierra. Y nadie puede pasar por alto impunemente la ley de la gravedad.

LEYES MORALES

Lo mismo aplica a las leyes morales que Dios ha establecido. Son tan inexorables en hacerse valer como lo son las leyes naturales, aunque no siempre se hacen valer tan rápidamente. Digamos, por ejemplo, que un hombre casado comete adulterio. Quizás él piense que las relaciones sexuales fuera del matrimonio sean una forma “liberada” de gratificación sexual y un experimento provechoso. Pero ha infringido una ley moral. Al proceder así se ha causado daño a sí mismo y ha violado los derechos de otras personas. (1 Tes. 4:3-6) Está en peligro de contraer una repugnante enfermedad venérea. Ciertamente su relación con su esposa resultará perjudicada, prescindiendo de lo avezada en las cosas del mundo que la considere él, y el resultado puede ser un divorcio. Si tiene hijos, a ellos también se les perjudica para toda la vida.

Puede que haya quienes digan que esta manera de pensar es anticuada. Pero note lo que informa la revista Time, en su número del 25 de noviembre de 1974, acerca de los que practican el “matrimonio liberalizado”... un acuerdo en que al cónyuge se le permiten amoríos, en realidad adulterio:

“Muchos consejeros informan severos y, muchas veces, inesperados problemas de celos (‘algo cuyo vigor se nos escapó a todos,’ dice el novelista Robert Westbrook, cuyo matrimonio liberalizado se disolvió).

“. . . El dolor de estar enterado de los amoríos del cónyuge está reviviendo una estrategia antigua de la clase media... hipocresía, con la combinación de fidelidad oficial y libertad extraoficial.”

Y ¿qué hay de los que adoptan la actitud “liberada” para con lo sexual... que todo vale, aun entre cónyuges? La revista Reader’s Digest de marzo de 1975 menciona el libro Divorced in America, por el redactor y conferenciante Joseph Epstein, que habla de la lucha que unos hombres prominentes han “ganado” contra el rígido código de conducta sexual previo y dice: “Pero el triunfo no ha resultado en mayor libertad, sino en mayor libertinaje, que de ninguna manera es la misma cosa.” Luego, en cuanto al énfasis en la técnica respecto a las relaciones sexuales, el libro pasa a decir: “Mientras tanto, en vez de que la ternura y la sensualidad fluyan juntas, la primera es arrancada de la segunda; las relaciones sexuales se convierten en fornicación pura y sencilla; y quizás quedamos más esclavizados que nunca en nuestro cuerpo.”

En consecuencia, por la violación de una ley moral un hombre (o una mujer) puede arruinar toda su vida. El individuo no pone sólo en peligro sus relaciones de familia. Pierde el respeto de los demás. Quizás piense que está emprendiendo un derrotero de “liberación,” pero después de eso no puede evitar una pérdida de amor propio y, en lo interior, la condenación de una conciencia culpable.

LOS DERECHOS DE DIOS

Aunque es obvio que es necesario reconocer los derechos de otros, la persona cuyos derechos tenemos que reconocer principalmente es Dios. ¿Pierde Dios algo si invadimos sus derechos? No, salvo que se siente “herido en su corazón” porque sabe que estamos emprendiendo un derrotero que está en contra de nuestros mejores intereses. (Gén. 6:6) A Dios no podemos añadirle ni quitarle nada. La Biblia dice: “¿Quién le ha dado primero, para que tenga que pagársele [al dador]?” (Rom. 11:35) Pero podemos intrusarnos en sus derechos, para perjuicio de nosotros mismos y otros.

¿Cuáles son los derechos del Creador? Son los de dirigir las cosas que él creó de modo que cumplan el propósito para el cual las hizo. En este mismo momento toda la gente está en imperfección y se ha desviado del derrotero en el cual deberían estar. Por lo tanto, se debe prestar más que la atención corriente a lo que Dios dice, para que se nos ponga de vuelta en la apropiada condición de aprobación ante él.

ESCLAVITUD AL PECADO Y LA MUERTE

Por siglos casi toda la gente ha estado hablando de alcanzar libertad. ¿Por qué? Porque no la tienen. Todos son esclavos, no necesariamente de los hombres, sino del pecado y la muerte. Esto significa que, para realmente ser libre, uno tendría que ser librado del pecado, lo cual significaría ser librado de la enfermedad y la muerte, que son producidas por el pecado. (Rom. 6:23) Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra dijo a los judíos: “Todo hacedor de pecado es esclavo del pecado.” Les dijo cómo podrían librarse de esta plaga mortífera, al declarar: “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará. . . . Si el Hijo los liberta, serán realmente libres.”—Juan 8:31-36.

¿PUEDE TRAER LIBERTAD UN GOBIERNO POR DIOS?

¿Podría la gente vivir bajo las leyes de Dios y al mismo tiempo disfrutar de libertad completa? Consideremos algunas de las leyes que estaban en vigor cuando Dios tenía un gobierno representativo en la Tierra.

Bajo el gobierno de Dios sobre Israel, cada hombre tenía su propia herencia de tierra. De ella, él y su familia podían ganarse el sustento. Pero cada séptimo año era un año sabático, durante el cual no se había de sembrar ni segar en los campos. (Levítico 25:1-7) Así se permitía mucho tiempo para que la familia estuviera junta. Podían considerar las leyes y tratos de Dios y llegar a conocerlo mejor. Si alguien tenía talentos de alguna clase particular, podía desarrollarlos y cultivarlos. Muchos se hacían hábiles en artes y oficios de extensa variedad. Así ellos (incluso las mujeres) podían contribuir al bienestar de la comunidad.

Además, cada cincuenta años había un “jubileo,” un tiempo de gran libertad. Si, debido a reveses financieros, un hombre había “vendido” su herencia o parte de ella, ahora se le restauraba. Todas las deudas se cancelaban. Si el hombre o miembros de su familia habían tenido que servir de esclavos para pagar alguna deuda, quedaban libres para volver a su herencia. (La “esclavitud” no era como se representa por lo general hoy día. Bajo la ley de Israel al “esclavo” hebreo realmente se le trataba como a un jornalero contratado.) ¿Cómo podía hacerse más libre un pueblo?—Lev. 25:8-22, 39, 40.

Bueno, pronto disfrutarán de mayor libertad en todo respecto los que vivan bajo el reino mesiánico de Dios, el cual regirá desde los cielos por mil años. Jesucristo como su Rey representará el poder soberano de Dios. Bajo el Reino, se liberará completamente a la humanidad del mayor esclavizador del hombre, el pecado, junto con la muerte que es resultado del pecado. (1 Cor. 15:26; Rev. 21:3, 4) Por medio de la administración de Cristo como Rey y Sumo Sacerdote, las criaturas humanas, incluso muchos resucitados, serán elevadas a perfección absoluta de mente y cuerpo.—Rev. 20:11-13; Heb. 11:39, 40.

Entonces, cuando los mil años terminen, Cristo entregará la humanidad perfeccionada a Jehová Dios mismo. (1 Cor. 15:24) A todos los que entonces amen la soberanía de Dios y que no tengan el deseo de seguir el derrotero ruinoso de la autodeterminación se les declarará “hijos de Dios.” El apóstol Pablo, refiriéndose a este propósito de Dios, dice: “La creación misma también será libertada de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios.”—Rom. 8:21.

¡Hijos de Dios! Hombres y mujeres serán los propios hijos e hijas de Dios, en Su propia familia... limpios, perfectos y santos, como él es. Bajo el amor que él como Padre les mostrará, ¡qué libertad tendrán! Disfrutarán de salud perfecta, y estarán libres de toda calamidad natural destructiva. (Isa. 25:6-8) No habrá gobiernos de invención humana, ni dictadores, ni capataces. (Luc. 22:25, 26) La gente no considerará como “libertad” la práctica de cosas inmorales. Estará sujeta a leyes para el funcionamiento ordenado de las cosas, pero no necesitará leyes contra la inmoralidad, el hurto, el asesinato y las cosas depravadas que afligen al hombre ahora. Acerca de esto el apóstol Pablo escribió:

“Ahora bien, nosotros sabemos que la Ley [mosaica] es excelente con tal que uno la maneje legítimamente con el conocimiento de este hecho, que no se promulga la ley para el justo, sino para los desaforados e ingobernables, impíos y pecadores, faltos de bondad amorosa, y profanos, . . . homicidas . . . fornicadores, . . . mentirosos.”—1 Tim. 1:8-10.

Cuando Jesucristo estuvo en la Tierra como hombre perfecto de carne y sangre, no tuvo tendencia alguna a hacer estas cosas degradadas. El observar la Ley era cosa natural para él. Él demostró que el pecado no es cosa necesaria o inherente para las personas carnales, como explica el apóstol Pablo: “Dios, por medio de enviar a su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa y tocante al pecado [vino a ofrecerse como sacrificio de expiación para eliminar el pecado], condenó al pecado en la carne.”—Rom. 8:3.

LIBERTAD CRISTIANA HOY DÍA

Aun ahora, los que adquieren un conocimiento de Jehová Dios y sus propósitos, aunque todavía no son perfectos, pueden agradar a Dios y disfrutar de gran libertad, como continúa diciendo el apóstol: “para que el justo requisito de la Ley se cumpliese en nosotros, que no andamos en conformidad con la carne, sino en conformidad con el espíritu [de Dios].” (Rom. 8:4) Siguen “la ley perfecta que pertenece a la libertad.”—Sant. 1:25.

Por lo tanto los cristianos verdaderos ejercen gran franqueza de expresión al hablar a otros acerca de la libertad que la humanidad puede alcanzar por medio del arreglo de Dios. (Fili. 1:18-20) Pero siguen este consejo del apóstol Pedro: “Sean como personas libres, y sin embargo teniendo su libertad, no como disfraz para la maldad, sino como esclavos de Dios.” (1 Ped. 2:16) Experimentan gran consuelo, paz y seguridad hasta en este mundo esclavizado al pecado. Han demostrado para sí la verdad de estas palabras de Jesús: “Hallarán refrigerio.”—Mat. 11:29.

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