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  • Alejandro Magno y el simbolismo bíblico

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  • Alejandro Magno y el simbolismo bíblico
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
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Alejandro Magno y el simbolismo bíblico

LA Biblia abunda en simbolismo, especialmente en sus porciones proféticas. Ese simbolismo transmite información rápidamente a lectores y oyentes. También, por lo general las representaciones pictóricas vívidas se pueden recordar mejor que una simple lista de hechos. Otro beneficio de los símbolos es que en términos sencillos se puede presentar mucha información.

Un caso a propósito es el libro de Daniel, que abunda en simbolismo. Allí, por ejemplo, a la Potencia Mundial Griega o Grecomacedónica se le representa como un macho de las cabras o macho cabrío y como un leopardo alado de cuatro cabezas. Una consideración cuidadosa de este simbolismo revela lo apropiado que es. Al mismo tiempo uno se impresiona por la manera asombrosa en que se ha cumplido la profecía bíblica.

Señalándosele en el papel de un macho de las cabras, se describe a la Potencia Mundial de Grecia como sigue: “¡Mire! había un macho de las cabras que venía del poniente sobre la superficie de toda la tierra, y no estaba tocando la tierra. Y en lo que respecta al macho cabrío, había un cuerno conspicuo entre sus ojos. Y siguió viniendo hasta el carnero [que representaba a Medo-Persia, como se hace patente de Daniel 8:20] que poseía los dos cuernos, el cual yo había visto parado delante de la corriente de agua; y vino corriendo hacia él en su poderosa furia. Y lo vi viniendo a contacto estrecho con el carnero, y empezó a mostrar amargura hacia él, y procedió a derribar al carnero y a quebrar sus dos cuernos, y resultó que no hubo poder en el carnero para mantenerse firme delante de él. De modo que lo arrojó a la tierra y lo holló, y resultó que el carnero no tuvo quien lo librara de su mano. Y el macho de las cabras, por su parte, se dio grandes ínfulas hasta el extremo; pero en cuanto se hizo poderoso, el gran cuerno fue quebrado, y procedieron a subir conspicuamente cuatro en lugar de él, hacia los cuatro vientos de los cielos.”—Dan. 8:5-8.

En relación con el Imperio Medopersa, Grecia estaba al occidente. De modo que fue del occidente o “poniente” que el macho cabrío griego avanzó hacia el este. Con velocidad de relámpago, como si ‘no tocara la tierra,’ el Imperio Grecomacedónico se ensanchó. Alejandro Magno solo necesitó unos siete años de combate para extender su dominio sobre Asia Menor, Egipto, Siria, el vasto Imperio Medopersa y hasta partes de la India. Con razón al Imperio Grecomacedónico también se le pinta en la Escritura como un leopardo alado. (Dan. 7:6) El poderoso “carnero” medopersa quedó impotente ante el ataque del macho cabrío griego.

La descripción que se da del “cuerno conspicuo” o “gran cuerno” encaja bien con Alejandro Magno. Él fue la agresiva punta de lanza de las tremendas conquistas territoriales. Poco después de su muerte en el año treinta y tres de su vida, cuatro ‘cuernos’ o gobernantes obtuvieron el control de porciones de los vastos dominios de Alejandro.

Unos veintidós años después que Alejandro el “gran cuerno” fue “quebrado” en la muerte, cuatro de sus generales estaban plenamente establecidos en el poder. Seleuco Nicátor gobernaba a Mesopotamia y Siria. Casandro ejercía control sobre Macedonia y Grecia. Egipto y Palestina constituían el dominio de Ptolomeo Lago. Lisímaco dominaba sobre Tracia y Asia Menor. Así, el poderoso imperio que había sido edificado por Alejandro Magno asumió la apariencia de un leopardo de cuatro cabezas, como se describe en Daniel 7:6: “Después de esto seguí contemplando, y, ¡pues vea! otra bestia, una como un leopardo, pero tenía cuatro alas de una criatura volátil en su espalda. Y la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio gobernación en realidad.”

Verdaderamente la profecía de Daniel tocante al Imperio Griego, especialmente en relación con Alejandro Magno, tuvo un cumplimiento admirable. Esto se ha reconocido por largo tiempo. Informa Josefo, historiador judío del primer siglo, que Alejandro estuvo en Jerusalén y se le mostró la profecía de Daniel. En cuanto a la respuesta del conquistador, escribe Josefo: “Cuando se le mostró el libro de Daniel, en el que se había declarado que uno de los griegos destruiría el imperio de los persas, creyó que él había sido el indicado.” Aunque hoy muchos dudan que esto haya sucedido, el hecho de que Josefo mencione esta tradición confirma que se consideraba que Alejandro Magno había cumplido profecía.

La Biblia ciertamente es exacta al usar la figura de un macho cabrío y de un leopardo alado de cuatro cabezas para describir desenvolvimientos en el Imperio Griego. Este es solo uno de los numerosos ejemplos que ilustran la manera en que las Escrituras usan los símbolos. Un estudio de ese simbolismo profético puede ser tanto remunerador como fortalecedor para la fe. Si usted quiere ayuda en cuanto a esto, los testigos de Jehová de su vecindario gustosamente le ayudarán en un estudio de la Biblia.

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