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  • ¿Qué quiso decir el sabio?
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1978
w78 1/3 págs. 30-31

¿Qué quiso decir el sabio?

¿CUÁL ES LA SABIDURÍA QUE VALE?

Después de una investigación cabal de todo el alcance de los asuntos humanos, el rey Salomón puso por escrito sus hallazgos. Tocante a sus esfuerzos por ayudar a otros a sacar provecho de su investigación, escribió: “Además de haberse hecho sabio el congregador, también le enseñó a la gente conocimiento de continuo, y meditó e hizo un escudriñamiento cabal, a fin de arreglar muchos proverbios ordenadamente. El congregador procuró hallar las palabras deleitables y la escritura de palabras correctas de verdad.”—Ecl. 12:9, 10.

La versión griega de los Setenta de Eclesiastés 12:9 y 10 dice: “Y además, porque el predicador era sabio, porque enseñó sabiduría a la humanidad; a fin de que el oído hallase lo que es lindo de las parábolas, el predicador investigó diligentemente para hallar palabras agradables y una escritura de rectitud... palabras de verdad.” (Thomson; 1 Rey. 4:29-34; vea también The New English Bible y el Comentario de Ginsburg) En sus escritos él trató de alcanzar a los lectores con palabras deleitables, con asuntos interesantes y verdaderamente dignos de consideración. Puesto que recibió la ayuda del espíritu de Dios, hoy podemos aceptar los hallazgos de Salomón sin duda. Además, el tiempo ha dejado probada su veracidad.

¿A qué conclusión llegó Salomón en cuanto a toda la literatura que existía en su día? Escribe: “Las palabras de los sabios son como aguijones, y justamente como clavos hincados son los que se entregan a las colecciones de sentencias; han sido dadas por parte de un solo pastor. En cuanto a cualquier cosa además de éstas, hijo mío, acepta una advertencia: El hacer muchos libros no tiene fin, y el aplicarse mucho a ellos le es fatigoso a la carne.”—Ecl. 12:11, 12.

Por lo tanto, los escritos más provechosos son los que reflejan la sabiduría del “un solo pastor,” Jehová Dios. Sin embargo, la atención excesiva a otras fuentes de instrucción puede fatigar innecesariamente a una persona, sin que obtenga mucho valor real y duradero. Especialmente cuando esos escritos son producto del razonamiento mundano, y están en pugna con la sabiduría piadosa, son nocivos y destruyen la fe. Por otra parte, las palabras de los que tienen sabiduría en armonía con la guía divina obrarán como aguijones que incitarán a los oyentes o lectores a adelantar en armonía con la sabiduría que se expresa. También, los que se ocupan en coleccionar sentencias, es decir, dichos sabios genuinamente dignos de consideración, son como clavos. Esto puede ser porque sus buenas palabras, que reflejan la sabiduría de Jehová Dios, pueden servir para estabilizar y apoyar a los oyentes.

Resumiendo su entera investigación, dice Salomón: “La conclusión del asunto, habiéndose oído todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque esto es el deber todo del hombre. Porque el Dios verdadero mismo traerá toda clase de obra a juicio con relación a toda cosa escondida, en cuanto a si es buena o es mala.” (Ecl. 12:13, 14) Un temor o respeto sano al Creador nos protegerá contra el adoptar en la vida un derrotero temerario que pudiera acarrear sobre nosotros incalculable dificultad. También, el reconocer que nada pasa inadvertido para el Creador puede servir como incentivo que lleve a la observación de sus mandamientos. El Altísimo juzgará todas las cosas, incluso las cosas que están escondidas de la vista de los seres humanos. Puesto que sus mandatos tienen el fin de promover nuestro bienestar duradero, ¿no es correcto y verdaderamente sabio observarlos?

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