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  • ‘¿Divulgará usted una falta?’
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1980
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1980
w80 15/8 págs. 3-4

‘¿Divulgará usted una falta?’

‘NO ME interesa su mensaje bíblico. No lo necesito. Asisto regularmente a servicios religiosos y vivo una vida moral. ¿Por qué no va y les predica a las personas que viven al frente? Yo le podría decir unas cuantas cosas acerca de ellas. Ellas sí necesitan que se les hable de religión.’

No es raro que los cristianos se enfrenten a respuestas como ésas mientras tratan de compartir verdades bíblicas con sus vecinos. No es nada nuevo esta tendencia a enaltecerse uno mismo y hablar despectivamente de otros. Miles de años atrás el salmista inspirado representó a Jehová Dios hablando “al inicuo” de este modo: “Tu boca has dejado suelta a lo que es malo, y tu lengua mantienes apegada al engaño. Te sientas y hablas contra tu propio hermano, contra el hijo de tu madre divulgas [expones] una falta.”—Sal. 50:19, 20, NM; Rotherham.

Cuando el nombre de alguien de su familia, de un conocido o quizás de un grupo étnico en particular surge en una conversación, ¿se siente usted inclinado también a ‘divulgar una falta’? De seguro usted admitirá que es muy fácil criticar a otros. Muchos que hacen eso se sienten mal y quisieran vencer este problema crónico de criticar. La Palabra de Dios puede ayudar con relación a esto. ¿Cómo?

‘¿POR QUÉ CAUSAR DESOLACIÓN?’

El considerar las malas consecuencias del criticar puede mover a las personas a evitarlo. Concerniente a ser uno justo en su propia estimación, que es una característica de los que habitualmente critican a otros, las Escrituras advierten: “No te hagas justo en demasía, ni te muestres excesivamente sabio. ¿Por qué debes causarte desolación?” (Ecl. 7:16) El individuo que es “justo en demasía” desarrolla una elevada opinión de sus aptitudes personales, junto con una actitud condenatoria para con otros. El resultado para el que se las da de crítico o censor es la “desolación.” No solo ‘huyen de él como de la peste’ sus semejantes, sino que, y esto es más serio, esa persona pierde el favor de Dios.

Una razón importante de esto es que la persona que continuamente critica a otros no ve sus propias faltas. Sin embargo, las Escrituras dicen claramente que todo ser humano es imperfecto desde el nacimiento. (Sal. 51:5; Rom. 5:12) “No hay hombre que no peque.” (1 Rey. 8:46) Por lo tanto, a las personas se les hace muy desagradable el que las critiquen continuamente personas que son tan censurables como ellas.

¿“MÁS SANTO” QUE OTROS?

Quizás usted haya notado que suele suceder que personas muy religiosas tiendan a mirar a otros con desprecio. La Biblia suministra un ejemplo extraordinario de esto en Isaías 65:2-5:

“He extendido mis manos todo el día a un pueblo terco, a los que están andando en el camino que no es bueno, en pos de sus pensamientos; el pueblo compuesto de los que constantemente me ofenden a mi misma cara, sacrificando en los jardines y haciendo humo de sacrificio sobre los ladrillos, sentándose entre las sepulturas, que también pasan la noche hasta en las chozas de guarda, comiendo la carne del cerdo, hallándose en sus vasijas hasta el caldo de cosas viciadas; los que están diciendo: ‘Apégate a ti mismo. No te acerques a mí, porque ciertamente te comunicaré santidad.’”

De acuerdo con la Versión Moderna los israelitas decían: “¡Estáte aparte; no te acerques a mí, porque más santo soy yo que tú!” Imagínese eso. Estaban participando en adoración idolátrica, falsa. Se sentaban entre las sepulturas, lo cual en sí mismo los hacía inmundos. (Núm. 19:14-16) Probablemente lo hacían con el propósito de comunicarse con los muertos... algo que Dios consideraba detestable. (Deu. 18:10-12; Isa. 8:19-22) Más aún, estaban comiendo carne de cerdo, otra cosa que era directamente contraria a la ley escrita de Dios que estaba entonces en vigencia. (Deu. 14:7, 8) Sin embargo, sus actividades religiosas hacían que aquellos individuos se sintieran ‘más santos’ que otros; tanto, que deseaban que sus compañeros israelitas se mantuvieran apartados de ellos para que no adquirieran santidad. De acuerdo con la Biblia, hasta personas que practican la adoración verdadera pueden caer víctimas de ser justas en su propia estimación y tener un punto de vista negativo de otros.—1 Cor. 4:6.

EVITANDO EL CRITICAR

¿Reconoce en usted una tendencia a criticar en demasía a otros? ¿Qué puede ayudarle a vencer esa inclinación? Primeramente, tenga presente que usted también tiene muchas faltas. “Eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas, si juzgas,” declaró el apóstol Pablo, “porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, puesto que tú que juzgas practicas las mismas cosas.”—Rom. 2:1.

Viendo ahora un lado positivo de este asunto: Dios mismo nos da un ejemplo perfecto de la manera de tratar con las faltas de otros. El salmista escribió: “Jehová es misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa. No por todo tiempo seguirá criticando, ni hasta tiempo indefinido se quedará resentido. No ha hecho con nosotros aun conforme a nuestros pecados; ni conforme a nuestros errores ha traído sobre nosotros lo que merecemos.”—Sal. 103:8-10; compare con Lucas 17:3, 4.

Las Escrituras estimulan a los cristianos a imitar la actitud de misericordia que Jehová Dios despliega. “Continúen soportándose los unos a los otros y perdonándose sin reserva los unos a los otros si alguno tiene causa de queja contra otro.” (Col. 3:13) Note que se debe extender perdón hasta cuando hay una legítima “causa de queja.” Jesús, indicando la importancia de perdonar las faltas de otros, dijo: “Si perdonan a los hombres sus ofensas, su Padre celestial también los perdonará a ustedes; mientras que si no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco perdonará su Padre las ofensas de ustedes.”—Mat. 6:14, 15.

Puesto que la entera familia humana ha heredado el pecado, todos tenemos muchas faltas. Pero el pensar y hablar acerca de las faltas de otros solo resulta en perjudicar las relaciones con Jehová y con el semejante de uno. Más bien que imitar a Dios, la persona que habitualmente critica a otros refleja el espíritu de aquel a quien la Palabra de Dios llama “el acusador,” Satanás el Diablo. (Rev. 12:10) Por lo tanto, la próxima vez que su conversación gire en torno de otras personas, resuélvase a no divulgar una falta.

“El fin de todas las cosas se ha acercado. Sean de juicio sano, por lo tanto, y sean vigilantes en cuanto a oraciones. Ante todo, tengan amor intenso los unos para los otros, porque el amor cubre una multitud de pecados.”—1 Ped. 4:7, 8.

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