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  • Resuelto a servir a Jehová con toda mi fuerza vital

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  • Resuelto a servir a Jehová con toda mi fuerza vital
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1982
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  • El resultado de la rápida “lucha” doctrinal
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1982
w82 15/5 págs. 24-27

Resuelto a servir a Jehová con toda mi fuerza vital

Como lo relató Henry E. Atiemoh

MI EXPERIENCIA comienza en mi tierra natal de Ghana. Era un miércoles por la tarde del mes de marzo de 1951. Dos cristianos jóvenes —Daniel S. Acquah y James K. Ameyaw— llamaron a mi puerta durante la hora de la siesta. Más temprano ese mismo día, Dan, mi compañero de trabajo en la división para la Rehabilitación de la Industria del Cacao del Departamento de Agricultura, había tenido una conversación bastante acalorada con algunos jóvenes de nuestra oficina durante el rato de descanso. En camino a casa en autobús, él me dijo brevemente que había hablado con ellos en cuanto a una ramera que se describe en el libro bíblico de Revelación, capítulo 17.

Nos despedimos, y luego apenas había acabado de comer y me había acostado para echar una siesta cuando Dan llegó con su amigo James. Pero antes de relatarle acerca del resultado de nuestra conversación, permítame hacerle saber acerca de mis antecedentes.

Origen religioso

Mi padre tenía la costumbre de llevar a toda la familia al bosque donde oraba a ciertos dioses a favor de nosotros. Puesto que yo era el mayor de los muchachos de nuestra familia de cuatro muchachas y seis muchachos, mi padre siempre me mantenía a su lado en estas ocasiones.

A la edad de siete años, me bauticé en la iglesia presbiteriana sin tener conocimiento exacto de la Biblia. No obstante, en la escuela aprendíamos de memoria y recitábamos ciertos pasajes de las Escrituras y también aprendimos algunos relatos bíblicos. En 1946, a la edad de 15 años, llegó el tiempo de mi confirmación en la iglesia, como también el de recibir mi primera y única comunión. Durante todo este tiempo mi padre nos llevaba de vez en cuando al bosque para derramar libaciones y sacrificar gallinas a favor de nosotros. No me remordía la conciencia en lo más mínimo, puesto que muchos otros cristianos nominales bautizados también seguían participando en tales ceremonias.

Después de terminar mi educación en la escuela intermedia en 1947, asistí a una escuela de comercio por un tiempo y luego comencé a trabajar seglarmente en Koforidua, Ghana. En 1950 me trasladé a Accra para trabajar en el Departamento de Agricultura. Mientras viví en esa ciudad, no asistí a los servicios religiosos de la iglesia pero sí leía la Biblia de vez en cuando, sin entender lo que leía, hasta que aquellos dos cristianos —Dan y James— me visitaron aquel memorable miércoles por la tarde.

El resultado de la rápida “lucha” doctrinal

Ante todo, fácil y rápidamente se me puso “fuera de combate” al tratar la doctrina sobre la inmortalidad del alma. Por ejemplo, para mí fue un descubrimiento el aprender que la transgresión del hombre, o el pecado, resulta en muerte, y que el alma muere. (Ezequiel 18:4, 20) Cuando sobreviene la muerte, tanto los animales como los humanos vuelven al polvo.—Eclesiastés 3:18-20.

En segundo lugar, se me “venció” respecto a la doctrina del bautismo de infantes en el sentido de que quedé convencido. Con la Biblia se me indicó que antes de bautizarse la persona tiene que escoger hacerse discípulo de Jesucristo. (Mateo 28:19, 20) Y, desde luego, debido a que los infantes no han desarrollado suficientemente sus poderes perceptivos, estos no están capacitados para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto ni para hacerse discípulos.—Hebreos 5:13, 14.

Nuestra conversación aquella tarde desempeñó un papel significativo en moverme a demostrar amor a Jehová Dios por medio de servirle con toda mi fuerza vital. (Deuteronomio 6:5) Por supuesto, en aquella ocasión quería saber dónde Dan y James habían aprendido las cosas que me habían dicho. ‘En el Salón del Reino,’ me dijeron. ¿Podía alguien que no fuera miembro de la congregación asistir y escuchar? La respuesta fue que sí. Por lo tanto, decidí ir aquel viernes al Salón del Reino a fin de llegar a conocer bien la Biblia. Dan y James me dieron una bienvenida con una amplia sonrisa, y quedé impresionado con la consideración de la Biblia por medio de preguntas y respuestas. Hice un comentario que no estuvo correcto, pero el conductor me felicitó de todos modos, y eso me hizo sentir muy bien.

Puesto que decidí seguir con los testigos de Jehová, pregunté si habría una reunión el domingo. Mis amigos dijeron que sí, pero me explicaron que iban a salir de casa en casa por la mañana para invitar a la gente a la reunión pública que se celebraría esa noche. Cuando pregunté si podía acompañarlos en esa actividad, Dan contestó que sí. Así, fui su compañero en el servicio del campo aquel día y distribuí un buen número de hojas sueltas. Desde aquel tiempo en adelante no pude dejar de compartir la verdad bíblica con otras personas en los hogares y en mi trabajo.

Aguanté oposición

Una de mis tías presentó una enconada oposición a mi decisión firme de asociarme con los testigos de Jehová. Me dijo que aun si había hallado la verdad, yo debería seguir siendo protestante y predicar a los miembros de nuestra iglesia. Mi respuesta fue que yo tendría que dirigir a mis oyentes al grupo de discípulos fieles de Jesús y que ciertamente debería estar presente yo mismo para dar la bienvenida a los recién llegados. A ella no le gustó mi decisión, pero a mí ni siquiera la idea de cambiarla me gustaba.

El mes siguiente, durante la asamblea de circuito que se celebró el 29 de abril de 1951, en Suhum, donde vivía mi tía, simbolicé mi dedicación a Jehová por medio de someterme al bautismo en agua. Di este paso sin ‘conferenciar con carne y sangre.’ (Gálatas 1:16) Tres meses después, en un discurso en una reunión de servicio, se consideró el servicio de precursor, y dentro de una semana había decidido hacerme precursor (o proclamador del Reino de tiempo completo). Mi servicio de precursor comenzó el 1 de noviembre de 1951. En ese entonces tenía 20 años de edad, y pensaba servir de tiempo completo por lo menos 20 años, a fin de ponerme al día debido al tiempo que perdí en no alabar a Dios desde mi infancia.—Eclesiastés 12:1.

El intensificar mis actividades en la predicación provocó más oposición ardiente, pues se enviaron mensajes a mi padre en los cuales se le informaba que yo me había vuelto loco, que había dejado mi trabajo seglar y que estaba vagando incesantemente por la ciudad de Accra con libros y papeles en las manos todo el tiempo. Por lo tanto, él envió a mi hermana mayor para averiguar si los informes eran ciertos. Ella recibió un testimonio bíblico convincente y envió un informe favorable a mi padre, aunque ella no estaba contenta de verme dejar la iglesia presbiteriana.

Después de algunos meses de servir como precursores regulares, mi amigo Dan S. Acquah y yo sometimos solicitudes para el servicio de precursor especial. Mientras esperábamos la respuesta, envié un mensaje a mis padres en el cual les avisé que tal vez viajaría a la región del norte de Ghana para predicar las “buenas nuevas” allí. Mi padre mismo vino y trató de disuadirme por medio de manifestar su buena intención de ayudarme a construir una casa. El quería que predicara en Accra y que no fuera al norte. Ahora le tocó a él recibir el testimonio y le hice saber que yo ya había dicho a Jehová: “¡Aquí estoy yo! Envíame a mí.” (Isaías 6:8) También, le señalé que por medio de permanecer fiel a Dios, algún día yo construiría mi casa y viviría para siempre. (Compare con Isaías 65:21, 22.) Al ver mi determinación, mi padre no insistió más, y me sentí feliz al oírle decir: “Nadie puede privar a alguien de hacer la voluntad de Dios.”

Renunciando al trabajo seglar

Se aprobaron nuestras solicitudes para el servicio de precursor especial. Así, presenté la dimisión a mis jefes. Sorprendentemente, el comisionado adjunto de la agencia de la Rehabilitación de la Industria del Cacao y el contador principal pidieron entrevistarme. Me preguntaron si deseaba un aumento de sueldo por haber guardado fielmente los almacenes de papelería u objetos de escritorio de la oficina central del gobierno sin que éstos hubiesen sufrido pérdida alguna ni déficit. Les contesté que no. Entonces el comisionado adjunto me pidió que leyera una carta en la cual él había recomendado que me enviaran a recibir un adiestramiento con el fin de que ocupara el puesto de jefe de la segunda división en vez de seguir como un oficinista auxiliar. Sinceramente le agradecí su bondad, pero le dije que ya había tomado mi decisión firme. Entonces me dejaron salir y recibí mi sueldo, parte del cual invertí en comprar una bicicleta para desempeñar mi trabajo de precursor. Dan también renunció a su trabajo, y muchos de los trabajadores pensaban que el conocimiento de la Biblia nos había enloquecido. Pero esto no nos importó.

Aprecio a la nueva asignación

A partir del 1 de agosto de 1952, comenzamos a servir de precursores especiales en Navrongo en la parte norte de Ghana. Allí encontramos a animistas, a algunos católicos y a unos cuantos musulmanes, e impulsados por amor testificamos a todos.

Primero, predicamos a los habitantes de habla inglesa. Pero ellos no mostraron aprecio por el mensaje del Reino. Por lo tanto, tuvimos que aprender el idioma kasem (grunshi) a fin de poder dejar que la verdad sonara claramente en los oídos de los nativos bondadosos que practicaban el animismo. Jehová bendijo nuestros esfuerzos y logramos aprender ese idioma.

En 1954, después que se había logrado levantar una pequeña congregación de aproximadamente 30 publicadores nativos celosos en Navrongo, Dan S. Acquah recibió una asignación al trabajo de circuito. Mi nuevo compañero precursor fue el hermano Opare Adu, y yo llegué a ser su intérprete principal en el idioma kasem. Para fines de 1956, cuando yo también emprendí el trabajo de circuito, la congregación había alcanzado un máximo de 105 publicadores del Reino.

Otros privilegios de servicio

A principios de 1958, la Sociedad nos invitó a Dan y a mí a asistir a la misma vez a la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower ubicada en los Estados Unidos. Pero, esto no se llegó a realizar porque enfermé unas semanas antes del tiempo fijado para nuestra partida y tuve que someterme a una apendicectomía. La operación se llevó a cabo con éxito sin transfusión de sangre, y en dos semanas se me dio de alta.—Hechos 15:28, 29.

Puesto que recobré las fuerzas rápidamente, asistí a la Asamblea Internacional Voluntad Divina que se celebró en la ciudad de Nueva York en 1958, en la cual Dan se graduó de la clase 31 de la Escuela de Galaad. Poco después se le envió a servir en Sierra Leona. Después de mi graduación como alumno de la clase 32, en febrero de 1959, volví a Ghana para seguir en la obra de circuito.

En 1960 recibí una asignación temporaria para servir en Betel en la sucursal de la Sociedad Watch Tower de Ghana, donde serví diez años y pasé siete de éstos asignado al escritorio de traducción al idioma twi. Mi gozo aumentó cuando mis hermanos menores Nicholas y Edward aceptaron la verdad. Nicholas ha muerto, pero esto pasó mientras servía fielmente como superintendente de una de las congregaciones de Accra. Edward sigue sirviendo como anciano cristiano nombrado. Asume bien su responsabilidad de padre de tres niños mientras continúa en el servicio de precursor especial.

Una asignación en el extranjero cercano

En 1970, cuando de nuevo emprendí el trabajo de circuito, surgió mayor necesidad de precursores especiales en Costa de Marfil. Sin perder tiempo, presenté una solicitud. Así, el 2 de diciembre de 1972, el hermano Daniel Anim y yo llegamos al aeropuerto de Abidján. Dos días después, comenzamos a estudiar francés y logramos “graduarnos” al final del mes.

A principios de enero de 1973, el hermano Anim y yo recibimos nuestra asignación para servir en Agboville, situada a unos 90 kilómetros de Abidján. Constantemente orábamos a Jehová pidiendo que bendijera nuestros esfuerzos en hablar mejor el francés a fin de poder presentar eficazmente las “buenas nuevas” a la gente acogedora de Costa de Marfil. Sí, se han contestado nuestras oraciones y estamos disfrutando de las actividades de la predicación en este país.

Me parece apropiado expresar mi agradecimiento por el amor fraternal que me han mostrado ciertos compañeros de creencia y el apoyo material que ellos me dieron tanto en Ghana como en Costa de Marfil. Así se me ha ayudado a continuar en el servicio de tiempo completo. Por supuesto, principalmente, mi agradecimiento va a Jehová por todos estos actos bondadosos, puesto que él es la fuente de ‘toda dádiva buena y todo don perfecto.’—Santiago 1:17.

Desde enero de 1977, he estado desempeñando el trabajo de circuito en este país. Otro privilegio que se me ha extendido es el de servir como miembro del Comité de la Sucursal de Costa de Marfil. De todo corazón agradezco y alabo a Jehová Dios quien me ha dado las fuerzas para servirle de tiempo completo por unos 30 años. A los 50 años de edad me siento tan enérgico como un águila y espero seguir en el servicio de tiempo completo. (Isaías 40:31) Pero, sea lo que encierre el futuro, estoy resuelto a servir a Jehová con toda mi fuerza vital para la alabanza y la honra de él.

[Comentario en la página 26]

‘Mi hermana envió un informe favorable a mi padre, aunque ella no estaba contenta de verme dejar la iglesia presbiteriana’

[Fotografía de Henry E. Atiemoh en la página 24]

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