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  • La fe de unos padres se ve recompensada

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  • La fe de unos padres se ve recompensada
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1997
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1997
w97 1/5 págs. 30-31

Hicieron la voluntad de Jehová

La fe de unos padres se ve recompensada

EL NACIMIENTO de un hijo varón era un motivo de gran regocijo para los israelitas, pues no se interrumpía la estirpe y las posesiones hereditarias de tierras permanecían en la familia. No obstante, hacia el año 1593 a.E.C., engendrar un varón debió parecer a los hebreos una maldición en vez de una bendición. ¿Por qué? Debido a que el faraón de Egipto, temeroso del rápido aumento de la población hebrea en sus dominios, ordenó que se diera muerte a todos los varones recién nacidos. (Éxodo 1:12, 15-22.)

Durante este abyecto intento de genocidio, Amram y Jokébed, un matrimonio hebreo, tuvieron un hermoso hijo varón. Es fácil darse cuenta de que su gozo inicial pronto se tornaría en espanto al recordar el decreto de Faraón. Sin embargo, al contemplar a su pequeño bebé, Amram y Jokébed se resolvieron a no abandonarlo, sin importar las consecuencias. (Éxodo 2:1, 2; 6:20.)

Actuaron por fe

Por espacio de tres meses, Amram y Jokébed mantuvieron su bebé oculto. (Éxodo 2:2.) Esa era una acción arriesgada, pues hebreos y egipcios vivían muy próximos los unos a los otros. A cualquiera que se hallara intentando eludir el decreto de Faraón probablemente se le castigaría con la muerte, y el bebé también moriría. Entonces, ¿qué podían hacer estos fieles padres para salvar a su hijo y salvarse ellos mismos?

Jokébed reunió unos retoños de papiro. El papiro es un junco resistente semejante al bambú, con un tallo triangular del espesor de un dedo aproximadamente, y que puede alcanzar hasta seis metros de altura. Los egipcios lo utilizaban para fabricar papel, esterillas, velas, sandalias y botes ligeros.

Jokébed confeccionó un arca de tallos de papiro del tamaño suficiente para meter a su bebé. Después le aplicó una mano de betún y pez para dar solidez al arca e impermeabilizarla. Luego introdujo a su bebé en el receptáculo y lo depositó entre las cañas de la ribera del Nilo. (Éxodo 2:3.)

Descubren el bebé

Míriam, la hija de Jokébed, se apostó cerca para ver qué ocurría. En ese momento llegó la hija de Faraón a bañarse en el Nilo.a Quizá Jokébed sabía que la princesa frecuentaba esa parte del Nilo, y por eso dejó intencionadamente el arca donde fuera fácil encontrarla. De cualquier forma, la hija de Faraón no tardó en descubrir el arca entre las cañas y ordenó a una de sus sirvientas que la recogiera. Cuando vio al niño que lloraba en su interior, sintió compasión. Se dio cuenta de que era un bebé hebreo. Sin embargo, ¿cómo podía permitir que se asesinara a un niño tan hermoso? Además de la bondad humana, a la hija de Faraón pudo influirla la creencia popular egipcia de que la entrada en el más allá dependía de acumular buenas acciones durante la vida.b (Éxodo 2:5, 6.)

Míriam, que observaba a cierta distancia, se acercó a la hija de Faraón. “¿Quieres que vaya y que especialmente te llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe al niño?”, preguntó. La princesa respondió: “¡Ve!”. Míriam corrió hacia su madre y al poco rato Jokébed se hallaba ante la hija de Faraón. “Llévate a este niño y críamelo —le dijo la princesa—, y yo misma te daré tu salario.” Es posible que para este tiempo, la hija de Faraón se hubiera percatado de que Jokébed era la madre del bebé. (Éxodo 2:7-9.)

Jokébed cuidó a su niño hasta el destete.c Este lapso le ofreció muchas oportunidades valiosas de instruirle acerca del Dios verdadero, Jehová. Entonces, Jokébed devolvió el niño a la hija de Faraón, quien le puso por nombre Moisés, que significa “salvado del agua”. (Éxodo 2:10.)

Una lección para nosotros

Amram y Jokébed aprovecharon de lleno el poco tiempo de que disponían para enseñar a su hijo los principios de la adoración pura. Los padres de la actualidad deben hacer lo mismo. De hecho, es imprescindible que actúen así. Satanás el Diablo “anda en derredor como león rugiente, procurando devorar a alguien”. (1 Pedro 5:8.) Disfrutaría de contar entre sus víctimas a los preciados niños que tienen la perspectiva de convertirse en excelentes siervos de Jehová. Su tierna edad no suscita en Satanás ninguna compasión. Con esto presente, los padres sabios instruyen a sus pequeños para que teman al Dios verdadero, Jehová. (Proverbios 22:6; 2 Timoteo 3:14, 15.)

En Hebreos 11:23 se cuenta como un hecho de fe el intento de Amram y Jokébed por ocultar a su bebé los tres primeros meses de su vida. Estos padres temerosos de Dios mostraron confianza en el poder salvador de Jehová al negarse a abandonar a su hijo, y por este motivo se les bendijo. También nosotros hemos de aferrarnos estrictamente a las leyes y principios de Jehová, con la confianza de que todo lo que él permita que nos acaezca redundará en nuestro bienestar y felicidad eternos. (Romanos 8:28.)

[Notas]

a Los egipcios adoraban al río Nilo como dios de la fertilidad. Creían que sus aguas tenían el poder de la fecundidad e incluso de prolongar la vida.

b Los egipcios creían que al morir, el espíritu del difunto recitaba ante Osiris alegatos al estilo de: “No fui causa de aflicción”, “No arrebaté la leche de la boca de los niños” y: “Di pan al hambriento, agua al sediento”.

c Antiguamente se amamantaba a muchos niños por un tiempo más prolongado de lo que es habitual en la actualidad. A Samuel probablemente lo destetaron a los tres años, y a Isaac, a los cinco.

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