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  • Padres, protejan a sus hijos
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
w98 15/2 págs. 8-11

Padres, protejan a sus hijos

EN UNA escuela secundaria de Nigeria, una joven famosa por su inmoralidad sexual acostumbraba aconsejar a sus compañeras de clase respecto a los asuntos sexuales. Una de sus recetas para provocar el aborto consistía en una mezcla de cerveza negra y una alta concentración de un derivado del tabaco. Las historias que contaba, tomadas de publicaciones pornográficas, cautivaban a muchas de sus compañeras de clase, y algunas empezaron a tener relaciones sexuales. Una quedó embarazada, así que tomó el brebaje de cerveza con tabaco a fin de provocarse un aborto. A las pocas horas empezó a vomitar sangre, y unos cuantos días después murió en el hospital.

Muchos jóvenes del mundo actual hablan constantemente de las relaciones sexuales, y los incautos que les prestan atención terminan sufriendo calamidad. ¿A quiénes deben acudir los jóvenes a fin de procurar información fidedigna que los proteja? Es una bendición el que puedan recurrir a sus padres piadosos, quienes tienen la obligación de criarlos en “la disciplina y regulación mental de Jehová” (Efesios 6:4).

Actitudes respecto a la educación sexual en África

A muchos padres de todo el mundo, y en particular de África, se les hace difícil conversar con sus hijos acerca de la sexualidad. Donald, un padre de Sierra Leona, dijo: “Casi nunca se hace, pues no forma parte de la cultura africana”. Así mismo, una mujer nigeriana llamada Confident dice: “Mis padres consideran que nunca se debe hablar abiertamente del tema sexual; es un tabú en nuestra cultura”.

En algunas culturas africanas, se considera obsceno pronunciar palabras de naturaleza sexual, tales como pene, semen o menstruación. Una madre cristiana hasta le prohibió a su hija utilizar la expresión “relaciones sexuales”, aunque dijo que estaba bien usar la palabra “fornicación”. En cambio, la Biblia, la Palabra de Dios, habla con franqueza de la sexualidad y de los órganos sexuales (Génesis 17:11; 18:11; 30:16, 17; Levítico 15:2). El propósito no es escandalizar ni excitar, sino proteger e instruir al pueblo de Dios (2 Timoteo 3:16).

Un padre nigeriano dijo que otra razón, aparte de los tabúes culturales, por la que algunos padres evitan el tema es la siguiente: “Si hablara de la sexualidad con mis hijos, podría estimularlos a cometer actos inmorales”. Ahora bien, ¿estimula a los hijos a tener relaciones sexuales precoces la información sobre asuntos sexuales basada en la Biblia y presentada con dignidad? No, no lo hace. En cambio, bien pudiera ocurrir que cuanto menos conocimiento tengan los jóvenes, mayor sea la probabilidad de que se metan en dificultades. La Biblia dice que “la sabiduría [basada en el conocimiento exacto] es para una protección” (Eclesiastés 7:12).

En una de sus ilustraciones, Jesús habló de un hombre discreto que, previendo la posibilidad de futuras tormentas, construyó su casa sobre una masa rocosa, mientras que otro, uno necio, la edificó sobre arena y sufrió una calamidad (Mateo 7:24-27). Así mismo, los padres cristianos discretos se dan cuenta de que sus hijos se enfrentarán a situaciones semejantes a tormentas que ejercerán presión sobre ellos para que adopten las libertinas normas sexuales mundanas, y por eso los fortalecen mediante el conocimiento exacto y el entendimiento que los ayudarán a mantenerse firmes.

Una africana dijo con respecto a otra razón por la que muchos padres no conversan acerca de la sexualidad con los hijos: “Mis padres, quienes eran Testigos, no me hablaron de los asuntos sexuales cuando era joven, así que no se me ha pasado por la cabeza conversar de estos con mis hijos”. Sin embargo, las presiones actuales que tienen los jóvenes son mayores que las de hace diez o veinte años. No es de sorprender, pues la Palabra de Dios predijo: “En los últimos días [...] los hombres inicuos e impostores avanzarán de mal en peor, extraviando y siendo extraviados” (2 Timoteo 3:1, 13).

Un factor que complica más la situación es el hecho de que muchos hijos son reacios a confiarse a sus padres o no son capaces de hacerlo. A menudo la comunicación entre padres e hijos es deficiente aun sobre temas triviales. Un joven de 19 años se lamentó: “Casi no converso con mis padres. Entre papá y yo no existe buena comunicación. No me pone atención”.

Además, los jóvenes quizás teman que sus preguntas respecto a los asuntos sexuales les traigan malas consecuencias. Una joven de 16 años dijo: “No hablo de los problemas sexuales con mis padres debido a cómo reaccionan ante tales asuntos. Hace algún tiempo, mi hermana mayor le hizo algunas preguntas a mamá acerca de la sexualidad. En lugar de ayudarla con su problema, empezó a sospechar de sus intenciones. A menudo me llamaba e inquiría sobre ella, y a veces hacía insinuaciones en cuanto a su moralidad. No quiero arriesgarme a perder el amor de mamá, así que no le cuento mis problemas”.

¿Por qué dar instrucción?

Además de ser una obligación, dar instrucción apropiada en materia sexual a los hijos es el proceder bondadoso. Si los padres no educan a sus hijos en este tema, otras personas lo harán, por lo general antes de lo que los padres se imaginan, y casi nunca en armonía con los principios piadosos. Una joven de 13 años cometió fornicación porque una compañera de clase le dijo que si no perdía la virginidad, sufriría un intenso dolor en el futuro. “Te cortarán el himen con unas tijeras”, le advirtió. Más adelante, cuando se le preguntó por qué no le había contado a su madre lo que le habían dicho, contestó que estos asuntos no se trataban con los adultos.

Una joven nigeriana dijo: “Mis amigas de la escuela trataron de convencerme de que todos los seres humanos normales deben tener relaciones sexuales. Me dijeron que si no lo hacía ahora, cuando tuviera 21 años de edad se me presentaría una enfermedad que perjudicaría gravemente mi condición de mujer. Aseveraron que era bueno tener relaciones sexuales antes del matrimonio, pues así se podía prevenir ese terrible peligro”.

Puesto que había tenido buena comunicación con sus padres, advirtió enseguida una discrepancia con lo que había aprendido en el hogar. “Como de costumbre —dijo—, regresé a casa y le conté a mamá lo que me habían dicho en la escuela.” Su madre refutó eficazmente la información errónea (compárese con Proverbios 14:15).

Al impartir a sus hijos el conocimiento que necesitan para conseguir la sabiduría piadosa en los asuntos sexuales, los padres los capacitan para que se percaten de las situaciones peligrosas e identifiquen a las personas que quieran aprovecharse de ellos. Tal educación los protege del sufrimiento que conllevan las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Fortalece su autoestima, les ayuda a ganarse el respeto de los demás y los libra de las ideas falsas y la ansiedad. Fomenta una actitud sana y positiva con respecto a las relaciones sexuales apropiadas, lo que contribuirá a su felicidad si en el futuro contraen matrimonio. Puede ayudarles a conservar una relación aprobada con Dios. Además, al percibir el interés amoroso de sus padres, los hijos pueden sentirse motivados a respetarlos y amarlos aún más.

La buena comunicación

A fin de que los padres puedan adaptar el consejo a las necesidades de sus hijos, es preciso que haya una comunicación bidireccional. A menos que los padres sepan lo que los hijos tienen en la mente y el corazón, lo más probable es que hasta el buen consejo surta poco efecto, pues la situación sería comparable a la de un médico que tratara de recetar fármacos sin conocer la naturaleza de la enfermedad del paciente. Para ser consejeros eficaces, los padres tienen que saber lo que sus hijos en realidad piensan y sienten. Deben entender las presiones y los problemas a los que se enfrentan, y las preguntas que los inquietan. Es importante que escuchen cuidadosamente a sus hijos, que sean ‘prestos en cuanto a oír, lentos en cuanto a hablar’ (Santiago 1:19; Proverbios 12:18; Eclesiastés 7:8).

Para que los padres cultiven y conserven una relación estrecha con los hijos —una relación en la cual estos sientan la libertad de expresar sus sentimientos más recónditos—, se requiere tiempo, paciencia y esfuerzo. Pero una vez establecida, ¡qué hermosa es tal relación! Un hombre de África occidental, padre de cinco hijos, dice: “Además de ser padre, soy confidente. Mis hijos conversan libremente conmigo acerca de todo, incluso sobre la sexualidad. Hasta las hijas se me confían. Apartamos tiempo para hablar de sus problemas, y me cuentan también sus alegrías”.

Una de sus hijas, llamada Bola, dice: “No le oculto nada a papá. Es considerado y tiene empatía. No nos intimida ni nos trata con severidad, ni siquiera cuando nos hemos portado mal. En lugar de encolerizarse, analiza el asunto con nosotros y nos ayuda a ver lo que debemos hacer o lo que no deberíamos haber hecho. A menudo hace referencia al libro Juventud o el libro Felicidad familiar”.a

Siempre que sea posible, es bueno que los padres empiecen a hablar de los asuntos sexuales con los hijos mientras estos aún son de tierna edad. Así se coloca el fundamento para que la comunicación continúe durante los años de la adolescencia, en los que a menudo se presentan dificultades. Cuando no se inician tales conversaciones desde una temprana edad, a veces resulta difícil, aunque no imposible, hacerlo después. Una madre de cinco hijos dijo: “Me obligué a hablarles al respecto, hasta que por fin ni ellos ni yo nos sentíamos incómodos”. Puesto que el bienestar de los hijos está en juego, no cabe duda de que tal esfuerzo vale la pena.

Protegidos y felices

Los hijos agradecen que los padres les impartan conocimiento que les sirva de protección. Examine los siguientes comentarios de algunos Testigos africanos:

Mojisola, de 24 años, dijo: “Siempre estaré agradecida a mi madre. Me dio la educación sexual necesaria en el momento apropiado. Aunque años atrás me sentía incómoda cuando me explicaba tales asuntos, ahora me doy cuenta de que lo que hizo redundó en beneficios para mí”.

Iniobong añadió: “Me siento feliz cuando medito en lo que mamá ha hecho por mí al darme instrucción sexual apropiada, pues me ha provisto una dirección de fundamental importancia en mi desarrollo como mujer. Estoy decidida a hacer lo mismo cuando tenga hijos”.

Kunle, de 19 años, dijo: “Mis padres me han ayudado a resistir la presión de las mujeres mundanas para que tenga relaciones sexuales inmorales. De no ser por la preparación que recibí de mis padres, hubiera caído en el pecado. Siempre agradeceré lo que hicieron”.

Christiana dijo: “Obtengo muchos beneficios de las conversaciones con mi madre respecto a los asuntos sexuales. Me han protegido de enfermedades mortíferas y de embarazos no deseados, y he podido dar un buen ejemplo a mis hermanos y hermanas menores. Además, me he ganado el respeto de la gente, y el hombre con quien me case me respetará también. Lo más importante es que tengo una buena relación con Jehová Dios por observar sus mandamientos”.

Bola, mencionada antes, dijo: “Tuve una compañera de clase que dijo que se debía disfrutar de las relaciones sexuales sin las obligaciones que conlleva el matrimonio. Para ella eran una simple diversión. Sin embargo, cayó en la cuenta de que no era así cuando quedó embarazada y no pudo examinarse para obtener el certificado de graduación de la escuela como el resto de la clase. Si yo no hubiera tenido un buen padre que me orientara, es posible que yo también hubiese tenido que aprender la lección mediante una dura experiencia”.

En este mundo enloquecido por los asuntos sexuales, el que los padres ayuden a sus hijos a hacerse ‘sabios para la salvación’ constituye una maravillosa bendición (2 Timoteo 3:15). La instrucción bíblica que imparten es como un valioso collar que, a los ojos de Dios, adorna y embellece a los hijos (Proverbios 1:8, 9). Estos se sienten seguros, y los padres, a su vez, gozan de profunda satisfacción. Un padre africano que siempre se empeña en mantener una buena comunicación con sus hijos indicó: “Disfrutamos de paz mental. Estamos seguros de que nuestros hijos saben lo que agrada a Jehová; los mundanos no pueden engañarlos. Confiamos en que evitarán todo tipo de comportamiento que haga sufrir a la familia. Agradezco a Jehová el que se hayan ganado nuestra confianza”.

[Nota]

a Editados por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.

[Ilustración de la página 10]

Los jóvenes cristianos que reciben una buena educación bíblica de sus padres pueden rechazar las historias tergiversadas que cuentan otros jóvenes

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