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  • ¿Por qué existe la Tierra?

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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1998
w98 15/6 págs. 6-8

¿Por qué existe la Tierra?

Hay una pregunta que debemos analizar: ¿Es nuestro hermoso planeta la obra de un Creador inteligente con un propósito para él y para los humanos que lo habitan? Resolver esta cuestión satisfactoriamente puede ayudarnos a ver lo que le aguarda a este planeta en el futuro.

MUCHOS científicos que han estudiado en profundidad el universo y la Tierra han visto pruebas que hacen pensar en la existencia de un Creador, en que Dios está detrás de todo ello. Repasemos los comentarios de uno solo de esos científicos:

El profesor Paul Davies escribe en The mind of God (La mente de Dios): “La existencia de un universo ordenado y coherente, que contiene estructuras complejas, organizadas y estables, requiere leyes y condiciones muy especiales”.

Tras comentar algunas “coincidencias” que han observado los astrofísicos y otros científicos, el profesor Davies añade: “Consideradas en su conjunto, aportan pruebas concluyentes de que la vida, tal como la conocemos, depende de los innumerables detalles de las leyes físicas y de algunos valores concretos, aparentemente casuales, que la naturaleza ha escogido para las masas de diversas partículas, la intensidad de las fuerzas, etc. [...] Baste decir que si pudiéramos jugar a ser Dios y seleccionar valores de esas cantidades a capricho girando una serie de ruletas, veríamos que casi todas las posiciones de estas tendrían como resultado un universo inhabitable. En algunos casos, parece como si las diferentes ruletas hubieran de ser ajustadas con enorme precisión, para que la vida pudiera florecer en el universo. [...] El que incluso ligeras modificaciones de cómo son las cosas podrían haber hecho inviable el universo, es sin duda un hecho de profundo significado”.

Para muchas personas, el significado es que un Dios con propósito produjo la Tierra, así como el resto del universo. Si es así, tenemos que averiguar, ante todo, por qué la formó. También hemos de determinar, si podemos, cuál es su propósito para ella. Pero a este respecto, nos topamos con una extraña anomalía. Pese a la extensa popularidad del ateísmo, una sorprendente cantidad de personas aún creen en un Creador inteligente. La mayoría de las iglesias de la cristiandad hablan formalmente de un Dios y Creador todopoderoso del universo. No obstante, es muy infrecuente que alguna de estas religiones hable con confianza y convicción del futuro de la Tierra dentro del propósito de Dios.

¿Qué dice la Biblia?

Es lógico acudir a una fuente de información que para muchos procede del Creador: la Biblia. Una de las declaraciones más sencillas y claras que contiene respecto al futuro de la Tierra se halla en Eclesiastés 1:4. Leemos: “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece” (Reina Valera, 1960). La Biblia explica con claridad por qué creó Jehová Dios la Tierra. También indica que la colocó justamente en la posición correcta en el universo y en relación con el Sol para que fuera posible la vida en ella. El Dios Todopoderoso inspiró al profeta de la antigüedad Isaías a escribir: “Esto es lo que ha dicho Jehová, el Creador de los cielos, Él, el Dios verdadero, el Formador de la tierra y el Hacedor de ella, Él, Aquel que la estableció firmemente, que no la creó sencillamente para nada, que la formó aun para ser habitada: ‘Yo soy Jehová, y no hay ningún otro[’] ” (Isaías 45:18).

Ahora bien, ¿qué puede decirse de que el hombre haya desarrollado los medios para aniquilar la vida de la Tierra? En su incomparable sabiduría, Dios dice que intervendrá antes de que la humanidad destruya la vida del planeta. Fíjese en esta tranquilizadora promesa del último libro de la Biblia, Revelación: “Las naciones se airaron, y vino tu propia ira, y el tiempo señalado para que los muertos sean juzgados, y para dar su galardón a tus esclavos los profetas y a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y para causar la ruina de los que están arruinando la tierra” (Revelación 11:18).

Jehová nos revela cuál fue su propósito original al crear la Tierra, esta joya que flota en el espacio, en palabras de un astronauta en órbita alrededor de ella. Dios se propuso que fuera un paraíso mundial y que estuviera habitado cómodamente por hombres y mujeres que vivieran en paz y armonía. El planeta se poblaría poco a poco mediante la descendencia de la primera pareja. Para el disfrute de ella, Jehová había preparado un paraíso en una pequeña sección de la Tierra. Con la procreación de la familia humana a través de los años y los siglos, el jardín de Edén se extendería paulatinamente, hasta que llegara a cumplirse Génesis 1:28: “Les dijo Dios: ‘Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla [...]’”.

Ya que ahora la situación de la Tierra y sus habitantes es lamentable, ¿quiere decir que ha fracasado el propósito original de Dios para el planeta? ¿O acaso lo ha cambiado y ha decidido que, debido a la rebeldía del hombre, dejará que se arruine por completo para comenzar de nuevo, por decirlo así? No; podemos estar seguros de que ninguno de tales supuestos es cierto. La Biblia nos dice que todos los propósitos de Jehová deben acabar cumpliéndose, que ni una persona, ni siquiera un suceso inesperado, puede frustrar nada de lo que él se propone. Él nos asegura: “Así resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado, y tendrá éxito seguro en aquello para lo cual la he enviado” (Isaías 55:11).

El propósito de Dios se interrumpió, no se cambió

Tras la defección de Adán y Eva y su expulsión del jardín de Edén, era obvio que el propósito de Dios de que la Tierra fuera un paraíso se cumpliría sin ellos. No obstante, en aquel mismo momento Jehová indicó que algunos de sus descendientes llevarían a cabo Su mandato original. Es verdad que tomaría tiempo, muchos siglos, pero no hay ningún indicio de cuánto hubiera llevado el cumplimiento del mandato original de haber seguido viviendo en perfección Adán y Eva. El hecho es que al final del Reinado Milenario de Cristo Jesús, dentro de poco más de mil años, las condiciones paradisíacas de Edén se extenderán por toda la Tierra, y este planeta estará habitado por descendientes pacíficos y felices de la primera pareja humana. La capacidad de Jehová de cumplir infaliblemente sus propósitos se vindicará así para siempre.

Entonces se realizarán las emocionantes profecías que Dios inspiró hace tanto tiempo. Textos como Isaías 11:6-9 tendrán un maravilloso cumplimiento: “El lobo realmente morará por un tiempo con el cordero, y el leopardo mismo se echará con el cabrito, y el becerro y el leoncillo crinado y el animal bien alimentado todos juntos; y un simple muchachito será guía sobre ellos. Y la vaca y la osa mismas pacerán; sus crías se echarán juntas. Y hasta el león comerá paja justamente como el toro. Y el niño de pecho ciertamente jugará sobre el agujero de la cobra; y sobre la abertura para la luz de una culebra venenosa realmente pondrá su propia mano un niño destetado. No harán ningún daño ni causarán ninguna ruina en toda mi santa montaña; porque la tierra ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar”.

La mala salud y las enfermedades terminales habrán quedado en el pasado, igual que la muerte misma. ¿Podría exponerse este hecho con palabras más claras que las del último libro de la Biblia? “La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Revelación 21:3, 4.)

Sí, podemos tener ánimo; el hermoso planeta Tierra permanecerá para siempre. Que tenga usted el privilegio de sobrevivir al fin de este sistema de cosas inicuo y de todas sus prácticas que arruinan la Tierra. El nuevo mundo limpio que Dios hará está a las puertas. Y muchos seres amados despertarán de la muerte gracias al milagro de la resurrección (Juan 5:28, 29). En efecto, la Tierra permanecerá para siempre, y nosotros podemos permanecer con ella y disfrutarla.

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