-
¿De qué fuente reciben la educación sexual?¡Despertad! 1992 | 22 de febrero
-
-
¿De qué fuente reciben la educación sexual?
¡QUÉ alegría se siente cuando nace un niño! Los padres se alegran de tenerlo, juegan con él y cuentan a sus amistades casi todo lo que hace. No obstante, pronto empiezan a darse cuenta de que el nacimiento de un hijo también supone asumir obligaciones nuevas e importantes. Una de las principales es la necesidad de enseñarle a protegerse en un mundo cada vez más inmoral.
¿Cómo pueden los padres ayudar a su amado hijo a convertirse en un adulto maduro que con el tiempo goce de una vida de familia entrañable y feliz y quizás hasta tenga sus propios hijos, a los que críe en un ambiente de respeto a Dios? Puede que algunos padres piensen que esta es una tarea sumamente difícil, de modo que seguramente serán bien recibidas algunas sugerencias.
Es probable que ustedes enseñen a sus hijos de una forma muy parecida a como sus padres los enseñaron a ustedes. No obstante, muchos padres recibieron poca instrucción, si acaso alguna, sobre cuestiones sexuales. Y aunque ustedes recibiesen una buena formación en el campo sexual, tanto el mundo como las necesidades de los hijos han cambiado. Además, muchos lectores de esta revista han adoptado normas morales más elevadas y encauzan su vida de mejor manera. Por consiguiente, los padres deberían preguntarse: “¿He ajustado a mis opiniones actuales y a las crecientes necesidades de mis hijos mi forma de enseñarles?”.
Algunos padres dejan que los jóvenes obtengan tal información por su cuenta, pero en ese caso surgen una serie de preguntas preocupantes: ¿Qué información recibirán? ¿Cuándo? ¿De qué fuente? Y, ¿en qué circunstancias?
Lo que se enseña en las escuelas
Muchos padres dicen: “Bueno, ya lo aprenderán en la escuela”. Es cierto que muchas escuelas imparten educación sexual, pero pocas enseñan moralidad. William J. Bennett, anterior secretario de Educación de Estados Unidos, dijo en 1987 que las escuelas “evitan deliberadamente hacer apreciaciones morales”.
Tom, padre de dos niñas encantadoras, preguntó a la representante de la escuela a la que ellas asisten: “¿Por qué no dicen que las relaciones sexuales fuera del matrimonio no están bien?”. Ella respondió que le gustaría decirlo, pero que la escuela no puede ofender a las madres solteras de los niños ni a los hombres con quienes ellas conviven. De modo que las escuelas dirán a los estudiantes que existen distintas opciones sexuales, pero raras veces les dirán cuál es la correcta.
“Compraré un libro”
Puede que otros padres digan: “Les compraré un libro”. Es posible que un buen libro ayude, pero los padres deben asegurarse bien de que concuerdan con lo que el libro dice. Pocos manuales de educación sexual introducen el concepto de moralidad o siquiera dicen que algo está bien o mal. Algunos hasta recomiendan prácticas inmorales. Y, desde luego, es raro el libro que diga que las relaciones sexuales deben limitarse al vínculo matrimonial.
De modo que la responsabilidad de enseñar moralidad a los hijos recae en aquellos sobre quienes Dios la colocó en un principio: los padres que los trajeron al mundo y que tanto los quieren. En la Biblia se registra el siguiente consejo para los padres: “Tienes que [inculcar las leyes de Dios] en tu hijo y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes”. (Deuteronomio 6:7.)
En efecto, los padres pueden ser los mejores maestros de sus hijos. No hay libro o escuela que pueda reemplazar la influencia que ejerce en un niño la convicción de sus padres o el ejemplo de una buena familia. William Bennett expresó este punto con estas palabras: “Los estudios indican que hay menos probabilidades de que los niños participen en conducta sexual cuando los padres constituyen la principal fuente de educación sobre el sexo. [...] Los padres, más que ninguna otra persona, desempeñan el papel principal”.
No obstante, algunos padres temen que el conocimiento induzca a sus hijos a probar el sexo. Es obvio que el que eso ocurra dependerá mucho de qué se enseña y cómo se enseña. Lo cierto es que los jóvenes van a recibir información sobre cuestiones sexuales. ¿No sería mucho mejor para ellos recibir dicha información de una manera correcta y decorosa por boca de unos padres morales y cariñosos, en lugar de recibirla de algún niño de la calle o de la escuela o de algún adulto inmoral?
De todas formas, persisten una serie de preguntas: ¿Cómo puede usted enseñar el punto de vista de Dios sobre estos temas y hacerlo de una manera respetuosa? Cuando los jóvenes oyen que “todo el mundo lo hace”, ¿cómo convencerles de que las mejores personas, y también las más felices, no lo hacen? ¿Cómo ayudarles a darse cuenta de que vivir según la norma bíblica de ‘abstenerse de la fornicación’ no solo contribuye a una vida mejor y más feliz, sino que también es la única manera de agradar a Dios? En los siguientes artículos se darán respuestas valiosas a estas importantes preguntas. (1 Tesalonicenses 4:3.)
-
-
Cuándo empezar y cuánto decir¡Despertad! 1992 | 22 de febrero
-
-
Cuándo empezar y cuánto decir
PARECE ser que muchos padres concienzudos piensan que la educación sexual puede impartirse durante una embarazosa conversación de diez minutos sobre los temas de la vida mientras pasean por el bosque con su hijo de trece años. Pero normalmente esa conversación no solo aporta muy poca información, sino que además llega con años de retraso. No es raro que un padre o una madre amorosos reconozcan: “Parecía que ya sabían casi todo lo que trataba de decirles”.
¿Hay una mejor manera de enseñar estas importantes cuestiones? En caso afirmativo, ¿cuándo tendrían que empezar los padres a dar dicha instrucción, cómo pueden hacerlo y qué deben decir?
Lo más sensato es empezar a colocar el fundamento para impartir esta instrucción vital casi desde que el niño nace. Si se empieza cuando el niño es muy pequeño, es posible suministrar información con calma y en dosis pequeñas que él pueda asimilar y comprender.
Cuando los padres bañan a sus hijos pequeños, suelen enseñarles el nombre de las diferentes partes del cuerpo: “Este es el pecho, este es el estómago, esta es la rodilla”. Pero, ¿por qué pasar del estómago a la rodilla? ¿Acaso es vergonzoso nombrar lo que hay entre esas dos partes del cuerpo? ¿Se evita hablar de ellas porque son partes íntimas? Es obvio que no usaríamos palabras vulgares e irrespetuosas para referirnos a ellas, pero, ¿por qué no decir simplemente “pene” o “vulva”? Estas partes también fueron creadas por Dios, y les aplica el calificativo “muy bueno” que Él utilizó para toda su creación. (Génesis 1:31; 1 Corintios 12:21-24.)
Más adelante, quizás cuando el niño vea cambiar los pañales a un bebé, ustedes podrían decirle respetuosamente que los niños tienen un pene, y las niñas, una vulva. Y pueden explicarle con tacto que estas cosas son personales, que solo debe hablarse de ellas en familia, nunca con otros niños ni con personas ajenas al círculo familiar.
De modo que si se empieza temprano y se va ampliando poco a poco lo que se dice según aumenta la capacidad de comprensión del niño, es posible explicar muchas cosas sin que la conversación se haga embarazosa.
La explicación de cómo nacen los niños
Es posible que cuando el niño tenga entre tres y cinco años de edad,a empiece a pensar en el milagro del nacimiento y pregunte de dónde vienen los niños. Una respuesta sencilla podría ser: “Tú creciste en un lugar calentito y protegido dentro de mamá”. Esta respuesta probablemente le dejará satisfecho de momento. Más adelante el niño quizás preguntará: “¿Cómo sale el bebé?”. Ustedes pudieran decir: “Dios hizo una abertura especial para que el bebé salga”. Como los niños pequeños no suelen concentrarse en un mismo tema durante mucho tiempo, las mejores respuestas son las sencillas y directas. Suministren la información necesaria en pequeñas dosis, guardando más para ocasiones posteriores.
Los padres encontrarán muchas oportunidades de enseñar a sus hijos si están al tanto. En el caso de que un familiar allegado esperara un bebé, una madre podría decir: “La tía Susana va a tener pronto su bebé. ¿Sabes? Pocas semanas antes de que nacieras, yo también tenía la barriga así de grande”. El esperado nacimiento de un hermanito o hermanita puede suministrar meses de educación emocionante y encantadora.
Puede que con el tiempo el niño pregunte: “¿Y de dónde vino el bebé?”. Una respuesta sencilla podría ser: “Una semillita del padre se junta con un óvulo de la madre, y a partir de ese momento empieza a formarse un bebé, tal como una semilla que se planta en la tierra se desarrolla hasta convertirse en una flor o en un árbol”. En otra ocasión el niño tal vez pregunte: “¿Y cómo entra dentro de mamá la semillita de papá?”. Ustedes podrían decir respetuosamente: “Tú sabes cómo es el cuerpo de un niño. Tiene un pene. La madre tiene en su cuerpo una abertura en la que cabe el pene, y así se planta la semilla. Dios nos hizo de esta manera para que los niños creciesen en un lugar bonito y calentito hasta que fuesen lo suficientemente grandes para vivir por sí solos. Cuando llega ese momento, ¡nace un bebé encantador!”. Estos asuntos pueden explicarse en un tono que ayude al niño a percibir lo maravilloso que es todo este proceso hecho por Dios.b
Hay que tener cuidado de nunca aplazar la contestación a una pregunta diciendo en tono abochornado: “Te lo explicaré más adelante, cuando tengas la edad suficiente”. Esta reacción podría despertar aún más la curiosidad del niño y tal vez hasta lo impulsaría a buscar información en otra parte y de fuentes no aconsejables. Si un niño tiene suficiente edad para formular la pregunta, tiene suficiente edad para recibir una contestación sencilla y respetuosa. El que no le contesten puede desanimarle de volver a acudir a ustedes cuando desee información.
¿Cuándo empezar?
Muchos padres opinan que sus hijos deberían tener unas nociones básicas de estas cuestiones por lo menos antes de empezar a ir a la escuela, ya que allí tal vez oigan a otros niños información mucho menos exacta.
Un abuelo contó: “Yo no había hecho ninguna pregunta al respecto, pero cuando tenía seis años mi padre decidió que ya era el momento de explicarme de dónde vienen los niños. Me dijo que la unión sexual de un hombre y una mujer era lo que producía un bebé, y que dicha unión era tan natural como el comer, pero Dios había estipulado que solo correspondía a personas que estuviesen casadas. De ese modo el recién nacido tendría una madre y un padre que lo quisieran y cuidaran”. Este mismo abuelo añadió: “Su explicación llegó justo en el momento preciso. Yo ya había visto a niños de seis años reírse de unos dibujos inmorales que ellos mismos habían hecho y que yo no comprendía”.
Por supuesto, tales explicaciones no deben presentarse como algo de lo que avergonzarse, pero sí como algo privado. Ustedes pueden enfatizarle que esos temas son un secreto de familia que no debe hablarse con otros niños ni con personas ajenas a la familia. Si su hijo empieza a hablar de ello sin darse cuenta, pueden decirle cariñosamente: “¡Chsss...! Recuerda que es nuestro secreto. Solo hablamos de ello con nuestra familia”.
No hay que escandalizarse
Si a algún lector le escandaliza que se haya visto necesario tratar estos asuntos, debería pensar en cuántos padres concienzudos buscan una manera respetuosa de explicar este tema a sus hijos. ¿No es mucho mejor que el niño reciba una explicación franca dentro del seno de una familia que lo quiere y no que se entere como se enteraron muchos padres: de fuentes sucias ajenas a la familia?
Si escuchan con atención y responden a las preguntas del niño de una manera sencilla y respetuosa, conseguirán que a este le sea mucho más fácil acudir a usted con otras preguntas cuando pasen los años y necesite más información.
[Notas a pie de página]
a Cada niño es diferente. Por eso, cualquier referencia a edades que se haga en este artículo es orientativa, para mostrar la naturaleza progresiva de este tipo de enseñanza.
b El libro Cómo lograr felicidad en su vida familiar analiza este y otros muchos aspectos de la crianza moral de los hijos y la vida de familia. Pueden pedirlo a las personas que les dieron esta revista o a sus editores en cualquiera de las direcciones que aparecen en la página 5.
[Fotografía en la página 6]
El futuro nacimiento de un bebé brinda la oportunidad de dar instrucción valiosa
-
-
Es vital empezar temprano¡Despertad! 1992 | 22 de febrero
-
-
Es vital empezar temprano
LOS niños pequeños tienen derecho a recibir una explicación razonablemente detallada acerca del funcionamiento de su cuerpo y de cómo protegerse de gente inmoral. Ahora bien, ¿cuándo debería comenzar dicha instrucción? Antes de lo que muchos piensan.
La adolescencia comienza con la pubertad, la época de la vida en la que empiezan a manifestarse señales de que el joven o la joven está madurando en sentido sexual. Es posible que una niña tenga su primera menstruación a los diez años o incluso antes, o puede que no le llegue hasta los dieciséis o incluso más tarde. Un muchacho puede tener su primera emisión nocturna ya a los once o doce años. ¿Estarán sus hijos preparados con antelación, digamos a los nueve años?a ¿Sabrán también a esa tierna edad la importancia de conservar la virginidad?
Familiarícelos con los cambios que experimenta el cuerpo
Su hija tiene el derecho de saber qué cambios ha dispuesto Dios que experimente su cuerpo. Una madre podría dar a su hija algunos detalles sobre su propio período menstrual y enseñarle la clase de protección que utiliza durante esos días. Debería explicarle que estos cambios son procesos normales del cuerpo. Con una actitud positiva, puede explicar que el cuerpo de su hija se estará preparando para cuando llegue el tiempo, al cabo de varios años, en el que quizás se case y también llegue a ser madre. Puede indicarle que el cuerpo prepara un revestimiento especial, suave, esponjoso y lleno de vasos sanguíneos, para recubrir el interior de la matriz a fin de acoger a la criatura que nacerá. Si no se concibe una criatura, dicho revestimiento se desprende y se expulsa a través de la vagina, un proceso denominado menstruación.
Del mismo modo, su hijo debería estar informado de antemano sobre las emisiones nocturnas, llamadas por lo general sueños húmedos. (Deuteronomio 23:10, 11.) Debería entender que la emisión de un líquido viscoso, a veces cuando está soñando, no es más que la manera que tiene el cuerpo de excretar el semen acumulado. Tanto sus hijos como sus hijas deberían saber que no hay nada malo en estos cambios corporales. Lo único que ocurre es que sus cuerpos se están preparando para la posibilidad de contraer matrimonio en el futuro y llegar a ser padres o madres.b
Ustedes, padres, deben tomarse en serio estas cuestiones, pues es Dios quien las ha hecho y ustedes son las personas a las que Él ha designado como maestros.
¿Qué se quiere decir por “sexo seguro”?
Los años pasan muy deprisa, y pronto sus hijos entrarán en la adolescencia. Por eso ustedes deben asegurarse de que saben que las relaciones sexuales entre personas no casadas son peligrosas, prescindiendo de que oigan lo contrario. Las enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el sida, se han convertido en una plaga mundial. Pueden resultar en infertilidad, en que nazcan criaturas con defectos, en cáncer y hasta en la muerte. Además, pueden transmitirlas personas que ni siquiera saben que están infectadas.
Sus hijos deberían darse cuenta de que no hay ningún método anticonceptivo que se haya demostrado totalmente eficaz en impedir el embarazo o la transmisión de una enfermedad. De hecho, una cantidad sorprendentemente elevada de muchachas que utilizan diversos métodos anticonceptivos se quedan embarazadas. Y aunque la propaganda diga que los preservativos sirven de protección contra el sida, la revista The New England Journal of Medicine informó que en un 17% de los casos los preservativos no impiden la transmisión de este virus.
Por esa razón, el columnista Ray Kerrison, del periódico New York Post, refutó la afirmación de que los preservativos ‘reducen al mínimo el riesgo de contraer el sida’, y dijo: “Menudo mínimo. Si se coloca una bala en una pistola y se da vueltas a la recámara para jugar a la ruleta rusa, hay una posibilidad entre seis de quitarse la vida. Con un preservativo se tiene casi una posibilidad entre cinco de contraer el sida. Ahora podemos llamar a la patraña del preservativo y el sida por su verdadero nombre: es jugar a la ruleta sexual”.
Sus hijos deberían saber que la solución al problema de las enfermedades de transmisión sexual es sencilla. Consiste en aceptar las normas que Dios ha dictado para el uso del don divino de la procreación. El modo seguro de utilizar la sexualidad es dentro de los límites del matrimonio, y lo ideal sería una unión de por vida con una persona amada que tampoco haya tenido nunca otra pareja sexual.
Las instrucciones de Dios son una protección
La Biblia dice: “El hombre [...] tiene que adherirse a su esposa”. “No debes cometer adulterio.” “Ningún fornicador [...] tiene herencia alguna en el reino del Cristo y de Dios.” (Génesis 2:24; Mateo 5:27; Efesios 5:3, 5.)
Estas instrucciones no son opresivas. Al contrario, el acatarlas resulta en una familia feliz y unida. El niño que vaya a nacer contará con algo a lo que tiene derecho: un padre y una madre. El padre y la madre tienen cualidades distintas y cada uno de ellos puede contribuir a la vida del niño cosas de las que el otro carece.
Por su posición como padres, deben implantar firmemente en el corazón y la mente de su hijo principios basados en la Biblia, tanto por medio de su enseñanza como de su ejemplo. Tienen que edificar con materiales sólidos, incombustibles. La Biblia dice: “La obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, por cuanto será revelada por medio de fuego; y el fuego mismo probará qué clase de obra es la de cada uno”. Si edifican de manera sólida y su obra se mantiene en pie, serán ampliamente recompensados. (1 Corintios 3:13.)
No obstante, todavía queda una pregunta importante por responder: ¿Cómo pueden ustedes reforzar esta formación cuando sus hijos pasan la edad de la adolescencia y empiezan a convertirse en adultos?
[Notas a pie de página]
a El doctor Leon Rosenberg, de la universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland, E.U.A.), dijo: “Para cuando un niño tiene nueve años, los padres deberían haberse sentado con él y mantenido una conversación detallada sobre el sexo y la moralidad. Cuanta más información den los padres a su hijo, mejor”.
b Se puede obtener más información al respecto en los capítulos “Desarrollándote en hombre” y “Pasando de niña a mujer”, del libro Tu juventud... aprovechándola de la mejor manera, que se puede solicitar a los editores de esta revista.
[Fotografía en la página 8]
Es importante preparar a los hijos para los cambios corporales que experimentarán
-
-
Los turbulentos años de la adolescencia¡Despertad! 1992 | 22 de febrero
-
-
Los turbulentos años de la adolescencia
LOS mensajes eróticos rodean a los adolescentes por todas partes. El sexo se utiliza para vender cualquier cosa, desde zapatos hasta pantalones vaqueros. La música moderna está llena de insinuaciones sexuales. En la televisión se ve a adultos atractivos que tienen relaciones sexuales con varias parejas. Pues bien, ¿es esto apropiado?
Un importante periódico estadounidense dijo que el que los programas de televisión de mayor audiencia estén “tan cargados de contenido sexual” es una “tendencia preocupante y profundamente irresponsable”. The Journal of the American Medical Association dijo que esta tendencia era una forma de “explotación de los adolescentes por parte de los medios de esparcimiento y publicitarios”.
Los padres deben asegurarse de que sus hijos sepan que no todo el mundo vive de esa forma. Es cierto que se dice que la mitad de las muchachas estadounidenses de diecisiete años ya ha tenido relaciones sexuales, pero esa afirmación también implica que la otra mitad no las ha tenido. William J. Bennett, anterior secretario de Educación de Estados Unidos, declaró lo siguiente: “No ‘todo el mundo’ lo está haciendo, y tal vez quisiéramos dar a esas jovencitas —la mitad de las que tienen diecisiete años— apoyo y fortaleza”.
Hizo hincapié en que en una encuesta llevada a cabo en el Hospital Grady Memorial de Atlanta (Georgia, E.U.A.), nueve de cada diez muchachas menores de dieciséis años “quería saber cómo decir ‘no’”. ¿Pueden ustedes ayudar a sus hijos a convencerse de que la única respuesta correcta a cualquier insinuación inmoral es un no tajante e inequívoco, y no tan solo una reacción débil e insegura? ¿Pueden ayudarles a darse cuenta de que las personas de valía los respetarán por ello? Una adolescente llamada Emily dijo lo siguiente a un periódico de California (E.U.A.): “Las personas más respetadas no tienen relaciones sexuales”.
Han de ayudar a sus hijos a comprender que el sexo es una fuerza poderosa, tanto que ha dado origen a la entera raza humana. Ahora bien, eso no quiere decir que sea imposible controlarlo. Al contrario, sucede lo mismo que con un automóvil deportivo de mucha potencia: hay que utilizarlo apropiadamente, respetando las leyes de tráfico. Pasar por alto dichas leyes en una carretera de montaña con muchas curvas puede resultar desastroso. Del mismo modo, pasar por alto las normas divinas tocante al comportamiento sexual producirá resultados parecidos. ¿Cómo pueden ustedes ayudar a sus hijos, a quienes tanto aman, a reconocer este hecho?
Enséñenles que la castidad es valiosa
Repasen con su hijo o hija adolescente el excelente ejemplo de la joven y bella doncella sulamita. Ella podía decir con orgullo: “Soy un muro, y mis pechos son como torres”. En sentido moral, era como el inexpugnable muro de una fortaleza de torres inaccesibles. Y a los ojos de su futuro marido era “como la que está hallando paz”. Sí, uno de los magníficos beneficios de quienes se mantienen castos es la paz mental no perturbada por la agonía del remordimiento. (El Cantar de los Cantares 8:10.)
Ahora bien, ¿cómo puede un joven mantenerse firme moralmente, como un muro? Antes de que se presenten los problemas, ustedes deben estar seguros de que su hijo o hija sabe lo necesario que es tomar precauciones para evitar circunstancias que puedan conducir, y con frecuencia conducen, a la inmoralidad. Por ejemplo, sus hijos deberían saber que tal como el conducir en estado de embriaguez puede terminar mal, también puede tener un mal fin el asistir a una fiesta de jóvenes en la que se consumen bebidas alcohólicas o en la que no está presente ningún adulto responsable.
Ayúdenles también a darse cuenta de que estar a solas en una casa (o un apartamento) con una persona del sexo opuesto es como abrir la puerta a la tentación. Los jóvenes han de ver con claridad el peligro moral de permitir que alguien con quien no están casados les ponga las manos en sus partes íntimas, aunque solo sea en los pechos. Explíqueles que la seducción muchas veces empieza con el estímulo sexual que produce el tocar tales partes del cuerpo. (Compárese con 1 Corintios 7:1.)
Deben ayudar a sus amados hijos a darse cuenta de que el amor verdadero no se limita a las relaciones sexuales, sino que significa mucho más. Además, tales relaciones fuera del vínculo matrimonial son incorrectas. Algunos jóvenes tienen relaciones sexuales antes de siquiera haberse comprometido para casarse, y los hay que tienen relaciones con varias parejas sin jamás llegar a casarse. Pero cuando transcurren los años y se dan cuenta de que realmente necesitan un cónyuge, se encuentran solos y abandonados. Es cierto que lograron evitar un compromiso, pero es que no había nadie que quisiera comprometerse con ellos.
Sus hijos e hijas deberían saber que su virginidad es demasiado preciosa para perderla como si no valiese nada. Ayúdenles a ver que el disfrute pleno de las relaciones sexuales solo se consigue dentro de la sagrada institución del matrimonio. La Biblia dice, utilizando un hermoso lenguaje poético: “Bebe agua de tu propia cisterna, y chorrillos que salgan de en medio de tu propio pozo. ¿Deben esparcirse afuera tus manantiales, tus corrientes de agua en las plazas públicas mismas? Resulte bendita tu fuente de aguas, y regocíjate con la esposa de tu juventud”. (Proverbios 5:15, 16, 18.)
Como padres amorosos, deben hacer un esfuerzo especial para enseñarles estos hechos, un verdadero reto hoy día, pues por lo general los embarazos de personas que no están casadas gozan de aceptación. Una comadrona llamada Lillian dice que ya no le sorprende ver los ojos aterrorizados de un padre soltero de quince años cuando un abuelo orgulloso le coloca en los brazos el hijo recién nacido que ni está preparado para aceptar, ni desea aceptar, ni puede hacerlo.
Un comentarista de televisión dijo que a menudo muchas “mujeres solteras y muy jóvenes que se encuentran con hijos y sin marido” no pueden terminar sus estudios ni trabajar ni dar a sus hijos una crianza apropiada. Estas madres adolescentes —dijo— se ven “atrapadas en sus propias tragedias personales. [...] La pobreza es casi inevitable y tiende a perpetuarse en un ciclo calamitoso”.
Su propio ejemplo
El comportamiento de ustedes, padres, tendrá un efecto profundo en sus hijos. A veces esto es cierto de maneras más sutiles de lo que se imaginan. ¿Qué sucede cuando un padre siempre está mirando a las mujeres? ¿O cuando una madre exclama “¡Qué hombre!” al pasar por su lado un hombre atractivo? ¿Están tales padres animando a sus hijos adolescentes a mantenerse castos? Si lo que ustedes admiran en especial es el físico de una persona, ¿debería sorprenderles que sus hijos pongan los atributos carnales por delante de la moralidad, la bondad, el amor verdadero o la dedicación personal a Dios?
Enseñar a los hijos lo que necesitan saber acerca del sexo abarca mucho más de lo que quizás imaginaban. Incluye su propia actitud, el espíritu que promueven en el hogar, su disposición a enseñarles desde temprana edad y el ejemplo que les pongan. Obviamente, todo esto requiere tiempo y esfuerzo, pero ¡vale la pena!
¿Todavía no les han instruido a este respecto?
Pero, ¿qué hacer si sus hijos ya son mayores y todavía no han hablado de estos temas con ellos? Quizás podrían decir simplemente: “He cometido un error al esperar tanto para hablarte de este tema, pero deseo tanto que tengas la mejor vida posible, que debo tratar de hacerlo ahora”.
Desde luego, mejor es tratar estos asuntos con los hijos cuando ya han crecido que no hacerlo nunca. La instrucción moral de los hijos es una responsabilidad vital y un privilegio. Ron Moglia, de la universidad de Nueva York, dijo: “El padre que renuncie al derecho de hablar con su hijo acerca de las cuestiones sexuales renuncia a una de las experiencias más maravillosas que puede tener”.
Si ustedes han empezado a apreciar los requisitos morales de Dios hace poco y sus hijos saben que no se han regido por ellos en el pasado, asegúrense de que entiendan por qué han cambiado ahora. Podrían sugerirles que leyeran esta revista y luego discutir juntos la información. Nunca deberían dejarse intimidar si uno de sus hijos les dice: “¡Bah! ¡Yo ya sé todas esas cosas!”. Ni las ideas infundadas promovidas por compañeros de escuela, ni las historias contadas por otros jóvenes de su edad, ni siquiera su propia experiencia con las funciones sexuales pueden sustituir la guía moral y sana. Lo cierto es que la ignorancia puede hacer que terminen mal.
La formación de los hijos quizás exija un gran esfuerzo, pero merece la pena. La Biblia dice sencilla y llanamente: “El justo anda en su integridad. Felices son sus hijos después de él”. (Proverbios 20:7.)
-