BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • El examen microscópico
    ¡Despertad! 1999 | 8 de septiembre
    • se ensamblan para formar un todo que funciona de manera óptima, como una compleja línea de producción fabril”.

      El ADN: la molécula de la herencia

      En su origen, el ser humano, al igual que las plantas y los animales pluricelulares, es una sola célula. Cuando esta alcanza cierto tamaño, se divide en dos, luego en cuatro, y así sigue el fraccionamiento, durante el cual van diferenciándose las células en musculares, nerviosas, cutáneas, etc. Más tarde se agrupan para formar tejidos (por ejemplo, un conjunto de células musculares produce tejido muscular). A su vez, los diversos tejidos forman órganos, como el corazón, los pulmones y los ojos.

      Bajo la delgada cubierta de cada célula hay un fluido gelatinoso llamado citoplasma. Luego, separado de este por una fina membrana, viene el núcleo, que se considera el centro de control, pues dirige casi todas las actividades de la célula. En él se encuentra el programa genético de la célula, “escrito” con ADN (ácido desoxirribonucleico).

      Las moléculas de ADN se hallan enroscadas estrechamente en los cromosomas de las células. Los genes, que son segmentos de las moléculas de ADN, poseen toda la información necesaria para que seamos como somos. “El programa genético que porta el ADN diferencia a cada ser vivo de los demás —explica The World Book Encyclopedia—. Este programa logra que el perro sea distinto del pez; la cebra, de la rosa, y el sauce, de la avispa. Hace que uno sea diferente de toda otra persona que vive en la Tierra.”

      Es asombroso cuánta información contiene el ADN de una sola célula: Ocuparía un millón de páginas como esta. En vista de que el ADN se encarga de pasar la información hereditaria de una generación de células a la siguiente, se dice que es el plan maestro de toda forma de vida. Pero ¿qué apariencia tiene?

      El ADN, que se compone de dos hebras enroscadas una en torno de la otra, es semejante a una escalera de caracol, o una escalera de travesaños retorcida. Ambas hebras se conectan entre sí mediante combinaciones de cuatro compuestos llamados bases. Cada base de una hebra forma pareja con una base de la otra. Dichos pares son los “peldaños”. El orden exacto que siguen las bases en la molécula de ADN determina la información genética que porta. En pocas palabras, esta secuencia determina casi todo lo referente al individuo, sea el color del cabello o la forma de la nariz.

      El ADN, el ARN y la proteína

      Las proteínas son las macromoléculas que más abundan en las células, al grado de constituir, según ciertos cálculos, más de la mitad del peso neto de la mayoría de los seres. Las proteínas se componen de “bloques de construcción” menores llamados aminoácidos, algunos elaborados por el cuerpo y otros recibidos en la nutrición.

      Las proteínas realizan múltiples funciones. El transporte del oxígeno a todo el cuerpo, por ejemplo, lo efectúa la hemoglobina, proteína que se halla en los glóbulos rojos de la sangre. También son proteínas los anticuerpos, que ayudan al organismo a combatir las enfermedades, y la insulina, que contribuye al metabolismo de los alimentos y a la regulación de diversas funciones celulares. Se cree que el organismo posee miles de proteínas de distintos tipos. De hecho, una sola célula pudiera contener centenares.

      Cada proteína desempeña un cometido específico, determinado por su gen del ADN. Ahora bien, ¿cómo se descodifica la información que contiene un gen del ADN a fin de elaborar cierta proteína? Como indica la ilustración “La elaboración de las proteínas”, la información genética almacenada en el ADN ha de transferirse primero del núcleo al citoplasma, sede de los ribosomas (“fábricas” que sintetizan proteínas). La transferencia se realiza mediante un intermediario: el ARN (ácido ribonucleico). Los ribosomas “leen” las instrucciones del ARN y ensamblan la secuencia correcta de aminoácidos para formar la proteína que se precisa. Así pues, existe interdependencia entre el ADN, el ARN y la formación de las proteínas.

      ¿Dónde comenzó?

      El estudio de la genética y la biología molecular intriga a los científicos desde hace décadas. Aunque el físico Paul Davies duda de que el origen de todo sea un Creador, admite lo siguiente: “A fin de que se elaboren los objetos pertinentes, cada molécula tiene su cometido y su lugar dentro del funcionamiento general. Hay mucho movimiento. Para realizar bien su labor, algunas moléculas pasan de un lado al otro de la célula a fin de unirse a sus compañeras en el punto y el momento precisos. Todo ocurre sin que haya jefes que las dirijan ni las envíen al lugar conveniente, ni supervisores que controlen sus actividades. Las moléculas se limitan a cumplir con su misión: moverse de un lado a otro a ciegas, chocar unas con otras, rebotar y abrazarse. [...] De algún modo, esta colectividad de elementos irracionales (los átomos) aúna fuerzas y realiza la danza de la vida con exquisita precisión”.

      Es lógico, pues, que muchos estudiosos crean que tiene que haber una fuerza inteligente que haya creado los mecanismos celulares. Veamos las razones.

      [Nota]

      a La composición química y las características de las células se analizan también con el centrifugador, que separa sus componentes.

      [Ilustración y recuadro de la página 5]

      El interior de la célula Dentro de cada célula hay un núcleo, el centro de mando de la célula. Este contiene los cromosomas, formados por moléculas de ADN estrechamente enroscadas y por proteínas. Los genes se encuentran en las moléculas de ADN. Los ribosomas, fábricas productoras de proteínas, se hallan en el citoplasma, que está fuera del núcleo.

      [Ilustración]

      Ribosomas

      Citoplasma

      Célula

      Núcleo

      Cromosomas

      ADN: la escalera de la vida

      [Ilustraciones de la página 7]

      (Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

      La replicación del ADN

      Para facilitar la representación, se ha aplanado la espiral retorcida del ADN

      Proteína

      Bases libres

      Proteína

      Proteína

      1 Antes de dividirse las células para producir la siguiente generación, han de replicar (copiar) el ADN. Primero, ciertas proteínas facilitan la separación parcial de las dos hebras del ADN

      2 Luego, de acuerdo con estrictas reglas de formación de pares de bases, las bases libres (disponibles) de la célula se unen con sus correspondientes bases de las dos hebras originales

      3 Por último, se elaboran dos duplicados del código. De este modo, cuando la célula se divida, cada una de las nuevas células tendrá el mismo código de ADN

      La regla de los pares de bases del ADN:

      A siempre con T

      A T Timina

      T A Adenina

      C siempre con G

      C G Guanina

      G C Citosina

      [Ilustraciones de las páginas 8 y 9]

      (Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

      La elaboración de las proteínas

      Proteína

      1 Una proteína especial abre en dos una sección de las hebras del ADN

      Bases libres de ARN

      2 Las bases libres del ARN se enlazan con las bases expuestas del ADN de una sola hebra, formando así una hebra del ARN mensajero

      3 El ARN mensajero recién formado se separa del ADN y se dirige hacia los ribosomas

      Ribosoma

      ARN de transferencia

  • ¿Qué hay tras el misterio de la vida?
    ¡Despertad! 1999 | 8 de septiembre
    • ¿Qué hay tras el misterio de la vida?

      LA ACTUACIÓN de las moléculas del ADN es prodigiosa. Las células requieren que el material genético realice dos funciones, de las cuales se ocupa el ADN. Primero, este se duplica con exactitud para que la información se transmita de una célula a otra. Segundo, la secuencia del ADN indica a la célula qué proteínas elaborará, con lo que determina el tipo y cometido de la célula. Sin embargo, el ADN no lleva a cabo estos procesos en solitario, sino con la colaboración de multitud de proteínas especializadas.

      Ahora bien, el ADN no puede crear vida por sí solo. Sus genes almacenan las instrucciones necesarias para elaborar las diversas proteínas que necesita la célula, entre ellas las que copian el ADN para la siguiente generación de células y las que lo ayudan a elaborar nuevas proteínas. No obstante, de nada valdría esa increíble cantidad de información si no se dispusiera del ARN y de las proteínas especializadas (entre ellas los ribosomas) que permiten “leerla” y utilizarla.

      Tampoco pueden las proteínas producir vida por sí solas. De ahí que una proteína aislada no tenga la capacidad de formar el gen que contiene el código necesario para hacer más proteínas del mismo tipo.

      Al irse descifrando el misterio de la vida, ¿qué lecciones se han aprendido? En nuestra época, la genética y la biología molecular han documentado detalladamente las relaciones existentes entre el ADN, el ARN y las proteínas, relaciones marcadas por la complejidad y la interdependencia. De tales hallazgos se desprende que la vida exige que todos estos elementos se den simultáneamente. Es imposible, por tanto, que la vida haya surgido de forma espontánea, fruto del azar.

      La única explicación lógica es que un Creador, inteligente en grado sumo, haya codificado las instrucciones en el ADN y al mismo tiempo haya elaborado las proteínas plenamente formadas. La interacción entre ambos elementos se concibió de forma tan magistral que, una vez iniciado el proceso, se garantizó que ciertas proteínas continuasen copiando el ADN para formar más genes, y que otras descodificaran algunos genes para elaborar más proteínas.

      Es patente que quien dio comienzo al maravilloso ciclo de la vida fue el Diseñador Maestro: Jehová Dios.

      Nuestra maravillosa formación

      Aunque la Biblia no sea un libro de ciencia, arroja luz sobre la función del Creador, quien diseñó el código de la vida. Hace tres milenios, el rey David de Israel, ajeno a lo que hoy sabemos en materia de genética, dijo poéticamente a su Creador: “Tú formaste mis entrañas, tú me tejiste en el seno de mi madre. Te alabaré por el maravilloso modo en que me hiciste. ¡Qué admirables son tus obras! Del todo conoces tú mi alma, [incluso] cuando secretamente era formado y en el misterio me plasmaba” (Salmo 139:13-15, Nácar-Colunga, 1947).

      Así que vuelva a examinarse ante el espejo. Observe el color de los ojos, la textura del cabello, la tonalidad de la tez y la forma general del cuerpo. Recuerde que ha heredado estas características de las generaciones pasadas y que las transmitirá a sus descendientes. Ahora piense un poco en el Ser que dispuso este prodigioso mecanismo. Quizás se sienta impulsado a repetir las palabras que escribió el apóstol Juan: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas” (Revelación [Apocalipsis] 4:11).

Publicaciones en español (1950-2025)
Cerrar sesión
Iniciar sesión
  • español
  • Compartir
  • Configuración
  • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
  • Condiciones de uso
  • Política de privacidad
  • Configuración de privacidad
  • JW.ORG
  • Iniciar sesión
Compartir