¡Mienten a Dios!
¿QUÉ le parece a usted la persona que le hace firmes promesas, y después no quiere cumplirlas? ¿Le perdona usted si se excusa diciendo que no sabía en lo que se estaba metiendo?
Exactamente eso es lo que está haciéndose más de 750.000 veces cada año en los Estados Unidos. Allí se conceden más de 500.000 divorcios legales al año, y hay 250.000 casos de deserción. Uno de cada cuatro matrimonios acaba en divorcio. La proporción de divorcios también está aumentando en otros países, llevando en ello la delantera las naciones de la cristiandad.
Toda sociedad conocida ha prescrito el matrimonio como la manera normal y aceptada de expresar amor adulto y de establecer una familia. Desde los tiempos más primitivos se ha considerado obligatorio el contrato matrimonial desde un punto de vista religioso y moral, así como algo que constituye un estado o relación legal que no se rompe fácilmente.
Aunque hoy existe la tendencia de suprimir los votos, la revista Time del 4 de julio de 1969 informó: “Sin importar lo excéntricos que tiendan a ser algunos de los matrimonios de hoy, permanece profundamente arraigada la necesidad de la ceremonia.” Y la mayoría todavía se adhiere a hacer los votos que instan al amor, el honor, el respeto, la fidelidad al cónyuge en enfermedad y salud, en toda ocasión, “para bien o para mal.” Sin importar la forma que asuma el matrimonio, de hecho es un contrato. En realidad, el mismísimo hecho de que se lleve a cabo una ceremonia formal lo constituye un contrato, cuyos testigos vigilan que se cumpla.
Por consiguiente, solo los mentirosos entrarán en un matrimonio a la ligera y sin la intención de cumplir con sus requisitos. Y los que rompen el contrato matrimonial, o que violan las estipulaciones de éste de amar, honrar, respetar, cuidar con ternura y adherirse al cónyuge, son mentirosos. Han mentido a sus cónyuges y los han defraudado, aunque quizás se excusen diciendo que el matrimonio era mucho más difícil de lo que habían esperado.
LA CRISTIANDAD LLEVA LA DELANTERA EN MENTIR A DIOS
¡Pero lo peor de todo es que estas personas están mintiendo a Dios! ¡Los millones de miembros de la cristiandad, que dicen ser siervos cristianos de Dios, y al mismo tiempo llevan la delantera en el mundo en el terreno de los divorcios, los pleitos de separación, las deserciones y la infidelidad marital son los peores mentirosos!
¿Por qué puede decirse que todas estas personas están mintiendo a Dios? ¿Qué significa para ellas eso? Bueno, muchas de ellas hacen los votos en ceremonias religiosas. En éstas se reconoce a Dios como Testigo y como Aquel que exige de ellas fidelidad a sus votos. También, muchos que tienen una ceremonia seglar reconocen que hacen los votos ante Dios. Y los que no reconocen francamente a Dios en el asunto, no obstante son responsables ante él. ¿Por qué? Porque son criaturas de Dios que aprovechan su institución del matrimonio, su modo de hacer posible que la raza humana llene la Tierra.
Jesucristo fue autoridad para la declaración de que Dios fue el Instituidor y el Ejecutor del primer matrimonio. Por lo tanto todos los matrimonios se deben a la provisión de Dios. Él está envuelto como el Vigilante del matrimonio, para ver si cumplen sus votos, expresados o dados a entender, delante de él.—Mat. 19:4-6.
PUNTO DE VISTA DE DIOS
¿Exactamente cuán obligatorio considera Jehová el contrato en el cual entra una persona, particularmente la que se considera cristiana? Su Palabra dice que los “falsos en los acuerdos . . . son merecedores de muerte.” Si las personas que hacen esto no se arrepienten, cambian su modo de pensar y obrar y buscan el perdón, están en posición muy peligrosa.—Rom. 1:31, 32.
La actitud de Jehová para con esos mentirosos, cuya palabra no significa nada, se muestra en su trato con el antiguo rey Sedequías de Judá. Este rey, por un juramento en el nombre de Dios, había hecho un pacto para servir al rey de Babilonia. Aunque el pacto era con un rey pagano, Sedequías realmente mintió delante de Dios, porque rompió aquel juramento y se rebeló. Por esto Dios le dijo: “Tan ciertamente como que yo estoy vivo, . . . [el] que despreció su juramento y que quebrantó su pacto, . . . en medio de Babilonia morirá.”—Eze. 17:16; 2 Cró. 36:13.
El que afirma ser cristiano que hace votos de amar, honrar, respetar y adherirse fielmente a su cónyuge y que luego muestra indiferencia en cuanto a estos votos está jurando en nombre de Dios a una mentira, una cosa que incurre en la cólera ardiente de Dios. (Lev. 19:12) Dios odia a los mentirosos (Pro. 6:16, 17), y alista a los mentirosos no arrepentidos entre los que recibirán destrucción eterna: “Pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo e idólatras y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.”—Rev. 21:8.
De modo que Dios considera obligatorio el contrato o pacto que se hace con otra persona, particularmente el pacto matrimonial. Jesús indicó que uno no puede romper su matrimonio y seguir como si nada hubiera sucedido. Dijo: “Yo les digo que cualquiera que se divorcie de su esposa, a no ser por motivo de fornicación, y se case con otra comete adulterio.” (Mat. 19:9) De modo que el hombre o la mujer que desecha a su cónyuge, o aun el que proyecta hacerlo, primero debe pensar, reconociendo que Dios no considerará libre de culpa a tal persona por la cosa terrible que él o ella haría así a su cónyuge. Dios pedirá cuentas.—Heb. 4:13.
OTROS MENTIROSOS
Aunque muchos matrimonios obtienen divorcios con pretextos baladíes, hay otros que continúan morando juntos, pero que no obstante resultan mentirosos porque no se respetan ni honran mutuamente. Pasan por alto el hecho de que no hicieron simplemente el voto de vivir juntos, sino también de amarse mutuamente. ¿Da el hombre más respeto y atención a otras mujeres que a su esposa? ¿Respeta y obedece la mujer a su esposo, o, más bien lo lacera, o da más atención a otros hombres? ¿Habla él o ella mal de su cónyuge a personas de afuera? ¿Hace el esposo cuanto puede para suministrar apropiadamente a su esposa las necesidades? ¿Cuida apropiadamente la esposa las cosas para el esposo, como sus comidas, mantener limpia y planchada su ropa, lista para que él se la ponga? ¿Hay riñas a gritos y peleas? ¿Hay siempre palabras de sarcasmo, queja, crítica, hasta animosidad, en vez de palabras que edifiquen, estimulen y muestren amor? A menos que los dos cónyuges realmente estén haciendo un esfuerzo vigoroso y sincero por hacer que el matrimonio tenga éxito y sea una honra para Aquel que instituyó el matrimonio, han mentido a Dios.
CUIDE QUE NO ESTÉ MINTIÉNDOLE A DIOS
En vista de la seriedad con la cual Dios considera el arreglo matrimonial y sus votos, cada persona casada que quiera agradar a Dios y conseguir vida bajo Su arreglo debería avaluar de nuevo su situación. Cuídese para no estar viviendo una mentira delante de Dios. Cada uno debe preguntarse: “¿Estoy ejerciendo verdadero amor para con mi cónyuge? ¿Estoy mostrando respeto profundo? ¿Hago estas cosas en circunstancias favorables y desfavorables, ‘para bien o para mal’?”
Los que cumplen con su palabra ante Dios hallarán ahora mayor felicidad, y el favor divino de vida como fieles cumplidores de sus votos.