¿Cuánta importancia tiene la oración para usted?
¿ORA usted? En tal caso, tiene que atribuirle alguna importancia a la oración, y eso es excelente. Pero, ¿cuánta importancia realmente tiene para usted? ¿Participa usted en orar solo cuando está en un grupo de personas y una de ellas los dirige en oración? ¿Se aparta usted alguna vez y ora a su Creador en privado, o se siente usted tan ocupado que tiende a desatender la oración personal? ¿Hace usted del orar parte de su modo de vivir diario?
Algunas personas no aprecian cabalmente la importancia de la oración porque han hecho de ella una repetición rutinaria de palabras aprendidas de memoria. ¿Cómo pueden orar de corazón si lo hacen así? ¿Cómo puede la oración tener algún significado verdadero para ellas? En muchos casos ha llegado a formar parte de una rutina nocturna antes de acostarse y no se le da más atención que al cepillarse los dientes y abrir la ventana.
¿No sería más significativa una oración nocturna si la persona que orara hablara espontáneamente del corazón en vez de repetir las mismas palabras cada vez? ¿No sería atribuir mayor importancia a la oración el que uno se reconcentrara en lo que dice? Dado que la persona está hablándole a su Creador, ¿debería permitir que el orarle se deteriorara hasta ser una acción rutinaria? No es probable que una persona le hable a un amigo o un padre carnal de manera indiferente y rutinaria; entonces, ¿por qué hablarle así al Padre celestial?
Es posible que uno tenga dificultad en mostrarse atento a la oración porque es una conversación unilateral con un Oyente callado. Pero este hecho no desvirtúa su importancia.
UNA FORMA DE ADORACIÓN
La oración realmente es una forma o manera de adorar a nuestro Creador. Por medio de ella uno puede alabar y honrar a Dios. Uno puede dar reconocimiento a su posición de Soberano supremo y declararse sumiso a su voluntad. Uno puede mostrar que lo reconoce como el Proveedor que satisface sus necesidades espirituales y físicas dándole gracias por estas provisiones. En su oración uno puede alabarlo por sus magníficas obras de creación. Puesto que la oración es una manera importante en que uno puede adorar a Jehová Dios, merece un lugar de gran importancia en la vida.
El rey David, antepasado de Jesucristo, mostró tenerle aprecio genuino a la importancia de orar. Nos da un excelente ejemplo de usar la oración para adorar a su Creador. En ella reconoce la grandeza y supremacía de Jehová Dios, y expresa gratitud y alabanza. Esto es lo que oró en una ocasión, según se registra en 1 Crónicas 29:10-13:
“Bendito seas, oh Jehová el Dios de Israel nuestro padre, desde tiempo indefinido aun hasta tiempo indefinido. Tuya, oh Jehová, es la grandeza y el poderío y la hermosura y la excelencia y la dignidad; porque todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo. Tuyo es el reino, oh Jehová, El que también te alzas como cabeza sobre todo. Las riquezas y la gloria las hay debido a ti, y tú lo estás dominando todo; y en tu mano hay poder y potencia, y en tu mano hay habilidad para hacer grande y para dar fuerzas a todos. Y ahora, oh Dios nuestro, estamos dándote las gracias y alabando tu hermoso nombre.”
El que usted use la oración para dar gracias y alabanzas en son de adoración a Dios como lo hizo David, hará más importante la oración para usted. Ciertamente le debemos a nuestro Padre celestial expresiones diarias de devoción de corazón.
QUÉ DECIR
¡Hay tantas cosas que pueden decirse cuando uno le habla a Dios en oración! El admirarse de su sabiduría según se manifiesta en la creación, los gozos, pesares y problemas de cada día, el interés que se tiene en otras personas y en atender los intereses de Su reino en la Tierra, todas estas cosas pueden ser temas de oración.
En una ocasión el rey Josafat tuvo un problema muy grave, y lo presentó en oración a Jehová Dios. Después de relatar lo que Jehová había hecho por los descendientes de Abrahán, dijo:
“Y ahora, aquí los hijos de Amón, y Moab y la región montañosa de Seir, a quienes tú no permitiste que Israel invadiera cuando iba saliendo de la tierra de Egipto, sino que se apartó de ellos y no los aniquiló, sí, aquí están ellos recompensándonos por medio de venir para expulsarnos de tu posesión que tú nos hiciste poseer. Oh Dios nuestro, ¿no ejecutarás juicio contra ellos? Porque no hay en nosotros poder delante de esta gran muchedumbre que viene contra nosotros; y nosotros mismos no sabemos qué debemos hacer, pero nuestros ojos están hacia ti.”—2 Cró. 20:10-12.
Note que Josafat no trató de obligar a Dios a obrar a su favor sino que le dejó a él decidir si lo haría o no. Esta es la actitud apropiada que hemos de adoptar, y si Dios decide no emprender la acción que pedimos, no debemos quejarnos. Él no es nuestro siervo. Más bien los cristianos son siervos de él. Debemos estar dispuestos a someternos a su voluntad. Esto es lo que hizo Jesucristo.
La noche en que Jesús instituyó el memorial de su muerte salió al monte de los Olivos con sus apóstoles. Estando allí se alejó de ellos a corta distancia para orar él solo. Note que en su oración no trató de obligar a Dios a que lo salvara de la muerte violenta que le esperaba. Dijo: “Padre, si deseas, remueve de mí esta copa. Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya.” (Luc. 22:42) Por el hecho de que Jehová Dios no optó por quitar la “copa” Jesús no perdió la fe ni le dio la espalda. Estaba dispuesto a someterse a lo que resultara ser la voluntad de Dios. ¿No debería ser ésta también nuestra actitud y nuestra expresión?
Las expresiones de aprecio en la oración siempre son apropiadas. De hecho, en cada comida debería hacerse una breve oración de gratitud por el alimento y el compañerismo de los que participan con nosotros en la comida. Sin importar quién compre y prepare el alimento, Jehová Dios realmente es el Proveedor de éste porque él creó nuestras fuentes alimenticias... las plantas, los frutos, los peces y los animales. Jesucristo oró en tales ocasiones, aun cuando el alimento no era más que unos cuantos panes y algunos pescados. (Mat. 14:17-19) También es bueno terminar cada día dándole gracias a Jehová por haber vivido otro día.
Podemos expresar en oración el interés que tenemos en otros pidiéndole a nuestro Padre celestial que fortalezca a los que pasan por circunstancias difíciles como enfermedad, o persecución por mantener la integridad a él. El orar porque los gobernantes traten justamente a nuestros compañeros cristianos no es impropio.—1 Tim. 2:1, 2.
Cosas que tienen que ver con los propósitos de Jehová como la vindicación de su nombre, la destrucción de los inicuos, la gobernación de la Tierra por su reino libre de oposición y la proclamación pública de las buenas nuevas de su reino todos son temas adecuados para la oración. De modo que hay mucho que una persona puede incorporar en sus oraciones.
DÓNDE ORAR
Uno puede orarle a Jehová Dios en cualquier lugar, hasta andando por una calle bulliciosa o estando de pie ante funcionarios gubernamentales. Nehemías hizo una oración cuando estaba de pie ante el rey persa Artajerjes, a quien le servía vino. (Neh. 2:1-4) Uno puede estar contemplando el paisaje esplendoroso y sentirse impelido a hacer una oración silenciosa de adoración expresando admiración por el poder creador de Jehová. De modo que el lugar donde uno esté y la posición en que esté no son los factores determinantes en cuanto a si uno puede orar o no.
No es necesario ir a un edificio religioso para orar. Jesús y sus discípulos oraban en casas privadas y a campo raso. Sin embargo, no utilizaban imágenes como ayudas para la oración porque sabían que cosas de esa clase disgustan a Dios y habían hecho que su cólera viniera sobre la nación de Israel.—Lev. 26:30; 2 Rey. 17:16-18; 2 Cor. 4:18; 5:7; 1 Juan 5:21.
Es bueno estar solo para hacer uno sus oraciones personales. En contraste con los hipócritas a quienes les gusta conseguir atención pública al ser vistos orando en público, Jesús dijo: “Tú, sin embargo, cuando ores, entra en tu cuarto privado y, después de cerrar tu puerta, ora a tu Padre.” (Mat. 6:6) El estar uno solo ayuda a concentrar los pensamientos y aumenta la sensación de intimidad con nuestro Padre celestial.
En una ocasión Jesús se levantó temprano por la mañana y buscó un lugar solitario para poder estar solo al hacer su oración personal. (Mar. 1:35) Cuando el apóstol Pedro oró por la resurrección de Tabita, él “hizo salir a todos y, doblando las rodillas, oró.” (Hech. 9:40) En la Biblia hay muchos ejemplos de personas que procuraron soledad para hacer sus oraciones personales.—Hech. 10:9.
RESPUESTA A LA ORACIÓN
A la persona que solo observa el asunto de paso no le parece que Jehová Dios responda a las oraciones tan dramáticamente en la actualidad como lo hizo en ciertas ocasiones en tiempos bíblicos. La respuesta a la oración de Josafat por ayuda fue acción de parte de Jehová que resultó en contraponer los corazones del enemigo unos contra los otros de modo que se mataron mutuamente. (2 Cró. 20:23) En respuesta a una oración por Elías, descendió fuego y consumió un sacrificio. (1 Rey. 18:36-38) Y en respuesta a la oración de Jesús un hombre que había estado muerto cuatro días volvió a la vida. (Juan 11:38-44) Estas son solo unas cuantas de las respuestas a la oración que se registran en la Biblia.
Hoy la respuesta a la oración es igual de real, aunque quizás no siempre parezca tan espectacular. Puede ser en un giro favorable de las circunstancias dificultosas acerca de las cuales había orado una persona. O puede ser que se haga accesible un camino para que una persona salve lo que había parecido ser un obstáculo insuperable. O puede ser ayuda provista por medio de otros cristianos para una persona que se hallaba en una situación difícil. Los resultados son, claramente, una respuesta a sus oraciones.
Ha habido muchas experiencias de individuos que han orado a Dios por ayuda para entender la Biblia, y cuyas oraciones han sido contestadas. Por ejemplo, una señora de Illinois oró porque Dios enviara a alguien para que le ayudara a entender la Palabra de Dios y aprender la verdad. Cuando un testigo de Jehová la visitó apenas podía creer lo que veía. Pensó: “¡Ay, no, no un testigo de Jehová! ¡Ciertamente Dios no me envió a uno de ellos!” Más tarde ella le confesó al Testigo: “Había orado por ayuda y pensé en aquellos que hospedaron ángeles sin saberlo. De modo que, lo invité a usted a entrar, y ahora estoy convencida de que los testigos de Jehová tienen la verdad.”
En otra experiencia una señora de Virginia dijo: “Quería aprender la verdad de la Biblia para poder ayudar a mis hijos. De modo que, me arrodillé y le oré a Dios que me ayudara a encontrar la religión correcta, fuera bautista, metodista o católica o lo que fuera. Y a la mañana siguiente ustedes están aquí, unos testigos de Jehová. Creo que mis oraciones han sido contestadas.”
Un señor de Colorado que se sentía descontento por lo que se le enseñaba en su iglesia se levantó una mañana y oró encarecidamente a Dios pidiéndole ayuda. Cuando regresó a casa aquella noche encontró a un testigo de Jehová en su casa hablando con su esposa. Puesto que había oído a muchas personas hablar contra los Testigos, apenas podía creer lo que veía. Pero razonó: “Le pedí ayuda a Dios, y la recibí. Ahora, ¿voy a rechazarla?” En poco tiempo él también estaba ayudando a otros a aprender los magníficos propósitos de Jehová.
Hay muchas experiencias parecidas a éstas que tienen lugar con regularidad en las cuales las oraciones han sido contestadas. ¿Qué hay de usted? ¿Se aprovecha cabalmente del privilegio de orar?
Ciertamente ninguno de nosotros debería tratar a la ligera la oración. Más bien, tome a pechos la exhortación que el apóstol Pablo dio a compañeros cristianos: “No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo por oración y ruego junto con acción de gracias dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales por medio de Cristo Jesús.”—Fili. 4:6, 7.
[Ilustración de la página 5]
¿Lo impelen las obras de Dios a alabarlo en oración?
[Ilustraciones de la página 4]
Jesús dio gracias a Dios antes de comer. ¿Lo hace usted?
¿Ora usted a Dios espontáneamente y de corazón?