¿Es pecado cambiar de religión?
EL ADHERIRSE al verdadero modo de adorar es algo digno de encomio. El apóstol Pablo aconsejó a Timoteo: “Continúa en las cosas que aprendiste . . . desde la infancia.”—2 Tim. 3:14, 15.
Pero, ¿le decía Pablo aquí a Timoteo que se adhiriera a la religión de sus padres sin importar de qué clase fuera? Eso no sería razonable, puesto que Pablo mismo había cambiado de religión algunos años antes cuando averiguó que las ‘tradiciones de sus antepasados’ no estaban en armonía con las Escrituras. (Gál. 1:14-17) Pablo conocía las circunstancias de la vida de Timoteo y sabía que se le habían enseñado “los santos escritos” desde la infancia. (2 Tim. 3:15; 1:5) Él estaba en el camino de la verdad, y por eso debería ‘continuar’ en él, no desviarse.
Prescindiendo de lo sinceramente que usted opine que usted también tiene la verdad, ¿ha comparado usted las enseñanzas de su iglesia con los “santos escritos,” la Biblia, para ver si están de acuerdo con ella? ¿Es la religión de usted la misma de Timoteo, de Pablo, de Jesús? ¿Qué sucedería si, después de hacer una investigación honrada, usted descubriera que su religión ya no estuviera adhiriéndose al cristianismo original que enseñó Jesucristo? ¿No haría usted un cambio, razonablemente? De hecho, si, después de aprender con certeza que su religión presente no le agrada a Dios, usted no efectúa un cambio, ¿no sería esto un pecado en sí? Los santos escritos nos dicen: “Si uno sabe hacer lo que es correcto y sin embargo no lo hace, es para él un pecado.”—Sant. 4:17.
Muchas personas sinceras han efectuado una investigación honrada de esta clase y han dado el paso importante de cambiar de religión. El comparar usted las experiencias de ellas con lo que usted mismo ha observado en su religión quizás le ayude a efectuar un avalúo imparcial de su modo de adorar. Sinceramente esperamos que le ayude.
NO FIRMES POR PRINCIPIOS CORRECTOS
Un anciano de sesenta y tres años de la ciudad de Cavite escribe: “Como católico me sentía libre para hacer lo que quería. Aunque mi esposa y yo vivíamos juntos sin estar casados, nadie jamás investigó esto, ni oímos consejo en el sentido de que debíamos estar casados legalmente. De hecho, recibí de nuestro sacerdote párroco el privilegio de servir de sacristán, un puesto que tuve durante diez años. Solo fue cuando estudié la Biblia con los testigos de Jehová que comprendí que no estábamos limpios a la vista de Dios y que era necesario que nos casáramos. También descubrí que mi trabajo seglar no estaba en armonía con la Biblia. Solo después de casarnos y de ajustar mi trabajo seglar fui aceptado como testigo de Jehová, bautizándome como tal en 1970.” ¿Se ‘siente usted libre’ para hacer lo que quiera, o insiste su religión en que cumpla estrictamente con los principios bíblicos?—Heb. 13:4; 1 Cor. 6:9, 10.
Un señor de la ciudad de Caloocan dice: “Mi asociación con una sociedad del rosario, en vez de edificarme espiritualmente, me llevó a beber en exceso, a fumar, a jugar por dinero y a ir a salones de baile. Como católico ni siquiera había tenido una Biblia en la mano jamás, ni había oído mencionar el nombre de Dios. Cuando mi tío, que es testigo de Jehová, estudió la Biblia conmigo, comprendí lo que significaba el cristianismo verdadero y encontré tranquilidad de ánimo librándose de mis malos hábitos.” ¿A qué clase de hábitos estimulan sus asociados religiosos?—Efe. 4:20-24.
ENSEÑANZAS NO BASADAS EN LA BIBLIA
Un ex-miembro de la Iglesia Independiente Filipina en Negros Occidental dice que, cuando era joven, “solía ver que durante el Día de Todos los Santos se colocaban velas y alimento ante el altar que había en nuestro hogar. Se me hizo creer que la razón por la cual el alimento se enfriaba más tarde era que las almas habían pasado sobre él y lo habían tocado. Esto me molestó por años, hasta que los testigos de Jehová me mostraron con la Biblia en Génesis 2:7 y Números 23:10 que el alma es el hombre mismo y que los muertos están inconscientes y no regresan para ‘espantar’ a la gente.”
A una jovencita de la ciudad de Davao, educada en una escuela católica, le parecía difícil aceptar la doctrina de la Trinidad. No habiendo recibido respuestas satisfactorias de parte de sus maestros católicos, se sorprendió por la respuesta bíblica sencilla y directa que obtuvo de los testigos de Jehová: Sencillamente no se enseña la Trinidad en la Biblia. (Mar. 12:29, 30; Juan 14:28) Sintiéndose desilusionada, ella dijo: “Los líderes eclesiásticos deberían decir la verdad y observarla. La enseñanza falsa y el ocultar la verdad son las cosas que me impelieron a estudiar por mí misma la Biblia.” ¿Ha estudiado usted mismo la Biblia para ver si sus líderes eclesiásticos enseñan lo que ella contiene?
TRATO DESIGUAL A MIEMBROS
Un señor criado católico observó que en la iglesia “todo era artificial; se tenía en alta estima a los ricos y se pasaba por alto a los pobres.” Un joven estudiante católico de la ciudad de Baguio dice: “No había entre nosotros amor, paz, igualdad ni unidad. A los sacerdotes siempre se les reverenciaba y se les llamaba ‘Padre.’” Un residente de Ciudad Quezón y miembro de la religión local Iglesia ni Kristo vio la misma cosa: “Existe una gran diferencia entre los miembros y los ministros, entre los predicadores y los oyentes.”
Sin embargo Jesús dijo: “No sean llamados Rabí, porque uno solo es su maestro, mientras que todos ustedes son hermanos. Además, no llamen padre de ustedes a nadie sobre la tierra, porque uno solo es su Padre, el Celestial.” (Mat. 23:8, 9) ¿Dónde puede hallarse esa igualdad y hermandad? Las personas mencionadas hallaron esto entre los testigos de Jehová. “Se tratan unos a otros con igualdad,” dice uno. “Todos son hermanos y hermanas cristianos, en toda la tierra habitada,” declara otro. Después de asistir a la asamblea internacional que los testigos de Jehová celebraron en octubre de 1969 en Manila y ver la hermandad verdadera en acción, el joven estudiante de la ciudad de Baguio dijo: “Aquí al fin está el amor, la paz, la igualdad y la unidad que he estado buscando.”
FALTA AMOR GENUINO
Jesús dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre ustedes mismos.” (Juan 13:35) Una señora de la ciudad de Pasay, que sinceramente quería servir a Dios, buscó esta marca del cristianismo en su iglesia. Pero dijo: “Mis esfuerzos fueron en vano, porque no había amor entre los miembros. Había muchos empujones y empellones cuando salían de la iglesia, y como resultado reyertas y resentimientos.” Un maestro de escuela dominical en la Iglesia del Evangelio Firme renunció debido a la desunión y riñas por trivialidades entre los predicadores. Un matrimonio joven de Negros Occidental dijo de sus compañeros feligreses: “Parece que están vigilando a uno para criticarlo en vez de ayudarlo.” ¿Ha notado usted estas cosas en su iglesia?
Estas personas y muchas otras han notado un espíritu diferente entre los testigos de Jehová. Una señora de Manila dijo: “¡Imagínese! Los testigos de Jehová me visitaron con regularidad durante dos años, mientras que en todos mis años como católica, el sacerdote no vino ni una sola vez a visitarme en mi hogar.” Después de asistir a su primera reunión con los Testigos, un señor comentó: “Me abordaron y me saludaron muchas personas y fui presentado a casi todos los que estaban allí. ¡Qué contraste con la Iglesia Católica donde a uno sencillamente se le deja que se valga por sí mismo!” Otro comentó: “Al asistir a mi primera reunión estreché muchas manos y fui recibido afectuosamente. Más tarde, cuando enfermé, el superintendente me visitó en el hospital y los hermanos me atendieron.” Una señora que asistió a la Asamblea “Paz en la Tierra” en octubre de 1969 se asombró de que, a pesar de estar realmente atestado el lugar, “no había empujones, todos cedían el paso cortésmente y se saludaban unos a otros felizmente.”—1 Juan 4:7-11, 20.
UN CAMBIO HACIA COSAS MEJORES
¿Les pesa a estas personas el haber cambiado su religión? ¡Al contrario! Escuche lo que dicen unas cuantas de ellas:
“Antes yo era cabeza de nuestra casa y mi esposo ocupaba el segundo lugar. Después de estudiar la Biblia por unas cuantas semanas, mi esposo notó un cambio en mí. Mi modo de manejar las cosas mejoró, y ahora reina verdadera paz en nuestro hogar por primera vez.”—Efe. 5:22, 23, 33.
“Se me hacía difícil vivir con mi esposa debido a su manera de ser y nos habíamos separado. Yo tenía planes de casarme con otra mujer cuando encontré a los testigos de Jehová. Después de aprender cómo considera Dios lo sagrado del matrimonio, volví a mi esposa y ahora los dos nos alegramos de que yo aprendiera a seguir principios correctos.”
“Mi amigo allegado se había suicidado a causa de unos problemas, y yo estaba al borde de una postración nerviosa como resultado de aquello. Las oraciones redundantes nada lograron. Solo después de estudiar la Biblia con los testigos de Jehová recobré la confianza en mí mismo y en Dios. Mi nerviosidad gradualmente me dejó. Por primera vez en la vida me pareció que tenía un propósito al vivir.”
¡En vez de sentir una carga de culpa debido a haber cambiado de religión, estas personas han sido libradas del temor, de la depresión y de los hábitos malos por la verdad de la Palabra de Dios en acción en sus vidas!
NO SON CASOS AISLADOS
Los individuos de los cuales usted ha leído aquí son solo unos cuantos de los 9.908 que tan solo en las Filipinas han simbolizado este cambio en su vida por bautismo en agua durante un período reciente de dieciocho meses, ¡una proporción de 550 al mes! ¡Mil ochocientos treinta y cinco de ellos se bautizaron en un solo día, el 24 de octubre de 1969, en la Asamblea “Paz en la Tierra” de los Testigos de Jehová en Manila! Solo son parte de una grande muchedumbre que está dejando las iglesias por todo el mundo, no para hacerse ateos, sino para hacerse cristianos verdaderos. A través del mundo más de 285.000 efectuaron este cambio en los dos años pasados.
Estas cifras se hacen aun más impresionantes cuando consideramos que antes de que se acepte a una persona para el bautismo, ha seguido cuidadosamente un curso prescrito de estudio de la Biblia, casi siempre durante un período de por lo menos seis meses, y ha efectuado cambios definitivos en su vida para conformarse con las leyes justas de Dios.
Sin embargo, esto no es todo. Cada una de estos muchos miles de personas está esforzándose por mostrar amor genuino a sus padres, parientes y vecinos por igual ofreciendo ayudarles para que ellos también sirvan a Dios aceptablemente. Quizás algún día visiten la casa donde usted vive. Sabiendo lo en serio que toman su religión, ¿no sería prudente que usted les escuchara y estudiara la Palabra de Dios junto con ellos? Si usted lo hace, llegará a comprender que el cristianismo verdadero está muy vivo y está floreciendo, no solo en las Filipinas, ¡sino en todo lugar de la tierra habitada!