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Enseñando la Biblia a los hijosLa Atalaya 1971 | 15 de mayo
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menos en lo que se suponía que estábamos estudiando. En muchas ocasiones pensé que sería el último estudio que celebraría con mis hijos, que no mostraban aprecio. Pero, con la ayuda de Jehová, seguí tratando de retener su atención e interés, nunca dejando que el estudio fuera una sesión sermoneadora.
“Descubrí que una de las cosas más importantes para hacer que nuestros estudios fueran deleitables era buena preparación de mi parte. También utilizábamos los mapas de la Biblia. Explicaba los relatos de la Biblia de tal manera que atrajeran la imaginación de los niños, y siempre trataba de aplicar lo que aprendíamos a nuestra vida cotidiana. Juntos aprendimos a apreciar la gran bondad amorosa de Jehová, sus maravillosos consejos y principios para la vida.
“Nuestro estudio bíblico de casa llegó a ser una ocasión para razonar con los niños sobre la obediencia, el respeto y la moralidad. Era una ocasión en la cual ellos podían aprender a alabar a nuestro gran Dios y glorificar Su nombre. Después de nuestro estudio regular utilizábamos artículos del Anuario de los testigos de Jehová, artículos cortos de la revista La Atalaya o temas de Bosquejos para sermones por unos quince minutos. Considerábamos diversos aspectos de la manera en que se está efectuando la obra de Dios hoy en día. Y preparábamos sermones breves que podíamos usar al predicar a otros.
“Verdaderamente puedo dar gracias a Jehová por este gran privilegio de conducir un estudio bíblico de casa con mis hijos. Ahora mi hija ha emprendido la predicación de tiempo cabal y mi hijo ha estado declarando con regularidad las buenas nuevas de Dios durante los últimos años. ¡Qué bendición resulta si perseveramos en nuestros estudios bíblicos de casa con nuestros hijos, sin importar la edad que tengan!”
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La Clase 50 de Galaad estimulada a buscar la sabiduríaLa Atalaya 1971 | 15 de mayo
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La Clase 50 de Galaad estimulada a buscar la sabiduría
“¿QUIÉN es sabio y entendido entre ustedes?” ésa fue la pregunta que se planteó ante los cincuenta estudiantes que componían la Clase Quincuagésima de la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, en el acto de su graduación el domingo 7 de marzo.
El acto se verificó en el Salón de Asambleas de los Testigos de Jehová, en el distrito de Queens de la ciudad de Nueva York. Desde las diez de la mañana hasta alrededor de las cinco de la tarde los 1.999 concurrentes estuvieron absortos en el programa sin darse cuenta de la lluvia que caía sin cesar afuera.
El programa de la mañana tuvo como tema central las palabras del escritor bíblico Santiago (3:13-18) y las del rey David (Salmo 139). N. H. Knorr, presidente de la Sociedad Watch Tower, señaló que la sabiduría de arriba se despliega en el individuo por sus obras, pero que estas obras tienen que distinguirse por excelente conducta, porque la sabiduría de arriba es “primeramente casta.” La limpieza, la pureza, especialmente en lo moral, es la cosa de primera importancia. Sin esto, las obras de uno no cuentan con Dios. Aun así, la sabiduría de esta índole no hace alarde, sino, más bien, está caracterizada por la mansedumbre. El presidente Knorr advirtió a los estudiantes de los lazos que aguardan a la persona que deja que su conocimiento la haga hincharse de modo que haga una exhibición de lo que aparenta falsamente ser sabiduría.
Por eso, siguió diciendo el conferenciante, al llegar a su asignación en el extranjero, los misioneros nuevos no deben pensar que por haber salido recientemente de la escuela están equipados para dirigir a los misioneros radicados allí o a los residentes nativos del país que son maduros o que están sirviendo como superintendentes en las congregaciones. En vez de hablar orgullosamente de su propia erudición, deben escuchar humildemente a los misioneros experimentados. Deben dedicar su atención y esfuerzos al objetivo de aprender la mejor manera de ayudar a la gente de ese país a conseguir un entendimiento de la Palabra de Dios. La sabiduría, si la emplean, los dirigirá a concentrarse en esto, su trabajo principal, e impedirá que su atención sea desviada a cosas inútiles.—Pro. 17:24; 16:9.
Milton G. Henschel, un director de la Sociedad Watch Tower, aconsejó a los graduados que al seguir sabiamente su carrera misional deben mantener firme su fe. Podrían confiar en que esa fe lograra mucho a favor de ellos, como lo ilustró enfáticamente el apóstol Pablo en el Heb. capítulo once del libro bíblico de Hebreos.
Los misioneros en perspectiva recibieron mucho estímulo de las palabras de otro conferenciante, Fred W. Franz, el vicepresidente de la Sociedad. Él llamó a su atención un hecho de sabiduría científica, a saber, la ley de la gravitación, una fuerza que obra por todas partes en el universo físico. Entonces señaló que el espíritu santo de Jehová es una fuerza mucho más poderosa y una que puede penetrar en todo sitio. Se puede tener plena seguridad de que esta fuerza opera tan poderosamente en el territorio más aislado y más alejado como en la tierra natal de uno, donde uno posiblemente haya estado rodeado de hermanos cristianos.—Sal. 139:7.
Al citar copiosamente del Salmo 139, F. W. Franz dio énfasis a las siguientes palabras de David: “Si tendiera mi lecho en el Seol, ¡mira! tú [Jehová] estarías allí” (Sal. 139:8) Por consiguiente, el misionero de Jesucristo no debe temer la posibilidad de morir en su asignación, ni debe creer que tiene que regresar a sus parientes amados para terminar sus días. Pues, por su espíritu santo ‘¡Dios puede meter su mano directamente en el sepulcro mismo y resucitarlos!’ exclamó Franz. ‘Sin embargo,’ agregó en conclusión, ‘ustedes no van a sus asignaciones para morir, sino para vivir... para vivir y declarar las buenas nuevas del reino de Dios a la gente para que ésta, a su vez, pueda vivir.’
Los cincuenta estudiantes cumplieron con los requisitos necesarios para recibir el Certificado de Mérito de la Escuela. A medida que cruzaron la plataforma en fila también recibieron sus asignaciones, a diecinueve países. Cuando se anunció al graduado número 5.000 de la Escuela —un joven de Austria que estaba recibiendo su asignación a Taiwan— hubo grandes aplausos.
Por la tarde los estudiantes tuvieron la oportunidad de entretener y edificar a la concurrencia. Esto lo hicieron, primero por un programa en que presentaron música típica de los ocho países que representaban. En seguida vino la parte sobresaliente de la tarde, un drama que los estudiantes habían estado preparando por varias semanas. Intitulado “Jehová bendice a los leales,” se concentró en el tiempo en que vivimos actualmente, tan cerca del nuevo orden de Dios, y estimuló a limpieza moral en lealtad a Jehová; excelente consejo en este período crítico en que abunda la inmoralidad en el mundo.
La Escuela de Galaad, situada en Brooklyn, Nueva York, fue establecida en 1943 para entrenar a aquellos entre los testigos de Jehová que pueden ir, y están dispuestos a que se les envíe, a una asignación misional en el extranjero. Al llegar a su asignación en el extranjero, estos misioneros tienen alojamiento y alimento adecuados, provistos por la Sociedad Watch Tower, pero no viven de modo costoso ni ocioso, como lo hacen muchos misioneros de la cristiandad.
Los misioneros graduados de Galaad han iniciado la proclamación del Reino en todas partes de la Tierra. En 1943 el número de ministros y predicadores activos en anunciar las buenas nuevas, fuera de los Estados Unidos, fue de 53.839. Para 1970 el número había aumentado a 1.094.510. Verdaderamente es tal como dijo Jesús: “La sabiduría queda probada justa por sus obras.”—Mat. 11:19.
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¿DESEA USTED LA VERDAD?
Hay personas que no quieren que se les diga la verdad porque ésta no va de acuerdo con sus opiniones más preciadas. Prefieren creer falsedades. Jesucristo halló esta situación en el primer siglo cuando habló la verdad de Dios a la gente de su día. Algunos la recibieron gustosamente, pero otros lo tuvieron por enemigo porque les dijo la verdad. Había muchos líderes religiosos en particular que no la querían. A éstos Jesús les dijo: “Pero ahora procuran matarme, un hombre que les ha dicho la verdad.” (Juan 8:40) ¿Está usted dispuesto a recibir la verdad? Si lo está, deseará leer el libro La verdad que lleva a vida eterna. El hecho de que muchas personas quieren la verdad lo demuestra la demanda fenomenal de este libro de 192 páginas con cubierta dura. Más de 35 millones de ejemplares se han impreso en 67 idiomas desde que se presentó al público por primera vez en 1968. Este libro de tamaño de bolsillo puede obtenerse por solo 25 centavos de dólar.
ESTUDIOS DE “LA ATALAYA” PARA LAS SEMANAS
13 de junio: “Adoramos lo que conocemos.” Página 293. Cánticos que se usarán: 76, 102.
20 de junio: La necesidad de conocer lo que adoramos. Página 301. Cánticos que se usarán: 20, 22.
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