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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1971
w71 1/11 págs. 643-644

Disputa del domingo de Ramos en Francia

“¡CRISTO es Dios y no una imagen!” La voz amplificada hizo eco en torno de los arcos góticos de la catedral de Notre Dame en París, ahogando momentáneamente la lectura de la “Epístola.” Unos dos mil católicos presentes apenas se habían recobrado de su sorpresa cuando oyeron que se cantaba el Credo de los Apóstoles en latín. El poderoso órgano ahogó rápidamente este canto de protesta. Ante eso, los manifestantes se fueron y la misa continuó.

Se efectuaron manifestaciones semejantes en otras iglesias de París en las misas que se celebraron durante ese fin de semana del domingo de Ramos, el 4 de abril de 1971. ¡Los manifestantes no eran protestantes, ni ateos, sino católicos tradicionalistas! Pero, ¿a qué se debió la protesta?

Tuvo que ver con la lectura de la “Epístola” en el idioma vernáculo, en francés. Como cualquier católico practicante sabe, la “Epístola” que se lee durante la misa el domingo de Ramos es Filipenses 2:5-11. En el leccionario francés de 1959 Filipenses 2:6 leía así: “Siendo de posición divina, Cristo no se aferró codiciosamente al rango que lo hacía igual a Dios.” Pero en 1969, los obispos de habla francesa autorizaron la publicación de un nuevo leccionario que fue aprobado por la Santa Sede en Roma el 16 de septiembre de 1969. En éste se vertió Filipenses 2:6 como sigue: “Cristo Jesús es la imagen de Dios; pero no optó por apoderarse por fuerza de la igualdad con Dios.”

Un famoso docto católico francés, Andre Feuillet, escribió: “Esta versión . . . suscitó crítica mordaz en todas partes. ¿No propendía a hacer que los fieles creyeran que Cristo no es Dios en el sentido más estricto de la palabra?” (Esprit et Vie, 17 de diciembre de 1970) ¡Ah, ahí estaba el problema!

Se ejerció presión sobre la jerarquía francesa, que consintió en revisar esta segunda traducción de Filipenses 2:6. Sin embargo, cuando se dio a saber que esta tercera traducción de Filipenses 2:6 no era más trinitaria que la segunda y que se leería en voz alta en todas las iglesias el domingo de Ramos, el 4 de abril de 1971, los católicos tradicionalistas reaccionaron violentamente.

La revista mensual católica Itinéraires publicó un suplemento especial con fecha de enero de 1971. Refiriéndose a la segunda traducción de Filipenses 2:6, Itinéraires declaró: “Si él [Cristo] rehusó apoderarse de ella [la igualdad con Dios], tiene que ser que no la poseía ya.” Y, comentando sobre la tercera traducción, esta revista dijo que si Cristo “no optó por decir que era lo mismo que Dios,” esto da a entender que él no era “lo mismo que Dios.” Con esto concuerda la New American Bible, una edición católica de 1970, que dice: “No consideró la igualdad con Dios algo para esforzarse por agarrar.” Según el punto de vista de Itinéraires, “el efecto práctico de esta sustitución equivale a herejía y blasfemia.” La revista estimuló a sus lectores a manifestar su desaprobación durante las misas que se celebraran el domingo de Ramos, invitándolos a esperar la lectura de la “Epístola” y luego gritar “¡Blasfemia!”, “Jesucristo mismísimo Dios y mismísimo hombre,” o a cantar el Credo de los Apóstoles.

A pesar de estas amenazas, el episcopado francés sostuvo su tercera traducción de Filipenses 2:6. Le Monde (21-22 de marzo de 1971) comentó: “Esta traducción . . . fue aceptada por el entero cuerpo de obispos de habla francesa. El Concilio Permanente del Episcopado Francés, que acaba de reunirse en París, la ha ratificado; así subsistirá.” Sin embargo, para evitar alborotos durante la misa del domingo de Ramos, varios obispos permitieron que sacerdotes de sus diócesis usaran la traducción de 1959. A pesar de esta concesión, hubo manifestaciones en catedrales de París y también de Lyon.

EL DILEMA DE LOS OBISPOS FRANCESES

¡Extraño como parezca, estos manifestantes tradicionalistas trataban de ser mejores católicos que los obispos y cardenales de habla francesa! Como buenos católicos creen en la doctrina de la Trinidad, que enseña que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales dentro de la Deidad. Se disgustaron intensamente por una traducción aprobada por la jerarquía de Filipenses 2:6 que muestra que Cristo jamás dijo que era “lo mismo que Dios.” Tenían razón al decir que esta traducción niega que Cristo es Dios. Pero el punto que pasan por alto es que Cristo mismo lo negó, pues llamó a su Padre el “solo Dios verdadero.” (Juan 17:3, Torres Amat) Él no enseñó una doctrina de la Trinidad.

La pregunta intrigante es: ¿Por qué será que el clero superior de habla francesa se sintió obligado a autorizar una traducción que tan obviamente niega una de las doctrinas básicas del catolicismo? Pero eso no es todo. ¿No es raro, de paso, que estos prelados consideraran necesario el que se hiciera una traducción nueva de este pasaje? ¿Qué hay de todas las Biblias católicas que debidamente llevan el nihil obstat y el imprimátur? ¿Qué hay de la Biblia de Jerusalén, la Biblia de Crampon, la Biblia de Liénart, la Biblia de Maredsous, la Biblia de Glaire, el Nuevo Testamento de Osty, la Biblia de Saci y todavía otras, todas ellas traducciones católicas francesas reconocidas oficialmente? ¿Por qué hacer una nueva traducción cuando todas estas Biblias hacen que este pasaje lea como si Cristo fuese igual a Dios, como lo hacen las traducciones católicas españolas, la Biblia Torres Amat y la más reciente Biblia de Jerusalén?

Sirve para aclarar este misterio la siguiente observación impresa en Le Monde (6 de abril de 1971): “Los doctos responsables de este cambio —un cambio ratificado por la mayoría de los obispos franceses— consideran la traducción nueva más fiel al texto griego que la anterior [las bastardillas corren de nuestra cuenta].”

De modo que ahora los cardenales, arzobispos y obispos católicos de habla francesa se encuentran en un dilema. O se retractan, retirando su nueva traducción de Filipenses 2:6, en cual caso se mostrarán más devotos a la doctrina de la Trinidad que a la exactitud de la traducción de la Biblia, o retienen su nueva traducción oficial de este pasaje importante, a costa de admitir que las Biblias católicas francesas (sin mencionar las de otros idiomas) han traducido mal este texto dándole un sesgo trinitario.

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