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  • “Tus pecados te son perdonados”
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1971
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1971
w71 1/5 págs. 267-268

“Tus pecados te son perdonados”

Un artículo especialmente preparado para que los padres lo lean con sus hijos

TÚ TE sientes bien cuando haces lo que es bueno, ¿verdad? Sabes que eso es algo que les gusta a tu papá y a tu mamá, y también a Jehová Dios. Pero sin importar cuánto tratemos de hacer lo bueno, a veces hacemos lo que no es bueno, ¿verdad? Cuando hacemos lo que Dios dice que no es bueno, eso es pecar.

El Gran Maestro, Jesucristo, mostró que el pecado tiene un efecto malo en todos nosotros. Mostró esto cuando hizo una de sus maravillas o milagros. Voy a contarte de ello.

Jesús estaba quedándose en un pueblo cerca del mar de Galilea. Muchísima gente vino a verlo allí. Tantas personas vinieron que no había más sitio para que otros entraran en la casa. Nadie más podía siquiera acercarse a la puerta.

Pero seguía viniendo más gente. Unas personas trajeron a un hombre muy enfermo. Estaba paralítico. Se necesitaban cuatro hombres para llevarlo en una camita o camilla, porque no podía andar.

¿Sabes por qué querían llevar este enfermo a Jesús? Tenían fe en que Jesús podía ayudarlo. Creían que Jesús podía sanarlo de aquella enfermedad.

Pero, con todas aquellas personas dentro de la casa, ¿cómo podrían hacer que el paralítico llegara a Jesús? Aquellos hombres encontraron la manera de hacerlo. Se subieron al techo de la casa. Era un techo plano. Entonces hicieron un hoyo grande en él. Entonces bajaron al enfermo en su camilla por aquel hoyo y así vino a estar en la habitación de abajo. ¡Qué fe tenían!

Toda la gente que estaba en la casa se sorprendió cuando vio lo que estaba pasando. El paralítico acostado en su camilla vino bajando hasta quedar en medio de ellos. ¿Se enojó Jesús por lo que habían hecho aquellos hombres? ¡De ninguna manera! A él le gustó ver la fe de ellos. Le dijo al paralítico: “Tus pecados te son perdonados.”

A algunas de aquellas personas no les pareció correcto que Jesús dijera eso. No les parecía que él pudiera perdonar pecados. Por eso, para mostrar que realmente podía hacerlo, Jesús le dijo al hombre: “Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa.”

Cuando Jesús dijo eso, ¡el hombre sanó! Ya no estaba paralítico. Ahora no necesitaba que otras personas lo llevaran de un lado a otro. Pudo levantarse él mismo y caminar.

La gente que vio este milagro quedó asombrada. Nunca antes en toda su vida habían visto nada tan maravilloso como aquello. Alabaron a Jehová por haberles dado este Gran Maestro que hasta podía sanar a la gente de la enfermedad.—Mar. 2:1-12.

¿Qué aprendemos de este milagro? Aprendemos que Jesús tenía el poder de perdonar pecados y curar a los enfermos. Pero también aprendemos algo más. Aprendemos que la gente cae enferma debido al pecado.

¿Has estado enfermo alguna vez? Puesto que todos podemos caer enfermos, ¿quiere decir esto que todos somos pecadores? Sí, la Biblia dice que todos nacemos en pecado.

¿Sabes lo que significa nacer en pecado? Significa que todos nacemos imperfectos. Todos a veces hacemos cosas que no son buenas aunque no queremos. Somos así porque el primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva, no obedecieron a Dios. Ellos pecaron cuando violaron la ley de Dios. Y de Adán es que todos nosotros recibimos el pecado.

¿Sabes cómo recibimos de él nuestro pecado? Voy a tratar de explicártelo de manera que lo puedas entender. Quizás tú hayas hecho tortas de barro en una cacerolita. ¿Qué les sucederá a las tortas de barro si le hundes una parte a la cacerolita? ¿Sabes? Esa misma marca aparecerá en todas las tortas de barro que hagas en esa cacerolita, ¿verdad?

Adán era como esa cacerolita. Se hizo imperfecto cuando violó la ley de Dios. Fue como si hubiese recibido una hundición o una marca mala. Por eso, cuando él tuviera hijos, ¿cómo serían éstos? Todos sus hijos recibirían esta misma marca de imperfección.

La mayoría de los hijos no nacen con alguna imperfección grande que se pueda ver. No les falta un brazo ni tienen un hoyo en un lado. Pero la imperfección que tienen basta para hacer que enfermen y, con el tiempo, mueran.

Es verdad que algunas personas caen enfermas más veces que otras. ¿A qué se debe eso? ¿Será que nacen con más pecado?

No, todos nacemos con la misma clase de pecado. Todos nacemos imperfectos. De modo que todos podemos tener alguna clase de enfermedad tarde o temprano. Hasta gente que trata de obedecer todas las leyes de Dios y no hace nada que de veras sea malo puede caer enferma.

Entonces, ¿por qué será que algunas personas enferman más que otras? Hay muchas razones. Quizás sea porque no tienen suficiente alimento que comer. O quizás no coman alimento de la clase correcta. Puede ser que coman demasiado pastel y dulces.

También puede ser porque se acuestan muy tarde en la noche y no duermen suficiente. O quizás no se abriguen bien antes de salir al frío. Así que puede haber muchas razones por las cuales algunas personas caen enfermas más veces que otras.

¿Habrá un tiempo en que no haya más enfermedades? ¿Nos libraremos alguna vez del pecado? Bueno, ¿qué hizo Jesús a favor del paralítico? Le perdonó sus pecados, y lo sanó. Así Jesús mostró lo que va a hacer de manera completa a favor de todos los que se esfuerzan por hacer lo bueno.

Si mostramos que no nos gusta el pecado, que odiamos lo que es malo, él nos sanará. Nos quitará la imperfección que tenemos ahora. Él hará esto a favor de nosotros pronto por medio del reino de Dios.

El pecado no será quitado de nosotros de repente. Será quitado según vaya pasando el tiempo. Entonces, cuando al fin haya desaparecido nuestro pecado, nunca volveremos a estar enfermos. Todos tendremos salud perfecta. ¡Qué bendición será eso!

‘Dos hombres eran deudores a cierto prestamista; el uno le debía diez veces más que el otro. Cuando no tuvieron ellos con qué pagar, él sin reserva perdonó a ambos. Por lo tanto, ¿cuál de ellos le amará más?’ preguntó Jesús. La respuesta: ‘Aquel a quien sin reserva le perdonó más.’—Luc. 7:41-43.

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