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“La verdad los libertará”La Atalaya 1971 | 1 de abril
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Testifica de la realidad de esto la siguiente experiencia que se informa desde Venezuela. Allí una señora alegaba que tenía poder para comunicarse con los muertos y predecir muchas cosas de las vidas de sus amistades, y que hasta hacía que las ‘voces’ de los parientes muertos hablaran por medio de ella. Sin embargo, cuando las ‘voces’ le dijeron que se divorciara de su esposo, le dio curiosidad por conocer la fuente de su poder. Por consiguiente, cuando los testigos de Jehová la visitaron, le dijeron franca y claramente el origen de su poder y que aquello era condenado en la Biblia. (Hech. 16:16; Lev. 19:31) Después de solo unas cuantas semanas de estudio bíblico, había conseguido libertad de la influencia demoníaca, una libertad que resultó en bendiciones para toda su familia.
En los Estados Unidos, en Montana, la Palabra de Dios ha libertado del demonismo a una señora de linaje indio. La familia de esta señora ahondaba en el demonismo y ella padecía de muchos problemas raros de salud. Había ‘voces’ que también le decían que se matara. Después de estudiar la Biblia con los Testigos, se le ayudó a librarse de objetos relacionados con la adoración falsa. Se deshizo de una imagen de un “dios del trueno” que llevaba alrededor del cuello, y de otros artículos. Después de eso su salud mejoró inmediatamente. Libertada del demonismo, ella dice ahora que Jehová es más fuerte que sus dioses anteriores.
Por nuestra consideración de esas experiencias relatadas, no puede haber duda alguna de que la verdad bíblica puede quitar de la mente la carga de ideas y prácticas religiosas erróneas. Pero, ¿qué puede decirse de su efecto en la conducta de la gente? ¿Qué puede efectuar en cuanto a la personalidad? ¿Hasta dónde exactamente trasciende la libertad que Jesús indicó que podía dar la verdad? Se le invita a considerar las respuestas a estas preguntas en el artículo que sigue.
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La Palabra libertadora de Dios obrando entre los creyentesLa Atalaya 1971 | 1 de abril
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La Palabra libertadora de Dios obrando entre los creyentes
A DIFERENCIA de muchas personas que viven en una sociedad más materialista, que rechazan todas las cosas espirituales, muchos latinos humildes respetan la Palabra de Dios, la Santa Biblia. Creen que hay cierto mérito o bendición en simplemente tener el Libro de los Libros en el hogar. Sin embargo, hay muchos que no comprenden que de nada sirve tener la Biblia a menos que se familiaricen con su contenido y a menos que esa Palabra llegue a ser una fuerza para lo bueno en su vida. ¿Quién es el que compra un periódico solo para ponerlo en el anaquel sin leerlo? Entonces, ¿por qué hacerlo con la Biblia, que es infinitamente más valiosa debido a la verdad dadora de libertad que contiene?
No, no basta con simplemente aceptar la Biblia como libro sagrado. Hay que ponerla a obrar en el creyente, o aplicársela, para que lo liberte. Eso es lo que significó aceptar la Palabra de Dios para los que creyeron en el primer siglo, de quienes el apóstol Pablo escribió: “Cuando ustedes recibieron la palabra de Dios, que oyeron de parte de nosotros, la aceptaron, no como palabra de hombres, sino, como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios, la cual también está obrando en ustedes los creyentes.”—1 Tes. 2:13.
El que aceptaran la Palabra de Dios significaba más que recibirla en sus hogares y considerarla como escritura santa. También significaba que recibían su mensaje de verdad en mentes y corazones dispuestos a aceptar lo que ésta enseñaba. Es por eso que tuvo un efecto libertador en ellos, un efecto que resultó en pensamientos y acciones cambiados, sí, en personalidades transformadas.
¿Se puede decir que muchos latinoamericanos están aceptando la Palabra de Dios de la misma manera que la aceptaron aquellos cristianos primitivos de quienes el apóstol Pablo habló elogiosamente? ¡El registro contesta resonantemente que Sí! Consideremos cómo ellos y otros están haciendo que la Palabra libertadora de Dios obre en su vida.
Escapando de la inmoralidad sexual
Aunque algunos círculos religiosos excusan la inmoralidad sexual, Jesús dijo que la fornicación y el adulterio eran “cosas que contaminan al hombre.” (Mat. 15:19, 20) Y el apóstol Pedro dijo con relación a los cristianos que ellos se habían “escapado de las contaminaciones del mundo por un conocimiento exacto del Señor.”—2 Ped. 2:20.
A pesar del hecho de que Dios condena francamente toda la inmoralidad sexual, es muy común en la América latina católica el que un hombre y una mujer vivan juntos consensualmente, en fornicación o adulterio. Y la prostitución es tan común que, según Occidente, diario de Cali, Colombia, muchachas de ocho a quince años de edad están sirviendo de prostitutas en esa ciudad.
Como consecuencia de esa vida inmoral, nacen niños que no se desean en hogares ya atestados y azotados por la pobreza, y a una edad tierna un sinnúmero de miles de niños se lanzan a las calles, donde llevan una vida de vagancia y crimen. Como método para el control de la natalidad, muchas personas recurren el infanticidio por aborto provocado.
Pero, ¿qué sucede cuando se hace que la Palabra de Dios obre en la vida de esas personas? Bueno, de Panamá llega la noticia de un señor que comenzó a estudiar la Biblia y subsecuentemente dejó de emborracharse, de jugar por dinero, de fumar y de golpear a su compañera, la madre de sus cuatro hijas. Deseoso de cumplir con las normas justas de Dios, quiso casarse con ella. Ella accedió; se casaron, y aquella misma semana él recibió su ordenación de ministro cristiano.
O considere el efecto que la verdad tuvo en una católica devota cuya casa de huéspedes se usaba para prostitución en Honduras. Al recibir consejo bíblico, inmediatamente limpió su casa y rehusó alojar a cualquier persona que quisiera usar su casa con propósitos inmorales. Ahora familias respetables frecuentan su casa de huéspedes y ella puede servir a Jehová de manera aceptable como testigo de él.
Venciendo el deseo del juego
“¡Lotería para hoy!” ¡Qué común es ese grito en las calles de las ciudades latinoamericanas! Por supuesto, el hombre que quiere jugar por dinero no tiene que circunscribirse a las loterías. También puede apostar en juegos de baraja, juegos de fútbol, carreras de caballos y de perros y peleas de gallos. Aunque quizás no tenga suficiente dinero para pagar el alquiler o comprar alimento, ropa o medicamentos para su familia, cede a la tentación de jugar por dinero.
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