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    La Atalaya 1971 | 15 de noviembre
    • La fuerza de una canción

      La canción puede disipar la tristeza,

      Elevar alabanza a Jehová;

      Quitar cargas del día, que pesan,

      Y con Dios ayudarnos a andar.

      Sí, las canciones tienen fuerza, poder. Algunas tienen poder para lo bueno y algunas tienen poder para lo malo. ¿Qué clase de canciones canta usted?

      Nunca antes ha oído esta tierra tanto cantar de canciones como hoy. No solo por individuos mismos —con acompañamiento instrumental o sin él— sino también por medio de fonógrafos automáticos tragamonedas, radio y televisión, y por grabación en discos y cintas. Y en particular la producción de canciones populares es un negocio de muchos millones de dólares. Hay rock barroco, rock folklórico, rock fuerte, jazz, blues y muchas otras clases de música y canciones populares.

      En tiempos pasados el tema religioso desempeñaba un papel dominante en las canciones que cantaba la gente. De hecho, los musicólogos nos dicen que el que Alemania sea una nación tan musical se debe en gran parte a la insistencia de Martín Lutero en que todos los miembros de las congregaciones participaran en cantar alabanza a Dios. Y el papel prominente que desempeñaba la música religiosa en la vida de los primeros colonizadores de Estados Unidos se ve en el mismísimo título de una historia de la música en los Estados Unidos: From Jehovah to Jazz (Desde Jehová hasta el jazz).

      Parece que hoy existe una leve tendencia hacia los temas religiosos en la música popular, pero es irreverente, como se puede ver por el más ambicioso álbum que les da prominencia: “Jesucristo, Superestrella.” Y también leemos del “Nuevo rock: Agridulce y bajo.” Sin embargo, en lo que toca a la corriente principal de la música popular todavía es oportuno este consejo de un escritor de Times Magazine de Nueva York: ‘Padres, si quieren saber lo que sus muchachos piensan en cuanto a la guerra, las drogas y el sexo, escuchen las canciones que cantan.’

      ¿QUÉ CLASE DE CANCIONES?

      La juventud es impaciente, carece de la sabiduría que a menudo viene con el conocimiento y los años de experiencia. Quiere probar todo, y quiere hacerlo ahora. Los compositores y cantantes populares dan a los jóvenes lo que quieren, o lo que les parece que quieren, a saber: sexo, drogas y rebelión.

      El amor romántico siempre ha sido uno de los temas dominantes de las canciones, pero, ¿pueden llamarse románticas las canciones de ‘amor’ de hoy que animan a conducta relajada? Hay canciones con palabras como “Pasemos juntos la noche.” “Te abrazará hasta que sientas su enfermedad.” “Esta noche soy tuya.”

      Cantantes modernos han hecho muy populares las drogas. Así, en octubre de 1970 a ejecutivos de la radio reunidos en la Casa Blanca de los EE. UU. en una conferencia sobre el abuso de las drogas se les dijo que escucharan las palabras de algunas de las canciones que se cantan por sus propias estaciones. Entre las palabras que pudieran haber oído estaban: “Soy un straightshooter, si me entiendes.” El straightshooter hace referencia a la inyección de drogas. “Una píldora te agrandó, una píldora te encogió, pero la de tu mamá para nada te sirvió.” Hay canciones que hablan acerca de hacer un “viaje” y usan otro lenguaje que los padres confiados no reconocerían que tienen que ver con drogas. Así, Lucy Sublime con Diamantes” se refiere al LSD.

      Otro tema con un mal efecto que atrae mucho a los jóvenes hoy es el de la rebelión. Hacen de los padres y la policía objetos de ridículo y los desafían con escarnio. Los jóvenes cantan: “¡Queremos el mundo y lo queremos AHORA!” “Somos las fuerzas del caos y la anarquía.”

      EL BLANCO... EL CORAZÓN

      Una canción tiene poder, porque excita tanto la mente como el corazón. Envuelve tanto el intelecto como la emoción. ¿Cómo pueden esas canciones, con música que concierta, tener un efecto que no sea malo en los jóvenes que las cantan vez tras vez? Cuando repetidas veces alimentan su mente de esos temas, ¿puede inclinarse su corazón en otra dirección? ¿Y no es verdad que el corazón produce el impulso que resulta en acciones? Como dijo Jesucristo: “Del corazón salen razonamientos inicuos, asesinatos, adulterios, fornicaciones.” Y como mostró uno de sus discípulos: “Cada uno es probado por medio de ser provocado y atraído seductoramente por su propio deseo. Luego el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado.” Cuando alguien canta vez tras vez, y con sentimiento, palabras que expresan un deseo vehemente de lo que es inmoral, ¿no está cultivando y haciendo fértil en su propio corazón el deseo de esas cosas?—Mat. 15:19; Sant. 1:14, 15.

      No podemos evitarlo. La Palabra de Dios es veraz: “Cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará.” Lejos de ‘tratar severamente el cuerpo’ para mantenerlo controlado, que es lo que dijo el apóstol Pablo que él tenía que hacer, el cantar esas canciones alimenta las tendencias bajas, y hace todavía más difícil hacer lo correcto. (Gál. 6:7; 1 Cor. 9:27) El cantar canciones populares de esa índole, debido a la influencia que tienen en la mente y el corazón, hace que la persona se ‘amolde a este sistema de cosas,’ la mismísima cosa que se les manda a los cristianos que no hagan.—Rom. 12:2.

      HAY UNA ALTERNATIVA

      No es caso de que no haya otras canciones disponibles. Las hay. Simplemente es caso de tener que ejercer buen juicio selectivo, tal como debe hacerse tocante a lo que uno come y lo que lee. Hay muchísimas canciones bonitas que expresan sentimientos nobles, idealistas, en el campo de la música folklórica, normal y semiclásica de las que pueden disfrutar todos.

      Nótese también que las canciones publicadas por la sociedad Watchtower en su cancionero “Cantando y acompañándose con música en su corazón,” son verdaderamente hermosas, de gran variedad y emocionalmente satisfacientes así como espiritualmente edificantes. Son una fuerza para lo bueno, porque al cantarlas uno está obedeciendo al mismo tiempo el mandato de ‘continuar considerando cuantas cosas sean verdaderas, justas, castas, amables y virtuosas.’—Fili. 4:8.

      Tal como los padres tienen la obligación de encargarse de que sus hijos se alimenten apropiadamente, y reciban guía moral en armonía con la Palabra de Dios, así también tienen la obligación de salvaguardar a sus hijos contra el cantar canciones o tocar música cuyas palabras, disposición y espíritu chocan con los principios bíblicos. Al tomar en serio este asunto, al hacer algo acerca de ello, los padres se ahorrarán muchas congojas y pesar y salvaguardarán los intereses y bienestar espirituales de sus hijos.—1 Tim. 4:16.

  • ¿Recuerda usted?
    La Atalaya 1971 | 15 de noviembre
    • ¿Recuerda usted?

      ¿Ha leído usted cuidadosamente los números recientes de La Atalaya? En tal caso, debería reconocer los siguientes puntos de importancia.

      ● ¿Quién es “el Agente Principal de la vida”?

      Jesucristo.—Pág. 47.a

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