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    La Atalaya 1953 | 1 de agosto
    • tenerlos. Asuntos maritales privados no les atañen a los entremetidos.”—La Atalaya del 15 de julio de 1951, página 447.

      ● En esta sección de La Atalaya del 15 de marzo de 1953, se declaró: “El cónyuge fiel no discutiría religión con el apóstata o expulsado y no lo acompañaría a su lugar de asociación religiosa ni participaría en las reuniones con el tal.” ¿Quiere decir eso que si el hombre de la casa es expulsado, pero asiste a las reuniones en el Salón del Reino, los miembros fieles de la familia no pueden viajar con él en el automóvil de la familia cuando él sale para el salón?—0. G., Kansas.

      No, ése no era el punto que La Atalaya estaba exponiendo. Dijo que los miembros de la familia ‘no lo acompañarían a su lugar de asociación religiosa ni participarían en las reuniones con el tal’. Puesto que el expulsado ya no es un participante en las reuniones en el Salón del Reino, y puesto que ya no es su lugar legítimo de asociación religiosa, habiendo sido desconectado de la asociación por expulsión, y asiste al Salón del Reino ahora no por invitación o bienvenida sino por su intrusión no deseada, La Atalaya no se estaba refiriendo a venir a las reuniones del Salón del Reino cuando habló de no acompañarle a su lugar de asociación religiosa. Quiso decir que el fiel no acompañaría al expulsado a otro grupo religioso con el cual el expulsado pudiera asociarse y en cuyas reuniones pudiera participar. Está bien que los miembros fieles de la familia viajen con el expulsado en un automóvil con rumbo al Salón del Reino, pero al llegar al salón los fieles no deben sentarse o asociarse con el expulsado, sino volver a unirse a él sólo cuando salgan para casa.

  • El sacerdote suizo no pudo intimidar al testigo
    La Atalaya 1953 | 1 de agosto
    • El sacerdote suizo no pudo intimidar al testigo

      EN PRIMER lugar, el testigo de Jehová llegó sin darse cuenta a la casa de un sacerdote. Inmediatamente este clérigo se puso a interrogarlo como si fuera un fiscal.

      Dijo el sacerdote: “¿Quién lo manda de casa en casa?”

      El predicador precursor contestó: “¡Seguramente usted sabe que Cristo es quien envía a sus discípulos a predicar el Reino!”

      “¿Tiene usted permiso de alguna clase?” preguntó entonces el sacerdote.

      “¡Oh sí,” respondió el testigo, “el mismo que Jesús dió a sus discípulos para predicar su reino hasta los últimos confines de la tierra!”

      Al oír esto el sacerdote emprendió otro plan de ataque. “Bien,” dijo él, “¿reconoce usted a la Jerarquía?”

      “¿Cuál jerarquía?” preguntó el testigo en respuesta.

      “La Jerarquía católica, por supuesto,” dijo el sacerdote.

      En respuesta el testigo de Jehová declaró: “La Biblia nos enseña que la iglesia está edificada por Cristo como su cabeza y piedra angular de fundamento y con él sus doce apóstoles. No se registra nada acerca de alguna otra jerarquía.”

      Con confianza y presunción el clérigo siguió, diciendo: “Naturalmente usted no conoce las Escrituras. ¿No le dijo Jesucristo a Pedro: ‘Sobre esta piedra edificaré mi iglesia’? En consecuencia, el papa es el sucesor del apóstol Pedro y sólo la Jerarquía católica está autorizada para predicar.”

      Pero el testigo no dejó que lo desconcertara esta manera de razonar, pues rápidamente le replicó: “Estas palabras se dijeron en la lengua aramea o siríaca. En ese idioma quieren decir que la piedra de la cual Jesús habló era una referencia a Jesús mismo y no a Pedro. Además, Pedro corrobora este hecho él mismo en su primera carta, en el versículo 4 del capítulo 2, donde muestra que Jesús es la piedra. Pero, ¿no fué el emperador Constantino, del cuarto siglo después de Cristo, quien pretendió ser el sucesor de Pedro?”

      El sacerdote, sintiéndose abochornado para este tiempo, volvió a cambiar su plan de ataque: “¿Tiene usted un permiso para ir de puerta en puerta? Voy a telefonearle al presidente municipal.”

      “Pues, entonces,” dijo el testigo, “usted estará portándose exactamente como los guías religiosos que se dirigieron a Pilato para denunciar a Jesús.”

      Una semana después este ministro precursor volvió a la misma aldea y la mayoría de la gente le informó que el sacerdote le había advertido que tuviera cuidado con él. Pero otras personas, ansiosas por aprender, aceptaron literatura, y ya se están haciendo libres por medio de un conocimiento de la verdad. Cinco predicadores regulares del Reino han salido de entre la gente de esta aldea para participar en la obra de dar el testimonio.

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