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¡Despertad! 1974
g74 22/4 págs. 22-25

Usted puede sobrevivir el venidero choque

EL MUNDO se está dirigiendo aceleradamente a un choque... un choque que pronto arruinará por completo el actual orden mundial. Sin embargo habrá sobrevivientes de ese choque, y éstos reanudarán su vida en un nuevo orden mundial.

¿Vendrá el arruinamiento como resultado de una guerra nuclear total, o de un desastre ecológico global, o de un desplome financiero internacional? No, ninguno de los actuales peligros serán la causa de esta destrucción. Esto lo dio a saber con seguridad la única fuente que predijo con exactitud el derrotero actual de los acontecimientos mundiales, a saber, la Biblia, la inspirada Palabra de Dios.

Las condiciones que ésta pronostica están aquí, afectándonos, amenazándonos, diariamente haciéndose más complejas y turbulentas. Seguramente, pues, no debemos cerrar los ojos a lo que esa Palabra profética nos muestra que depara el futuro inmediato.

Según la Biblia el venidero choque será un encuentro entre gobiernos... pero no sencillamente otra guerra entre naciones. El encuentro viene a causa de la cuestión de la dominación mundial. Los contendientes son, por un lado, todos los gobiernos humanos de toda la Tierra y, por el otro, el propio gobierno de Dios, su prometido reino por su Hijo, Cristo Jesús. Acerca de ese gobierno y de nuestro tiempo, el profeta inspirado hace mucho escribió:

“En los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.”—Dan. 2:44.

Pero, ¿por qué tiene que venir semejante encuentro? ¿Por qué debe resultar en la completa ruina de todo el orden mundial actual? ¿Qué vendrá después?

Por qué es inevitable el choque

La situación se parece mucho a la de un hombre que tiene una hermosa parcela. Él permite que otras personas residan en esa parcela, gratis, y hasta les suministra muchas de sus necesidades básicas, permitiéndoles hacer uso de todas las cosas que produce la parcela para su beneficio. Sin embargo, apropiadamente espera de ellos que usen la parcela de una manera decente, no para propósitos criminales o inmorales; que la mantengan limpia y que trabajen para su mejoramiento. Sí, al haber aceptado su generosidad, él apropiadamente espera que ellos agradecidamente tengan los intereses de él en la mente y el corazón.

¿Qué pasa, entonces, si esas personas constantemente convierten la parcela en un verdadero basurero, se enfrascan en luchas encarnizadas y violencias sangrientas, junto con conducta relajada? Y, cuando el propietario envía a sus representantes para instarlos a corregir su derrotero, ¿qué pasa si maltratan a esos portavoces, aun matando a algunos de ellos? ¿Debe el propietario permitir que continúen usando su parcela? O, ¿debería desalojarlos, a la fuerza si fuera necesario? Si él permitiera que continuaran, ¿no compartiría la responsabilidad por la conducta corrupta de ellos? ¿Podría mantener la buena reputación de su nombre delante de otros y podría merecer el respeto de ellos si no tomara acción?

Esta es la situación que existe en la actualidad. Al ver la Tierra desde las desoladas regiones de la Luna, los astronautas la describieron como una hermosa “joya en el espacio.” Todo lo que el hombre ha podido aprender acerca del universo testifica que este planeta es único... los científicos describen correctamente sus maravillosos sistemas y condiciones de vida como “milagrosos.” La Tierra obviamente tiene un Creador y un Dueño, y la Biblia lo identifica como Jehová Dios, “el Hacedor del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que en ellos hay, Aquel que observa apego a la verdad hasta tiempo indefinido.”—Sal. 146:5, 6.

Hasta ahora debido a la tolerancia de Dios, los hombres imperfectos han dominado esta Tierra según su propia voluntad por la mayor parte de 6.000 años. Dios les ha permitido llegar hasta el límite en sus esfuerzos por llevar a cabo sus maquinaciones y satisfacer sus ambiciones. ¿Qué muestra ahora el registro que han edificado?

Muestra que los hombres han abusado crasamente de esta Tierra y han pasado por alto o rechazado voluntariamente la voluntad de Dios con respecto a ella. Es cierto, muchos han orado: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.” Sin embargo los hechos muestran que la humanidad en general ha tomado, no solo un derrotero de independencia hacia Dios, sino uno de desafío hacia él y hacia sus propósitos anunciados para la Tierra. Pero, ¿cómo puede ser eso cuando tantos millones de personas por toda la Tierra practican la adoración religiosa?

Base para el desahucio

Las palabras del inspirado apóstol Pablo describen bien la situación al decir: “Declaran públicamente que conocen a Dios, pero por sus obras lo repudian.”—Tito 1:16.

Sí, la evidencia muestra que mucha de la religión del mundo ha sido hipócrita. Una enorme cantidad de sangre mancha la tierra y mucha de esa sangre ha sido derramada en el nombre de la religión. La violencia y crueldad de las varias Cruzadas, la Guerra de los Treinta Años, y la Inquisición española son hechos de la historia. Tal como es histórico el apoyo religioso que se les dio a las naciones que participaron en la I y II Guerra Mundial... instando los clérigos a sus ejércitos nacionales en lados opuestos a ir al frente en mutua matanza asegurándoles el favor de Dios. Como declara un artículo en la revista católica St. Anthony Messenger de mayo de 1973:

“Las iglesias cristianas frecuentemente causan la impresión de que bendecirán cualquier guerra o aventura que los líderes del estado decidan iniciar.”

El promedio de matanzas del siglo veinte y los millones de muertos han impulsado a los directores de una revista británica a decir que esta matanza constituye ‘una acusación al mismo derecho de nuestra propia especie a ocupar este sector del universo.’ Sí, la destrucción brutal que los hombres han efectuado en su lucha por el poder político y comercial ha causado gran oprobio al Dueño celestial de esta Tierra. Esa es razón suficiente para que él los barra de ella.

Sin embargo el mundo continúa con la mayor carrera de armamentos, inventando armas para efectuar aun más asesinatos en masa y destrucción de la propiedad. Lo que el profeta Isaías escribió del pueblo apóstata de Israel aplica con la misma fuerza hoy a la humanidad en general:

“Sus pensamientos son pensamientos perjudiciales; despojo violento y quebranto se hallan en sus calzadas. Al camino de la paz no le han hecho caso, y no hay justicia en sus senderos trillados. Sus veredas las han torcido ellos para sí. Nadie en absoluto que pise en ellas realmente conocerá la paz.”—Isa. 59:7, 8.

Lenta pero inexorablemente este mundo está convirtiendo a este planeta en un vasto basurero. Mientras fue secretario general de las Naciones Unidas, U Thant fue impulsado a advertir que la contaminación en todo el mundo había llegado al punto en el que, a menos que se dieran pasos inmediatamente para corregir la situación, “estará en duda la misma capacidad del planeta para sostener la vida humana.” Sin embargo la codicia por las riquezas hace que los hombres y las naciones continúen contaminando lagos, ríos y océanos, envenenando el suelo y ensuciando el aire... muy parecido a un arrendatario que no tiene ni el menor interés en proteger la propiedad del dueño de la tierra. Por lo tanto, Jehová Dios ha declarado su determinación de “causar la ruina de los que están arruinando la tierra.”—Rev. 11:18.

A pesar del anuncio que se ha hecho del gobierno de la propia selección de Dios para administrar los asuntos de la Tierra, los hombres han persistido obstinadamente en sus esfuerzos de gobernar la Tierra independientemente de Dios. Han puesto a prueba todos los tipos imaginables de gobierno. Los gobernantes han sido cambiados vez tras vez; los ciudadanos repetidamente han reemplazado a un grupo de hombres en el poder por otro grupo. Sin embargo la mayoría reconoce que sus problemas no han sido solucionados sino, en cambio, se han empeorado. Y la gente reconoce generalmente que los gobiernos políticos frecuentemente han abundado en corrupción, falta de honradez y opresión. Fue de hecho el ex-presidente de los Estados Unidos Harry Truman quien escribió que para salir bien como gobernante un hombre, “no puede vivir conforme al Sermón del Monte” sino que “tiene que ser un Maquiavelo, un Luis XI de Francia, César, Borgia . . . un mentiroso, traicionero, un héroe y no sé que más a fin de tener buen éxito.”

Sin embargo la mayoría de la población del mundo presta oídos sordos a los que les están proclamando las buenas nuevas del prometido reino de Dios o, peor, maltratan o hasta persiguen a estos proclamadores del Reino. Al mismo tiempo, los líderes mundiales, religiosos, políticos y otros, sostienen y profetizan cosas brillantes para el mundo en el futuro. Y, aunque toda la evidencia muestra que estas predicciones son pura falsedad, la gente “así lo ha amado.” (Jer. 5:31; también Isa. 30:9-11) Puesto que han escogido este derrotero y caprichosamente se apegan a él, Dios no tiene otra alternativa que la de ‘traer sobre la propia cabeza de ellos sus caminos.’—Eze. 9:9, 10.

Sí, el gobierno humano de la Tierra independiente de Dios ha resultado ser un fracaso miserable. Las palabras de Jesús concerniente a los guías religiosos de su día aplican bien a los caudillos mundiales de nuestro tiempo: “Déjenlos. Guías ciegos es lo que son. Si, pues, un ciego guía a un ciego, ambos caerán en un hoyo.” (Mat. 15:14) Su abuso de la Tierra resultará en un choque de frente con el único gobierno que puede cumplir con la voluntad de Dios para esta Tierra, su reino por su Hijo.

El choque es seguro porque Dios nunca abandonará sus principios justos a fin de evitar este encuentro violento. Ese choque hará añicos a todo este sistema mundial, como fue predicho hace mucho en la profecía de Daniel 2:34, 35, 44, 45. Entonces el propio gobierno de Dios se hará cargo de la dirección de todos los asuntos de la Tierra para el beneficio duradero de todos los que vivan entonces.

¿Cómo puede uno sobrevivir a ese venidero choque? Solo por medio de ponerse ahora leal y firmemente de parte de ese gobierno justo. Usted mostrará que realmente lo quiere por medio de orarle a Dios: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra.”—Matt. 6:10.

Entonces le aplicarán las palabras del salmista: “Mil caerán a tu lado mismo y diez mil a tu diestra; a ti no se acercará. Solo con tus ojos seguirás mirando y verás la retribución misma de los inicuos. Porque tú dijiste: ‘Jehová es mi refugio,’ has hecho al Altísimo mismo tu morada; no te acaecerá ninguna calamidad.”—Sal. 91:7-10.

Considere ahora la emocionante oportunidad que se hará accesible a toda la humanidad obediente en ese venidero nuevo orden.

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