Robinson Crusoe... la realidad y la ficción
Robinson Crusoe es una de las novelas más populares de todos los tiempos. Fue escrita por Daniel Defoe, inglés del siglo XVII, y la historia que relata, que trata de un náufrago que se vale de su propio ingenio para sobrevivir en una isla desierta, ha sido muy leída en muchos diferentes idiomas. Por supuesto, la historia misma no es más que ficción. Pero ¿sabía usted que hoy día existe una isla que se llama Robinson Crusoe y que Daniel Defoe basó su famosa historia en las aventuras de un hombre de la vida real que vivió en esa isla? Investiguemos un poco más el asunto.
A UNOS 640 kilómetros (400 millas) del puerto chileno de Valparaíso hay un archipiélago que se llama Juan Fernández. El archipiélago se compone de tres puntitos en el inmenso océano Pacífico: la isla de Santa Clara; la isla de Más Afuera, o Alejandro Selkirk, y la isla de Más a Tierra, o Robinson Crusoe. En éstas abundan las focas, los leones marinos, los peces, y las langostas de Juan Fernández.
Descubrimiento inesperado
¿Cómo pudo alguien dar con estas islitas en un océano tan inmenso? Un timonel español las descubrió alrededor de 1563, las cuales se llaman Juan Fernández en honor a él. Trabajaba en una ruta de embarques entre el Callao, Perú, y Valparaíso, Chile. El viaje hacia el sur tomaba generalmente entre tres y seis meses, lo cual se debía en parte a los vientos contrarios y a la poderosa corriente del Perú, o de Humboldt, que bordea, de sur a norte, las costas de Chile y del Perú. Los barcos, que luchaban tanto contra los vientos como contra la implacable corriente, solían avanzar poco a poco hacia el sur, y todas las noches echaban el ancla donde era posible.
Parece que, de algún modo, Juan Fernández supuso que existía esa corriente y se alejó a cierta distancia de la costa para evitarla. Así redujo la travesía a solo 30 días y, como recompensa, descubrió las islas. No obstante, se le acusó de brujo y se le amenazó con que su caso sería llevado ante la Inquisición Católica de Lima. Para defenderse, puso a la disposición de los acusadores su diario de navegación. El asunto se aclaró, y su secreto quedó revelado.
De modo que el archipiélago pasó a la historia. En el siglo XVII, llegó a ser centro de operaciones de piratas como Henry Morgan y Barthome Sharp, a quienes les pareció una base ideal para emprender incursiones hasta lugares tan distantes como La Serena, Chile, y Guayaquil, Ecuador.
Robinson Crusoe pasa a la historia
Pero ¿qué hay de Robinson Crusoe? Bueno, un escocés llamado Alejandro Selkirk estaba a bordo de un barco que hizo escala en la isla de Más a Tierra en 1704. Se dice que él había soñado que iba a naufragar y que también había peleado con el capitán. Por consiguiente, Selkirk pidió que lo dejaran en tierra. Sus aventuras sirvieron de inspiración para la novela Robinson Crusoe, escrita por Defoe.
Al principio Selkirk sintió profunda soledad y leyó la Biblia para consolarse. Pronto el problema de supervivencia exigió que él usara todo su ingenio. Inventó una serie de utensilios que le hicieran la vida más llevadera, y algunos de ellos todavía se conservan en Edinburgo, Escocia. Se dice que la sombrilla ha sido uno de sus inventos. Según se informa, hizo la primera sombrilla de la piel de una leona marina.
Después de haber pasado más de cuatro años en soledad, llegaron a la isla dos barcos ingleses, al mando del capitán Woodes Rogers, y Selkirk subió a bordo y regresó a Inglaterra. No obstante, parece que echaba de menos la tranquilidad de su isla del Pacífico, y se informa que dijo: “¡Oh, mi amada isla! ¡Quisiera nunca haberte dejado!”. Es poco probable que hubiera dicho esas palabras si hubiera podido prever los desenvolvimientos futuros.
Los tiempos han cambiado
En 1750, debido a la importancia estratégica de las islas, los españoles trataron de establecer allí una colonia permanente. Con el tiempo se estableció allí una colonia penal. Los prisioneros que habían cometido atrocidades como el asesinato eran confinados a un fuerte. Los que la Inquisición Católica de Quito, Lima o Santiago hallaba culpables de blasfemia u otros “delitos respecto a la fe” sufrían trato inhumano y eran mantenidos en cautiverio en cuevas infestadas de ratas.
¿Y qué hay de la isla hoy día? La colonia penal ya no existe. El archipiélago está escasamente poblado, es un lugar tranquilo y se le hace publicidad como lugar turístico. En 1979 un testigo de Jehová, anciano de una congregación de Valparaíso, tuvo que hacer un viaje a la isla de Robinson Crusoe en relación con su trabajo seglar. Preguntó al guía acerca de las religiones que había allí y se enteró de que el sacerdote católico iba solo de vez en cuando y que el ministro protestante se había ido para siempre. “Eso a mí no me afecta —dijo el guía—. Soy testigo de Jehová.” ¡Qué sorpresa para el anciano que pensaba que iba a un territorio virgen!
El anciano se enteró de que un grupito estudiaba la Biblia con una señora con quien los testigos de Jehová se habían puesto en comunicación anteriormente en Santiago. Varios meses después, cuando el anciano visitó la isla la segunda vez, tres personas del grupo se bautizaron. Actualmente, varios Testigos predican con denuedo a los 450 habitantes de las islas.
Así que la paz ha regresado a la isla donde hace tanto tiempo Alejandro Selkirk halló refugio. Junto con sus otras dos islas hermanas, han ocupado su lugar entre las “muchas islas” que se regocijan de oír que Jehová ha llegado a ser Rey. (Salmo 97:1.)
[Mapas/Ilustración en la página 27]
(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)
Islas de Juan Fernández
Isla de Alejandro Selkirk
Isla de Robinson Crusoe
Isla de Santa Clara
[Reconocimiento]
De: ROBINSON CRUSOE, ilustrado por Milo Winter, © de Rand McNally & Compañía