Los jóvenes preguntan...
¿Por qué se van casando todos menos yo?
“Me gustaría casarme. Entonces sería feliz.”—Cheryl.a
ES MUY natural querer casarse. Dios implantó en el hombre y la mujer la atracción entre los sexos, e instituyó el matrimonio como unión permanente de la pareja. (Génesis 1:27, 28; 2:21-24.)
Por eso se comprende que, si todavía no te has casado, quizás te sientas algo desanimado, o hasta excluido, especialmente si muchos de tus amigos ya han dado ese paso. La insistencia de amigos bienintencionados puede dificultarte aún más la situación. “Tengo 24 años, estoy soltera y no salgo con ningún chico —dice Tina—. Parece que a todo el mundo le preocupa tanto que no esté casada que estoy empezando a sentirme acomplejada. Hacen que me vea como una solterona o como si el problema estribara en mí.”
Para algunas personas la soltería es como un muro, una barrera infranqueable que las separa de la felicidad. A su modo de ver, cada año que pasa es como si se colocara una nueva hilera de ladrillos sobre ese muro. Los jóvenes pueden empezar a pensar que son poco atractivos o hasta indeseables. Una joven italiana llamada Rosanna confiesa: “Muchas veces me siento sola e inútil; parece que no tengo posibilidades de casarme”. Estos sentimientos no son privativos de las mujeres. Frank, por ejemplo, empezó a pensar que todos sus amigos se convertían en personas más interesantes y desenvueltas cuando se casaban, y se preguntaba si el matrimonio produciría esos mismos efectos en él.
¿Razonas tú de la misma manera? Si estás soltero, ¿te preguntas a veces si el problema estriba en ti, o si estás condenado a continuar soltero toda la vida?
Falacias y verdades sobre el matrimonio
En primer lugar, examinemos la creencia generalizada de que el matrimonio abre automáticamente la puerta a la felicidad. Es cierto que el matrimonio puede contribuir a la felicidad de una persona, y muchas veces lo hace. Sin embargo, el simple hecho de estar casado no hace feliz a nadie. Hasta el mejor de los matrimonios conlleva cierto grado de “tribulación en la carne”. (1 Corintios 7:28.) La felicidad marital solo se consigue con sacrificio y esfuerzo continuos. Cabe señalar que el hombre más grande de todos los tiempos, Jesucristo, fue soltero. ¿Diría alguien que él se sintió desgraciado? ¡De ninguna manera! Su gozo provenía de hacer la voluntad de Jehová. (Juan 4:34.)
Otra falacia es que el matrimonio constituye un remedio garantizado contra la soledad. ¡Ni mucho menos! Un cristiano casado se lamentó diciendo: “Mi esposa nunca ha confiado en mí ni ha tenido una conversación significativa conmigo, ¡nunca!”. Algunas esposas cristianas también se han quejado de que su esposo no se comunica con ellas o de que parece más interesado en su trabajo o en sus amigos que en ellas. Desgraciadamente, hay muchas personas casadas que se sienten solas.
Luego están los que ven el matrimonio como una vía de escape para sus problemas familiares. Una joven casada dice: “Creo que mis padres deberían haberme dado la oportunidad de madurar. Pero no me dejaban tener novio ni salir [...]. Si ellos me hubieran dado una oportunidad, creo que no me habría casado a los 16 años. Así que quise demostrarles [que ya no era una niña]”.
Tal vez te parezca que la vida que llevas en casa es demasiado restrictiva. Sin embargo, el matrimonio conlleva responsabilidades que pueden limitar mucho tu libertad. Medita en lo que implica tener un empleo, pagar cuentas, efectuar reparaciones en la casa y en el auto, cocinar, limpiar, lavar ropa, y, quizás, ¡hasta criar hijos! (Proverbios 31:10-31; Efesios 6:4; 1 Timoteo 5:8.) Encararse a estas responsabilidades de la vida adulta crea un trauma psicológico a muchos jóvenes.
También hay quienes creen que el matrimonio les hará ganar aceptación. Pero el simple hecho de que estés casado no garantiza que otras personas hayan de desear tu compañía, o la de tu cónyuge. La gente te querrá por tu bondad, generosidad y altruismo, prescindiendo de que estés casado o soltero. (Proverbios 11:25.) Y aunque al ser una pareja resulte más fácil encajar con otros matrimonios, el marido y la mujer deben recordar que son “una sola carne”. (Génesis 2:24.) Lo más importante para ellos debe ser llevarse bien el uno con el otro, no con sus amistades.
¿Estás preparado para el matrimonio?
Aunque veas razonables estos argumentos, es normal que a veces te sientas desanimado. Un antiguo proverbio dice: “La expectación pospuesta enferma el corazón”. (Proverbios 13:12.) Un joven soltero llamado Tony, por ejemplo, empezó a desesperarse y llegó a estar dispuesto a casarse con cualquiera. Una joven llamada Sandra se desanimaba cada vez que oía de algún nuevo idilio, y se preguntaba cuándo le llegaría su turno.
Antes de permitir que el abatimiento se apodere de ti, pregúntate: ‘¿Estoy realmente preparado para el matrimonio?’. Francamente, si aún estás en los años de la adolescencia, es muy posible que la respuesta sea un categórico no. En Estados Unidos, la mayoría de los matrimonios entre adolescentes fracasan antes de cinco años.b Es cierto que algunos jóvenes son excepcionalmente maduros para su edad y pueden tener éxito en su matrimonio. Pero eso no significa necesariamente que tú debas casarte. ¿Has pensado bien si estás preparado para asumir las responsabilidades que conlleva el matrimonio?
Un autoexamen honrado pudiera decirte mucho. Por ejemplo, ¿eres maduro y formal? ¿Sabes ahorrar dinero, o te lo gastas tan pronto llega a tus manos? ¿Eres puntual en el pago de tus cuentas? ¿Puedes conservar un empleo estable o administrar una casa? ¿Te llevas bien con los que te rodean, como por ejemplo tus compañeros de trabajo o tus padres, o estás siempre riñendo con ellos? Si siempre estás riñendo, te será muy difícil llevarte bien con tu cónyuge.
En el caso de que todavía seas adolescente, posiblemente descubras que necesitas unos cuantos años más de experiencia a fin de alcanzar la madurez y la estabilidad que se requieren para ser un buen marido o una buena esposa. Reconocer este hecho puede ayudarte a reajustar tus expectativas y ver el matrimonio como una posibilidad futura. Puede ayudarte a estar más ‘resuelto en tu corazón’ a continuar soltero, al menos por el presente. (1 Corintios 7:37.)
La debida preparación
Ahora bien, ¿y si ya no estás en “la flor de la juventud” y te consideras preparado para casarte? Para una mujer puede ser desalentador ver que no hay muchos hombres casaderos, y para un hombre, recibir una negativa cada vez que expresa su interés por una mujer. Pero, ¿significa esto necesariamente que tu presencia y trato sean indeseables? En absoluto. El rey Salomón no consiguió atraer a una muchacha de la que se había enamorado, aunque era uno de los hombres más ricos y sabios de toda la historia. ¿En qué radicaba el problema? En que la joven no se había enamorado de él. (Cantar de los Cantares 2:7.) Es probable que tu caso sea similar. Quizás todavía no has encontrado a la persona realmente compatible contigo.
¿Te parece que no eres lo bastante agraciado como para atraer a alguien? Hay que reconocer que la belleza tiene sus ventajas, pero no lo es todo. Si piensas en los matrimonios que conoces, ¿verdad que entre ellos hay personas de diferentes alturas, formas y grados de atractivo? Además, las personas que verdaderamente son temerosas de Dios se interesarán más que nada en cómo eres, en “la persona secreta del corazón”. (1 Pedro 3:4.)
Por supuesto, no debes descuidar tu apariencia física; es muy razonable que procures tener la mejor apariencia posible. Si te vistes y arreglas de manera desaliñada, la gente podría formarse una idea equivocada de ti.c También, el que no sepas conversar o los defectos de tu personalidad pueden alejar a las personas de ti antes de que lleguen a conocerte. Un amigo maduro, o tus propios padres, pueden decirte si necesitas hacer algún cambio en estos aspectos. La verdad quizás duela, pero aceptarla tal vez te ayude a cambiar y hacerte más atractivo. (Proverbios 27:6.)
De todas formas, tu valía como persona no la determina el que estés casado o no. Lo que realmente cuenta es cómo te ve Dios, y él “ve lo que es el corazón”. (1 Samuel 16:7.) Por lo tanto, tu principal interés no debe ser casarte, sino ganar la aprobación de Jehová. Procura que el tema del matrimonio no domine tus pensamientos ni tu conversación. Selecciona bien tus compañías, la música y el entretenimiento.
Es verdad que el deseo de casarte quizás no desaparezca, pero no desesperes. Ten paciencia. (Eclesiastés 7:8.) En lugar de ver tu soltería como una maldición, aprovéchate de la libertad que esta te ofrece y de las oportunidades que te presenta para servir a Dios sin distracción. (1 Corintios 7:33-35, 38.) Es posible que al debido tiempo, tal vez antes de lo que imaginas, se te presente la oportunidad de casarte.
[Notas a pie de página]
a Se han cambiado algunos nombres.
b Repasa el artículo “Los jóvenes preguntan... ¿Saldrá adelante mi matrimonio aunque haya sido prematuro?”, que apareció en el número del 22 de abril de 1995.
c Si deseas sugerencias específicas al respecto, consulta los capítulos 10 y 11 del libro Lo que los jóvenes preguntan. Respuestas prácticas, editado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc.
[Fotografía en la página 26]
Es fácil sentirse excluido cuando los amigos se van casando