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¡Despertad! 1971
g71 8/2 págs. 9-12

Haciendo llegar su carta a su destino

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Suiza

SU CARTA está cerrada en su sobre, usted le pega una estampilla postal y la deposita en el buzón más cercano para el correo de salida. No piensa más en el asunto. Usted confía en que su mensaje llegará a la persona cuyo nombre aparece en el sobre.

Pero, ¿por qué tal seguridad? ¿Ha considerado alguna vez la organización que se requiere para llevar su carta y otros millones más desde un punto a otro de la Tierra, a veces cruzando miles de kilómetros? ¿Cómo puede una diminuta estampilla postal, que solo cuesta unas cuantas monedas, quizás solo una, desempeñar hazaña tan notable... llevar su mensaje quizás hasta los mismísimos cabos de la Tierra? ¿Y quién obtiene el dinero que representa la estampilla, puesto que la carta bien puede viajar por varios diferentes países para llegar a su destino?

Quizás le gustaría saber la respuesta a estas preguntas, así como otras como: ¿Cómo llegó a existir el presente sistema postal internacional? ¿Qué pasos se están dando para mejorar y ensanchar su utilidad a la humanidad?

Las primeras etapas

La historia primitiva habla de sistemas de correos entre los persas, los romanos y los incas de la América del Sur, organizados con el único propósito de comunicación gubernamental. Entonces no había ninguna provisión para el ciudadano común. Y además, muy pocos ciudadanos podían leer y escribir para aprovecharse de aquellos medios de comunicación.

Algunos factores que obraron juntos para producir un ascenso repentino en la demanda de comunicación fueron: el descubrimiento del hemisferio occidental, con su consecuente diseminación de población; el advenimiento de la imprenta; y el gran ensanchamiento de oportunidades para la educación. Para satisfacer esta demanda, Franz von Taxis introdujo un servicio postal internacional en el siglo dieciséis. Operaba entre un número limitado de estados europeos. Este intercambio de correo era gobernado por acuerdos internacionales... no por un convenio general, sino más bien por un número de tratados bilaterales.

La era de los vapores y los ferrocarriles trajo transportación a bajo costo del correo privado, y estimuló mucho el crecimiento de comunicación por carta. Las administraciones postales se dieron cuenta de que era necesario estandarizar sus métodos y cobros y simplificar las formalidades envueltas. La introducción del “porte de un penique” en la Gran Bretaña en 1840 y la creación de la estampilla postal por Rowland Hill fueron pasos dados en la dirección correcta.

¿Verdad que es raro pensar que hasta a mediados del siglo diecinueve el correo estadounidense operaba sin el beneficio de las estampillas postales o los sobres como los conocemos? La carta simplemente se doblaba de manera segura y la dirección se le escribía en la parte exterior. Por lo general el último doblez se pegaba con cera para sellar. El pago por enviarla por correo se hacía en la oficina de correos, y la cantidad que se cobraba se indicaba con un sello en la parte exterior de la carta.

Otro paso hacia adelante se dio en 1863, cuando, a iniciativa de Montgomery Blair, director general de correos de los Estados Unidos, quince países europeos y americanos hicieron que sus representantes se reunieran en París con la mira de ensanchar el alcance de los arreglos postales internacionales.

Fundación de la Unión Postal

Ahora la mayor necesidad era de un convenio o acuerdo internacional general. Un funcionario de alto rango de la administración postal de la Confederación de Alemania Septentrional redactó el bosquejo de una unión postal de ese tipo con poderes plenipotenciarios. A invitación de Suiza, se convocó una conferencia en Berna en 1874. Delegados de veintidós estados rápidamente llegaron a un acuerdo que desde entonces ha sido conocido como el Tratado de Berna.

Así nació la Unión Postal General, que entró en vigor el 1 de julio de 1875. La entrada de muchos nuevos estados miembros sugirió un nombre más apropiado, que se adoptó tres años después, a saber: Unión Postal Universal.

El vigésimo quinto aniversario de la fundación de la Unión se conmemoró debidamente en Suiza por la erección de un monumento imponente... un globo terráqueo elevado sobre granito cortado toscamente y figuras refinadas, en representación de la comunicación internacional, circundando el globo terráqueo y pasándose cartas de mano en mano. Millares de personas visitan ese lugar cada año.

Por unos setenta años la admisión de nuevos miembros a la Unión fue por declaración unilateral, pero en el Congreso de París de 1947 se enmendó esta estipulación. Después de ese año el gobierno suizo habría de procesar las solicitudes, y entonces se presentarían a los miembros. Se requería por lo menos una aprobación de dos tercios antes de que pudiera admitirse al solicitante. El Congreso de Viena de 1964 estipuló que cualquier miembro de las Naciones Unidas podía entrar en la Unión simplemente por declaración formal al gobierno suizo, y sin necesidad del voto de aprobación de dos tercios.

Principios generales

La simplicidad de las reglas de la Unión ha contribuido en sumo grado a hacer que la organización funcione sin asperezas. Como una organización de servicio público en rápido crecimiento, tiene miras altruistas, y a pesar de cataclismos políticos y conflicto internacional, se las arregla para seguir funcionando con éxito considerable.

El Acta básica de la Unión es la Constitución que manifiesta las miras y dicta reglas precisas intituladas “Disposiciones reglamentarias generales.” En relación con estas reglas, se permite alguna elasticidad en la práctica en cada país miembro.

Se considera que los países miembros forman “un solo territorio postal para el intercambio recíproco de artículos postales-cartas” y tienen “libertad de tránsito garantizada dentro del territorio de la Unión.”

Los cargos que han de cobrar los países miembros han sido estandarizados, y el compartimiento del cargo entre el país de origen del correo y el país de su destino ha sido abolido. En consecuencia, desde 1875 el país de origen ha retenido el cargo total impuesto por él, y el país de destino ya no ha sido remunerado por distribuir los artículos postales.

Este principio se basa en la suposición de que una carta invita a una respuesta, equilibrando así las cuentas del correo total. Es una norma generosa y práctica, que lleva a simplificación y economía para todos los países miembros.

Pero las condiciones se han alterado considerablemente desde 1874, cuando uno podía hablar apropiadamente de “intercambio recíproco.” El creciente volumen de “correo AO,” es decir, artículos del correo además de cartas, tarjetas postales, cartas aéreas y paquetes cartas, llevó a algunos países a sugerir una revisión al tiempo del Congreso de Tokio de 1969. El resultado fue una nueva estipulación, a saber, que cualquier país miembro cuyo peso de correo AO entrante excediera a su correo AO saliente recibiría una compensación “de 50 céntimos oro por kilogramo” por la diferencia. Esto entra en vigor el 1 de julio de 1971.

La Constitución de la Unión estipuló un Consejo Ejecutivo, para una asamblea o congreso de sus miembros cada cinco años, y para una junta internacional.

Cómo funciona la Unión

El Congreso es la autoridad suprema de la Unión, y tiene deberes que en gran parte son legislativos. En principio se reúne cada cinco años. Coopera estrechamente con el Consejo Ejecutivo y se encarga de asuntos como el de revisar las Actas de la Unión cuando los desenvolvimientos justifican esos cambios. Se han celebrado hasta la fecha dieciséis Congresos ordinarios, y han introducido muchas comodidades para el público, entre ellas la venta de giros postales, porte gratuito para la literatura de los ciegos, etc.

El acuerdo sobre las suscripciones postales a periódicos y publicaciones periódicas, que se concluyó en Viena allá en 1891, es de interés especial para los lectores de esta revista. Como la Unión misma, la organización internacional que publica ¡Despertad! también tiene unos cien años de edad. Más de seis millones de ejemplares en veintiséis idiomas se envían por correo cada dos semanas a casi 200 países e islas del mar. Multiplique esa cantidad por los miles de revistas y periódicos que maneja diariamente la unión postal, y usted comenzará a comprender el trabajo vital que desempeña.

La Junta Internacional, que se mantiene en Berna, Suiza, reúne información y distribuye información y consejo a cualquier administración que los desee. También es responsable del desarrollo de la ayuda técnica postal, y hasta se le puede pedir que sirva de árbitro. Los miembros de la Unión comparten los gastos de su mantenimiento. Recientemente se ha mudado a un edificio nuevo y más grande en un suburbio de Berna.

El Consejo Ejecutivo, un cuerpo permanente, se compone de treinta y un países miembros. Su responsabilidad es asegurar la continuidad de las actividades de la Unión de un Congreso a otro. Obra estrechamente en conjunción con la Junta Internacional.

La Confederación Suiza funciona como Autoridad Supervisora, teniendo facultades relacionadas con las actividades financieras, la organización y la administración de la Junta Internacional. También es el depositario oficial de las Actas de la Unión, y tiene ciertas facultades legales en cuanto al número de miembros.

Trabajo del Congreso

Para mantenerse al día con la escena mundial, que cambia velozmente, cada Congreso de la Unión Postal tiene un programa extremadamente pesado. El Congreso XV, que se celebró en Viena en 1964, por ejemplo, tuvo 140 sesiones. Sus 500 delegados examinaron y votaron en cuanto a 1.160 proposiciones.

El Congreso XVI, que se reunió en Tokio en 1969, fue el primero que se celebró en Asia. Hubo 523 delegados, representando a 132 de las 142 naciones miembros. Escuchó y votó en cuanto a centenares de proposiciones. Sus decisiones tendrán efectos importantes en las 550.000 oficinas postales alrededor del mundo, y en las 4.500.000 personas empleadas para manejar los más de 250.000 millones de artículos postales por año para tránsito nacional y extranjero.

Entre a una oficina postal moderna y observe el gran número de servicios disponibles al ciudadano común. Se pueden comprar giros postales ya sea para destino nacional o extranjero. Hay además arreglos para servicio de paquetes postales y pago contra entrega. También, uno puede registrar y asegurar cartas y paquetes para garantizar la entrega... un rasgo sumamente importante cuando el artículo que se envía por correo es valioso o urgente.

La mayoría de los centros urbanos grandes alrededor del mundo, y muchas poblaciones más pequeñas, disfrutan de por lo menos dos entregas de correo por día... entregas directamente en el hogar o lugar de negocio. Solo dentro de tiempos comparativamente recientes el transporte aéreo del correo ha ayudado a acelerar la entrega de cartas y paquetes pequeños a un grado fantástico. ¡Ahora uno puede recibir una carta enviada por correo en un punto a tres mil o cinco mil kilómetros de distancia en el transcurso de cuarenta y ocho horas a partir de cuando la envió por correo!

Por muchos años ya, los ferrocarriles han contribuido a la velocidad y eficacia de los correos. Vagones especiales permiten que se haga la clasificación del correo mientras el tren va aceleradamente, día y noche, a su destino en algún punto lejano. En algunas estaciones pequeñas que están junto a la vía el correo postal-cartas es arrojado sin que el tren se detenga. Más que eso, con la ayuda de una grúa ingeniosa el tren en movimiento puede recoger también bolsas de correo.

De modo que hay mucho más envuelto en la entrega de su carta de lo que uno puede ver en su oficina postal local. El recoger la correspondencia, el clasificarla y meterla en bolsas, y el enviar las bolsas de correo por rutas específicas para lograr velocidad de entrega, son solo asuntos rutinarios envueltos en la red mundial de las instalaciones postales. ¿Verdad que es notable el que uno pueda sentarse y escribir una carta a alguien al otro lado del planeta, con expectativa razonable de que su carta llegará al destinatario, aunque él o ella sea un prisionero de guerra o un internado civil? Y, hablando generalmente, su carta estará inviolada. Muy pocos países tienen el personal necesario para censurar la vasta cantidad de correo que fluye de día en día, o la inclinación de hacer eso.

En virtud de las operaciones de la Unión la mayoría de las personas pueden pagar las tarifas postales. Y aunque las limitaciones políticas y económicas impidan que se visite a algún pariente o amigo en una tierra lejana, la afectuosa correspondencia personal puede ayudar a sostener los vínculos de la familia o la amistad.

La velocidad y eficacia del correo de buena montura de Persia provocó la admiración de Herodoto, el historiador griego. Su expresión incluyó estas palabras, inscritas ahora sobre la entrada de la Oficina Postal General de la ciudad de Nueva York: “Ni la nieve ni la lluvia ni el calor ni la lobreguez de la noche impiden a estos correos completar velozmente sus recorridos señalados.” Aun mientras uno duerme, su correo va aceleradamente a su destino.

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