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¡Despertad! 1993
g93 8/4 págs. 16-19

Ni lluvia ni nieve ni avalanchas detienen el correo

“Mientras haya carteros, la vida tendrá encanto.” (William James, filósofo estadounidense [1842-1910])

CASI todo el mundo tiene alguna anécdota desagradable que contar sobre el servicio de correos. Una carta que llegó semanas o incluso meses después de lo que se esperaba, las tarifas postales que suben con demasiada rapidez o las exasperantes filas en la oficina de correos. En octubre de 1966 la catástrofe amenazó al sistema postal. Un portavoz del servicio postal de Estados Unidos dijo a ¡Despertad! que “la que entonces era la mayor oficina postal de Estados Unidos, en la encrucijada de Chicago, casi se cerró cuando se produjo un atasco de cartas y no pudo atender el correo”.

¿Qué se ha hecho para asegurar que no se detenga la circulación postal y que su carta llegue a su destino? ¿Puede usted contribuir de alguna forma a mejorar el servicio que recibe? ¿Han cambiado de modo significativo los métodos de reparto de cartas y su confiabilidad durante los siglos?

El antiguo servicio postal

Los primeros servicios postales organizados fueron para uso exclusivo del gobierno. Existieron sistemas de este tipo en la antigua China, Egipto, Asiria, Persia y Grecia. El sistema postal romano recibió el nombre de cursus publicus, cuyo significado literal es “vía pública”; sin embargo, era casi exclusivamente un servicio del gobierno. Es interesante que las cartas del escritor bíblico Pablo a las congregaciones de Éfeso y Colosas y a Filemón se enviaron por medios privados y no por el sistema postal del gobierno romano. (Efesios 6:21, 22; Colosenses 4:7-9; Filemón 21, 22.)

Si bien el transporte y el reparto de la correspondencia cambiaron muy poco hasta el siglo XIX, los criterios sobre el control o la eliminación de los servicios de correo privado empezaron a evolucionar antes. ¿Por qué? Las autoridades vieron la necesidad de ejercer control sobre las comunicaciones privadas. George A. Codding, Jr., en su libro The Universal Postal Union (La unión postal universal), da dos razones principales para convertir los servicios postales en monopolio gubernamental. La primera es que los ingresos obtenidos constituían “un método excelente para la subvención del servicio oficial”, y la segunda, que la seguridad de estos servicios contribuía al control de las comunicaciones de los enemigos del Estado.

Así, el Correo Real Francés empezó a encargarse de una parte del correo público en 1464. En 1635, Carlos I de Inglaterra abrió el Servicio de Correo Real al pueblo. Otros gobiernos hicieron lo mismo, y de esa forma monopolizaron el servicio postal y controlaron la comunicación del pueblo.

Gran Bretaña conformó el sistema americano primitivo, de la misma forma que el Imperio romano había extendido su red postal hasta Gran Bretaña. El sistema romano imitó en muchos aspectos al persa, un sistema de relevos de postas que se instituyó en el siglo VI a. E.C. Así, las características de muchos sistemas postales se remontan hasta la civilización persa.

El sistema postal americano de la época colonial comenzó a encargarse oficialmente del correo de ultramar en el año 1639, y del correo nacional, entre Boston y Nueva York, en 1673. A esa efímera ruta se la llamó Boston Post Road, y ahora forma parte de la autopista número 1 de Estados Unidos. A mediados del siglo XIX, el correo se transportaba en diligencia, barco de vapor y ferrocarril. Para el reparto del correo hasta San Francisco (California) desde la ciudad de Nueva York, se tardaba alrededor de un mes o más en barco y mucho más en diligencia.

El Pony Express

Para acelerar el reparto transcontinental en Estados Unidos, se necesitaba algo más que barcos o diligencias. ¿Qué se podría hacer? Se utilizó el secular método de los jinetes y los caballos de postas. La obra History of the U.S. Postal Service 1775-1984 (Historia del servicio postal de Estados Unidos de 1775 a 1984) reproduce anuncios aparecidos en los periódicos desde marzo de 1860:

“Se necesitan: jóvenes delgados y ágiles, no mayores de 18 años. Deben ser jinetes expertos que estén dispuestos a arriesgar la vida a diario. Se prefiere a huérfanos.”

Los contratados “tenían que jurar sobre la Biblia que no utilizarían lenguaje obsceno, no se meterían en peleas ni maltratarían a sus monturas, y que se comportarían con honradez”. Este fue el famoso servicio del Pony Express, que redujo el tiempo de reparto a diez días en la ruta de 3.200 kilómetros que separa St. Joseph (Misuri) de la costa occidental de Estados Unidos. Aquellos jóvenes jinetes corrían a toda velocidad entre 15 y 25 kilómetros, luego cambiaban los caballos sin dilación y de este modo cruzaban montañas, llanuras y ríos fueran cuales fuesen las condiciones climáticas. Mientras existió el servicio del Pony Express, como estos atrevidos correos tenían los caballos más veloces, consiguieron escapar de los indios y de los salteadores de caminos; solo uno de los jinetes fue asesinado.

La leyenda ha mitificado este intrépido servicio postal, que solo funcionó desde el 3 de abril de 1860 hasta el 26 de octubre de 1861. Desapareció al iniciarse el servicio de telégrafos transcontinental, dando por terminada así una de las etapas más pintorescas de la historia postal americana.

Métodos modernos

Enviemos una carta hoy y veamos qué proceso sigue. El tiempo de reparto puede variar dependiendo del tipo de servicio que se utilice.

Cuando terminamos las tareas del día, echamos al correo la correspondencia acumulada. Como la mayoría hacemos lo mismo, una inundación de cartas entra en el sistema postal a última hora del día. Por tanto, enviar el correo a primera hora del día nos da unas horas de ventaja y coloca las cartas al principio de la marea diaria. En 1991, el promedio de correo diario que circulaba en Estados Unidos fue de 454 millones de unidades, unos 13,3 millones en Nueva York; en Francia 71 millones, unos 5,5 millones en París; en Japón 62,5 millones, unos 17 millones en Tokio, y 60 millones en Gran Bretaña.

Las cartas que se depositan en un buzón de la calle o en una oficina de correos pequeña se llevan a una oficina de correos mayor. Su correo llegará primero si lo deposita justo antes de la hora de recogida y, si es posible, cerca de las oficinas principales.

En la oficina local de correos, su carta se coloca en una saca, y luego se envía en camión a una oficina postal llamada centro regional, donde se utiliza equipo de clasificación automática del correo. Aquí, gracias a ingeniosas máquinas, se da la vuelta a las cartas automáticamente a medida que pasan por cintas transportadoras que las entresacan, encaran, matasellan, seleccionan y apilan. Una de tales máquinas procesa 27.000 cartas a la hora para su marcado y matasellado.

El correo saliente se selecciona por la tarde y hasta bien entrada la noche. Las cartas con direcciones legibles —escritas a máquina o a mano, o impresas— se pueden seleccionar con una máquina. Máquinas más modernas descifran las dos líneas que contienen el código postal, la ciudad, el estado o provincia y la dirección de la calle.

Tales máquinas y los equipos relacionados pueden “leer” automáticamente direcciones e imprimir códigos especiales de correo sobre miles de cartas a la hora. El correo de primera clase que no se puede procesar automáticamente se clasifica a mano, a un promedio de 800 unidades por hora. Una dirección de fácil lectura, con el código postal (denominado ZIP en Estados Unidos) permite que se procese su carta con métodos más rápidos y eficientes.

El correo saliente se envía en avión o transporte terrestre. El correo de primera clase por lo general se envía de un día para otro a ciudades y centros regionales específicos, en dos días dentro del mismo estado y en tres días a cualquier otro lugar de Estados Unidos. En Gran Bretaña, el 90% del correo de primera clase debe entregarse al siguiente día laborable, y el 97,4% del correo de segunda, para el tercer día. Las encuestas postales francesas publicadas en mayo de 1992 muestran que el 81% de las cartas nacionales se repartían de un día para otro y que el 96,3% de los artículos postales se repartieron en dos días, con excepción de los domingos y festivos. Así, a última hora de la noche este correo saliente se convierte en entrante en las instalaciones de procesado de correo y posteriormente en la oficina postal de destino. Durante la noche y las primeras horas de la mañana, el correo entrante se clasifica para el reparto.

Los organismos que envían mucho correo, como la Sociedad Watchtower, preparan sus envíos de correo de forma que la oficina postal pueda recogerlas en las instalaciones del remitente. Correos lleva directamente esa correspondencia a los repartidores del correo en cualquier punto del país. Los servicios postales cada vez utilizan más medios de comunicación competitivos, como el correo electrónico (datos enviados por ordenador utilizando líneas de telecomunicación). El servicio postal francés repartió el año pasado 10 millones de unidades utilizando este método.

Aunque los procedimientos postales pueden variar según los países, la mayor parte del correo del mundo se trata de igual manera a la explicada en el caso del servicio postal de Estados Unidos, que maneja el 40% del volumen de correo mundial.

Otros servicios postales

Los sistemas postales hacen más que tramitar el correo. Una oficina postal de Estados Unidos le ayudará a obtener un pasaporte. Puede hacer operaciones bancarias en una oficina postal japonesa o en el Girobank británico (que fue anteriormente propiedad del servicio postal británico). Además, las mercancías que se envían por correo se pueden asegurar o registrar para cubrir su coste si sufren pérdidas o daños. Si tan solo se requiere prueba del envío o reparto de un paquete postal, resulta más barato certificarlo que registrarlo. En el servicio postal japonés se pueden contratar incluso seguros de vida.

A petición del cliente, algunos servicios postales, como el de Estados Unidos, suministrarán la información disponible sobre corrección de direcciones. Escriba: “Se solicita corrección de dirección” o “Devolver si no se encuentra al destinatario” justo debajo de la dirección a la que hay que enviarlo. Sin cargo adicional, el correo de primera clase se le devolverá con la nueva dirección (si tiene menos de un año de antigüedad) o indicando cualquier otra razón para que no se efectuara la entrega.

Por estos y otros servicios, el mundo depende en gran manera del sistema postal. El informe Evaluation of the United States Postal Service (Valoración del sistema postal de Estados Unidos) dice: “El servicio postal realiza un buen trabajo al encargarse de un volumen enorme de correspondencia, pero debería admitir aquellos problemas que no puede eliminar para que el público sepa qué es realista esperar de dichos servicios”. Si en Estados Unidos se retrasa tan solo el 5% de los casi 250 millones de unidades de correo de primera clase, supone más de doce millones de unidades al día, lo que resulta en muchas quejas por retraso en el reparto.

Las dificultades económicas han afectado a los sistemas postales. La subida de las tarifas, artículos dañados, el retraso del correo y la tecnología moderna han fomentado el incremento de la competitividad con los servicios controlados por el gobierno. Aunque los métodos innovadores han mejorado la tramitación del correo, las presiones que pesan sobre todas las instituciones hacen que estos sean tiempos críticos para los sistemas postales. El servicio postal de Estados Unidos tuvo un déficit de ingresos de aproximadamente 1.500 millones de dólares en 1991. Puede que sean necesarias medidas drásticas, como subidas importantes de las tarifas postales y reducción de personal, para continuar con el servicio actual.

De ser un pequeño flujo de agua en el pasado a una caudalosa corriente que se desborda en la actualidad, el correo sigue circulando a pesar de los problemas, satisfaciendo así una necesidad inherente de comunicación.—Contribuido por un empleado de correos.

[Fotografía en la página 17]

Hay máquinas que leen y clasifican automáticamente miles de cartas cada hora

[Reconocimiento]

Foto USPS

[Recuadro/Ilustración en la página 18]

Reparto del correo al estilo persa

El escenario es el antiguo Imperio persa. Los documentos escritos se prepararon con cuidado, se sellaron oficialmente y se enviaron mediante el servicio postal del gobierno. Se perderían muchas vidas si no se distribuían inmediatamente y ejecutaban las órdenes con prontitud. Pero ¿cómo se podía repartir el correo? La versión Nueva Reina Valera de 1990 comenta: “Envió las cartas por correos montados en caballos veloces, de las caballerizas del rey [...]. Los correos cabalgando en caballos veloces, salieron apresurados y constreñidos por orden del rey”.

Esos confiables jinetes de postas, que tenían caballos estacionados a intervalos de aproximadamente 23 kilómetros, fueron el medio escogido para distribuir el contradecreto del rey Asuero que salvaría a los judíos del genocidio en el siglo V a. E.C. El historiador Heródoto dijo de aquellos portadores de cartas: “Ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor del sol, ni las noches [los] detienen, para que dejen de hacer con toda brevedad el camino que les está señalado”. Este era el sistema de comunicaciones diario que atravesaba el Imperio persa.

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