Alimentación de infantes... ¿cuál es el mejor método?
EN MUCHOS países, las futuras madre se enfrentan a la siguiente pregunta: ¿Cómo voy a alimentar a mi bebé... dándole el pecho o el biberón?
Hace algunas generaciones esta pregunta rara vez surgía, si acaso surgía. Prácticamente todas las madres amamantaban a sus hijos. En realidad no había una alternativa segura. Si, por alguna razón, una madre no podía amamantar a su bebé, se buscaba a otra mujer que lo hiciera, a la que se llamaba ama de cría. En alguna zonas todavía se usan las amas de cría.
La tendencia moderna en la alimentación de infantes
Sin embargo, en países como los Estados Unidos ha habido un cambio rápido en el modo en que se alimenta a los niños. El dar a los bebés una fórmula preparada en un biberón ha llegado a ser el método preferido.
Por ejemplo, a principios de este siglo cerca del 100 por ciento de cualquier grupo de nuevas madres en los Estados Unidos amamantaban a sus bebés. Pero para 1946 el número de madres lactantes había disminuido a 38 por ciento. En 1956 el número disminuyó a 21 por ciento. Y en 1966, el último año para el cual hay buenas estadísticas disponibles, ¡el número de nuevas madres que amamantaban a sus hijos bajó a solo 18 por ciento! Actualmente en algunos lugares casi todas las madres les dan el biberón a sus bebés.
Según el número de mayo de 1973 del Saturday Review of the Sciences, en “los países pobres del mundo,” también, ha habido “una mengua dramática en la lactancia materna en años recientes.” En uno de esos países se calculó que se requiriría la leche de 32.000 vacas simplemente para compensar en cantidad por la leche que las madres ya no proveían para sus hijos.
Muchas personas que aún viven pueden recordar el advenimiento de la revolución en la alimentación infantil. Comentando sobre esto, Psychology Today, de junio de 1968, declaró: “Tan solo hace 25 años era aceptable el amamantar en la iglesia en la zona rural de Misisipí. Y hace 80 años en Indiana las mujeres de la clase social superior naturalmente llevaban sus bebés a reuniones sociales de las tardes para alimentarlos cuando fuera necesario.”
Pero hoy día muchas personas crecen sin jamás ver a una madre dar de mamar a su bebé. Aun si una madre nueva está interesada en amamantar, es posible que ignore cómo hacerlo.
Una razón principal del cambio en la alimentación de infantes es la actitud de los hospitales en la actualidad. Dice el Dr. Jean Mayer, profesor de alimentación en la Universidad de Harvard: “En los hospitales dominados por varones, oficialmente se desanima el amamantar. A no ser que la nueva madre claramente haya dado a entender su deseo de amamantar, se le da una inyección de estrógeno antes que siquiera se recupere de la anestesia para que se le ‘acabe la leche.’”
Esta preferencia de la profesión médica por la alimentación usando el biberón se debe principalmente a la conveniencia de cuidar de la madre y el bebé. El Newsweek del 12 de enero de 1970, informa: “Algunos tocólogos recomiendan activamente el dar el biberón porque las madres lactantes toman mucho del tiempo de ellos con las consultas continuas que siguen.” Además, las mejoras en las fórmulas de leche que se elaboran comercialmente han sido un factor en recomendar el dar el biberón. Se han logrado sabrosas mezclas digeribles de leche, agua y varios azúcares, las que, según se afirma, son buenos sustitutos de la leche materna.
Puesto que la alimentación con biberón es “moderna” y supuestamente “científica,” tal parece que algunas madres la ven como un símbolo de la condición social, y ven la lactancia como algo anticuado. El director de clínica de San Francisco, Dr. David E. Smith, señala: “Es casi imposible persuadir a una madre negra o mexicana-estadounidense a amamantar, debido a que lo consideran como una práctica de una clase social baja... es lo que hacen sus parientes pobres.”
Y es cierto, dar el biberón frecuentemente encaja mejor con el estilo de vida de la ciudad moderna. Una madre lactante debe estar disponible casi las 24 horas para alimentar a su hijo. Por otra parte, un niño a quien se le da el biberón, puede ser alimentado por otra persona, mientras que la madre se encarga de un trabajo seglar o sale para pasar una velada con sus amistades.
La actual popularidad de dar el biberón sugeriría que es mejor, o que por lo menos es tan bueno como dar el pecho. ¿Pero es cierto esto? ¿Cuál alimento es mejor para el pequeñito?
La Junta de la Casa Blanca sobre Alimento, Nutrición y Salud recientemente llegó a la siguiente conclusión: “La leche de pecho es el alimento perfecto para las necesidades alimenticias y de desarrollo del bebé. Es la manera más natural de alimentar a los bebés.”
De igual manera, Current Therapy 1970, un respetado volumen de medicina, declara: “Por varias razones ha sido bien establecido que dar el pecho es el método ideal de alimentar durante los primeros pocos meses de vida. El médico debería estimular esta práctica.” The Encyclopædia Britannica concuerda, diciendo: “El alimento ideal para el pequeñuelo es la leche humana. Suministra todos los nutrimentos en cantidades y variedad necesaria para el buen crecimiento y desarrollo.”
La leche materna está específicamente diseñada para los infantes. Así el Dr. I. Newton Kugelmass, al escribir para Current Therapy 1967, dijo: “La leche humana es ideal para el bebé, la leche de vaca para el ternero. No hay sustituto para la leche de pecho.” El famoso profesor emérito de la clínica Mayo, Dr. Walter Álvarez explica: “La leche de vaca no es apropiada para el aparato digestivo del niño, y por lo tanto hay que diluirla y convertirla en una ‘fórmula.’”
Sí, la leche humana es un alimento superior para los niños, y pocos médicos, si es que algunos, discutirían esa declaración. Pero, ¿es amamantar verdaderamente tan superior a dar el biberón, que debería ser estimulado?
No parece que algunos médicos piensen así. Evidentemente creen que las mejoras en la alimentación que usa el biberón durante las pasadas tres décadas la han hecho tan provechosa para el niño como la lactación. Dice el pediatra William E. Homan que cuando se siguen las instrucciones, “los bebés a quienes se da el biberón no son ni más ni menos sanos, física y emocionalmente que un grupo comparable de bebés lactantes.” ¿Es cierto esto?
Sin embargo, hay agudas diferencias de opinión. El Dr. David Reuben afirma: “Para la edad de veintiún años, es difícil reconocer la diferencia física entre el jugador de fútbol que fue criado con leche de vaca y el que fue amamantado por su madre.” Pero, ¿qué hay acerca de la salud de los niños antes de alcanzar la madurez?
Esta bien pudiera ser una historia diferente. Porque el Medical Tribune del 16 de agosto de 1972 llama la atención a “la repetida observación de que la mortalidad en los infantes lactantes es significantemente más baja que en los alimentados artificialmente.” Por lo tanto, es digno de notarse que el Dr. Paul Gyorgy, una de las principales autoridades del mundo en la alimentación de infantes, recientemente tildó de “criminal” a la moda de dar el biberón.
Expresando una opinión similar, el Dr. John S. Miller, jefe de obstetricia y ginecología, en el Hospital Francés, San Francisco, dijo recientemente: “No sé si amamantar volverá a ser el método preferido de alimentar a los bebés en los Estados Unidos. Lo que sí sé es que estamos empezando a saber el espantoso precio que estamos pagando al permitir que las industrias lácteas y de alimentos para bebés nos impongan la costumbre en cuanto a esto.”
¿Qué quiere decir este tocólogo? ¿Cuáles son los posibles peligros de dar el biberón que se evitan al dar el pecho?
Composición correcta de la leche humana
Como ya se mencionó, la leche humana está idealmente diseñada para los bebés humanos; la leche de vaca no lo está. Por ejemplo, la clase de proteínas que contienen las dos leches son diferentes. La leche humana se asimila fácilmente y el bebé la utiliza casi completamente. La proteína en la leche de vaca, por otra parte, forma grandes cuajadas, espesas, difíciles de digerir. Por esta razón la leche de vaca se diluye en una fórmula en un esfuerzo de hacerla tan parecida a la leche humana como sea posible.
Los ácidos grasos en la leche humana no son iguales a los de la leche de vaca. Y algunos médicos creen que los de la leche de vaca no son tan buenos para los niños, pues quizás afecten adversamente los niveles del colesterol sanguíneo. Se sugiere que más tarde en la vida es posible que estos niveles de colesterol sean un factor en el desarrollo del endurecimiento de las arterias, una de las principales causas de los ataques de apoplejía y del corazón.
Además, la leche humana tiene un contenido mineral mucho más bajo que la leche de vaca; por ejemplo, la leche de vaca contiene cuatro o cinco veces más sodio que la leche humana. El Dr. Jean Mayer de la Universidad de Harvard señala que esto es “un hecho que algunos científicos consideran muy significativo. Los regímenes alimenticios con alto contenido de sal en los niños han sido relacionados con la hipertensión en los animales de laboratorio.” El Dr. Mayer añade: “Si la situación aplica al hombre, pudiera ser que el exponer a los niños a concentraciones más elevadas de sodio en la leche (y en los alimentos para bebés) sea un factor en el actual predominio de la hipertensión, que afecta a 20 millones de estadounidenses.”
A medida que se hace más investigación, llega a ser más claro que la leche humana tiene precisamente la composición correcta para los bebés, pues obviamente ha sido diseñada de esa manera por un Creador que todo lo sabe. Y aumenta la evidencia de que el uso de sustitutos puede resultar en daño.
La leche humana una protección
Se ha observado que para los infantes la leche humana es una verdadera protección en contra de las enfermedades. La evidencia de las estadísticas parece apoyar esto. En su reciente libro, Infant Feeding, la Dra. Marvis Gunther escribe: “Casi todo estudio que compara la relación de las infecciones con el método de alimentación ha mostrado que el bebé a quien se le da el biberón es más propenso a la enfermedad.”
Con respecto a esto, la Junta de la Casa Blanca sobre Alimento, Nutrición y Salud recientemente llegó a la conclusión de que la leche de pecho “provee protección en contra de las infecciones,” particularmente en los desórdenes intestinales y las enfermedades respiratorias. El calostro, el fluido amarillento acuoso que se segrega durante los primeros días después del nacimiento, es especialmente vital para el pequeñito a fin de protegerlo de enfermedades.
Los estudios también han revelado que los bebés lactantes son menos propensos a desarrollar alergias. Basando sus conclusiones en un estudio de 1.377 pequeñitos, el Dr. E. Robbins Kimball, un pediatra de Evanston, Illinois, dijo: “Parece que la introducción de leche específica de otra especie hace al pequeñito sensible al desarrollo de alergias . . . tanto en el presente como en el futuro.” El bien conocido Dr. Walter Álvarez declaró: “Cada vez que veo a algún adulto que dice que no puede tocar la leche sin que le brote la urticaria, o sufrir de alguna forma aguda de indigestión, pregunto, y por lo general me entero, de que su madre rehusó darle el pecho, e inmediatamente lo alimentó con una fórmula.”
Un hecho especialmente trágico es que en los Estados Unidos cada año de 10.000 a 20.000 infantes mueren súbitamente. La causa de estas llamadas “muertes de cuna” se desconoce. Pero, según la Dra. Marvis Gunther, el “riesgo es mayor entre los que reciben el biberón.” Se ha sugerido que esto quizás se deba a alguna infección patógena o una intensa reacción alérgica a la leche de vaca. Esto es algo que los futuros padres pueden considerar al decidir cómo van a alimentar a su pequeñito.
Beneficios para la madre
¿Es el amamantar también una protección para la madre? Lo puede ser de varias maneras.
Ante todo, evidentemente es una protección contra el cáncer de pecho. En un estudio del cáncer entre los bantús en el África meridional, el Dr. Charles Marks informa: “El cáncer de pecho es extremadamente bajo en las primitivas tribus bantú en comparación con los europeos en África, y esto puede estar asociado con un período particularmente largo de lactación, en el que la madre bantú amamanta a su hijo por dos años o más.”
Es significativo también que en su publicación 101 Questions About Cancer, la Sociedad Americana del Cáncer dice: “Las madres que dan el pecho muestran menos casos de cáncer de pecho.”
Otro beneficio de dar el pecho es que esto puede reducir la pérdida de sangre de la madre después del parto. Esto se debe a que la succión del bebé, al dársele el pecho pronto después del nacimiento, estimula al útero de la madre a contraerse. Este es un hecho al que los padres que tienen respeto por la ley de Dios respecto a la sangre querrán dar atención, especialmente en vista de que algunos médicos tienen la tendencia a querer dar una transfusión de sangre cuando hay una pérdida de sangre considerable.
Aún otro beneficio es que dar el pecho tiende a posponer la reanudación de la ovulación y el ciclo menstrual por aproximadamente de siete a quince meses. De esta manera los bebés son espaciados naturalmente, y una madre lactante puede cuidar de un bebé antes de concebir a otro.
Y hay aún otro beneficio posible. Durante la lactancia la glándula pituitaria de la madre produce la hormona prolactina, la cual, según indican los experimentos hechos con animales, puede hacer que la madre lactante se sienta más “maternal” hacia el bebé.
El mejor método
Claramente, la manera en que el Creador del hombre diseñó a las madres para alimentar a sus pequeños es el mejor método. Ciertamente los bebés lactantes son los bebés mejor alimentados, y las madres se benefician también.
No obstante, al mismo tiempo, las fórmulas de leche mejoradas han sido de gran beneficio. Cuando la muerte, enfermedad u otra incapacidad de la madre ha hecho que le sea imposible o difícil amamantar, se ha utilizado el biberón para criar a su pequeñito. Pero este método sustituto, reconocidamente, no es el mejor. A fin de contrarrestar la tendencia, Suiza ofrece una recompensa financiera a las madres si amamantan a sus hijos por diez semanas.
La manera en que los padres escogen alimentar a sus pequeñitos es un asunto personal, pero el estar informados acerca del asunto puede serles útil para hacer una buena elección.