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  • ¿Pueden ayudarlo los santos?
  • ¡Despertad! 1975
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¡Despertad! 1975
g75 8/5 págs. 27-28

¿Cuál es el punto de vista bíblico?

¿Pueden ayudarlo los santos?

“¿A QUIÉN deberíamos orar?” Contestando a esa pregunta Joseph Gallagher, C.S.P., declara: “Toda oración está dirigida finalmente a Dios, y la mayoría de nuestras oraciones serán dirigidas así. Sin embargo, algunas veces nos gusta dirigirnos a la Bendita Madre o a un santo y pedirles que se nos unan especialmente en nuestra oración.”—To Be a Catholic, A Catechism for Today.

Con ese estímulo, muchas personas sinceras se han dirigido a “santos” en oración, viéndolos como intercesores ante Dios. “Desde el punto de vista teológico,” dice la New Catholic Encyclopedia, “interceder es el acto de suplicar de alguien que, a la vista de Dios, tiene el derecho de hacerlo, con el fin de obtener misericordia para el que está en necesidad.” Y con referencia a la intercesión de María, ángeles y “santos,” esta obra de consulta dice, en parte: “Un católico no puede abrigar ninguna duda acerca del hecho de la realidad de la intercesión de ellos, puesto que el Concilio de Trento definió claramente este dogma... ‘los santos, reinando junto con Cristo, ofrecen sus oraciones a Dios en pro de los hombres’ . . .”

Entre los que la Iglesia Católica Romana considera santos se encuentran tanto hombres como mujeres y no están limitados a individuos en el registro bíblico, como los apóstoles de Jesucristo Pedro y Juan. En realidad, el Acta Sanctorum, publicada desde 1643, menciona más de 17.000 “santos.” Además, la invocación de santos también prevalece en la Iglesia Griega y varias iglesias orientales. De modo que es apropiado preguntar, ¿pueden ayudarlo los santos? ¿Qué indica la Biblia?

Algunas traducciones bíblicas usan el término “santos.” Pero, ¿recomiendan las Escrituras que se les ore a ellos, o por medio de ellos a Dios? Bueno, note que el apóstol Pablo les recomendó a los cristianos que se mantuvieran “velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos,” no a los santos o por intermedio de ellos. (Efe. 6:18, Biblia de Jerusalén) Estaba recomendando la oración por, o, a favor de, todos los compañeros ungidos seguidores de Jesucristo que entonces vivían en la Tierra, no en el cielo. En conformidad, Pablo se dirige como “santos” a los cristianos que entonces vivían en Éfeso y Filipos.—Efe. 1:1; Fili. 1:1.

Y lo que es más interesante, la New Catholic Encyclopedia admite indirectamente que la intercesión por medio de “santos” no tiene un fundamento bíblico. Declara: “Con respecto a la intercesión de los muertos por los vivos... acerca de la cual no se hace mención en los libros más antiguos del V[iejo] T[estamento], . . . tenemos el texto familiar de 2 Mac. 15.11-16. Si en los escritos del N[uevo] T[estamento] . . . no se menciona nada explícitamente sobre el tema, todavía se tiene en la práctica de la Iglesia primitiva una abundante cosecha de evidencias que demuestran fe y convicción en el poder de intercesión de los que habían ‘muerto en Cristo.’ Evidencias de esa índole . . . se ven en los muchos epitafios, anáforas, letanías, documentos litúrgicos, hechos de los mártires, y en las frecuentes alusiones que se encuentran en la literatura patrística oriental, griega y latina.”

La muy respetada Cyclopædia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, de M’Clintock y Strong, señala que la invocación de “santos” carece de respaldo bíblico, era desconocida en la Iglesia primitiva y fue “extremadamente condenada por el Concilio de Laodicea. (A.D. 481) y por los primeros padres.” Aunque los defensores citan a ciertos “padres de la Iglesia” y liturgias antiguas esta enciclopedia observa: “Hay que recordar que son solo agregados no bíblicos y que se originaron después de la instilación en el sistema eclesiástico alejandrino neoplatónico y de magia oriental, que dejó sus rastros aun en la forma más ortodoxa de la adoración cristiana, así como en su credo, hasta los siglos cuarto y quinto, un período en la Iglesia Cristiana donde las herejías estaban, para emplear una frase común, casi a la orden del día.”

Se ha citado Segunda de Macabeos 15:11-16 en un esfuerzo por apoyar “la intercesión de los muertos por los vivos.” Entre otras cosas, este pasaje indicaba que el difunto profeta hebreo Jeremías ‘oraba mucho por su pueblo y por la ciudad santa.’ Sin embargo, como lo reconocen muchos eruditos, 2 Macabeos no se escribió bajo inspiración divina; es uno de los libros apócrifos. ¿No es preferible aceptar el testimonio de la Palabra inspirada de Dios, la Biblia? Se puede depender de ella, porque el apóstol Pablo escribió: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena.”—2 Tim. 3:16, 17, BJ.

Jeremías, estando muerto, no podía orar por nadie. ¿Por qué? Por lo que dice Eclesiastés 9:5, 10 acerca de los muertos. “Cuando viene la muerte,” declara la traducción del monseñor católico Knox en inglés, “de nada se darán ya cuenta . . . no habrá obras, ni planes, ni sabiduría o habilidad para ellos en la sepultura, que pronto será su morada.” Jeremías está entre los de la humanidad que ahora duermen en la muerte hasta la resurrección.

Muchas personas han orado ante imágenes de “santos.” ¿Ha sido esto apropiado? El apóstol Juan les dijo a compañeros creyentes: “Hijitos, guardaos de los ídolos.”—1 Juan 5:21, Nácar-Colunga.

¿Cómo, entonces, deben los cristianos dirigir sus oraciones a Dios para que le sean aceptables? Jesucristo dijo categóricamente: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.” (Juan 14:6, 14, BJ) Ahora como criatura espíritu resucitada y exaltada, Jesús “posee un sacerdocio perpetuo porque permanece para siempre. De ahí que pueda también salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor.” (Heb. 7:24, 25, BJ) Además, Pablo escribió: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también.”—1 Tim. 2:5, BJ.

Los verdaderos “santos” cristianos (como en Efesios 1:1 en la Traducción del Nuevo Mundo y la versión de Francis Aloysius Spencer, O.P.), no son proclamados santos por ninguna organización religiosa. Más bien, después que estas personas adquieren un conocimiento bíblico exacto, Jehová Dios los santifica por medio de su espíritu santo, produciendo dentro de ellos esperanzas genuinas de vida celestial. (Rom. 8:16, 17; 2 Tes. 2:13, 14) Esa vida solo se obtiene por fidelidad hasta la muerte y resurrección como criaturas espíritus. El número final de éstos es de 144.000.—Rev. 2:10; 14:1-4.

No, los “santos” que ya han sido resucitados no están autorizados a ayudarnos como intercesores cuando oramos. Pronto, sin embargo, los 144.000 “santos” resucitados serán, junto con Jesucristo, gobernantes de la Tierra durante mil años. De este modo servirán para la bendición de la humanidad.—Rev. 20:6.

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