¡Secuestros... la vida en balanza!
EN NINGÚN otro momento resalta más el valor de una sola vida que cuando ocurre un secuestro. Los parientes, amigos, a veces toda una nación se galvanizan por el temor por la vida del rehén. Prevalece una atmósfera de impotencia y rabiosa frustración. Se hacen esfuerzos heroicos para satisfacer las demandas del secuestrador. El dinero casi no tiene importancia comparado con el valor de esa sola vida.
Es típico el punto de vista que se expresó en un editorial del Times de Nueva York: “Mientras estén en peligro las vidas de las víctimas, los esfuerzos para salvarlas es lo principalísimo. . . . La primera prioridad tiene que ser el salvar las vidas inocentes.” Así es que por lo general las autoridades permanecen en segundo plano para evitar poner en peligro las delicadas negociaciones para la liberación. ¡Y qué alivio y gozo si la víctima es puesta en libertad ilesa!
En unos cuantos años, el mundo se ha precipitado en lo que algunos llaman “la edad del secuestrador.” El secuestrar y su contraparte más reciente —el tomar rehenes— súbitamente ha proliferado en todo el mundo. En 1968 Argentina experimentó su primer secuestro en 35 años. Hubo dos en 1969. Pero para 1973, ¡hubo un promedio de diez por semana! Los rescates totalizaron más de 50 millones de dólares ese año. Tan solo un industrial norteamericano secuestrado le produjo a sus captores más de 14 millones de dólares.
“Casi la única industria próspera” en la perturbada escena de la economía italiana “es el secuestro,” comenta irónicamente la revista Time. De hecho, “el secuestro se ha convertido en una industria muy lucrativa,” dice un miembro del parlamento italiano. “En los últimos cinco años los secuestradores han recogido 24,5 millones de dólares, no menos de 8 millones tan solo en 1974.”
Otras naciones alrededor del mundo han experimentado un crecimiento rápido en los secuestros y en tomar rehenes dentro de sus fronteras; pero el problema también es internacional. Los secuestradores ahora atacan en casi cualquier lugar del mundo. ¿Por qué usan esos métodos?
¿Por qué los secuestros?
Ha sucedido lo que las autoridades han temido por mucho tiempo. Los grupos políticos frustrados deseosos de ser oídos han descubierto que el secuestrar y el tomar rehenes son armas políticas ideales. Han hallado que cuando están en juego ciertas vidas, hay poco que las autoridades o familiares no harán para salvarlas. Las comunicaciones modernas hacen de estos incidentes acontecimientos mundiales que se ven en las pantallas de televisión por innumerables millones de personas. Así la causa del raptor obtiene atención mundial mucho más eficazmente que mediante cualquier cantidad de esfuerzos menos espectaculares.
Lo que es más importante para los extremistas políticos es que parece surtir efecto. Les parece que cuanto más espectacular el acto, mayor es la probabilidad de que el mundo hable de sus quejas y ejerza presión sobre sus oponentes políticos. La publicidad hace correr la voz. El éxito de un grupo estimula a los grupos similares en otros países a usar los mismos métodos. “Cuando el terror espectacular logra lo deseado,” señala el Sunday Press de Long Island, “es casi seguro que será repetido, y un fenómeno que se autoalimenta está en movimiento.”
Al observar el éxito de los oportunistas políticos, los criminales comunes —viendo un modo fácil de ganar dinero con poco riesgo— se embarcan en el mismo negocio. ‘No hemos pagado un reclamo de un [robo de] banco en los últimos dos años,’ dice un hombre de seguros en Buenos Aires. ‘Todos los ladrones se dedican al secuestro.’
Muchas personas creen que para disminuir la tendencia, no debe dárseles tanta publicidad a los secuestros. “La publicidad sencillamente resulta en plantar la idea en el cerebro [de un individuo perturbado],” declara un oficial de la policía de los Estados Unidos. El hecho de que actos de esta clase a menudo vienen en oleadas, después de un incidente ampliamente anunciado, parece confirmar esto. Pero otras personas temen las implicaciones de restringir la libertad de prensa de modo alguno. “La supresión de las noticias, aun las de la clase más escandalosa, es la sirvienta de la tiranía,” escribe el redactor de U.S. News & World Report.
Algunos hasta han sugerido que el pagar las exigencias de un secuestrador sea considerado un crimen federal. La “familia u otros que pagan un rescate sencillamente están anunciando que el secuestro es un buen negocio,” declara un importante consejero gubernamental de los Estados Unidos. “Por este medio inadvertidamente están implicando a innumerables inocentes en trances de terror.”
Pero otras personas dicen: Considere las consecuencias si se hiciera eso. ¿Notificarían siquiera a los oficiales los afligidos parientes del rehén si existiera tal ley? ¿No se sentirían tentados de arreglar los asuntos ellos mismos para salvar a su familiar querido, excluyendo por completo a las autoridades? En tal caso, señalan algunos, los esfuerzos para hacer cumplir la ley podrían ser estorbados aún más.
“Complejo de asedio”
La impotencia gubernamental para detener la creciente marea de secuestros criminales y políticos ha creado un clima de temor entre sus blancos principales... las personas acaudaladas y los representantes de las compañías extranjeras. Los secuestradores han descubierto que la compañía de un gerente es más o menos una “familia sustituta” a la que se puede obligar a pagar exigencias de rescate aun mayores que a la propia familia de una persona acaudalada.
Pero continúan haciendo víctimas también de los acaudalados locales. “Un complejo de asedio se extiende por las familias millonarias que dominan la sociedad local” en Monterrey, México, informa el Times de Nueva York. Han “abandonado calladamente los círculos sociales.” Se han cambiado los patrones de vida establecidos. Las víctimas potenciales ya no disfrutan de libertad para ir y venir como quieran. Hay que variar los horarios diarios, tomar rutas diferentes para el trabajo... cualquier cosa para evitar los patrones habituales que buscan los secuestradores. Se informa que algunas personas prósperas del norte de Italia están enviando a sus hijos a las escuelas de la cercana Suiza, esperando que estén a salvo allí.
En algunos lugares los hogares se han convertido en fortalezas con cristales inastillables, alambrados de púas sobre las paredes circundantes, reflectores prendidos toda la noche y patrullas de guardias armados. Los automóviles se blindan contra las balas. En muchos casos se contratan guardaespaldas con las armas más novedosas. Dice un hombre de negocios en la Argentina: ‘El temor domina a todo. Dedico más tiempo a la seguridad que al [negocio].’ Otro dice: ‘A mi compañía le cuesta 5.000 dólares al mes tan solo el protegerme a mí y a mi familia.’
Así es que, aparte del costo directo de los pagos de los rescates, los secuestros y el tomar rehenes producen una carga enorme en los costos de seguridad relacionados. Las agencias privadas de seguridad que suministran guardaespaldas y otros servicios de protección informan grandes aumentos en sus negocios por todo el mundo. Las ventas de seguros contra secuestros están en auge. Se informa que una compañía internacional importante ofrece una póliza de un millón de dólares por aproximadamente 500 dólares anuales si el asegurado paga los primeros 2.500 dólares del rescate. Por supuesto, las personas aseguradas serían los primeros blancos de los secuestradores si no fuera que sus nombres se mantienen absolutamente en secreto.
Están en demanda perros entrenados especialmente contra secuestros. El propietario de una perrera italiana que entrena perros de guardia asesinos dice: “Ya he vendido perros alsacianos entrenados a importantes administradores de compañía, industriales, actores y hombres profesionales y la demanda continúa aumentando.” Los perros, que cuestan desde 1.600 hasta 4.800 dólares, han sido entrenados a atacar a cualquiera que asalte a su amo. Pueden matar al atacante si no se les detiene, según el entrenador. Una compañía de California ha vendido cientos de perros guardianes a 2.500 dólares cada uno.
Pero, con todas las precauciones, ¿está uno a salvo? Un oficial de policía asignado a un secuestro muy anunciado que ocurrió en los Estados Unidos hizo este comentario grave: “Lo que se debe comprender es que si alguien realmente quiere secuestrar a una persona, no es mucho lo que se pueda hacer para impedirlo.”
Similarmente, un diplomático norteamericano, que fue secuestrado en México y puesto en libertad después que se satisficieron las exigencias de los secuestradores, dio este consejo a los estudiantes de la Escuela de Graduados Estadounidense de Administración Internacional: “Muchas personas preguntan acerca de portar armas y así por el estilo. Pienso que eso es tonto y ridículo. Lo exceden a uno tanto en número y en armas que de nada le sirve a uno llevarlas.”
Parece que los activistas políticos se han decidido a usar esta muy poderosa arma hasta el límite. Un vocero de una compañía internacional de seguridad predice que su negocio predominará en el futuro: “Nunca antes en la historia del hombre hemos visto las clases de violencia, los actos animales que pronto veremos en nuestra sociedad.” Seguramente la humanidad siente “el aumento del desafuero” que la Biblia predice que marcaría “los últimos días” de este “sistema de cosas” mundial que se desmorona.—Mat. 24:3, 12; 2 Tim. 3:1.
Un punto de vista equilibrado de la vida
Hay algo más en que meditar: ¿No le sorprende el que las personas estén tan espantadas con las amenazas a la vida de las víctimas de los secuestros y rehenes, y sin embargo que innumerables otras personas diariamente amenazadas por la muerte pasen casi desapercibidas?
Piense en los millones de individuos que en este mismísimo momento están pasando hambre... ¿qué es lo que hace que la vida de éstos sea menos valiosa? Los abortos continuamente cercenan numerosas vidas jóvenes; multitudes no son sencillamente secuestradas sino asesinadas cada día en todas partes del mundo. ¿Y qué hay de los innumerables miles de individuos a quienes ya han matado y a los que están matando en las guerras de esta generación? Estas vidas pasan por lo general sin que se levante ni siquiera un murmullo.
La política, el crimen y la conveniencia moral han hecho muy barata la vida, mientras que, paradójicamente, las amenazas a ciertas vidas causan una terrible agitación de ánimos. Como lo expresó una persona: “¡La gente dará millones para salvar una vida, pero muy poco para salvar millones de vidas!” ¿No revelan estos valores tan desproporcionados que hay algo muy errado con el sistema de cosas mundial que los ha producido?
Por eso solo el cambio completo de alcance global prometido por Dios puede hacer que la humanidad tenga un punto de vista equilibrado de la vida. Ese cambio será necesariamente tan abarcador que la Biblia habla de una “nueva tierra” después, una nueva sociedad humana bajo nuevos arreglos gubernamentales, cuando la “tierra anterior” y su punto de vista de la vida como algo barato habrán “pasado.” Entonces el valor asignado a la vida por el Dador de Vida prevalecerá... convirtiendo en realidad la condición por largo tiempo esperada en la cual “la muerte no será más.”—Rev. 21:1-5; 2 Ped. 3:13.