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¡Despertad! 1976
g76 8/3 págs. 5-9

Alaska... el gigante cambiante habla claro

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Alaska

¿CÓMO se sentiría usted si alguien le llamara una posesión gravosa e inútil? ¿Y si le denominaran “yermo helado” y “absolutamente sin ningún valor”? Bueno, hace unos años yo fui la víctima de esos términos ofensivos. Cuando el gobierno ruso me vendió a los Estados Unidos en 1867 por 7.200.000 dólares en efectivo, surgió una tremenda controversia. El World de Nueva York del 1 de abril de 1867 comentó: “Rusia nos ha vendido una naranja exprimida.” Eso realmente me hirió, permítanme decírselo. Cuando W. H. Seward, el entonces secretario de estado, me negoció, los opositores de la compra de Alaska se refirieron a mí como “la tontería de Seward.”

Sin embargo, algunas personas expresaron grandes esperanzas en cuanto a mi futuro, a pesar de que se me había vendido por unos cinco centavos de dólar la hectárea. Creyeron que mi tamaño, que se extiende por más de 1.515.000 kilómetros cuadrados, algún día podría producir enormes beneficios. Permítanme asegurarles que no los desilusioné.

Sí, he cambiado. Las cosas empiezan a tener diferente aspecto. Más bien que llamarme inútil, ahora la gente se refiere a mí como un gigante con vastos recursos. Solo un vistazo revela una abundancia de peces en mis corrientes, madera en mis bosques, e inestimables pieles por todo mi desierto cubierto de nieve. Y casi todo el mundo ha oído de la fiebre del oro en la década de los noventa del siglo pasado que hizo ricas a tantas personas. ¿Sabía usted que aún hoy se cree que tengo treinta y dos de los treinta y cuatro metales principales que se sabe existen en el mundo? Sí, todavía tengo grandes cantidades de valioso mineral en mis bolsas.

En lo que se refiere a níquel, se dice que la más grande reserva de los Estados Unidos está en mi región estrecha al sudeste. Los expertos dicen que tengo disponibles miles de millones de toneladas de carbón, quizás un billón de toneladas. Un reciente examen que se me realizó reveló lo que algunos dicen que son las más grandes reservas del mundo de fluoruros y tungsteno ocultas en mis entrañas terrestres. Ahora bien, ¿le suena eso como “de absolutamente ningún valor”?

Desde el énfasis que se le ha dado recientemente a la crisis de energía, todo el mundo está realmente tomando nota de mis enormes reservas petrolíferas. Un cálculo dice que no hay menos de diez mil millones de barriles. ¡Otro cálculo eleva la cifra a cincuenta mil millones de barriles en el área de la Ladera Norte y la bahía de Prudhoe! De modo que ahora que he empezado a “flexionar mis músculos,” hay planes encaminados a valerse de estas fuentes de energía. El petróleo debiera empezar a fluir al mercado para julio de 1977.

El hallar petróleo es una cosa. Extraerlo y enviarlo al mercado es otra cosa muy diferente. Será una tremenda operación y no puede menos que afectarme para toda la vida, puesto que los cambios serán irreversibles. Permítanme contarles más acerca de esto.

El proyecto de construcción privado más grande de la historia

Se están haciendo planes para trasportar dos millones de barriles de petróleo crudo por día. Pudiera tomarles más de veinte años para extraer el petróleo ya localizado. ¿Pueden ustedes imaginarse gastar más de seis mil millones de dólares para completar el proyecto necesario para poner en movimiento el petróleo por un oleoducto de un metro veinte de diámetro, a lo largo de casi mil trescientos kilómetros? Con razón lo llaman el más grande proyecto de construcción en la historia de la empresa privada. Todo esto me tiene un poco nervioso, porque, a pesar de mi tamaño, tengo una superficie muy blanda. Hay que tratarme con delicadez, debido a una condición helada permanente sobre la mayor parte de mi cuerpo.

El petróleo es expulsado del suelo a una temperatura de 63 a 74 grados centígrados. Puesto que alrededor de las tres cuartas partes de la distancia entre la bahía Prudhoe en el norte y el punto terminal Valdez en el sur es sobre permafrost (subsuelo helado, sujeto a deshelarse y hundirse), se pueden imaginar que el mantener el oleoducto sin torcerse y romperse presenta un desafío enorme. Si se entierra la cañería, el calor derretirá el permafrost, provocando deslizamientos. Si la construyen sobre soportes, se formará una barrera por encima del suelo que obstruirá el paso de miles de caribúes y otros animales migratorios.

Piensen en lo que pudiera resultar si el petróleo se derramara debido a un caño roto. Sin embargo, me han asegurado que los ecólogos y científicos trabajarán juntos para proteger mi fauna silvestre, los lechos de mis ríos y mi tundra. Pero tendré que esperar y ver si cumplen con este convenio.

Un sistema de cañerías tan intrincado también haría imprescindible un camino de servicio. Dotaciones de obreros ya han completado esta gran obra de ingeniería... la construcción de un “camino de arrastre” de 580 kilómetros, lo que significó trasladar más de 61 millones de metros cúbicos de grava.

¿Pueden imaginarse una ciudad de 1300 kilómetros de largo por unos 15 metros de ancho? Bueno, pudiera decirse que eso es lo que viene a ser el proyecto, con unos 17.000 obreros asignados a veintinueve campamentos de construcción extendidos a través de mi vientre. Claro está que no es una ciudad formal, pero sí es una sociedad organizada de individuos unidos con un propósito común.

El camino no solo se utilizará para inspeccionar y reparar el oleoducto, pues están considerando planes para trasportar diariamente de 84 a 113 millones de metros cúbicos de gas natural de la bahía Prudhoe al mercado. Se ha probado que tengo disponibles para uso 736 mil millones de metros cúbicos de gas; solo hay que venir y conseguirlo. Ese proyecto, que también es una empresa gigantesca, todavía está bajo consideración y, si se realiza, será otra historia.

Así pueden ver que, a medida que el hombre ha empezado a explotar mis tesoros, han crecido inmensamente mi población y mi popularidad. Parece que ahora tengo más amigos que nunca. Sin embargo, mis cambios físicos no son lo único que me pasa, pues hay tensiones emocionales que no pueden menos que dejar sus marcas.

Efectos del crecimiento rápido de una ciudad

¡Imagínense cómo reaccionarían ustedes si de repente tuvieran más huéspedes en casa de los que planearon tener! Su interés principal sería tener suficientes provisiones para hospedar satisfactoriamente a todos. Bueno, eso es lo que me preocupó a mí cuando vi a tantos obreros de la construcción y sus familias dirigirse a Fairbanks.

Fairbanks está en el punto medio del corredor del oleoducto, un sitio ideal para montar el proyecto de construcción, pero no un sitio ideal en donde vivir, en vista del exceso de alumnos en las escuelas, el uso excesivo de los caminos, la escasez de viviendas, y la demanda extra de energía. Los funcionarios calculan que desde abril de 1974 han llegado más de 10.000 personas. Puedo recordar cuando esta ciudad era un lugar cómodo, tranquilo y silencioso en el cual casi todos se conocían. Las cosas cambiaban muy poco de año en año. Ahora apenas puedo creer que hayan cambiado tanto. Los alquileres de viviendas han subido a las nubes. Hace unos meses un apartamento de dos dormitorios se alquilaba por 300 dólares al mes. Ahora piden 450 dólares. Una casa de apartamentos informó tener una lista de espera de setenta personas; otra, sesenta. El tránsito va parachoque contra parachoque. Los teléfonos tienen dificultad de interferencia. Por la primera vez en años la gente cierra con llave las puertas. También Anchorage está experimentando un impacto similar, al aumentar rápidamente el coste de la vida.

Las comunidades más pequeñas, como Valdez donde está ubicado el punto terminal meridional del oleoducto, han sido afectadas en gran manera. Recuerdo que hace alrededor de un año vivían unos mil residentes en esa aldea de pescadores. Ahora debido al trabajo del oleoducto afluirán allá 3500 obreros, ¡un gran aumento de población! La comunidad tiene que organizarse para proporcionar protección policial y contra incendios, y para hacer frente a los problemas de transporte y tránsito, los problemas de vivienda para los que traen sus familias, y los problemas creados por el exceso de alumnos en las escuelas.

Si bien algunos residentes no se sienten felices con el cambio, otros ven en la repentina expansión económica oportunidades comerciales y un nivel de vida mejorado. “¿Para qué quiero yo el oleoducto?” dice un ama de casa. “Bueno, después de las nueve de la noche, ¿a dónde podría ir uno para tomar una taza de café aquí en el invierno? A ninguna parte. ¿Se podría comprar un barquillo de helado? ¡Santos cielos, no! De ningún modo. Bueno, quizás ahora podremos comprar un barquillo de helado. Ya se puede conseguir una taza de café después de las nueve de la noche.”

Sin embargo, tengo que confesar que tengo emociones mixtas. Pues hasta donde puedo recordar siempre he sido gratamente identificado con los nativos de Alaska... los esquimales, los indios y los aleutas, cuya población combinada ahora llega a poco más de 50.000 habitantes. Mi nombre Alaska proviene de la lengua aleuta y significa “la gran tierra.” Creo que estas personas han experimentado lo que a veces se llama “choque de culturas,” un término que se usa para describir lo que sucede cuando se obliga a la gente a adoptar los modos y costumbres extraños de una cultura que les es desconocida.

A menudo me gusta pensar en los días de hace mucho cuando la cultura nativa era definida. Los esquimales, los indios y los aleutas gozaban cada uno de su propio modo de vivir. Eran bastante independientes. Estaban satisfechos con vivir de lo que rendía esta tierra de majestuosa belleza que yo les proveía. Hoy, predominan el hombre blanco y sus costumbres, y los nativos son la minoría. La mayor parte de la población nativa está apiñada en aldeas y se ve obligada a depender de alimentos, combustible y abrigo nuevos y diferentes. A pesar de la recomendación de progresar hacia la “modernización,” hay poco si acaso hay algún trabajo en las aldeas pequeñas. A menudo el que gana el sustento para la familia tiene que separarse de ella e ir a una ciudad más grande. Entonces tiene que hallar trabajo para ganar el dinero con que comprar las mercaderías que el hombre blanco le ha enseñado que él necesita a fin de tener una vida más “civilizada.” Naturalmente, hay muchos, especialmente los jóvenes que han recibido instrucción académica, que han aceptado la nueva cultura y parecen estar satisfechos con el cambio a un modo de vida tecnológico. Han llegado a ser excelentes mecánicos, carpinteros, operadores de radio, hombres de negocios, artistas, escritores, legisladores y maestros. Pero los que se adhieren al viejo modelo de vida permanecen en unas doscientas aldeas, a la mayoría de las cuales hay que llegar por avión.

Recientemente el Congreso aprobó una ley para el ajuste de las reclamaciones de los nativos de Alaska, la cual hace disponibles más de dieciséis millones de hectáreas de tierras para distribución entre los nativos de Alaska. Eso significa que cualquier ciudadano de los Estados Unidos se podrá beneficiar si tiene la cuarta parte o más de sangre india alaskense, esquimal o aleuta. Además, el oleoducto producirá 500 millones de dólares de renta del petróleo para los nativos de Alaska. Me da cierto gusto saber que les puedo ser útil de esta manera. Sin embargo, no creo que estos cambios de por sí realmente le provean a la gente lo que más necesita. Permítanme explicar lo que quiero decir.

Asiéndose de verdaderos valores

La esperanza de enriquecerse pronto a menudo hace que uno pierda de vista los valores básicos que traen verdadera felicidad. Estoy pensando en la fiebre del oro de hace ochenta años. En ese entonces todos estaban excitados por encontrar oro y hacerse ricos. Muchos sacrificaron la vida de hogar, el cuidado personal de los hijos y los placeres normales de la vida de familia. Algunos pagaron muy caro, con pérdida de salud y vida corta. Hoy todavía es posible sufrir de la misma fiebre de “hacerse rico de súbito.”

Por ejemplo, un hombre puede ser tentado a salir del hogar por un empleo bien remunerado que lo alejará de su familia durante períodos de meses a la vez. Pero antes de hacerlo debiera considerar el costo... el sacrificio de la valiosa comunicación y atención que necesitan su esposa e hijos. ¿Le conviene negarle a su familia la jefatura que puede suministrar la guía necesaria en modales, moralidad, lenguaje, así como consejo en otros asuntos? Cierto, una madre es una influencia indispensable en el cuidado de los hijos. Pero ella no puede suministrar la disciplina y atención de un padre.

Los hijos pueden cambiar, sí, empeorar, si el padre no está presente para evitarlo. He visto a más de un padre dejar a su familia para ir tras seguridad material solo para hallar que su familia se desintegró debido a falta de atención. En tales casos la ganancia financiera no fue digna del sacrificio de una familia feliz y unida. La “buena vida” no siempre es la “vida de calidad.”

De modo que pueden entender a lo que me refiero cuando digo que la riqueza repentina puede producir cambios negativos en la vida de la gente y en su personalidad. Si los cambios son malos, entonces se pierden los valores más importantes. Es por esto que estoy tan interesado en que todos los que se hallen envueltos en la presente prosperidad económica procedan con precaución, para que ésta no destruya los valores más perdurables de la vida.

Ya que estamos tratando de este tema, quisiera informarles de otro tesoro de gran valor que ahora está haciendo muy ricos a muchos de esta tierra. Es un tesoro llamado espiritualidad.

Un auge espiritual en Alaska

Si el hacerse rico afecta la vida de las personas, eso realmente es cierto de las riquezas espirituales que obtienen del conocimiento de la Palabra de Dios, la Biblia. En cuanto a esto, observo que los testigos de Jehová están muy activos, alentando a la gente a almacenar tesoros espirituales en el cielo, donde, como aseguró Jesús, “ni polilla ni moho consumen.” (Mat. 6:20) A menudo noto a estos Testigos en su obra de predicación y enseñanza, visitando los hogares de la gente a través de esta vasta expansión de territorio. Recordando el pasado, todavía puedo ver aquel grupo celoso de 587 individuos que estaban dando el testimonio en el mes de enero de 1968. Pero las cosas realmente han cambiado en su actividad. Siete años después habían aumentado a más del doble. En realidad, alcanzaron un máximo de 1310 Testigos en mayo de 1975.

Y no han olvidado las aldeas de nativos. Durante un esfuerzo especial que hicieron, usaron cinco aeroplanos para visitar cuarenta y cinco aldeas. En el término de un año, al menos 180 aldeas aisladas tuvieron la oportunidad de oír acerca de las promesas de Dios de hacer de todo el planeta una Tierra de belleza. Los testigos de Jehová están experimentando un auge de crecimiento espiritual sólido, no solo en cuanto al número de asociados, sino en cuanto a su efectividad al ayudar a la gente a ajustar su modo de vivir a las normas de la Biblia. En todo esto puedo ver que el ayudar a la gente a beneficiarse del modo de vivir cristiano solo acrecentará mi valor en conjunto.

Ciertamente, se están efectuando tremendos cambios en Alaska, “la gran tierra.” Algunos son nocivos, otros son beneficiosos. Me siento verdaderamente feliz cuando los cambios benefician a la gente de manera genuina. También me siento bien porque ya no oigo a nadie referirse a mí con términos ofensivos... lo que oigo es: “¡Alaska... ciertamente eres un gigante cambiante!” Eso no me ofende en absoluto.

[Mapa de la página 5]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

BAHÍA PRUDHOE

FAIRBANKS

ANCHORAGE

VALDEZ

OLEODUCTO TRANSALASKA

CANADÁ

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