Un oleoducto para el Perú
Por el corresponsal de “¡Despertad!” en el Perú
¿PUEDE usted imaginarse cómo sería la vida sin el petróleo o sus productos? No habría motores de gasolina, ni electricidad procedente de plantas generadoras accionadas por petróleo, ni ninguno de los muchos plásticos que se fabrican del petróleo. Nuestros estilos y costumbres de vida tendrían que cambiar drásticamente, pues la economía moderna del mundo depende mucho del petróleo.
Aun ahora, muchas naciones que carecen de sus propios recursos petroleros se están viendo en un serio aprieto debido a los desarrollos actuales respecto a las reservas de petróleo. En años recientes los científicos han comenzado a advertir que el petróleo del mundo posiblemente podría acabarse en cuestión de 25 a 50 años. La OPEC (Organización de Países Exportadores de Petróleo) aumentó el precio del petróleo crudo a más de 12 dólares el barril. Inmediatamente se pudo sentir el aprieto económico en todas las naciones que importan petróleo. Fueron especialmente perjudicadas las naciones en desarrollo que tienen que importar petróleo para dar incentivo a sus economías.
El Perú estuvo entre las naciones que sintieron los efectos del súbito aumento en el precio del petróleo. Aunque esta república de la costa occidental de la América del Sur por muchos años había sido autosuficiente en petróleo y hasta lo había exportado, para enero de 1977 el Perú estaba importando más de 50.000 barriles de petróleo al día para satisfacer las demandas internas del país. Los expertos dijeron que para 1980 la creciente economía del Perú requeriría 180.000 barriles al día.
Sin embargo, puesto que la producción diaria de los campos petrolíferos septentrionales del Perú se había reducido a 65.000 barriles, esto representaba un grave problema para el desarrollo del país. Era preciso encauzar valioso intercambio extranjero para pagar por el petróleo importado. ¿Qué podía hacerse para asegurar el crecimiento económico del Perú y a la vez satisfacer las necesidades petroleras del país?
En busca de nuevos yacimientos
Perú comenzó a buscar nuevos yacimientos de petróleo. Se sabía que había grandes cantidades de petróleo en la zona selvática de la cuenca del Amazonas. Estos recursos se habían pasado por alto en su mayor parte debido a su inaccesibilidad. Pero el cambio de situación en los años setenta los hicieron vitales para el bienestar del país.
Las reservas petrolíferas estaban ubicadas en el corazón de la selva tropical, una de las zonas más inaccesibles de la Tierra. Algo que contribuía a complicar más los asuntos era el hecho de que la mayor parte de la población del Perú se encuentra en la costa occidental, al otro lado de la barrera de los Andes. ¿Podría construirse una tubería que trajera el petróleo de la zona selvática, por sobre montañas, hasta la costa del Pacífico del Perú?
Por medio de contratos se hicieron arreglos para estudiar la viabilidad del proyecto. Durante más de un año, y a un costo de unos 6.000.000 de dólares, progresaron los estudios y la planificación de la ruta para una tubería transandina. A principios de 1975 se puso en marcha la construcción. Por supuesto, un proyecto de construcción de tal alcance requería la cooperación y los recursos combinados de muchas empresas diferentes. Se contrató a unos 7.000 obreros, 5.000 de los cuales eran peruanos.
Entonces vino el verdadero desafío: terminar el oleoducto en el menor tiempo posible. El gobierno del Perú le dio al proyecto prioridad nacional. Pero había que enfrentarse a inmensas dificultades. ¿Cómo es eso?
Considere la magnitud de la empresa. Una investigación con la Petroperú, la compañía petrolera nacional a cargo del desarrollo de todos los recursos petrolíferos del Perú, revela que, en lo que respecta a tamaño, el Oleoducto Nor Peruano ocupa el primer puesto después de la tubería de Alaska. Tiene una longitud de 852 kilómetros, y por sus primeros 304 kilómetros en la selva la tubería tiene 61 centímetros de diámetro. El resto de la tubería tiene un diámetro de 91 centímetros. Tres ramales de diferentes longitudes traen el petróleo desde yacimientos esparcidos a la tubería principal. El costo de ésta ascendió a más de 700 millones de dólares.
Algo que contribuyó a las dificultades de completar este proyecto fue la variedad de topografía que la tubería tenía que cruzar. El Perú tiene cuatro grandes zonas geográficas dentro de sus fronteras... selva, montaña o montes selváticos, la elevada cordillera andina y el árido llano costanero. Cada zona difiere grandemente de las otras en cuanto a terreno, altitud y clima.
Construcción en la selva
Se encontraron las más grandes penalidades de la construcción en la excesivamente espesa selva tropical de la cuenca amazónica. Vista desde el aire, esta zona parece una gran alfombra verde sólida. Pero debajo de la enmarañada vegetación se encuentran lo que los peruanos llaman aguajales. Estos son pantanos desprovistos de terreno sólido. Los obreros de la tubería tuvieron que abrirse paso a la fuerza a través de más de 300 kilómetros de esta gruesa cubierta de vegetación, que incluía muchos árboles de tremenda altura.
Los obreros avanzaron con ímpetu en el clima caliente y húmedo donde se recibe más de 250 centímetros de lluvia al año. A cada paso los ingenieros y técnicos tenían que resolver dificultades imprevistas recurriendo a nuevos métodos de construcción de tubería.
Se comenzó a trabajar en el extremo oriental de la tubería, San José de Saramuro. Ese lugar sirvió de zona de estacionamiento para reunir los materiales que traían las barcazas desde el océano Atlántico, Amazonas arriba, a una distancia de 4.500 kilómetros, hasta el puerto tierra adentro de Iquitos. De allí 28 remolcadores con 58 barcazas transportaron más de 100.000 toneladas de materiales y equipo de construcción a las cuadrillas que construían la tubería. Cuatro helicópteros y dos aviones anfibios constantemente entregaban las provisiones de emergencia y las piezas de repuesto.
Gran parte de los primeros 304 kilómetros de tubería se colocó en dos secciones bajo el agua, siguiendo el curso del río Marañón, un tributario principal del Amazonas. Aquí surgieron grandes dificultades. Fue preciso abrir canales especiales para la tubería. Entonces llevaron a flote las secciones soldadas hasta la posición deseada y allí las sumergieron.
Los obreros alojados en barcazas especiales tuvieron que ir vadeando en pantanos de lodo espeso que los cubrían hasta el hombro, y en los que tienen su madriguera serpientes e insectos venenosos. Aunque la atención médica experta siempre estaba disponible, el costo en salud y vidas fue alto. Algunos obreros contrajeron enfermedades tropicales y tuvieron que ser evacuados. Otros sufrieron accidentes mortíferos. El terminar estas dos primeras secciones requirió más de un año.
Sobre montañas y desierto
Mientras tanto, una compañía argentina había asignado sus cuadrillas de construcción a la obra de extender el oleoducto por sobre las escarpadas montañas andinas. Felizmente, a una altura de 2.145 metros, el punto de cruce se encuentra en el paso Porculla, el paso más bajo de los Andes peruanos. No obstante, los obstáculos eran formidables. Primero, fue preciso construir una carretera apropiada. Entonces enormes camiones remolques arrastraron secciones de la tubería de 91 centímetros hasta el sitio en que serían colocadas. El maniobrar estos grandes vehículos, subiendo por empinados caminos montañosos, en los que el menor error podía hacer que el camión se precipitara decenas de metros a un barranco, exigía nervios de acero y excelentes habilidades de parte de los choferes de camión. Además, en vez del calor tropical de la selva, los obreros ahora tenían que enfrentarse al frío glacial de las alturas montañosas.
Una vez al otro lado de las montañas, y antes de llegar al extremo marítimo en el puerto de Bayóvar, la tubería cruza el desierto Sechura. Este es uno de los desiertos más áridos del mundo y ofrece sus propios peligros especiales. Vehículos equipados con grandes neumáticos balón transportaron las secciones de tubería hasta el sitio donde se les habría de soldar. Fue preciso instalar formas o moldes especiales de madera en la zanja de la tubería a fin de impedir los hundimientos debido a las arenas desérticas. Las arenas movedizas y el implacable calor cobraron sus víctimas tanto en hombres como en equipo.
Se instaló un sistema especializado de comunicación por medio de microondas para inspeccionar la tubería. Este moderno artefacto, que costó 90 millones de dólares, controla el flujo del petróleo. Localiza inmediatamente y con precisión cualquier fuga, y en un instante cierra o corta el flujo del petróleo para evitar el desperdicio o el daño ecológico.
Debido al oleoducto, Bayóvar, una pequeña aldea pesquera soñolienta, se convertirá en una ciudad moderna en la que se espera una población de 100.000 habitantes. Se han construido enormes tanques de almacenamiento para dar cabida a los 116.000 barriles de petróleo que llegan diariamente. Se construyeron instalaciones portuarias para los inmensos buques tanques que transportan el petróleo a las refinerías. El gobierno del Perú tiene planes para que Bayóvar se convierta en el centro industrial del norte del Perú. Con el tiempo tendrá una refinería de petróleo, un complejo petroquímico, minas de fosfato, una planta de abonos y una industria metalúrgica.
¿Qué efecto en el futuro del Perú?
El primer petróleo de la zona selvática llegó a Bayóvar el 24 de mayo de 1977. Las 10 estaciones de bombeo habían llenado la tubería con más de 3.000.000 de barriles de petróleo. Los peruanos se alborozaron. Este logro ha dado mucho en que pensar en cuanto al efecto que la tubería tendrá en el futuro del Perú.
Seguramente habrá beneficios. Algunos ya se pueden ver. Nuevos caminos ya llegan hasta las grandes montañas y las altas zonas selváticas, lo cual da a nativos que en un tiempo vivían aislados mejor acceso a los grandes centros de población a lo largo de la costa occidental del Perú. No hay duda de que, por medio de llegar a ser autosuficiente en petróleo, el Perú recibirá grandes beneficios económicos.
Sin embargo, a menos que se encuentren grandes cantidades adicionales de petróleo, no se espera que las reservas actuales de la selva duren más allá de 1995. Y antes que se puedan sentir los beneficios verdaderos de este petróleo, hay que pagar los grandes préstamos que se obtuvieron para el proyecto de la tubería. Además, los efectos finales del Oleoducto Nor Peruano y su petróleo en gran parte dependen de la manera en que se use esta fuente de energía. Solo el tiempo lo dirá.