Amazonia... centro de controversia
Una súbita campaña para explorar la cuenca del Amazonas ha desatado una de las más acaloradas controversias ecológicas del siglo. Grandes extensiones de denso bosque tropical son presa de las llamas. El resto del mundo se pregunta cuáles serán los resultados de largo alcance de esto. ¿Se convertirá en un desierto desolado la selva más grande del mundo? Nuestro corresponsal se trasladó a Manaus, en el corazón del Amazonas, para dar un vistazo directo.
“BRASIL está en llamas,” declaró el secretario especial de cuestiones ambientales brasileño. Otras personas se unieron a su protesta. Los informes acerca de la posibilidad de que para el año 2000 la vasta región del Amazonas se convierta en un “desierto desolado” ha alarmado a los científicos, a la persona común y al gobierno brasileño.
Fotografías que se han enviado vía satélite dan a conocer que en una zona de 55 millones de hectáreas (el tamaño de Francia), 4 millones de hectáreas han sido taladas o desmontadas. Eso es una zona más grande que Holanda. Lo que es más, algunos científicos famosos creen que posiblemente ya haya desaparecido hasta el 10 por ciento del bosque del Amazonas.
Por otro lado, la revista Veja declara esta opinión de muchos brasileños: “También es natural que Amazonia no pueda permanecer cerrada indefinidamente a la explotación económica como si fuera un jardín botánico... el país positivamente necesita las riquezas de esa región.”
¿Precisamente qué está en juego en el Amazonas? ¿Cómo es realmente la selva del Amazonas?
El bosque tropical más grande del mundo
Amazonia, como la llaman los brasileños, se extiende sobre territorio de ocho países. Incluye el Tocantins, y abarca una zona de 7.000.000 de kilómetros cuadrados, es decir, casi el tamaño de Australia. La parte que corresponde al Brasil es de casi 5.000.000 de kilómetros cuadrados. Aunque es el bosque tropical más grande del mundo, solo alrededor del 65 por ciento de toda esta zona es más o menos selva densa. El resto es praderas selváticas, campo abierto y zonas de matorrales. Una increíble red de 80.000 kilómetros de vías fluviales se entrecruza en esta inmensa región. Más de 23.000 kilómetros son navegables... más de la mitad de la circunferencia de la Tierra.
Esta zona es de naturaleza tan variada que hace poco los investigadores identificaron 179 especies de árboles con diámetros de más de 15 centímetros en el espacio de simplemente 1 hectárea de terreno. En conjunto, en el bosque crecen unas 4.000 diferentes especies de árboles. Pero se sabe tan poco acerca de estos árboles y su potencial que solo seis o siete de estas especies se explotan comercialmente. Entre los árboles más conocidos están los de la nuez del Brasil, la caoba, el cedro y el caucho.
En términos generales, se dice que más de 60.000 especies de plantas tropicales son nativas de la cuenca del Amazonas. Eso es aproximadamente la cuarta parte de todas las plantas que se conocen. Ninguna otra concentración de plantas tropicales de la Tierra puede compararse con ésta. Aun así, millares de estas plantas están todavía sin clasificación. Tampoco se han estudiado todos los animales, aves, peces e insectos. Durante siglos la selva del Amazonas ha permanecido prácticamente sin tocar.
Por lo tanto, ¿qué podría significar para la humanidad el que se despejara una gran cantidad de espacio del Amazonas? Según los científicos, es posible que se pierda el conocimiento completo de la flora y fauna del Amazonas antes de que éste pueda salir a la luz en su totalidad. En una Conferencia en cuanto a especies en peligro de extinción, celebrada recientemente en San José, Costa Rica, David Munroe, presidente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, dijo:
“Hay argumentos sumamente poderosos que presentar a favor de preservar el bosque tropical. No obstante, los líderes de los países en desarrollo creen que hay argumentos igualmente poderosos para derribarlo y usar el dinero que se obtenga para el beneficio económico de la gente. En cierto punto uno comienza a alcanzar otro nivel de argumentación que es menos materialista. La gente tendrá que decidir por sí misma qué clase de mundo desea. Uno en el que todo se pueda convertir en ganancia económica y que luzca bastante estéril y aburrido; o uno en el cual se coloque gran valor en la admirable variedad de las cosas, en el cual exista la excitación de las sorpresas que presenta el mundo natural y de la belleza de muchas clases de vida que trabajan juntas.”
Ecología delicada
¿Qué otro posible daño se podría causar? No hay respuesta clara. El bosque del Amazonas está sujeto a una ecología compleja y todavía poco conocida. Por ejemplo, solo alrededor de la mitad de una docena de ríos de los 1.100 que hay en la cuenca transportan sedimento nutriente. Entonces, realmente, ¿cuán rico es el terreno? El Brazil Herald escribió:
“El punto crítico del problema es que la apariencia de eterna fertilidad del Amazonas encubre uno de los sistemas ecológicos más frágiles del mundo. Según las palabras de la científica norteamericana Betty Meggers, el Amazonas es un ‘paraíso falsificado’... una selva cuya lozanía se deriva, no del suelo que le sirve de base, sino de la continua recirculación de nutrientes por la densa cubierta forestal.”
De hecho, el suelo del Amazonas es delgado, sumamente ácido y nada fértil. Por eso, ¿cómo se mantiene a sí misma la selva? Por el llamado sistema de nutrición de ciclo directo. Alrededor de casi todas las plantas y árboles más altos hay un intrincado sistema de raíces superficiales. El agua de la lluvia se filtra a través de los varios niveles del follaje y remueve las sales minerales de las hojas, ramas y troncos de los árboles. Al descender hacia el humus del suelo, el agua rica en nutrientes es parcialmente absorbida y almacenada. Hay plantas parasitarias, hongos e insectos que también desempeñan su parte en suministrar alimentación al bosque.
Otro factor crítico en el proceso de supervivencia del bosque son las precipitaciones anuales que alcanzan hasta 3.600 milímetros. El Latin America Daily Post informó:
“El cambio de vegetación que tiene lugar después de la tala o desmonte puede conducir a una alteración de climas locales en algunas regiones tropicales. Aunque estos cambios siguen siendo un asunto de conjetura, un proyecto de investigación brasileño ha llegado a la conclusión de que el 50 por ciento de la lluvia que cae en la cuenca del Amazonas se genera de la evaporación del agua del mismo bosque. Si las precipitaciones se reducen de modo significativo como resultado del desmonte, podría trastornarse el entero equilibrio natural de la cuenca.”
Este descubrimiento vino por sorpresa, pues en otras regiones, tales como a lo largo del río Misisipí, la evaporación local causa solo el 10 por ciento de las lluvias, mientras que el resto de éstas viene del mar.
El Amazonas... ¿los “pulmones de la Tierra”?
Se ha escrito mucho acerca de que la región amazónica es los “pulmones de la Tierra.” Pero, ¿es cierto eso? Se alega que la mitad del oxígeno de la Tierra generado por plantas ciertamente viene del Amazonas. Pero hay científicos que también alegan que esa producción es muy pequeña en comparación con el volumen total de oxígeno que hay en la atmósfera. El libro Amazon Jungle: Green Hell to Red Desert? (La selva del Amazonas: ¿De infierno lujuriante a desierto desolado?) dice que esa producción llega solo a aproximadamente el 0,05 por ciento de la producción anual de las reservas de oxígeno atmosférico y disuelto.
De cualquier modo, hay otro factor desconcertante. Es la cantidad de anhídrido carbónico que se liberaría al quemar masivamente el desecho del bosque. Durante los últimos 100 años la presencia de ese gas ya ha aumentado en un 10 por ciento. Es claro que el hombre está manipulando la ecología peligrosamente.
¿El fin de los nativos?
Muchas personas preguntan: “¿Cómo les va a los nativos en la lucha por el progreso técnico?” En 1500 E.C. la población indígena original del Brasil era de unos tres millones de personas. A través de los siglos, las enfermedades y los abusos de los occidentales han reducido el número de indígenas en el país a menos de 200.000. En 1970 quedaban unos 42.000 en el Amazonas. Un funcionario de la Fundación Nacional Brasileña del Indígena declaró que más de 3.000 indígenas de la región tienen muy poco contacto con el hombre blanco, o se sabe de ellos solo por medio de informes de otros indígenas.
Estos nativos primitivos, principalmente de la cultura tupí, viven precisamente en las zonas donde la minería y otras empresas están a la vanguardia del empuje hacia el desarrollo. ¿Qué les sucederá? Oficialmente se les ha otorgado el derecho de vivir en zonas específicas. Pero como declaró el gobernador de un estado: “El territorio no puede permitirse el lujo de preservar a media docena de tribus nativas que están obstruyendo el progreso.” La Fundación del Indígena está tratando de localizar y apaciguar a las tribus hostiles por medio de atraerlas a zonas no abiertas al público. Más de 100 tribus han sido repobladas en reservas. La más conocida es el parque Xingú, en el Brasil central.
Estudio extraordinario
En 1970 el gobierno brasileño comenzó una investigación con fines cartográficos por medio del radar y la fotografía, y al proyecto se le llamó “Radar del Amazonas”... RADAM, para abreviarlo. El proyecto terminó en la primavera de 1979, y costó alrededor de 1.500 millones de cruzeiros (50 millones de dólares, E.U.A.). Costó la vida de 55 hombres y la pérdida de 6 aviones.
¿Qué reveló este estudio pionero? Confirmó que hay un total de 500.000.000 de hectáreas de terreno amazónico. Además, se dice que el 70 por ciento del terreno es apropiado para la agricultura y granjas. La descripción indicó que casi 10 millones de hectáreas son sumamente fértiles. Aunque ese descubrimiento se recibió como buenas nuevas, los técnicos de RADAM recalcaron la absoluta necesidad de ejercer gran cuidado al desarrollar la zona, y de trabajar en armonía con el sistema ecológico, que es sumamente frágil.
Desde luego, se ha manifestado gran júbilo respecto al potencial astronómico del Amazonas en cuanto a maderas, y a la posibilidad de usar ese potencial para reducir la deuda exterior del Brasil, que es de 1,2 billones de cruzeiros ($40.000.000.000, E.U.A). También hay fabulosos depósitos minerales. Se calcula que los depósitos de manganeso que hay en Amapá contienen 36 millones de toneladas de este mineral. En la cordillera de Carajás, en el estado de Pará, existe uno de los depósitos más grandes del mundo de mineral de hierro (con 60 por ciento de hierro sólido). Se calcula que las reservas de bauxita que contienen aluminio ascienden a 500 millones de toneladas. El caolín, que se usa como materia prima en la cerámica, para hacer papel y en la refinación del petróleo, está presente en cantidades prácticamente inagotables. Además de eso, hay disponibles para excavar depósitos de casiterita (mineral de estaño), sal de piedra, roca caliza, minerales atómicos y oro.
¿Qué esfuerzos se han hecho en pro de una explotación racional?
Desarrollo actual
Hace diez años el Amazonas era la selva virgen más grande de la Tierra, un gigante dormido. Hoy día lo atraviesan casi 16.000 kilómetros de carretera, incluso la autopista Transamazónica, de 4.000 kilómetros, y otras. Para fines de 1977 más de un millón de colonos se habían mudado a esta zona. Los ambientalistas están preocupados por este asunto y advierten que la región se encuentra al borde de la devastación. La selva del Amazonas pudiera convertirse en el desierto del Amazonas.
Sea como sea, hay prisa en el asunto. Se han establecido cientos de granjas de ganado, algunas del tamaño de algunos países europeos. Hay muchas granjas con 20.000 cabezas de ganado. Se están construyendo enormes plantas hidroeléctricas, como la del río Tocantins, en la cual se ha planeado producir una potencia de 6.700 megavatios. Los proyectos de inversión privada son de tamaño exorbitante. El archimillonario americano Daniel K. Ludwig, por ejemplo, compró alrededor de un millón de hectáreas de selva en la zona del río Jari para plantar árboles de eucalipto para obtener celulosa, plantar arroz y extraer caolín.
El futuro
¿Cómo se puede controlar y reorganizar en forma racional este avance irresistible? Paulo Azevedo Berutti, presidente del Instituto de Desarrollo Forestal Brasileño, recalcó la necesidad de aumentar la cantidad de inspectores forestales. En 1977, las naciones que comparten la región del Amazonas concluyeron el Pacto del Amazonas, un instrumento suprapolítico diseñado para asegurar la explotación conjunta y supervisión del desarrollo.
A principios de 1979, el ministro del Interior del Brasil, Mário Andreazza, anunció que el gobierno estaba dando pasos hacia la solución de una situación confusa. Declaró que las sugerencias y programas para la ocupación del Amazonas tienen que tener presente la preservación de éste y tienen que considerarse a nivel nacional.
En medio de los comentarios polémicos, también se escuchan voces de habla positiva en la selva tropical, entre los nueve millones de habitantes del Amazonas. En el lado brasileño, más de 6.000 personas están avisando a sus vecinos que Jehová Dios, el Creador de la Tierra, evitará que el hombre la arruine por completo. De hecho, en dos asambleas cristianas que se celebraron hace poco en Manaus y Belém, 8.000 personas consideraron el propósito de Jehová de transformar toda la Tierra en un encantador paraíso.
Y en eso está incluido el Amazonas, el más grande invernadero del mundo.