Precisamente, ¿qué pasa?
¿POR QUÉ está la gente demasiado gruesa? ¿Es debido usualmente a factores que estén más allá del control de la persona, como los de herencia, mal funcionamiento de algunas glándulas o un desequilibrio hormonal? ¿Qué relación hay entre el sobrepeso y el comer demasiado?
Para comenzar, se debe decir que no todas las personas con sobrepeso son comedores insaciables. El profesor Jean Mayer, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, declara: “Hay muchos casos en que el apetito y consumo de alimentos de la persona obesa son bastante normales; en algunos casos hasta es menos de lo promedio.”
A veces el exceso de peso se debe a que el cuerpo no puede eliminar los fluidos debidamente. El desequilibrio hormonal y los factores hereditarios también pueden tener algo que ver con el asunto. El Dr. Mayer dijo: “Muchos casos de obesidad en animales experimentales son de origen genético.” ¿Qué hay de los humanos? “En el hombre también hay evidencia válida de que la genética es muy importante.” El profesor añade:
“La cantidad de células adiposas [de grasa] parece estar predeterminada (con la excepción, quizás, de algún aumento durante el primer año bajo la influencia de una alimentación sobreabundante). La obesidad viene de familia: en la zona de Boston, los padres delgados tienen, como promedio, un 7 por ciento de hijos obesos en edad de escuela secundaria. Si uno de los padres tiene sobrepeso, el promedio es de 40 por ciento; si los dos padres tienen sobrepeso, el promedio es de 80 por ciento. Los niños que fueron adoptados desde su nacimiento no muestran esta relación con el peso de sus padres [adoptivos], lo cual muestra que la herencia, y no los hábitos de alimentación de la familia, es el factor decisivo (un hallazgo confirmado por un estudio hecho en gran escala en Inglaterra).”—Las letras cursivas son nuestras.
Aunque esto es cierto, está claro que son, por mucho, demasiadas las personas que mencionan los trastornos glandulares o la herencia como la razón de su extremada obesidad. Según la Encyclopœdia Britannica (edición de 1976), “la habilidad del cuerpo para ajustar el consumo de alimento a las necesidades del cuerpo puede ser alterada por numerosos factores. De éstos, se cree que el desequilibrio hormonal y los defectos glandulares son los menos importantes, pues se han comprobado en solo cerca del 5 por ciento de todas las personas obesas.”
La energía humana
El cuerpo humano se puede comparar a una máquina de precisión exacta y bien equilibrada. Como cualquier máquina, necesita una fuente de energía que la ponga en movimiento y que la mantenga funcionando. El cuerpo de una persona deriva energía solamente de alimentos sólidos y de líquidos.
Dependiendo del diseño, un motor de pistones hecho por el hombre puede funcionar con una variedad de combustibles. El cuerpo humano también está diseñado de modo que uno pueda seleccionar de entre una amplia variedad de alimentos que el Creador ha hecho disponible a la humanidad. Tiene que entenderse, sin embargo, que el valor energético tanto de los alimentos como de los líquidos varía grandemente, y esto da una clave para el control del peso del cuerpo.
Para medir el valor energético del alimento, tiene que haber una unidad común con la cual se puedan confrontar todas las diferentes fuentes de energía alimentaria. El término para esto es “caloría,” que significa, muy sencillamente, unidad de energía. Es posible determinar, por varios medios científicos, cuánto calor o energía puede impartir cierto alimento al cuerpo cuando el alimento se “quema” o se utiliza. Tal como los combustibles literales, como carbón, petróleo, madera o turba, varían grandemente en cuanto al rendimiento de calor que suministran, así también los alimentos que comemos pueden ser engañosamente diferentes en cuanto al rendimiento de energía que suministran. Desde el punto de vista energético, todos los alimentos pueden dividirse en tres clases básicas.
Carbohidratos, grasas y proteínas
Los carbohidratos son nuestra principal fuente de energía. Se encuentran en forma de azúcares y almidones en las papas o patatas y los alimentos dulces, pero particularmente en cereales y productos derivados de cereales, tales como el pan y la harina. Cuando los carbohidratos entran en el sistema digestivo se convierten en azúcares simples como la glucosa, que son el suministro energético básico del cuerpo. En caso de que haya un sobrante de glucosa, el cuerpo hace arreglos para almacenar esta energía, ya sea como glucógeno en los músculos y el hígado, o como grasa.
Hay grasas de dos tipos... las saturadas y las no saturadas. Las grasas saturadas vienen de los animales. Ejemplos de grasas saturadas son la manteca, la grasa en las carnes, la leche y sus derivados. Las grasas no saturadas vienen del pescado y la vegetación. Estas son el aceite de pescado, aceite de oliva, aceite de maíz, aceite de girasol y productos similares. Como sucede con los carbohidratos, así sucede con las grasas: si la fuente de energía no se usa, se almacena como grasa en el cuerpo.
A diferencia de los carbohidratos y las grasas, las proteínas no son usualmente fuente de energía, sino que se absorben principalmente para el crecimiento o la reparación del cuerpo. El cuerpo humano no puede almacenar en grandes cantidades los aminoácidos que resultan de la desintegración de las proteínas. No obstante, sin ellos se estorbaría el desarrollo del niño hacia la madurez física. Se detendría el fácil reemplazo de las uñas de los dedos de las manos y de los pies, el pelo, la piel, las fibras musculares y hasta los glóbulos rojos. Nuestro suministro principal de proteínas viene en la forma de carne, pescado y huevos, así como de alimentos vegetales como las habichuelas, los guisantes y las lentejas de la familia de las legumbres, aunque no todos estos alimentos tienen el mismo valor.
El equilibrio natural
¿Qué tiene que ver con el sobrepeso la energía derivada de los alimentos? Imagínese que vamos a dar un viaje en automóvil. La fuente de energía es la gasolina. La cantidad disponible al principio del viaje va a disminuir gradualmente. A medida que el automóvil utiliza esta fuente de energía, el peso del líquido que hay en el tanque de la gasolina va a disminuir. En ciertos puntos va a ser necesario añadir al combustible que se tiene para igualar la disponibilidad de energía con la demanda.
Nuestro cuerpo también necesita suficiente “combustible,” o calorías, para satisfacer nuestras varias necesidades. Un trabajador sedentario puede usar unas 2.700 calorías durante un período de 24 horas. Otro trabajador que sea muy activo puede quemar hasta unas 900 calorías adicionales más o menos. Podemos tomar un desayuno al levantarnos, y este alimento se asimila rápidamente y se pone a trabajar. Después, durante el transcurso del día, comemos otras comidas, y quizás algunos entremeses y refrescos dulces. Demasiado a menudo la cantidad de calorías que el cuerpo necesita resulta ser menos que la cantidad que se ingiere.
El hambre es el mecanismo que nos avisa que necesitamos más energía. La parte del cerebro que controla el apetito se llama el hipotálamo. Ciertos experimentos han demostrado que si esta parte del cerebro se estimula o se destruye en los animales, éstos comienzan a comer vorazmente y engordan, o rehúsan el alimento y hay que alimentarlos a la fuerza.
Metabolismo
Aun cuando estamos descansando, o dormidos, nuestro cuerpo necesita constantemente energía para que el corazón siga latiendo, los pulmones sigan respirando y el alimento siga siendo digerido. A esto se le llama metabolismo basal. “Metabolismo” es el término que se usa para todos los procesos químicos que constantemente están aconteciendo para mantenernos vivos. Sin importar la forma o el tamaño de nuestro cuerpo, todos tenemos una velocidad metabólica individual, aunque en la actualidad no podemos entender a cabalidad cómo se regula.
¿Qué sucede si nos vemos imposibilitados de comer suficiente alimento como para hacer frente a nuestra demanda de calorías? El cuerpo tiene entonces que valerse de sus propios recursos, y lo único que puede hacer es utilizar con ese fin el glicógeno o la grasa almacenada. Por el contrario, si comemos demasiado, el cuerpo almacena el exceso de energía potencial en la forma de grasa.
La grasa es necesaria tanto para mantener el cuerpo caliente como para proteger ciertos órganos vitales, como los riñones. Es el exceso de grasa lo que se relaciona con los problemas mencionados anteriormente.
Parece que algunas personas que comen bien sin aumentar de peso tienen una velocidad metabólica alta por naturaleza. En ciertos casos, el sobrepeso puede deberse a una velocidad metabólica demasiado baja. Sin embargo, tenemos que ejercer mucho cuidado y no apresurarnos a dar ésta como la razón para la obesidad. La Dra. Judith Rodin, sicóloga de la Universidad de Yale, declara: “La persona obesa con un extremado metabolismo bajo es una rareza. El noventa y ocho por ciento de las amas de casa que dicen que no pueden rebajar porque tienen un metabolismo bajo están equivocadas.”
Problemas con los infantes
A menudo la gente se alegra de ver que los bebés sean gruesos. Sin embargo, se afirma que por lo menos una tercera parte de todos los bebés del mundo occidental tienen sobrepeso, por lo menos durante el primer año de vida. ¿A qué se debe esto? Simplemente a que los bebés no pueden regular su propia selección de alimentos, y muchos padres —con buenas intenciones— los sobrealimentan.
¿Importa mucho el que el bebé sea obeso durante más o menos su primer año? ¡Sí! Eminentes pediatras insisten en que esa obesidad inicial lleva a un aumento, tanto en tamaño como en número, de las células adiposas del cuerpo. Esto significa, dicen ellos, que el niño tendrá que pasar el resto de su vida luchando por mantenerse delgado.
Muchos recomiendan amamantar más al bebé como antídoto para la obesidad del infante. Además, la Fundación Británica sobre Nutrición ha hecho campaña por mucho tiempo contra la introducción temprana de alimentos sólidos (particularmente cereales), puesto que éstos pueden perjudicar a los infantes. Los envases para alimentos de bebé en las Islas Británicas llevan ahora el aviso de que los alimentos para bebés no son usualmente necesarios, sino hasta después que tengan de cuatro a seis meses de edad. Esto da tiempo al infante para ajustar su metabolismo al nivel correcto.
Todos queremos mantener nuestro cuerpo saludable. Como hemos notado, esto depende mucho de la cantidad y de la calidad de nuestro suministro regular de alimentos. En la mayoría de los casos, la obesidad se puede prevenir. Pero, ¿qué hay de un remedio?
[Comentario en la página 6]
‘El exceso de peso se puede deber a que el cuerpo no puede eliminar los fluidos debidamente.’
[Comentario en la página 7]
‘El desequilibrio hormonal y la herencia también pueden contribuir al sobrepeso.’
[Comentario en la página 7]
‘En la mayoría de los casos, la cantidad de calorías que el cuerpo necesita es sencillamente menor que la cantidad que se ingiere.’
[Comentario en la página 8]
‘Los doctores dicen que el sobrealimentar al bebé durante el primer año de vida puede causar un problema de sobrepeso que dure toda la vida.’