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  • Los hijos, víctimas inocentes del divorcio
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¡Despertad! 1981
g81 8/8 págs. 16-20

Los hijos, víctimas inocentes del divorcio

¿Qué solución hay?

“DESPUÉS que papá se fue de casa, mamá consiguió empleo, y mis hermanos y yo tuvimos que criarnos más o menos por nuestra cuenta. Nos acostumbramos a llegar a una casa vacía. De hecho, invitábamos a nuestros amigos para emborracharnos allí después de la escuela. A medida que fui creciendo, pensé en el matrimonio, pero no tenía la menor idea de lo que contribuiría al éxito o al fracaso de un matrimonio.”—Rob (cuyos padres se divorciaron cuando él tenía nueve años de edad).

“Papá trató de criarnos de manera estricta, pero no sabía comunicarse con nosotros, y usualmente estaba demasiado cansado para tratar de hacerlo. Tuve que llegar a conocer las realidades de la vida por mi cuenta. Me casé a los 17 años de edad y me divorcié pocos años más tarde, cuando tenía una hijita. Mi esposo y yo no podíamos comunicarnos en absoluto.”—Maríaa (cuyos padres se divorciaron cuando ella tenía siete años de edad).

Estos son los comentarios de niños que llegaron a ser víctimas de una ola mundial de divorcios. En la Unión Soviética, de cada 100 matrimonios, 30 fracasan. En el Japón hay un promedio de un divorcio cada cuatro minutos. La cantidad de peticiones de divorcio en Gran Bretaña es cinco veces mayor de lo que era en 1961. En los Estados Unidos, más o menos la mitad de todos los matrimonios terminan en divorcio.

Cónyuges que no se llevan bien tal vez consideren el divorcio como una manera de resolver sus problemas, pero, ¿qué efecto tiene esto en los hijos?

Hay creciente evidencia de que cuando hay infelicidad dentro de la familia los niños sufren problemas emocionales que van desde los de orinarse en la cama y recibir malas calificaciones en la escuela hasta sentirse gravemente deprimidos. En Gran Bretaña, donde cada año 200.000 niños ven a sus padres separarse, un director de escuela dice: “No he conocido a ningún alumno problemático que no haya experimentado una vida de familia caracterizada por trastornos.”

Pero, ¿qué hay si el esposo y la esposa están peleando constantemente? ¿No sería mejor para los hijos el que los padres se divorciaran?

La revista Psychology Today responde que un estudio de cinco años en el cual recientemente se observó a más de 100 ‘hijos de padres divorciados’ reveló que el divorcio no es bueno para los hijos. Ni siquiera los niños que vivían en hogares muy infelices querían que sus padres se divorciaran. De hecho, cinco años después del divorcio la mayor parte de estos niños no se sentían felices, y más de la tercera parte de ellos estaban gravemente deprimidos. ¿Por qué?

Los expertos concuerdan en que cuando el niño ve que su familia se está disolviendo “siente que se le destroza el mundo.” Niños de tierna edad hasta pudieran imaginarse que ellos son culpables de todo lo sucedido, que papá se fue debido a que ellos se comportaron mal. Esto puede provocar graves problemas emocionales. Con relación al divorcio de sus padres, una niñita dijo: “Yo creía que tal vez me había portado mal con mamá y con mi hermana, y que Dios me estaba castigando.”

El divorcio casi siempre resulta en una situación tirante desde el punto de vista financiero, especialmente para el cónyuge a quien se concede la guarda de los hijos. La situación es peor todavía si éste tiene que trasladarse a otro lugar y el hijo o hija de repente pierde a sus amigos y cambia de vecindario además de perder a uno de los padres. Los problemas que experimentan los niños en ese tiempo pueden afectarlos hasta años después.

“Viví con mamá por un tiempo después del divorcio,” dice María. “Pero ella tenía que trabajar de noche tan solo para nuestro sustento. Trató de ser buena madre, pero a menudo todo lo que podía hacer era darme suficiente dinero para que comprara dulces para mis hermanos y mi hermana, y entonces nos dejaba por nuestra cuenta. De hecho, yo misma terminé por criar a la hijita mía más o menos de la misma manera. Quizás me parecía que, si yo había sobrevivido, mi hija también podría hacerlo.”

A María le parece que el trato que recibió como hija de padres divorciados la afectó luego como esposa y madre. ¿Es insólito su caso? Aparentemente no lo es.

Muchas encuestas indican que, llegados ya a la edad de adultos, los hijos de padres divorciados están más propensos a tener problemas maritales que los hijos de familias que se han mantenido unidas. Según unos sicólogos, hay mayor probabilidad de que, como adultos, los hijos de padres divorciados sufran de ataques de llanto, insomnio y sentimientos de inferioridad, de culpa y de desesperación. En vista de esto, ¿cuán válida es la noción popular de que los hijos se ajustan al cambio pocos años después del divorcio y alcanzan mayor felicidad que antes?

Si el divorcio en sí basta para destrozar el mundo de un niño, ¿qué sucede cuando en la situación se presentan los argumentos legales con relación a las hostilidades existentes?

“Me gustaría que el divorcio fuera eliminado del sistema de los tribunales,” dice un juez de la ciudad de Atlanta, E.U.A. “Una vez que el divorcio llega a los tribunales, los abogados adoptan la posición de adversarios y quieren pelear.” Tales peleas pueden crear amargura, innecesariamente, para padres e hijos.

Cierta señora escribió lo siguiente: “Mi abogado quiere que yo entable juicio contra mi esposo para echarlo de la casa . . . que cambie todas las cerraduras de las puertas y afirme que mi esposo es peligroso y violento. En realidad, mi esposo no se comporta así, pero mi abogado dice que si hago esto estaré en una posición más favorable cuando sea el tiempo de llegar a un acuerdo final. Dice que es lo acostumbrado hacer esto. Yo sé que a mis hijos les perturbaría el que yo hiciera eso.”

Claro, no todos los abogados dan esa clase de consejo. No obstante, como hizo notar el juez, la mismísima noción, característica de muchos sistemas legales, de que el proceso legal consiste en la confrontación de “adversarios” incita a que se emplee tal táctica. Por lo tanto, cierto abogado de Atlanta, E.U.A., simplemente rehúsa llevar casos de divorcio a la corte, y ofrece más bien servir de mediador pero él es una excepción.

¿Qué hay de las nuevas leyes de divorcio según las cuales ninguno de los dos cónyuges tiene la culpa por el quebrantamiento del matrimonio? ¿No deberían eliminar las riñas envueltas en el divorcio estas leyes? No está resultando ser así. Ahora, en vez de pelear acerca de quién causó la desintegración del matrimonio, los abogados pelean en cuanto a la distribución del dinero y la tutela o guarda de los hijos.

Si a los niños se les obliga o se les soborna para que tomen partido en pleitos por tutela, pueden sufrir verdadero perjuicio. Cuando el tribunal permitió a una muchacha de 13 años de edad decidir si quería vivir con su padre o con su madre, ella quedó “totalmente confundida.” Peor aún es la situación difícil de los más o menos 25.000 niños que anualmente son secuestrados por sus propios padres mientras éstos están envueltos en pleitos por obtener la guarda de ellos. Esos padres viven “en la clandestinidad” con sus hijos, y hasta rehúsan matricularlos en escuelas por temor de que se les aprehenda bajo cargos de secuestro.

A algunas personas les parece que la solución es obtener la tutela en común, pero, según dijo un funcionario escolar de Gran Bretaña, el resultado es que los hijos se ven trasladados de un hogar a otro “como volantes o rehiletes,” y esto hace que se sientan desorientados. El funcionario agregó: “Estoy convencido de que este arreglo perturba más al niño que el patrón de divorcio anterior.”

Si a los hijos se les está haciendo difícil ajustarse a sus nuevas circunstancias, ¿podría resolverse el problema por medio de llevarlos a un consejero o sicólogo? El profesor Christopher Lasch, de la Universidad de Rochester, E.U.A., dice en un libro que se publicó recientemente que el aumento en tales ‘profesiones que dan ayuda’ ha resultado en más perjuicio que en bien... pues ha reducido a la familia al papel pasivo de ‘consumidora de consejos.’ Dice: “La única solución es convencer a las personas de que ellas realmente pueden resolver sus propios problemas.”

El caso de un doctor en sicología clínica de la ciudad de Nueva York que es padre divorciado ilustra el peligro de algunas teorías corrientes en el campo de la sicología. A la que fue su esposa se le concedió la guarda del hijo de ellos; por eso, cuando ella se volvió a casar el padre desapareció de la vida de su hijo. ¿Por qué? Las teorías de él dictaban que “el que yo no interfiriera sería de beneficio para el muchacho en el sentido de que él no se vería envuelto en un conflicto respecto a lealtades.” ¿Cuál fue el resultado? “A pesar de que investigué la literatura de la profesión, mi altruismo mal orientado aparentemente ha empeorado la situación a un grado terrible.” El hijo de este sicólogo fue arrestado por haberse robado un automóvil.

Lo que aquel muchacho realmente necesitaba era un padre que mostrara interés genuino en él. Si este experto hubiera hecho sus investigaciones en el manual más antiguo y de más amplia distribución sobre el comportamiento humano, tal vez habría hallado la siguiente declaración: “Un hijo es sabio donde hay la disciplina de un padre, pero el burlador es uno que no ha oído la reprensión.” —Pro. 13:1.

Esta declaración se halla en la Biblia. Crea usted o no que la Biblia es la Palabra de Dios, probablemente sabe que por miles de años la Biblia ha sido consultada en busca de consejo acerca de la vida de familia. Las teorías en cuanto al matrimonio y el divorcio han cambiado vez tras vez con el transcurso de los años, pero la Biblia sigue proporcionando soluciones prácticas a las personas, sea cual sea la situación en que se encuentren.

Para usted la Biblia quizás haya sido siempre un libro “como de otro mundo” y para personas religiosas. Quizás le sorprenda que se le describa como una guía sobre el comportamiento humano o una guía práctica para asuntos matrimoniales, pero, ¿por qué no la consulta usted mismo? Eso es lo que hicieron Rob y María, ‘hijos de padres divorciados,’ como también lo han hecho otros miles de personas. “La Biblia me ha dado muchísimo discernimiento en cuanto a cómo hacer un éxito del matrimonio,” dice Rob. “Me ha dado mucha confianza que me hacía falta.”

¿Qué distingue lo que dice la Biblia de lo que dicen otros libros?

Buen consejo acerca del matrimonio y el divorcio

En primer lugar, la Biblia da a las personas un punto de vista sobre el matrimonio que puede ayudarles a evitar del todo el divorcio. Dice claramente que Dios es el Autor del matrimonio y que él lo considera digno de ser conservado.—Gén. 2:21-25; Mat. 19:3-6.

En contraste, los “expertos” modernos frecuentemente se refieren al matrimonio como una conveniencia social. Un sicólogo que opina así, el mismo un divorciado, declaró: “Siempre y cuando dos personas se hallen felices y contentas en su relación, están dispuestas a mantener las cosas como están. Pero si este sentimiento cambia debido a que la relación es frustratoria y ya no resulta en felicidad, productividad y la crianza satisfactoria de los hijos, no veo que haya nada malo en disolver el matrimonio.” ¿Qué fruto ha producido este punto de vista?

“Mi primer esposo y yo realmente nunca nos esforzamos por conservar nuestro matrimonio,” admite María. “No podíamos considerar nada. Cuando surgían problemas, me era fácil pensar en conseguir un divorcio en vez de luchar por salvar el matrimonio.” Después de estudiar la Biblia con los testigos de Jehová, María volvió a casarse, y ahora tenía un punto de vista diferente. “Estoy sumamente feliz en mi matrimonio,” dice ella, y esto se refleja en su rostro. “Mi esposo se ha fijado como meta principal el tener una buena vida de familia, y yo he hecho lo mismo. Claro, esto requiere esfuerzo, pero el saber cómo Dios considera nuestro matrimonio nos hace querer mantenerlo en buen estado, y eso da cuenta de toda la diferencia que existe en nuestra actitud.”

¿Puede la Biblia ayudarle?

Hoy en día muchos millones de personas no hallan felicidad en su matrimonio, y en este mismo momento están considerando el divorcio. Les parece que el divorcio es la única solución a sus problemas, la única manera de escapar de un modo de vivir que les produce infelicidad. Pero, ¿es así?

No; hay una mejor manera de proceder. Una manera de proceder que resulta en felicidad duradera tanto para los cónyuges como para los hijos, sin los enredos ni las dificultosas consecuencias secundarias de un divorcio. ¿Cuál es esa manera de proceder?

Aplicar el consejo que la Biblia da para salvar el matrimonio.

Tal vez esto le parezca imposible, pero Jesucristo dijo: “Todas las cosas son posibles para Dios.” (Mar. 10:27) Los testigos de Jehová gustosamente proporcionan ayuda bíblica gratis a toda clase de personas que tengan problemas maritales. Pueden citar numerosos casos de matrimonios que estaban a punto de disolverse y que se salvaron de eso con la ayuda del consejo bíblico. Ciertamente es posible adquirir un punto de vista correcto del matrimonio, junto con el consejo práctico sobre la vida de familia que se necesita para que tal matrimonio realmente sea un éxito. Si usted está teniendo problemas matrimoniales, ¿por qué no se comunica con los testigos de Jehová y permite que la Palabra de Dios le ayude?

[Nota a pie de página]

a Por el deseo expreso de ella, no se ha usado su verdadero nombre.

[Comentario en la página 17]

Cuando el niño ve que su familia se está disolviendo, siente que se le destroza el mundo

[Comentario en la página 18]

Si a los niños se les obliga o se les soborna para que tomen partido en pleitos por tutela, pueden sufrir verdadero perjuicio

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