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  • ¡Despertad! 1991
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¡Despertad! 1991
g91 22/4 págs. 3-5

El divorcio sí produce víctimas

SI USTED tuviese que creer todo lo que los “expertos” han escrito acerca del divorcio durante las últimas décadas, pudiera concluir que en los divorcios modernos no hay ni culpables ni perjudicados.

A muchos padres en trámites de divorcio se les ha tranquilizado con algunos tópicos muy vendidos como: el divorcio es mejor para los niños que un matrimonio desgraciado; esperen hasta que los niños tengan ‘la edad apropiada’, así evitarán que sufran; los niños se recuperan del trauma en solo un par de años.

Hay quienes han sostenido estas ideas optimistas. Por ejemplo, las autoras Susan Gettleman y Janet Markowitz desestiman “el mito del niño perjudicado” y afirman que el divorcio no tiene por qué traumatizar a los hijos siempre que los padres ‘lo traten con madurez’. Hasta sostienen que el divorcio de los padres puede ayudar a los hijos a que algún día hagan frente a su propio divorcio. Dicen: “Lo que en realidad debería reformarse es la institución del matrimonio y el mito de la vida casera”. (The Courage to Divorce [El valor de divorciarse].)

Sin embargo, ¿suenan veraces esas tajantes afirmaciones? En un mundo donde la cantidad de divorcios aumenta por momentos, ¿cuáles serían las repercusiones sobre los hijos? ¿Es cierto que nadie sale perjudicado?

Una terrible cantidad de víctimas

En 1971 las investigadoras estadounidenses Judith Wallerstein y Joan Berlin Kelly iniciaron un histórico estudio sobre los efectos a largo plazo que el divorcio producía en las familias. Escogieron a 60 familias en las que los padres estaban a punto de divorciarse. En conjunto, estas familias tenían 131 hijos con edades comprendidas entre los dos y los dieciocho años. Para sorpresa de las investigadoras, descubrieron que el divorcio casi nunca supuso un alivio para los hijos, ni siquiera en los casos en los que sus padres habían sido desgraciados en su matrimonio. Al contrario, el divorcio los dejó muy confusos.

¿Se trataba solo de un trauma pasajero? Lamentablemente no. Después de cinco años, el 37% de los niños padecía diversos grados de depresión que iba desde moderada hasta grave. La mayoría todavía abrigaba esperanzas de que sus padres se reconciliasen... ¡aunque ya hubiesen contraído segundas nupcias! Después de diez o hasta quince años, casi la mitad de los hijos con los que se había llevado a cabo el estudio habían “llegado a la vida adulta siendo jóvenes preocupados, con un rendimiento inferior al normal, menospreciándose a sí mismos y a veces coléricos”.

Tales resultados chocaban con el punto de vista general. Como dijo la señora Wallerstein, “nuestros hallazgos contradecían por completo nuestras expectativas. A muchas personas no les agradó esta información y recibimos cartas de terapeutas, padres y abogados enojados que decían que estábamos totalmente equivocadas”.

Pero los niños no mentían, y otros estudios han confirmado la opinión de Wallerstein y Kelly. La publicación Journal of Social Issues (Revista de cuestiones sociales) indicó que la mayoría de los expertos, como los conductistas,a “creen que la separación de los padres y la disolución del matrimonio influyen de forma muy negativa tanto en niños como en adolescentes”. La revista añadía que tales creencias “han sido confirmadas en buena medida” y para ello citaba resultados como estos: entre los hijos de padres divorciados hay niveles más elevados de delincuencia y comportamiento antisocial que entre los hijos de familias intactas; la cantidad de hijos de padres divorciados que son ingresados en hospitales psiquiátricos es posiblemente dos veces mayor que la de hijos de familias intactas; el divorcio puede que sea la principal causa de depresión infantil.

¿Y los hijos de más edad?

Los hijos de más edad no afrontan el divorcio de sus padres mucho mejor que los pequeños. Cuando los adolescentes viven el divorcio de sus padres, pueden sufrir una desilusión tan profunda que amargue la opinión que se forjan del matrimonio y otras instituciones como pudiera ser la escuela. Algunos llegan a la conclusión de que no se puede confiar en ninguna relación, que todas están condenadas a terminar algún día rotas por la traición y la infidelidad.

Cuando los padres se divorcian, algunos adolescentes pierden el equilibrio de tal forma que se van a extremos de desenfreno. Algunos se dan a las drogas, otros se sumen en la promiscuidad sexual y aún otros huyen de casa. Hay los que en un principio parece que se toman el divorcio de sus padres con calma, pero luego reaccionan. Quizás no sea coincidencia que, como indicó la revista The Washingtonian, el aumento en la cantidad de divorcios ha ido paralelo al aumento en la cantidad de trastornos del apetito y hasta de suicidios de adolescentes.

De modo que los padres que esperan la oportunidad para divorciarse hasta que sus hijos tengan ‘la edad apropiada’ antes de iniciar los trámites de divorcio, puede que tengan una larga espera por delante. No parece que haya una ‘edad apropiada’ mágica en la que los hijos puedan pasar por el divorcio de sus padres sin sufrir.b En la revista Psychology Today el sociólogo Norval D. Glenn hasta indicó que los efectos negativos que los hijos pueden sufrir como consecuencia del divorcio “permanecen constantes durante toda su vida”. Llegó a la siguiente conclusión: “Uno debe considerar con seriedad la preocupante hipótesis de que el aumento en la cantidad de hijos de padres divorciados conducirá a una erosión lenta pero constante del nivel general de bienestar que tiene la población”.

Sin embargo, por terribles que sean estos hallazgos, estudios y datos no significan que todos los hijos de padres divorciados estén destinados a tener una vida llena de problemas. Pero sí demuestran que el divorcio presenta un peligro muy real para los hijos, por lo que la pregunta que se plantea es: ¿Cómo protegerlos de los efectos del divorcio?

¿Qué esperanza hay para los hijos?

La mejor protección es prevenir. Como lo expresó la doctora Diane Medved en su libro The Case Against Divorce (Proceso contra el divorcio), “hemos de impedir que los intereses egoístas sigan siendo los únicos criterios que dicten la conveniencia del divorcio”. Poca duda hay de que la obsesión con el ego y la actitud de yo-primero que han impregnado la sociedad moderna han socavado incontables matrimonios. ¿Cómo pueden las parejas casadas luchar contra esta influencia y lograr que su matrimonio perdure?

La Biblia dice que su Autor es el Originador del matrimonio. Y esto lo confirma el hecho de que los consejos bíblicos sobre el tema producen buenos resultados. Han ayudado a millones de hombres y mujeres a mejorar la calidad de su vida familiar. La Biblia, que ha rescatado a un sinfín de matrimonios de las fauces del divorcio, también puede ayudarle.c

Pero lamentablemente el divorcio no siempre se puede evitar o impedir. Es una realidad del mundo moderno. Algunos padres aprenden cuáles son las normas de Dios para el matrimonio cuando ya están divorciados. Mientras, otros viven lealmente según esas normas, solo para ser traicionados por un cónyuge inmoral y egoísta. La propia Biblia reconoce que alguna circunstancia extrema hace permisible el divorcio. (Mateo 19:9.) Pero como enseñó Jesús, es imposible tomar una decisión sensata sin primero ‘calcular los gastos’. (Lucas 14:28.)

Si el divorcio ya es un hecho consumado, resulta obvio que ahora no es el momento de desanimarse con sentimientos de culpa o pesar. Es el momento de mitigar el sufrimiento de los hijos, y se puede conseguir. La doctora Florence Bienenfeld, reputada consejera y mediadora en temas de divorcio, garantiza a los padres divorciados: “El divorcio no tiene que ser una tragedia griega donde todos mueren. Todos pueden vivir y con el tiempo recuperarse, sanar y vivir bien”. (Helping Your Child Succeed After Divorce [Cómo ayudar a su hijo después del divorcio].)

¿Pero cómo? ¿Qué pueden hacer los padres, parientes y amigos para ayudar a los hijos de padres divorciados?

[Notas a pie de página]

a Relativo al conductismo, una doctrina basada en la observación del comportamiento humano.

b De hecho, estudios recientes han mostrado que hasta adultos jóvenes de poco más de veinte años sufren mucho cuando sus padres se divorcian. El cambio manifiesto en la moralidad de sus padres los deja perplejos, comenta The New York Times Magazine. Muchos caen en el hedonismo y la promiscuidad mientras que otros evitan toda relación romántica, llegando algunos incluso a jurar que nunca se casarán.

c Véase el libro Cómo lograr felicidad en su vida familiar, publicado por la Sociedad Watchtower Bible and Tract de Nueva York, Inc.

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