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¡Despertad! 1983
g83 8/7 págs. 25-27

La televisión... cómo nos afecta

LA TELEVISIÓN ha llegado a ser algo muy común en la vida de la mayoría de la gente hoy día. En los Estados Unidos algunas personas la consideran el artículo más importante del hogar. En China ha reemplazado a las bicicletas y las máquinas de coser como el más reciente símbolo de posición social. En Gran Bretaña, cada vez más personas están buscando tratamiento médico para malestares estomacales, dolores de espalda y mala circulación en las piernas debido a pasar muchas horas sentadas frente a la “telly”.

Por todo el mundo hay 465.000.000 de televisores en uso —uno por cada 10 personas en la Tierra— y algunos están encendidos no menos de seis horas y media al día. Esta proliferación de la TV se ha convertido en el punto focal de muchísima investigación y estudio.

Poder del medio visual

“La televisión tiene un poder de transformación que por lo menos iguala al de la página impresa y posiblemente es tan grande como el del alfabeto mismo”, afirma Neil Postman, profesor de comunicaciones, en una entrevista publicada en U.S. News & World Report. Esto realmente no es sorprendente porque, fundamentalmente, la televisión es un medio visual. Mas la acción, el sonido y a menudo las imágenes a todo color del televisor hacen que, a diferencia de la página impresa, el telespectador se sienta en medio de la acción. Así ocupa toda la atención del telespectador... el cuerpo, la mente y las emociones de éste. Esto, a su vez, debilita o hasta domina las facultades críticas y analíticas del telespectador, lo cual contribuye a que cualquier cosa que aparezca en la pantalla del televisor parezca bastante creíble y aceptable.

Los anunciantes aparentemente están muy al tanto de ese poder singular de la televisión. Cada año gastan miles de millones de dólares en anuncios de TV con el único objetivo de mover a los telespectadores a comprar los productos de ellos. Algo que caracteriza a esos anuncios comerciales, como los de pantalones vaqueros que tienen la etiqueta de un diseñador, es que no dicen nada acerca de la calidad o el precio del producto, sino que se aprovechan del poder de la “imagen” que presentan a los futuros compradores, quienes están dispuestos a pagar un precio dos o tres veces más alto que el usual por lo que ven anunciado en la TV.

Otra característica de la televisión es que puede alcanzar más o menos simultáneamente a un vasto auditorio alrededor del mundo. Por ejemplo, se informó que mundialmente 600.000.000 de telespectadores vieron al hombre que pisó por primera vez la Luna en el momento en que sucedió, y unos 1.000.000.000 de personas vieron en TV los eventos de los Vigésimos Juegos Olímpicos mientras se llevaban a cabo.

Puesto que las estaciones de TV están tratando constantemente de atraer auditorios cada vez mayores mediante programas que les interesen, ellas se convierten esencialmente en árbitros del gusto y las actitudes del público. Mediante su programación, las estaciones imponen lo que los telespectadores ven y la hora en que lo ven. También determinan cuáles son las cuestiones importantes en sentido social o político que merecen considerarse o discutirse. Hay que recordar, sin embargo, que al decidir lo que va a transmitirse, el factor determinante por lo general no es los intereses o el bienestar del público, sino su poder adquisitivo.

Efectos de la TV en los niños

La mayoría de los investigadores y las personas de la industria de la televisión concuerdan en que los niños son particularmente vulnerables y susceptibles a lo que ven en la TV. Una causa fundamental de ello es la cantidad de tiempo y atención que los niños dedican a ver televisión. El profesor Postman, a quien se citó anteriormente, lo explica así: “La TV es un medio que llega a ser inteligible para los niños desde que éstos tienen unos 36 meses de edad. Desde tan temprana edad en adelante, la televisión ejerce influencia de continuo”.

¿Cómo afecta a los niños esa ‘influencia continua’? “Puedo reconocer enseguida a los que ven mucho la TV”, comenta una maestra de veinte años de edad que trabaja en una escuela de párvulos. “Por lo general son los niños que en sus juegos imitan a los superhéroes de la TV... los que se ven de pie sobre las mesas, con toallas o delantales atados como capas alrededor del cuello, como la que lleva ‘Batman’. Corren mucho sin ningún propósito fijo, mientras lanzan puñetazos y gritan. Los telespectadores empedernidos son a menudo los que no pueden sentarse quietos a escuchar una historia sin que se retuerzan e interrumpan incesantemente. Pero si les presento una película, se sientan inmóviles y sin pestañear.”

La ‘mirada fija’ es claramente consecuencia del ver televisión, y crea otro problema a los niños... poca habilidad para la lectura. Al leer, los ojos tienen que moverse línea por línea a través de la página impresa, mientras el cerebro descifra el significado de lo que se lee. “De lo que la gente generalmente no se da cuenta —observa el Dr. Edgar Gording, director del Instituto Gording para el Desarrollo de la Visión— es que el hábito de ver televisión entrena los ojos para que no se muevan.” (También se están acumulando pruebas de que el ver en exceso la TV afecta también la comprensión, la imaginación y la extensión de la conversación del niño, además del uso que da a las palabras.)

He aquí otra grave consecuencia de que los niños vean televisión. Los horrorosos esqueletos que están ocultos en el armario del mundo de los adultos —el adulterio, el divorcio, la homosexualidad, el incesto, la corrupción, la crueldad, la violencia, y así por el estilo— quedan expuestos por completo ante los niños mediante la televisión. ¿En qué resulta esto? La desaparición de la inocencia infantil.

¿Qué hay de los adultos?

Para la mayoría de las personas que poseen un televisor, el ver televisión es relajante, conveniente y aparentemente inofensivo. No obstante, desde mediados de los años setenta se ha dicho y publicado mucha información sobre los efectos dañinos de la TV, especialmente de los actos de violencia que se ven en TV. Aunque las estaciones de TV habían tomado algunas medidas para reducir la cantidad de actos violentos que se veían en los programas de TV, la pantalla de TV estaba cambiando del rojo de la sangre al azul. “Se reprime la violencia y de pronto aparece la explotación de lo sexual”, dice un analista de los medios de información. Hasta un miembro de la junta de censura de una estación reconoce: “En la mezcla de programación de hoy día, lo sexual ha tomado el lugar de los actos de violencia”.

Las estaciones, sin embargo, defienden su posición diciendo que “los telespectadores no están diciendo la verdad”, porque las encuestas muestran de continuo que entre los programas más populares están los que se caracterizan por el flirteo y las insinuaciones verbales, cosas como las que se presentan en muchas comedias de enredo y espectáculos de variedades. Afirman que sencillamente dan al público lo que éste desea.

La calidad de entretenimiento de la TV no es lo único que a menudo es cuestionable, sino que las limitaciones del medio o instrumento también lo convierten en una fuente ineficaz de noticias e información. ¿Por qué? Porque la televisión no solo impone la hora en que se presentan las noticias nocturnas, sino que usted tal vez tenga que ver todo el noticiario para enterarse de un informe en particular, como el del tiempo. Por otra parte, los libros, las revistas y los periódicos pueden comprarse y leerse en cualquier momento, y uno puede hojearlos, saltar páginas y escoger con sumo cuidado lo que va a leer, según le plazca.

La opción

The Daily Yomiuri, del Japón, informó que 42 familias de la ciudad de Kobe participaron en un programa que patrocinó el municipio para romper “las trabas mentales de las novelas sentimentales y las comedias de enredo”. La familia promedio de Kobe pasa unas cuatro horas al día viendo la TV. Pero por un mes estas familias, que van desde jóvenes recién casados (de veinte y tantos años de edad) hasta personas jubiladas, desconectaron sus televisores para ver cómo es la vida sin la TV. ¿Qué descubrieron?

En primer lugar, descubrieron que el dejar de ver la TV no fue del todo indoloro ni fácil de sobrellevar. Una familia no pudo pasar ni un solo día sin ver TV. Pronto otras cuatro familias se dieron por vencidas y dejaron el programa. ¿Qué hay en cuanto al resto? Note lo que dice el informe:

“Hubo personas que relataron con entusiasmo cómo había vuelto un sentido de tranquilidad a sus hogares, que se estaban acostando y levantando más temprano, que leían más, y que su estado de ánimo era por lo general más saludable.

Cierta madre dijo que ahora ella y su esposo tienen conversaciones animadas con sus hijos, una rareza cuando el televisor era su principal compañía nocturna.

Otras personas dijeron que sus hijos, que nunca acostumbraban mover un dedo en la casa, ahora estaban haciendo sus camas y ayudando a fregar los platos”.

La actitud de muchos dueños de TV parece estar cambiando. Hubo un tiempo en que la mayoría de ellos hubieran considerado inconcebible o hasta lamentable el no tener un televisor. Ahora muchas veces dicen que desearían tener la fuerza de voluntad o el ánimo para vivir sin TV, o al menos controlar mejor sus hábitos de ver la TV. Si usted es del mismo parecer, puede estar seguro de que cualquier esfuerzo que tenga que hacer ahora, será bien recompensado.

[Ilustración en la página 26]

Debido a que el hábito de ver la TV entrena los ojos para que no se muevan, dificulta la habilidad para leer... eso dicen los expertos

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