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  • La intolerancia... desde el pasado hasta el presente

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  • La intolerancia... desde el pasado hasta el presente
  • ¡Despertad! 1984
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¡Despertad! 1984
g84 8/2 págs. 3-6

La intolerancia... desde el pasado hasta el presente

BUM... bum... bum. Jean Calas recibió fuertes golpes en las piernas, los brazos y el pecho con la barra de hierro. Entonces su cuerpo quebrantado se expuso sobre una rueda de carreta horizontal en una plaza pública de Tolosa, en el sur de Francia. Después de esto lo quemaron hasta que solo quedaron sus cenizas.

Calas murió en la rueda como criminal condenado. El día antes, el 9 de marzo de 1762, se declaró a este hugonote (protestante francés) culpable de haber asesinado a su hijo a fin de impedir que se convirtiera al catolicismo. Se honró al hijo de Calas con un entierro solemne como mártir católico.

Pero el filósofo francés Voltaire sospechaba que Calas había sido víctima de la intolerancia de los católicos. Después de probar que en realidad el hijo de Calas se había suicidado, Voltaire lanzó una campaña de tres años para despertar la opinión pública por toda Europa. La estrategia de Voltaire dio resultados. Finalmente logró hacer que las autoridades francesas investigaran el caso, y el 9 de marzo de 1765, se declaró a Calas inocente después de muerto. Este caso evidente de prejuicio anti-hugonote llegó a ser uno de los procesos célebres del mundo. Impulsó a Voltaire a escribir su famoso Tratado sobre la tolerancia.

La intolerancia... ¿buena, o mala?

Son pocas las personas que tratarían de justificar tal fanatismo, prejuicio e intolerancia que culminara en asesinato. No obstante, bajo ciertas circunstancias la intolerancia tiene su lugar. El asesinato, el robo, el ultraje sexual y el secuestro son actos que se consideran intolerables en la mayor parte de las sociedades, y con razón. Además, en el pasado, ha sido lo mismo en el caso de la religión. Al dar los Diez Mandamientos a la nación de Israel, Jehová Dios declaró que él era “un Dios que exige devoción exclusiva” (Éxodo 20:5). El resultado fue que el pueblo de Dios ‘no toleraba rivalidad alguna’ de dioses falsos. (Números 25:11-13; vea también 2 Reyes 10:16.) Por lo tanto, la adoración falsa era una ofensa capital.

Pero el lector debe tener presente que Dios, como Soberano, ciertamente tiene el derecho de decidir lo que tolerará y lo que no tolerará en asuntos de religión. Los seres humanos no tienen esta prerrogativa. Así, cuando los israelitas ejecutaron a los cananeos depravados, que adoraban a los demonios, lo hicieron bajo mandato divino (Génesis 15:16; Éxodo 23:23, 24). No obstante, Dios no dio a los israelitas la comisión de viajar por tierra y mar para eliminar la adoración falsa en otros países. Tampoco se autorizó a la congregación cristiana para que ejecutara a los incrédulos.

Por lo tanto, la intolerancia que resultó en la muerte de Jean Calas —y de otros incontables millones de personas— no provino de Dios. ‘Pero el mundo de seguro ha dejado atrás tal intolerancia’, tal vez razonen algunas personas. ¿Qué nos muestra la historia? ¿Cómo empezó la intolerancia? ¿Hay razón para creer que este horrible fenómeno aparezca de nuevo?

Los perseguidos se convierten en perseguidores

El concepto de la “libertad religiosa” y el de la “separación de la iglesia y el estado” casi no existían en la antigüedad. A los gobernantes de la antigüedad frecuentemente se los consideraba sacerdotes de la divinidad principal o dioses mismos. Los pueblos conquistados o adoptaban los dioses de los conquistadores o éstos permitían que dichos pueblos siguieran adorando a sus propios dioses. De hecho, en muchos casos la gente adoraba a las mismas divinidades bajo diferentes nombres.

Pero no fue así en el caso de la nación judía cuando ésta fue conquistada. Después que la nación judía cayó en 607 a. de la E.C., los gobiernos que acogieron a los judíos dispersos se enfrentaron al problema de tener entre sus ciudadanos una minoría religiosa que exigía la libertad de adorar a Dios conforme a las propias leyes religiosas de ellos. ¿En qué resultó esto? En muchos casos hubo persecución severa. No obstante, con el advenimiento del cristianismo, los judíos aparentemente olvidaron lo que ellos mismos habían experimentado y se convirtieron en ávidos perseguidores de los seguidores de Cristo. (Hechos 3:14, 15; 4:1-3; 8:1.)

Los cristianos siguieron este ejemplo deplorable también. Al principio, fueron víctimas de la intolerancia de los judíos. Pronto se enfrentaron a la oposición de otras esferas. Debido a que rehusaban adorar a dioses paganos o a gobernantes divinizados del estado, los cristianos primitivos se vieron en conflicto con las autoridades centrales y locales del Imperio Romano.

Con el transcurso del tiempo, llegó a ser un delito capital llevar el nombre de Cristo, y se dio muerte a grandes cantidades de cristianos. Las olas de persecución continuaron hasta 313 E.C., cuando, por razones políticas, los coemperadores Licinio y Constantino emitieron el Edicto de Milán, mediante el cual se estableció la tolerancia religiosa dentro del Imperio Romano. Con el tiempo, Constantino hizo que el “cristianismo” fuera la religión privilegiada del Imperio Romano... esfuerzo intrépido por consolidar un imperio, que estaba en estado de desintegración, por medio de fusionar el paganismo y el cristianismo.

Pero el “cristianismo” estaba dividido en sectas rivales. Dos ciudades, Bizancio (que luego se llamó Constantinopla) y Roma, afirmaban ser el hogar de la iglesia verdadera. En ambas existía la intolerancia para con los que diferían sobre puntos doctrinales. Los perseguidos habían vuelto a convertirse en perseguidores.

La intolerancia católica

La ley canónica católica declara: “Sostenga con suma firmeza y no tenga la menor duda de que todo hereje o cismático ha de tener parte con el Diablo y sus ángeles en las llamas del fuego eterno, a no ser que antes del fin de su vida sea incorporado en la Iglesia Católica y sea restaurado a ella”. Además, hasta el día de hoy el juramento de los obispos católicos romanos declara: “Con todo mi poder perseguiré a los herejes y les haré la guerra”. Así se incorporó la intolerancia en el modo de pensar católico. Pero para justificar esta actitud, el autoritativo Dictionnaire de Théologie Catholique declara: “Como guardián de la verdad, la fe y las normas morales reveladas, la iglesia no puede tolerar la propagación de ninguna enseñanza que sea perjudicial para la fe de los fieles”.

Así la Iglesia Católica en muchos casos ha perseguido a los “herejes”, los ha sometido a juicio y los ha entregado a las autoridades seglares para que éstas los castiguen. The New Encyclopaedia Britannica dice: “En la iglesia imperial [después de Constantino] —especialmente después del emperador Teodosio, a fines del siglo IV— la herejía llegó a ser una transgresión criminal castigable por el estado. El que era enemigo de la iglesia era considerado enemigo del imperio también. Por eso los obispos que asistieron a los sínodos imperiales entre los siglos IV y VIII intentaron calificar de herejes a la minoría de disidentes y eliminarlos como enemigos del estado”.

La iglesia también se valió de las autoridades seglares para mostrar su intolerancia hacia los judíos, los musulmanes, los cátaros y los albigenses (matados en masa durante una “guerra santa” en el sur de Francia a principios del siglo XIII), los herejes y los protestantes europeos. Es cierto que la mayor parte de esta sangre fue derramada por la “espada seglar”. Pero el papa Bonifacio VIII, en su bula Unam Sanctam, emitida en 1302, decretó que “la espada seglar” tiene que someterse a la “espada espiritual” de la iglesia y “utilizarse a favor de la Iglesia... bajo la dirección del poder espiritual” (The Catholic Encyclopedia, Tomo 15, página 126). Por eso la Iglesia Católica no puede librarse de la responsabilidad de la sangre que se derramó como resultado de su política de intolerancia religiosa.

La intolerancia protestante

Pero la Iglesia Católica no fue la única que manifestó intolerancia religiosa. Bajo la dirección del teólogo Juan Calvino, los protestantes ejercieron su propio régimen de terror. Philip Schaff, historiador protestante nacido en Suiza, admitió: “Es causa de gran humillación para las iglesias protestantes el que la intolerancia religiosa y aun la persecución hasta el punto de la muerte hayan continuado por mucho tiempo después de la Reforma. En Ginebra el estado y la iglesia pusieron en práctica la teoría perniciosa, aun hasta el punto de recurrir a la tortura y permitir que los hijos testificaran en contra de sus propios padres, con la aprobación de Calvino”. Además, cuando Jerónimo Balsec y Miguel Servet, respectivamente, pusieron en tela de juicio su teología sobre la predestinación y la Trinidad, Calvino hizo que el primero fuera desterrado de Ginebra y que el segundo fuera arrestado y sometido a juicio como hereje. Servet fue quemado en la hoguera. Se quemó a otros “herejes” también en la Ginebra del tiempo de Calvino, con la aprobación de teólogos protestantes como Teodoro de Beza.

Martín Lutero mostró mucha intolerancia también. Él no solo se hizo “muy conocido como anti-semítico [anti-judío]”, sino que hasta hizo quemar a cuatro “brujas” en Wittenberg.

Dentro de poco, en los siglos XVI y XVII, Francia y Alemania estarían hechas pedazos debido a feroces guerras religiosas... y en éstas tanto los católicos como los protestantes cometerían atrocidades.

Surge la intolerancia seglar

‘Pero de seguro el hombre habrá escarmentado’, quizás diga usted. Y es cierto que últimamente las iglesias han demostrado una actitud más tolerante que en el pasado. No obstante, como dice The New Encyclopaedia Britannica: “El legado de la intolerancia cristiana y los métodos que ésta desarrolló (p. ej., la inquisición, o los lavados de cerebro) operan en la intolerancia de la ideología y las técnicas de las revoluciones políticas modernas”.

Sí, mientras que en ciertos respectos ha disminuido la intolerancia religiosa dentro de la cristiandad, en nuestra generación se ha visto ir en aumento la intolerancia política y racial. Dicha intolerancia seglar ciertamente es un “legado de la intolerancia del cristianismo [apóstata]”. Un ejemplo de esto es la gran matanza efectuada por los nazis, es decir, el exterminio de unos seis millones de judíos. Además, según palabras atribuidas a Hitler, éste justificó su intolerancia para con los judíos como sigue: “Simplemente estoy continuando la misma política que la Iglesia Católica había adoptado por 1.500 años”. Otros dictadores desde Hitler se han valido de los lavados de cerebro y de métodos de tortura mental y física en su lucha contra “herejes” ideológicos. Por ejemplo, los testigos de Jehová en muchos casos han aguantado lo más recio de dicha intolerancia debido a su neutralidad en cuanto a asuntos políticos. En Cuba, cierto Testigo fue desnudado, envuelto en alambre de púas y puesto encima de un techo como cebo humano para los mosquitos hambrientos. En otro país, cinco Testigos fueron arrestados y sometidos a severas amenazas y palizas por varios días. Uno de ellos tuvo que ser hospitalizado debido a las heridas que sufrió. En tres países del nordeste de África se arrestó a los Testigos. (¡En un país hasta a 5 por 100 de ellos!) Muchos fueron torturados, y a tres se les dio muerte. Sí, los gobernantes políticos fanáticos han aprendido mucho de las iglesias acerca de cómo acallar a los disidentes.

Pero ¿podría suceder que las iglesias mismas llegaran a ser víctimas de la intolerancia seglar? ¿Cuán arraigada está la supuesta tolerancia que existe en nuestro día? Y ¿qué hay del ecumenismo? ¿Es éste una señal de mayor tolerancia, o meramente de mayor indiferencia para con la religión? Finalmente, ¿qué efecto tiene todo esto en nosotros individualmente? ¿Es posible tener fuertes convicciones religiosas sin ser intolerante? Estas preguntas se considerarán en el siguiente artículo.

[Comentario en la página 6]

‘El legado de la intolerancia cristiana opera en las técnicas de las revoluciones políticas modernas’

[Ilustración en la página 4]

Portada de la primera edición del Tratado sobre la tolerancia de Voltaire, París, 1763

[Recuadro en la página 5]

La intolerancia no tiene límites

“Pocas naciones musulmanas [...] son modelos de la tolerancia. Pero ¿son ellas únicas al respecto? La inquisición y las guerras religiosas cubrieron de sangre a la cristiandad, y la gente devota que fundó los Estados Unidos consideró a los indios y a los negros como algo menos que seres humanos. Puede decirse lo mismo hoy respecto a sus primos de Sudáfrica. En lo que tiene que ver con los que adoraban la Razón, lamentablemente el régimen de ellos coincidió con el régimen de la guillotina. ‘El socialismo científico’ [comunismo], cuando ha ejercido el poder, no ha obrado de mejor manera.” (Por el redactor francés André Fontaine, en Le Monde.)

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